El manuscrito Capítulo 14
22%

Capítulo 14

—Creo que la he encontrado.

Vic se abalanzó sobre el ordenador de Vadim, situado frente al suyo.

Ambos hombres llevaban más de diez años trabajando en el mismo despacho del departamento de criminología de la delegación de Grenoble, que dependía de la dirección interregional de la Policial judicial de Lyon, al igual que Chambéry, Annecy, Valence y Saint-Étienne.

El lugar era de todo menos glamuroso —cuatro paredes cada vez menos blancas, recubiertas de pósteres y fotografías—, y era demasiado caluroso en verano y demasiado frío en invierno, pero a fin de cuentas era su guarida y se sentían cómodos allí dentro. Morel giró la pantalla.

—Apolline Rina, dieciocho años, desaparecida hace un mes y medio. Es el único caso de desaparición misteriosa de una chica ciega en los últimos diez años. Hay muchas papeletas de que sea ella.

Morel se recostó en la silla, orgulloso de su descubrimiento. Los datos indicaban que la joven había desaparecido en el domicilio familiar en Saint-Gervais-les-Bains, un pueblito ubicado a algo más de cien kilómetros de Grenoble.

—Los compañeros de Annecy están a cargo del caso.

Vic se colocó delante de la ventana, donde se arremolinaban algunos copos de nieve.

La víctima se reducía a un par de manos.

No obstante, tenía un nombre, un rostro, una sonrisa.

Apolline, de pelo largo y rizado, poseía un rostro que transmitía serenidad.

Era una chica guapa, de rasgos delicados.

El policía miró su reloj de pulsera: ya pasaban de las tres de la tarde.

—Vale, me voy cagando leches a Annecy. Mientras tanto, llámalos, explícales lo de las manos y avísales de que voy en camino. Avisa al jefe también y que llegue a un acuerdo con ellos para que intercambiemos los informes lo antes posible. Es probable que la vida de una chica joven esté en juego.

Morel apenas asintió y su compañero ya se había metido las fotografías en el bolsillo y había desaparecido.

Por lo general, a Vic le gustaban los días en los que una investigación adquiría buen ritmo, en los que las pistas empezaban a encajar y el tiempo se deslizaba como una estrella fugaz.

Pero en esa ocasión era algo muy diferente.

Se estaba alejando de Coralie y se acercaba a un demonio, un ser que había secuestrado, torturado y mutilado a dos chicas, como mínimo.

Apolline, ciega, y el cadáver del rostro arrancado y de los ojos robados.

Había una relación con el sentido de la vista.

¿Una obsesión del asesino? ¿Le asustaba ser escrutado y juzgado, hasta el nivel de privar a su víctima de los ojos y destruir su rostro?

El policía también recordó las letras en braille, inscritas en cada mano: PIEDAD . Apolline había pedido ayuda a su manera. Y nadie había acudido en su auxilio. Estaba sola, en la oscuridad de su existencia, privada de sus miembros, a la espera de que, tal vez, alguien fuera a rescatarla.

Aix-les-Bains, Annecy, a toda pastilla. Una hora y media más tarde, Vic bordeó el lago de Annecy, de aguas grises y adormecidas.

Las cumbres de las montañas se ocultaban tras unas nubes bajas, hinchadas de humedad.

La ciudad se encogía, como un hombre enfermo y acurrucado.

En invierno, las ciudades de montaña se convertían en montañas en sí mismas.

El policía que lo recibió fue el capitán Philippe Boulgronier, el jefe de grupo del caso Rina.

Lo llevó a su despacho, cubierto de fotos de la niña, de bocetos, de nombres y lugares unidos por flechas, y le sirvió un café.

El despacho era oscuro y estaba abarrotado, como si fuera un trastero.

Cuando Vic le mostró las imágenes del maletero del Ford y de la autopsia el capitán, se tensó, sentado en la silla con ruedas, visiblemente conmocionado.

—Cuando trabajas en este tipo de desapariciones, siempre te esperas lo peor. Pero, en este caso, esas manos sin cuerpo y ese cuerpo sin manos… Y dice que son dos víctimas… ¿Y que puede que Apolline siga con vida, a pesar de que le hayan cortado las manos? Es… impensable.

Vadim se lo había explicado todo por teléfono. El robo del Ford, el cuerpo en el maletero, los miembros amputados, los dedos índices dañados por la lectura del braille… Por supuesto, había que esperar a los resultados de ADN, pero había muchas papeletas de que esas manos fuesen las de Apolline.

Boulgronier apoyó la mano derecha sobre un expediente grueso.

—Apolline padecía una retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa que le destruyó las células de las retinas. Se quedó ciega a los doce años, y se hundió en la oscuridad más absoluta.

Vic miraba fijamente una fotografía en la que la joven vestía un vestido de flores.

—¿Cómo desapareció?

—Sucedió en casa de sus padres, la tarde del 2 de noviembre de este año.

Vivían en un bonito chalé a lo alto de Saint-Gervais.

El lugar está bastante aislado. Los padres se habían ausentado, dejando a Apolline sola con Valkan, su perro guía.

Cuando volvieron a casa esa noche, el labrador estaba delante de la casa, llorando, y Apolline había desaparecido.

Suponemos que el secuestrador se la llevó cuando salió a dar un paseo.

Le gustaba caminar por los bosques de los alrededores con su perro.

—¿Tienen alguna pista?

—Es una investigación compleja. Ni un rastro, ni un testigo. Nunca había pasado algo parecido en Saint-Gervais o en sus alrededores. El perro no le habría hecho daño ni a una mosca, así que es complicado decir si el secuestrador conocía a la víctima o no.

Se acercó al mapa de la región, que ocupaba buena parte de la pared.

—El secuestro se cometió durante las vacaciones de otoño, por el día de Todos los Santos.

El resto del tiempo, Apolline era interna en un instituto para jóvenes ciegos, los Senones , en Montagnole, a unos cuantos kilómetros de Chambéry.

La institución acoge hasta cien jóvenes de entre catorce y veinte años.

Señaló una foto del instituto, con altos muros de piedra y arcos de granito; un edificio de otro siglo que parecía a su vez un trozo desprendido de la montaña. Vic se imaginó un convento, con sus monjas con toca y sus cánticos resonando en pasillos austeros.

—Las personas con discapacidad visual viven allí durante todo el año, salvo durante las vacaciones escolares, y algunos de ellos están escolarizados fuera, en Chambéry, en instituciones públicas. A pesar de su discapacidad, intentan llevar una vida de joven adulto lo más normal posible.

Vic señaló la parte izquierda de la foto.

—¿Es una capilla?

—Sí. Los Senones era un antiguo colegio católico, por lo que han mantenido algunas tradiciones religiosas. Bastantes de los jóvenes ciegos rezan o se cobijan en la capilla. Hay que aferrarse a algo cuando todo es oscuridad a tu alrededor.

Por la mente de Vic cruzó la imagen de la cruz religiosa que colgaba de la cadena del retrovisor del Ford. ¿Y si el asesino tuviese algo que ver con el instituto? ¿Un empleado, tal vez?

—¿Han interrogado al personal del instituto?

—Vamos poquito a poco. Es complicado explicárselo todo en unos minutos.

Ya se leerá el expediente. Los jóvenes tienen muchísimas actividades y se cruzan con mucha gente: profesores, médicos, instructores, simples empleados, padres…

No se sabe si el secuestrador conocía a Apolline o si se trata de un secuestro oportunista y totalmente casual.

En todo caso, no se puede descartar esa posibilidad.

Evidentemente se interrogó a los amigos y amigas de Apolline en los Senones.

Nada sospechoso, ningún secreto ni ningún novio, tan solo relaciones normales con el equipo que los supervisa.

El secuestrador quizá solo sea alguien que pasó frente a su casa, en Saint-Gervais; un depredador que vio a una joven vulnerable caminando y la secuestró. Es fácil atacar a una ciega.

—No creo que fuera así. Ciertos elementos me llevan a pensar que el hombre que buscamos vive en los alrededores de Chambéry.

—¿Qué elementos?

—Es una especie de intuición.

—¿Una especie de intuición? ¿Eso es lo que tengo que decirles a los padres, que nos dejamos llevar por una especie de intuición?

—Siento que conoció a Apolline en el colegio o incluso en el instituto.

Sabía dónde vivía. Debía de conocerla bien, o a lo mejor tenía acceso a su expediente.

Puede que hubiese esperado a las vacaciones para evitar crear un vínculo demasiado evidente con Chambéry o Montagnole, para centrar su atención y la de sus investigadores en otro lugar.

—¿Está trabajando solo con una especie de intuición o tiene pruebas?

—Ya se forjará su propia opinión cuando lea nuestros informes. Creo que nuestros jefes han llegado a un acuerdo para que intercambiemos rápidamente los expedientes, ¿no?

—Teniendo en cuenta la urgencia de la situación, nos interesa trabajar juntos, efectivamente.

Vic se levantó con una idea en mente. Afuera, la noche ya se había instalado y la nieve caía en pesados copos.

—Es mejor que me ponga en marcha para no quedarme aquí bloqueado.

Boulgronier miró una última vez las fotografías de la escena del crimen y se las devolvió a Vic.

—¿Qué cree que vincula a Apolline con la otra víctima hallada en el maletero?

—Es demasiado pronto para hacer conjeturas.

Los hombres se despidieron con un apretón de manos, y, justo cuando Vic estaba a punto de salir:

—¿Teniente Altran?

Boulgronier le dio su bufanda. Vic la cogió con una sonrisa.

—Debe de ser la quinta que compro este año. Suelo perder las cosas. —Se tocó la sien—. Además de la memoria.

—A todos nos pasa. Y no va a mejor con la edad. De hecho, hay una cosa que me reconcome por dentro desde que llegó: ¿usted salió en la tele? ¿En un concurso o algo así?

—Qué va.

Un rato más tarde, Vic se incorporó a la autopista, dirección Grenoble. Sin embargo, al cabo de una media hora, se desvió por la carretera departamental D1006, con el teléfono en manos libres, hablando con Vadim.

—Entonces, ¿de verdad crees que el hombre que buscamos forma parte del personal de ese instituto? ¡Seguro que los compañeros de Annecy ya le han dado mil vueltas al asunto!

—El centro imparte enseñanza religiosa, y había una cadena colgando del retrovisor del Ford. En cualquier caso, no pierdo nada por preguntarle al director si alguna vez ha visto el Ford gris. Solo será una visita de cortesía.

—¿Una visita de cortesía? No hagas ninguna tontería, Vic, ¿me oyes? No podemos buscarnos problemas con los compañeros de Annecy, y todavía no tenemos la autorización para actuar como nos plazca.

—Ese es el problema: el papeleo. Piensa en Apolline, Vadim. Piensa en Apolline por un segundo.

Vic colgó con un gesto de rabia. Estaba hasta los cojones de los procedimientos.

Un cabrón le había cortado las manos a una cría y su vida pendía de un hilo, ¿cómo iba a tomarse el lujo de esperar unos malditos papeles?

La iluminación de las farolas empezó a escasear, apenas unos destellos de vida en la noche perpetua de la roca.

Las carreteras comenzaron a serpentear, cada vez más estrechas, como si se hundieran en un universo de caos donde solo reinaba la oscuridad.

Enseguida divisó la señal de MONTAGNOLE , iluminada por el resplandor de los faros.

Después se alzó ante él la silueta del instituto de los Senones , al pie del macizo de Chartreuse.

Solo un par de buhardillas iluminadas en los dos pisos atravesaban la oscuridad de la noche.

Le parecía poca iluminación, pero recordó dónde estaba a punto de llegar: a un mundo donde la luz ya no existía.