El manuscrito Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

—¿Sabes por qué le llamo parásito? Porque un parásito se aprovecha de su huésped, vive a su costa, por así decirlo.

Nuestro parásito se movió por tu casa como una pulga en el lomo de un perro.

Habitaciones, cocina, baño…, no se contuvo.

También en el coche, en el volante, en las manijas interiores.

Incluso se bebió vuestro whisky , comió de vuestra nevera y revisó vuestros álbumes de fotos familiares. Sus huellas estaban por todas partes.

Léane se dejó caer sobre un banco, con el vaso entre las manos.

Se imaginó a ese desconocido apropiándose de su casa.

¿Se había acostado en su cama? ¿Se había enredado entre sus sábanas, había revoloteado entre sus cosas?

¿Se había sentado frente al ventanal para contemplar el mar, como le gustaba hacer a ella, con un vaso de alcohol para entrar en calor?

—Es una locura.

—Sí, es una locura. Pero esas huellas me ayudan bastante, ya que me permiten retroceder en el tiempo y entender un poco mejor todo.

Colin sacó su libreta, se lamió el dedo índice y hojeó las páginas.

—Con todos los elementos reunidos, tengo una idea bastante clara del escenario.

Primero, el parásito entra en la villa hace dos meses, a finales de octubre, sin dejar ni rastro de allanamiento.

O tiene la llave o la puerta está abierta, cosa que no sería descabellada del todo porque Jullian bebía mucho y no siempre debía de acordarse de cerrar con llave las puertas.

Roba objetos, libros y jabones, por una razón que aún desconocemos, mientras Jullian duerme en la primera planta…

Al despertarse, este último denuncia el robo, instala una alarma, cambia las cerraduras…

Léane bebió un sorbo de café que le supo asqueroso, así que lo tiró a la basura. De todos modos, mejor evitar la cafeína, pues planeaba tirarse a la cama en cuanto llegara a casa y dormir toda la noche del tirón.

—Unos dos meses después, el parásito vuelve.

Secuestra a tu marido. ¿Dónde? ¿Cómo? Misterio.

Pero se lo llevó fuera de casa, eso seguro.

Lo encierra en el maletero del coche de Jullian y se pone al volante.

En la noche del lunes al martes, el parásito regresa a la villa, abre la puerta principal con la llave que probablemente encontró en algún bolsillo de Jullian… y en ese momento…

—Le sorprende la alarma, como a mí.

—Exacto. Porque no sospecha que haya una, como tú.

El técnico de seguridad llega, el parásito lo engaña, tambaleándose, haciéndole creer que ha bebido.

Me he recorrido los bares de la zona y nadie vio a Jullian esa noche.

Así que fue el parásito quien le abrió, habiendo bebido bastante whisky antes y fingiendo estar borracho…

Léane se dio cuenta de que Colin no había perdido el tiempo. Desglosaba los hechos como un reloj encadena segundos.

—Es martes, la una de la madrugada, sin señales de allanamiento; el parásito tiene la llave de la puerta principal en la mano, finge estar borracho, el técnico de seguridad no sospecha nada y lo toma por el dueño de la casa.

Se va. Y listo: el parásito acaba de tomar posesión de la casa.

Cierra tras de sí con calma, lo revisa todo…

; seguramente, las cosas de tu marido. Pondría la mano en el fuego a que te has dado cuenta de que todos los archivos que Jullian había reunido durante años han desaparecido…

Me fijé ayer mientras recogía las huellas…

Léane asintió ligeramente con la cabeza, casi tímida. Como podía haberse esperado, Colin no solo había recogido huellas, sino que también había aprovechado para husmear un poco por todas partes.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Lo… lo siento. No se me ocurrió, con todo lo que ha pasado.

—Pues es importante. Si no me cuentas ese tipo de detalles, ¿cómo quieres que avance en la investigación?

La miró fijamente, en silencio. Aplastó el vaso y lo tiró a la basura. Léane se sentía cada vez más incómoda.

—En fin, qué se le va a hacer. Entre la una de la madrugada y la última hora de la tarde, entre las cinco y las seis, el parásito está como Perico por su casa.

No tengo ni idea de lo que ocurre durante ese lapso de tiempo, pero sí sabemos qué sucede después: deja a Jullian a su suerte en el dique y desaparece en medio de la naturaleza…

El policía cerró su cuaderno y se lo guardó en el bolsillo.

—El parásito es brillante, Léane, y nos deja un buen enigma por resolver… ¿Cuáles son sus verdaderas motivaciones? ¿Por qué toda esta puesta en escena? En fin, ese es el estado de la situación por ahora. Ah, sí, una última cosa.

Sacó dos hojas dobladas en cuatro de su cazadora y se las dio a Léane.

—Gracias a un viejo amigo, juez de instrucción en Lille, he conseguido la lista de los juicios en los que intervino John Bartholomeus…

Léane frunció el ceño.

—¿Quién?

—El psiquiatra de Reims al que llamó tu marido antes de su amnesia, ¿recuerdas?

—Ah, sí, sí, ahora me acuerdo…

—No hay absolutamente nada en esta lista que me resulte familiar o que parezca tener relación con nosotros, pero me gustaría que le echaras un vistazo. Nunca se sabe.

—Vale.

—Y, por cierto, ¿el padre de Jullian tiene una copia de la llave de vuestra casa?

Léane volvió a fruncir el ceño.

—N-No lo sé. Yo nunca le di una, pero quizá Jullian sí. ¿Por qué me lo preguntas?

—Solo contemplo todas las posibilidades. Bueno, no te molesto más, Jullian te espera.

Se alejó y, tras unos pasos, se dio la vuelta.

—Por cierto, voy a tener que ir a buscar mi cartera, la olvidé en tu casa ayer. Como dijiste que te acostarías temprano, no quise molestarte cuando me di cuenta. Me pasaré por la villa. ¿Estarás allí?

Qué pegajoso. Esbozó una falsa sonrisa.

—Sí, pero a última hora de la tarde. Primero tengo que hacer las compras para Navidad. Es probable que mañana le den el alta a Jullian.

—Lo sé, he hablado con su médico.

¿Acaso había algo que él no supiera? Esa vez se marchó de verdad.

Léane lo observó mientras se alejaba, con los labios fruncidos.

¿A qué venía aquella pregunta sobre Jacques?

¿Ahora iba a empezar a sospechar del padre de Jullian?

Tensa, fue a sentarse en una silla, con la lista de los juicios en los que había intervenido el psiquiatra Bartholomeus entre las manos.

En su posesión tenía al menos un centenar de fechas, lugares y nombres de casos, que abarcaban desde 1998 hasta 2017.

Los recorrió rápidamente, sin mucha esperanza.

Ese revoltijo indigerible no le decía nada.

Pero, de pronto, sus ojos se detuvieron en la tercera línea de la segunda página:

«Juzgado de Primera Instancia de Lyon, octubre 2011, juicio Giordano».