El manuscrito Capítulo 30
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Capítulo 30

Léane no se podía creer lo que acababa de escuchar.

Se metió las manos en los bolsillos para evitar los temblores.

Se imaginó a Jullian volviendo a la carga, no contra Roxanne, sino contra Grégory Giordano.

Acabó secuestrándolo, sin duda después de que la joven regresara a Mâcon.

Roxanne no volvió a tener noticias de él, no estaba al tanto de la desaparición de su padre.

A Léane no le costó imaginarse la continuación de los acontecimientos: Jullian encerró a Giordano en el maletero con el gorro, y luego lo encadenó en el fuerte. Giordano podía llevar diez días pudriéndose en esa estancia glacial, torturado, golpeado… ¡y ella ahí, hablando con su hija!

—¿De dónde sacaste ese gorro?

—Ah, tú también… ¿Qué coño pasa con ese gorro? Me queda claro que no formas parte de la asociación. ¿Quién eres?

Léane volvió a echar mano de su cartera, la mejor de las respuestas.

—Por favor, Roxanne. Es muy importante.

—Pero ¿qué te crees, que estamos en una peli? Tú me das dinero y yo hablo, ¿es eso?

—Algo así.

—Siento decepcionarte, pero no tengo nada que decir sobre ese gorro.

Lo encontró mi padre, eso es todo. Me lo puso en la cabeza, así, de repente, encima del gorro que ya llevaba puesto.

Parecía una imbécil, y nos echamos unas risas…

El gorro me pareció bonito, así que me lo quedé.

A mi padre le gusta cuando me lo pongo. Eso me recuerda que…

que me lo olvidé en su casa la última vez.

Varias preguntas taladraron la cabeza de Léane, pero decidió ir a lo esencial. Sabía que el tiempo apremiaba, pues bastaba con que Roxanne se cerrara en banda y todo habría terminado.

—¿Cuándo lo encontrasteis? ¿Y dónde?

—El invierno pasado, en febrero, durante las vacaciones. Mi padre me llevó a hacer senderismo en el macizo de Vercors. Le chifla la naturaleza.

—El… El gorro… ¿Podía ser que lo encontrarais después… después de mucho tiempo? ¿Después de varios años? ¿Estaba sucio? ¿Enterrado bajo las hojas?

—Ah, no. El gorro solo estaba un poco cubierto de nieve. No sé, debían de haber pasado dos o tres días máximo desde que el propietario lo perdió; si no, habría desaparecido por completo bajo la nieve. Allí, el invierno es frío y duro. Nieva a menudo.

Jeanson había sido arrestado en enero de 2016.

Si de verdad fue él quien mató a Sarah, ¿cómo Roxanne pudo encontrar el gorro de su hija casi un año más tarde en las montañas?

Y, si el gorro hubiera estado expuesto al aire libre durante meses, habría sufrido daños y estaría medio destruido por los elementos.

Llegaron a una parada de autobús. Roxanne miró a Léane por el rabillo del ojo.

—Ese gorro le pertenece a alguien que conoces, ¿es eso?

—¿Te… te acuerdas del lugar exacto en que lo encontrasteis?

—¿Cómo quieres que me acuerde? Mi padre suele alquilar un piso en un edificio residencial en Saint-Agnan-en-Vercors, en la Drôme, cerca de las pistas de esquí.

Lo encontramos durante una caminata en medio de la nada.

Fue, no sé, por los alrededores de La Chapelle-en-Vercors, o uno de esos pueblos pequeños. Lo siento, no puedo ser más precisa.

Llegó el autobús escolar y abrió sus puertas.

—Tengo que irme.

—Me gustaría ponerme en contacto contigo para hablar más largo y tendido. ¿Me darías tú número?

—Lo siento. Ya sabes, no hay que fiarse de los desconocidos, y blablablá. No debería haber hablado contigo.

—Una última pregunta. Tu pelo negro… ¿Por qué te lo teñiste?

Roxanne la miró fijamente y entrecerró los ojos; un velo oscuro ensombreció su rostro. La joven se dio la vuelta rápidamente. Justo antes de que se metiera en el autobús, Léane la llamó una última vez y le sacó una foto con el móvil.

—¡Eh! ¡No me saques fotos!

Roxanne la taladró con la mirada, a punto de volver a bajar, pero, como el conductor tenía poca paciencia, terminó por desaparecer en el autobús.

La novelista dejó que el vehículo se alejase con amargura.

Le habría gustado conseguir más respuestas.

La pista no podía terminar ahí. Quizá Sarah fue llevada a las montañas cuando Jeanson ya estaba en prisión.

Tal vez el asesino en serie no tuviera nada que ver con su desaparición, y Colin estuviera en lo cierto desde el principio.

¿Y si Sarah siguiera con vida? ¿Quizá Jullian tenía razón al continuar con su lucha durante todos esos años?

Léane miró la foto que acaba de sacar. Si Roxanne decía la verdad, Grégory Giordano había encontrado el gorro por pura casualidad, durante una caminata en el macizo de Vercors.

Quizá lo había confesado bajo tortura y Jullian nunca quiso aceptarlo.

El hecho de que fuera policía en Lyon y que trabajara en la comisaría donde gestionaban el caso Jeanson probablemente reforzó la convicción de Jullian.

Y, sin embargo… Léane aún guardaba una duda oculta que le impedía creer en la inocencia de Giordano. Esa historia de la custodia, el divorcio, los silencios de Roxanne cada vez que sacaba el tema… En parte le parecía normal, teniendo en cuenta que Léane era una completa desconocida, pero aun así...

Miró la hora y tecleó en el móvil. Le llevó menos de cinco minutos encontrar la dirección del policía: vivía a aproximadamente a una hora de allí. Arrancó y se dirigió hacia el sur. Debía estar convencida del todo de que tenían a un inocente secuestrado.

Pero, en el fondo de su ser, sabía que ese viaje no era más que una huida para no volver a Berck y enfrentarse a lo que la esperaba allí.