El manuscrito Capítulo 43 #2
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Capítulo 43 #2

—La situación de Giordano se desmoronó definitivamente al año siguiente, con la llegada de una red de chicas jóvenes del Este entre Lyon y Grenoble.

Fue durante la época en que el matrimonio Giordano se separó, pues su mujer ya no soportaba sus ausencias reiteradas, ni sus silencios.

Consiguió la custodia de su hija, lo que volvió loco al padre…

Puso el objetivo en una joven prostituta, de apenas de dieciocho años, perdida, frágil, asustada, en la que se había fijado durante una «intervención»…

Léane escuchaba con atención; el arma sobre las rodillas.

—Giordano ejercía sobre ella actos que, en una relación consentida, se llamarían sadomasoquistas, pero que en este contexto resultaban ser actos de humillación, violación y tortura.

La investigación reveló que le gustaba recibir, pero sobre todo infligir dolor.

Eso duró más de un año, y todo podría haber continuado mucho tiempo más si Giordano no hubiera sido sorprendido in fraganti en un hotel de montaña, durante una operación sorpresa de la Policía de Chambéry, que trabajaba en el desmantelamiento de la red.

Léane estaba al borde de las náuseas. Giordano había omitido contarle esas atrocidades. Encadenado, en mal estado, había logrado engañarla.

—Y… ¿cuál fue el veredicto?

—Éramos tres psiquiatras a cargo de hacer una valoración.

Nuestra misión era elaborar un informe sobre el estado psicológico del señor Giordano, quien, desde el día en que fue arrestado, hizo todo lo posible por hacer creer que padecía una gran angustia mental, que el divorcio y su trabajo lo habían destrozado, que él también era una víctima en todo aquello.

Es cierto que en ese momento estaba bajo tratamiento de antidepresivos, los análisis toxicológicos lo demostraron…

Sin embargo, ¿de verdad tenía depresión?

Mis dos compañeros pensaban que sí; yo no.

Pero la mayoría se llevó la razón, como siempre…

Aún cargaba con el peso de su fracaso, se veía en sus expresiones, en sus miradas.

—Además, a pesar de que ella había soportado todo aquello y del estado en que se encontraba su cuerpo y de las fotos como prueba, la víctima lo protegió y afirmó que los golpes, las quemaduras de cigarrillo y los cortes se los habían infligido otros clientes.

Esa chica era frágil, influenciable y estaba muy asustada.

Incluso con Giordano entre rejas, tenía miedo.

A excepción del flagrante delito constatado por la Policía de Chambéry, no existían testimonios; los compañeros de Giordano lo describían como un policía ejemplar.

Teniendo en cuenta todos estos elementos, fue condenado a tres años de prisión preventiva, con prohibición de acercarse a su exmujer y a su hija durante un año más después de su salida, tiempo durante el cual debía demostrar buena conducta: encontrar una situación estable, no tener más problemas con la justicia…

—Usted defiende que, según su opinión, no tenía depresión. Entonces, ¿qué… qué perfil psicológico tenía?

—Está todo en el expediente.

—Quiero escucharlo de usted.

El psiquiatra permaneció inmóvil un instante, con la mirada perdida. Luego se giró hacia su interlocutora.

—Para mí, Giordano presentaba diferentes rasgos de psicopatía y perversión, en el sentido psiquiátrico del término: la voluntad de poseer, de disfrutar sin límites y de usar a terceros a su antojo.

Cosificación de la víctima, ausencia de empatía, manipulación mental, violencia, deseo de infligir dolor…

, todo de manera fría y bajo un perfecto control.

El perfil físico de las mujeres que le interesaban siempre era rigurosamente idéntico; aquellas que salían de ese marco no le interesaban, no existían para él…

A Léane le recorrió un escalofrío la nuca solo con pensar que se había encontrado cara a cara con un depredador como él.

—Estando bajo tratamiento de antidepresivos, se encontraron rastros de cocaína en su organismo.

La droga es un estimulante y no representa una interacción peligrosa con los medicamentos que tomaba.

Quizá con uno intentaba anular los efectos del otro mientras mantenía, cómo decirlo, toda su vigorosidad, todo su apetito sexual.

En vista de los elementos que expuse en mi informe, pienso que debería haber sido tratado en un hospital psiquiátrico.

La prisión no resuelve nada en los casos con individuos como él.

—¿C-Cree que pudo haber vuelto a las andadas nada más salir de la cárcel?

Bartholomeus no respondió, pero le valía como respuesta. Léane estaba en shock : Giordano había mentido. Era cierto que le había dado una paliza a un proxeneta, pero no en el marco de la operación de la que había hablado. Tampoco había mencionado el juicio, la prisión, las torturas…

¿Tenía a un verdadero perverso encadenado? ¿Un desgraciado que, a pesar del estado en que se encontraba y de su situación dramática, seguía jugando, controlando y manipulando? ¿Un psicópata carente de empatía?

—Otra cosa, doctor. ¿Conoce el Torreón Negro?

Asintió con ímpetu.