El manuscrito Capítulo 59
75%

Capítulo 59

Vic siguió a Jacob por un laberinto de expedientes apilados en estanterías cuyas baldas se doblaban bajo su peso. Olía a papel envejecido y tinta seca. Jacob le explicó que se encontraban en los archivos del internado.

Giró y se detuvo frente a una montaña de archivadores oscuros. Delante de él se encontraban cuatro carpetas que dividían los años en cuestión. Cogió una carpeta que estaba justo al lado.

—Contienen todas las fotografías del internado tomadas en aquel entonces. Los edificios, los profesores, las fotos de clase…

Jacob se desplomó en la única silla disponible. Empezó a hurgar en el montón de imágenes y las extendió sobre la mesa. Una de ellas mostraba a todos los profesores, estoicos, con rostros serios. Puso el dedo índice sobre el más alto de ellos.

—Se llamaba Kevin Kerning y era profe de Educación Física. Los chicos le llamaban KKK, por Ku Klux Klan. Era inflexible, los hacía sufrir… Con él, los más débiles pagaban aún más caro…

Vic observó al tipo: un titán con chándal.

—Delpierre y Jeanson siempre estaban juntos, compartían habitación y…

no se les daban bien los deportes. Kerning les tenía manía.

Ahora que lo recuerdo, los veía a menudo dando vueltas a la pista, sin aliento, un cuarto de hora después de que todos los demás ya hubieran vuelto a los vestuarios…

Eso duró meses. Los dos chicos lo pasaban muy mal, créame.

Luego las aguas se fueron calmando poco a poco con el paso de las semanas.

Kerning los dejaba en paz, pero… seguía reteniéndolos después de clase, obligándolos a hacer estiramientos, ese tipo de cosas mucho más tranquilas.

No dijo nada más y Vic no quería presionarlo, así que se sentó en el borde de la mesa y ojeó las fotos: el gran patio vacío; los edificios austeros, hundidos en el corazón del valle. Echó una mirada a unas fotografías de clase y, como Jacob seguía sin hablar, decidió romper el silencio.

—¿Cree que Kerning se pasaba de la raya con ellos?

El conserje apretó la mandíbula.

—Kerning era el cuñado del director. Lo que yo pensara importaba poco, pues solo era el que se encargaba del mantenimiento. Si pude trabajar tantos años en el internado, fue porque… supe mantenerme discreto y nunca abrí la boca.

—Pero lo pensaba.

Las pupilas grises del hombre se retrajeron.

—Sí, lo pensaba. Pero, si lo que busca son pruebas, no va a encontrar ninguna. Todo eso queda muy lejos y está más que enterrado.

Observó la palma de sus dos grandes manos, como si pudiera leer el pasado en ellas.

—Lo que voy a contarle lo hago porque creo que puede ayudarle y porque… el internado ya no existe, y esas historias desaparecieron con él. Pero… si va a ver a otras personas, al director o a quien sea, usted…

—No le he visto jamás en mi vida, prometido.

Jacob aceptó con un movimiento de cabeza.

—Sucedió un día como este, en invierno de 1987, uno de los peores que hemos tenido.

Las temperaturas bajaron a menos veinte e incluso menos veinticinco grados.

Aquella noche, alrededor de las siete de la tarde, fui yo quien encontró a Kerning al fondo de las duchas del gimnasio.

Estaba desnudo, encogido como un niño. El agua helada le corría por el cuerpo y…

—arrugó la nariz— le salía sangre de sus partes genitales.

Su… sexo había sido cortado a la altura de los testículos.

Fui yo mismo quien lo llevó a la enfermería.

La ambulancia tardó más de tres horas en llegar a causa de las condiciones meteorológicas. Fue horrible…

Sus ojos se evadieron durante un breve instante.

—Desde ese día, nunca volvió a dar clases en el internado. No lo he vuelto a ver. Según las últimas noticias que tuve por casualidad, murió hace algunos años a causa de una enfermedad…

—¿Qué sucedió en las duchas?

—El director contó que se había hecho daño intentando depilarse con una navaja de afeitar. Tenía tal control sobre el personal que ningún profesor volvió a sacar el tema. Kerning fue reemplazado esa misma semana…

—¿Usted vio la navaja?

—No. Pero el director hizo hincapié en que había una, pero que no me fijé en ella porque entré en pánico.

—¿Kerning había sido agredido?

—Estoy convencido. Era tan evidente… Pero entonces ¿por qué no denunciaron a nadie ni iniciaron una investigación? Había que olvidar rápido esa historia, ¿entiende? Y, sobre todo, evitar que se difundieran rumores…

Vic se imaginó la escena, el ambiente entre aquellas paredes grises.

Si Kerning de verdad había sido atacado con la navaja y no había denunciado a su agresor, era porque tenía cosas serias que ocultar.

¿Pedofilia? ¿Había abusado de Delpierre o de Mortier?

El policía volvió a mirar la foto de los profesores. Clavó la mirada en Kerning.

—Usted sabía que no fue un accidente… ¿Quién cree que lo hizo? ¿Mortier? ¿Delpierre? ¿Otro crío?

—No lo sé. Aquí había tipos duros, pero ¿qué niño de doce o trece años podría haberle hecho algo así a su profesor?

¿Cortarle sus partes sin que nadie se diera cuenta?

Claro que pensé en esos dos. Quizá actuaron juntos y le tendieron una trampa a Kerning.

Delpierre era fuerte. ¿Lo habrían amenazado con contar todo si los denunciaba?

Hice alguna pregunta discreta a sus compañeros de clase, a su compañero de habitación…

pero no descubrí nada. Si eran culpables, escondían muy bien su juego.

Vic volvió a ojear todas las fotografías. Cogió una de ellas y se tomó su tiempo. Se la tendió a su interlocutor.

—¿Todas las habitaciones eran como esta?

Jacob asintió; las pupilas dilatadas.

—Los chavales dormían de tres en tres, sí. Bueno, había alguna que otra habitación de dos o cuatro, pero en general era así…

—¿Quién compartía habitación con Mortier y Delpierre?

Jacob miró la cama vacía, sobre la cual Vic apoyó el dedo índice.

—Ah, él… No… No me acuerdo. Luc no sé qué. —Se pasó la lengua por los labios—. Ay, no me acuerdo bien. Era un chaval muy discreto, pero bueno en los deportes y muy inteligente, que yo recuerde…

Reunió las fotos de clase, buscó entre los rostros, se levantó y se giró hacia las estanterías. Vic tenía la sensación de haber retrocedido treinta años… Le parecía escuchar las voces de los chicos y el golpe de una regla, percibir el olor a tiza.

—Bueno, como decía, siempre estaba sumergido en el ajedrez y en sus novelas policíacas. De vez en cuando, le prestaba algunos libros. Luc T... Voy a encontrarlo…

Vic estaba desesperado.

—¿Libros de Sherlock Holmes? ¿Leía las novelas de Sherlock Holmes?

Jacob se dio la vuelta hacia él.

—¿Cómo lo sabe? Usted… Mierda, ¿cree que fue él quien me agredió? ¿Después de todo este tiempo?

Vic ya no sentía el frío, pues lo invadió una oleada de calor.

Tres chicos, en la misma habitación… Dos sufrían tocamientos, quizá hasta violaciones, y guardaban silencio por miedo a las amenazas de su profesor.

Pero tal vez se lo confiaban a su compañero de cuarto, o quizá él no fuera tan ingenuo y lo adivinó por sí mismo.

O incluso puede que también sufriera esos tocamientos.

Vic estaba convencido: Moriarty había mutilado al profesor de Educación Física. Armado con un cúter o un cuchillo, había entrado a los vestuarios, probablemente con la participación del dúo Jeanson/Delpierre, y le había hecho una carnicería en los genitales.

Jacob regresó con una carpeta cuyo lomo decía S-Z y, antes incluso de abrirla, sus ojos se iluminaron.

—¡Thomas! Sí, Luc Thomas. Ahora lo acuerdo. No estuvo mucho tiempo aquí, la verdad. Unos meses después de la tragedia, se escapó del internado. No cualquiera se atreve a salir de aquí, pero él se largó por el bosque. Nunca más lo volvimos a ver, y creo que nunca lo encontraron.

—¿De dónde venía? ¿Quién lo había traído al internado?

—Ah, eso… Pues no lo sé, la verdad. Imagino que sus padres, ¿no? Pero ahora se lo digo, todo está aquí dentro.

Recorrió los expedientes; letra T. Solo una carpeta, L AURENT T EXIER . Frunció el ceño y se puso a rebuscar: volvió a la carpeta anterior; luego a la siguiente…

—Mierda, su expediente no está.

Se abalanzó sobre las fotografías de clase y las revisó una vez más.

—Es imposible… Están todas las fotos de clase, menos las suyas.

Vic también ojeó las fotos, sin éxito.

—¿Son las únicas fotos que hay?

Jacob asintió. Regresó a los estantes, sacó dos archivadores etiquetados como A-F y M-R , los puso sobre la mesa y abrió el primero en la sección D .

Vic estaba pegado a él, hombro con hombro.

No encontró el expediente de D ELPIERRE .

Repitió el proceso con el segundo archivador.

Tampoco había ninguna carpeta gris relacionada con Andy Mortier.

Vic se encontraba ante un callejón sin salida.

—Regresó aquí treinta años después para borrar el pasado y los rostros.