Capítulo 67
Léane lanzó una última mirada hacia Jullian, quien asintió para indicar que todo estaba bien.
Se ajustó la ropa, se pasó una mano por el pelo y luego abrió la puerta principal.
Colin estaba empapado, de pie frente a ella, con el rostro serio.
Léane dudó durante una fracción de segundo, pero al final se apartó.
—No te quedes ahí fuera, bajo la lluvia.
Colin dio un paso adelante y sacudió los pies en el felpudo.
Jullian se acercó a saludar. Como llevaba el cabello corto, no se notaba que había estado bajo la lluvia, pero las mangas de su jersey aún estaban empapadas.
El policía los observó a ambos, con el rostro impasible. Léane ya había visto esa mirada antes.
—No me digas que le ha pasado algo a Jacques.
Colin apretó los labios. Léane se llevó las dos manos a la cara. Luego se aferró a Jullian. Su marido la abrazó, y ella sintió su cálido aliento contra el cuello.
—Lo siento mucho. Unos pescadores han encontrado su cuerpo en la bahía de Authie, del lado de Groffliers, a primera hora de la tarde. Se había quedado encallado entre los barcos, cuando bajó la marea.
Léane se tambaleó. Jullian la guio hasta el sofá y la mantuvo cerca de él.
—Es terrible… Terrible.
Jullian le acariciaba la espalda, como si fuera ella la que acababa de perder a su padre. Colin se acercó y se sentó delante de ellos. Su chaqueta estaba empapada. Los observó en silencio.
—Sé que llego en el peor momento, lo lamento.
Todo se entremezclaba en la cabeza de Léane: unas imágenes sórdidas y unos ruidos atroces.
Unas veces, veía el cadáver blanco rodar entre las olas; luego, ser arrastrado hacia la arena por la corriente; otras, a Giordano y su mirada de pez muerto en el fondo del maletero; Colin estaba sentado justo encima de un cadáver.
—Se ha abierto un proceso judicial de inmediato…
—¿Un proceso judicial? No creeréis que… que ha sido asesinado, ¿no?
—Es un procedimiento perfectamente normal en este tipo de situaciones. No olvidemos que fuiste agredido y que se cometió un robo, por no hablar de la presencia del parásito en vuestra casa. Tenemos que analizarlo todo con mucho detalle.
—¿Qué ha pasado?
—El vehículo de tu padre estaba estacionado cerca del canal de Authie.
Desde allí, pudo haberse ido a dar un paseo cuando la marea estaba baja.
Encontramos una botella de vodka casi vacía en el asiento del copiloto.
El forense hizo las primeras constataciones en el lugar.
La autopsia debería confirmarlo, pero sospecha que falleció por ahogamiento, ya que hay algunos signos característicos, especialmente las petequias en los ojos.
En cuanto a la fecha de la muerte, parece que fue hace varios días…
Les dio tiempo para asimilar la noticia. Léane alzó la mirada hacia el rostro de su marido. Estaba tranquilo. No había ni rastro de lágrimas, solo una tristeza propia de la situación.
Colin se aclaró la garganta y clavó la mirada en Léane.
—¿El canal de Authie era una zona que Jacques Morgan conocía?
Se tomó su tiempo en responder.
—Sí, cuando volvía a la región, le gustaba acercarse hasta allí. Descendía hacia la bahía y se pasaba horas observando a las aves migratorias.
Léane giró la cabeza hacia Jullian.
—Tu padre siempre ha sido una persona solitaria.
Jullian le apretó la mano, mientras Colin continuaba:
—Es uno de los lugares más peligrosos de la costa, ya que la marea sube a una velocidad vertiginosa y rodea a los caminantes imprudentes, sobre todo ahora, con los grandes coeficientes de marea… ¿Sabes si estaba al tanto?
Léane asintió; una mano sobre la cabeza. Era peor que una pesadilla, pero, al menos, esa horrible noticia podía ocultar el estado de pánico en el que se encontraba hacía apenas unos minutos.
—Sí, sí, claro. Se lo recordábamos cada dos por tres.
Se calló, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Colin tomaba notas, cómo no.
—Las llaves del coche seguían puestas en el contacto y las puertas no estaban bloqueadas.
Tal vez había bebido demasiado y se olvidó de cerrar con llave.
Entró en la bahía, inconsciente del peligro, y se dejó sorprender por el agua.
Incluso los buenos nadadores podrían morir en una situación semejante; las corrientes son muy poderosas…
Pasó la lengua por los labios, antes de continuar:
—O tal vez exista otra explicación.
—Sabía que no regresaría…
Colin asintió y miró a Jullian.
—Pasaste mucho tiempo con él en el hospital… Me dijiste que tu padre no estaba bien, que seguía pensando en el suicidio de su mujer. ¿Quizá la agresión y la amnesia empeoraron la situación? ¿Quizá tuvo la sensación de que se quedaba solo de forma definitiva?
—No… no sé qué decirte.
—¿Has notado alguna mejoría en tu memoria? ¿Hay algo que me puedas contar para ayudarme? ¿Un recuerdo, algún detalle relacionado con tu agresión? ¿O con los días precedentes? Todo es importante.
Jullian negó con la cabeza.
—Lo siento.
Colin pasó las páginas del cuaderno y releyó lo que había escrito.
—Todavía tengo algunas preguntillas que hacerte. Sé que es difícil, pero… prefiero hacerlo ahora.
—Sí, claro. Adelante.
—Le dijiste a mis compañeros que no tuviste más noticias de él desde el día en que te traje a casa, cuando saliste del hospital, el sábado 23. ¿Es correcto?
—Sí. Ese día había ido a verme por la mañana, antes de que me dieran el alta.
—¿Cómo estaba?
Jullian se encogió de hombros.
—No… no lo sé. ¿Normal? No noté nada que pudiera presagiar un acto así.
—¿Fue la última vez que lo viste?
—Sí. Al volver a casa, le di un toque desde el teléfono fijo para decirle que ya me habían dado el alta. Me saltó el contestador, así que le dejé un mensaje.
—¿Recuerdas la hora exacta?
—Ni idea… ¿Puede que fueran sobre las cuatro de la tarde? Pero ¿por qué eso sería relevante?
Colin anotó algo.
—Eso podría ayudarnos a determinar el día y la hora de su muerte con más precisión.
Tenía el teléfono móvil en el bolsillo. El dispositivo quedó inutilizable por culpa del agua, evidentemente, pero nuestros expertos pueden obrar milagros.
Es posible que consigan acceder al registro de llamadas.
Si tu llamada no aparece en el historial, significaría que el teléfono ya estaba sumergido.
De todas formas, lo confirmaremos con su operadora.
Colin cerró el cuaderno con un golpe seco y se levantó. Extendió la mano hacia Jullian, hizo un gesto hacia Léane y se alejó, dirigiéndose hacia la puerta principal.
—Las malas noticias no dejan de encadenarse desde hace algunos días. Lo siento muchísimo.
—¿Cuándo podré ver a mi padre?
—Estimo que dentro de un par de días, el tiempo que nos lleve realizarle todas las pruebas. Por supuesto, os mantendremos informados de todos los trámites.
Lo acompañaron hasta la puerta. Una vez en el umbral, Colin frenó y se giró hacia Léane.
—¿Hay algún problema con el cobertizo? He visto el candado destrozado en el suelo.
—Nada grave. Jullian debió de guardar la llave en algún lugar, pero… no nos quedó más remedio que forzarlo.
Les dedicó una mirada llena de compasión y salió de la casa. Cuando arrancó el coche, Jullian soltó un largo suspiro, con las manos presionadas sobre la frente.
—Esto es una locura…, una puta locura…
Regresó hacia Léane y la abrazó con fuerza.
—Es mi padre el que ha muerto y eres tú quien tiene lágrimas en los ojos.
Si supieras lo mucho que me odio. Cuando el policía nos dio la noticia de su fallecimiento, me sentí triste, claro, porque es horrible perder a un padre.
Pero ese padre… era como un desconocido para mí. Y me repugna sentirme así.
Léane estaba en shock , incapaz de hablar. Jullian apretó aún más su abrazo.
—Todos los que me rodean mueren. Mi madre, mi padre, mi hija…
El pasado no es más que dolor. La verdad es que creo que no quiero recordar.
¿Para qué? ¿Por qué empeñarme en querer que regresen los recuerdos que solo me harán más infeliz todavía?
¿Por qué debería rememorar lo que viví con Sarah, si está muerta y nunca volveré a verla?
Se alejó de Léane y la miró a los ojos.
—Ya no quiero recordar nada. No volveré a las sesiones en el hospital.
Léane no sabía qué pensar. Quizá Jullian tuviera razón. ¿No sería mejor que todo eso quedara encerrado para siempre? ¿Para qué sufrir una segunda vez?
Jullian le acarició el rostro con el dorso de la mano.
—Tenemos que ser fuertes, los dos. Nos deshacemos de Giordano, le organizamos un bonito entierro a mi padre y, luego, lo reconstruimos todo. Empezaremos de cero.