El manuscrito Capítulo 41
53%

Capítulo 41

Tras escuchar las palabras de Mattioli, los policías se miraron entre sí, como si fueran unos adolescentes que ven por primera vez a una mujer en pelotas. Vadim se acercó de nuevo al propietario.

—¿Quién lo alquiló?

—No me acuerdo, pero tengo toda la información en mi portátil. Si me permite…

—Vamos.

Le quitaron las esposas y volvieron a la planta baja.

En tres clics, Alexandre Mattioli accedió al sitio LocHolidays e inició sesión en su cuenta.

Al otro extremo de la sala, los niños veían una serie de dibujos animados tan tranquilos, mientras Dupuis fumaba afuera, con el teléfono pegado a la oreja.

El propietario primero les mostró el anuncio, con una veintena de fotos del chalé, desde el sótano hasta la primera planta.

—Esto es lo que puede ver la gente. Hace seis años que alquilo el Edelweiss. Nunca he tenido ningún problema. Me cuesta creerlo.

Clicó en un enlace que le llevó a la página de las gestiones.

—Aquí está: alquilado por un tal Pierre Moulin, del sábado pasado a esta mañana.

—¿Cómo que «un tal»? Tendrá su dirección o su número de teléfono, ¿no?

—Pues no. Solo su dirección de correo electrónico.

Puso en pantalla el correo: ie. [email protected] . Una dirección de correo falsa, cómo no. Vic señaló la pantalla.

—¿Qué nos puede contar sobre él? ¿Cómo es físicamente?

—Nunca lo he visto.

Vadim apoyó los puños sobre el escritorio, en posición de gorila.

—Ya está bien de tanta tontería, joder. ¿Nos está diciendo que le alquiló su chalé a un tipo que nunca ha visto?

El hombre se tomó su tiempo en responder, conmocionado, lo que irritaba aún más a Vadim, cuya paciencia pendía de un hilo.

—En eso consiste el alquiler en línea, y así suele funcionar.

Pueden consultarlo en cualquier foro. Cuando llegan los inquilinos, siempre dejo la llave en un lugar que les indico.

Por lo general, hago un repaso rápido del estado del lugar en su presencia la mañana de su salida, pero estos ya se habían ido cuando llegué.

El chalé estaba impecable y las sábanas de una de las camas en la lavadora, limpias.

La llave estaba en el mismo sitio, así que no le di más vueltas.

Además, habíamos intercambiado correos muy cordiales.

El hombre me dijo que venía con su mujer y su hija de seis años.

Parecía serio; incluso pagó quince días por adelantado.

Dado el precio del alquiler semanal, uno da por hecho que se trata de personas en las que…

—… en las que se puede confiar, ¿no? Porque, claro, los tipos con dinero no le van a robar las cucharillas para el café, ¿eh?

Vadim estaba llegando al límite. Le hizo un gesto con la barbilla a Mattioli para que clicara en el perfil de Pierre Moulin, miembro del sitio desde ese mismo año.

Sin descripción ni comentarios. La foto era la de un tío demasiado perfecto: pelo rubio, sonrisa deslumbrante, cuello de la camisa visible.

Evidentemente, no había alquilado ningún otro alojamiento antes de aquel.

—Lo comprobaremos, pero es muy probable que toda esta información sea falsa.

Correo falso, nombre falso, perfil falso creado para la ocasión y, seguramente, foto falsa.

Pierre Moulin, iniciales PM, como el Profesor Moriarty; el fantasma que siempre se esconde en las sombras, el hombre invisible cuyo aspecto físico nadie es capaz de describir.

—¿El Profesor Moriarty?

—¿Cómo pagó el alquiler?

Alexandre Mattioli puso otra página en pantalla.

—Transferencia bancaria a mi cuenta de mil doscientos euros vía Western Union.

Otra pista más imposible de seguir. Vadim hizo un gesto de rabia.

Western Union era una red de sucursales a nivel mundial que permitía realizar transferencias de dinero a través de cualquier medio, entre un remitente y un receptor.

Se podía entrar en una de las sucursales con una suma en efectivo y transferirla a la cuenta bancaria de un completo desconocido, en cualquier lugar del planeta.

No hacían preguntas. De este modo era, por ejemplo, como las prostitutas que llegaban del Este alimentaban las cuentas de sus proxenetas, que se habían quedado en su país de origen.

—¿Y no le pareció extraño que pagara por Western Union? ¡Nadie hace eso!

—Claro que sí. El pago está autorizado por el sitio, y no era la primera vez que me pagaban así. Nunca he tenido…

—Enséñenos las otras veces que le pagaron así.

Mattioli obedeció: fue directo al historial de sus alquileres. Luego señaló, con el cursor del ratón, tres registros de facturación.

Febrero de 2013: Paul Michalak alquiló el chalé durante cinco días. Abril de 2014: Pierrette Mavrotte, seis días. Enero de 2015: Patricia Muette, cinco días.

Tres PM.

Moriarty ya había alquilado aquel chalé tres veces.

Vic miró a su compañero, desconcertado.

—Quizá no era la primera vez que Delpierre limpiaba este sótano. Puede que sucediera muchas más veces, hace meses, o incluso años… Otras chicas de su terrorífico maniquí de piel, que ejecutó aquí por orden de Moriarty.