Capítulo 10 #2
—Sí. Y, a día de hoy, ha revelado la ubicación de ocho de los nueve cuerpos; la última revelación data de hace más de un año. Le queda una víctima por confesar…, y es Sarah.
Léane bajó la mirada, que se le empezaba a nublar por las lágrimas no derramadas.
Lo habría dado todo por saber dónde estaba el cuerpo de su hija, como los demás padres, por tener una certeza de una vez por todas.
Pero había que esperar, y serían Jullian y ella quienes sufrirían hasta el final, hasta que ese hijo de puta decidiera hablar.
—Revela las ubicaciones de forma desordenada.
Intenta confundirnos con las pistas. Se divierte con ello.
Le gusta acaparar toda la atención, por eso alarga las revelaciones.
Es otro juego para él, una forma de entretenerse tras las rejas y de revivir sus fantasías.
Para él, cada ubicación revelada es una excusa para salir a tomar aire fresco en la naturaleza.
Cuando pienso que ese asqueroso asesino en serie recibe cartas de mujeres de todas las edades fascinadas por él… Todo eso me repugna.
Una mueca acompañó sus palabras.
—En su domicilio no se encontró ningún rastro de las chicas, nunca las llevaba allí.
Era muy meticuloso. Limpiaba su vehículo con frecuencia.
Los técnicos de la Unidad de Identificación Judicial tienen muy poco hilo del que tirar.
Ese cabrón es muy escurridizo. Además, sabe mantenerse impasible cuando se le muestran las fotografías de las desaparecidas.
Es como si les planteara a los investigadores un nuevo acertijo para resolver.
Lleva casi dos años encerrado y su juicio no está ni un poco más cerca de celebrarse, dada la complejidad del caso.
Pero ¿por qué no confiesa dónde está Sarah, teniendo en cuenta que fue una de las primeras desaparecidas? ¿Por qué todas las demás menos ella?
Colin cerró el cuaderno con una mano y observó fijamente a Léane con la mirada sombría. Ella le daba vueltas al agua que le quedaba en el vaso, incapaz de olvidar los arañazos en el maletero del cuatro por cuatro. El mensaje que le había enviado Jullian la obsesionaba:
Tengo que contarte algo sobre Sarah.
He descubierto algo muy importante.
—Tal vez no debería decirte esto, pero teniendo en cuenta lo que acabamos de descubrir en ese maletero…
¿Te das cuenta de que lo único que realmente conecta a Sarah con Jeanson es ese mechón compuesto por quinientos doce pelos?
Es el único vínculo sólido que no se puede cuestionar.
Pero ¿hace eso que el asesino en serie sea el culpable?
Cualquiera que conozca la historia de los cabellos y la desaparición podría haber enviado el sobre.
Y hay mucha gente involucrada. Policías, jueces, personas cercanas a la víctima…
—¿Me estás diciendo que uno de ellos podría haber hecho algo así para inculpar a Jeanson?
—¿Por qué descartar esa posibilidad? Un secuestrador que no tiene nada que ver con Jeanson, que tiene a Sarah retenida, le corta un mechón de pelo, te lo envía, y listo.
Hubo algunas filtraciones, la gente pudo descubrirlo.
Eso explicaría por qué Jeanson aún no ha revelado la ubicación del cuerpo.
Simple y llanamente: porque no lo sabe. Escribes este tipo de historias retorcidas en tus libros.
Estás mejor posicionada que nadie para saber que la imaginación de ciertos individuos no tiene límites en cuanto a crímenes se refiere.
Léane desvió la mirada hacia la librería.
—Entonces, incluyes a Jullian en la lista…
Siempre has sospechado de él… No, no tiene sentido.
No hay forma de que supiera lo del mechón antes de que lo recibiéramos.
Nunca fue a Valence ni a ningún otro sitio para enviar ese maldito sobre.
Jeanson conocía este lugar. Estuvo aquí, en Berck.
Describió a Sarah, tal y como describió a las otras víctimas.
Habló de la bahía, de las dunas, de la casa. ¿Eso cómo lo explicas?
—Para empezar, no estoy acusando a Jullian, eso que quede claro.
Solo digo que quizá Jeanson no tenga nada que ver con todo esto.
Ya sabes cómo es un interrogatorio policial.
Intentan presionar a los sospechosos hasta que confiesen.
Les ponen fotos delante de sus narices y les dicen cosas como «¡vamos, habla!
Fuiste tú quien la secuestró, ¿a que sí?
¿Te escondiste en esas dunas para atraparla?
¡Mira las fotos y habla!». En fin, ya sabes, algo por el estilo.
Jeanson pudo recopilar toda esa información perfectamente, usarla y repetirla, añadiendo así una víctima más a su palmarés.
—Vale, pongámonos en la improbable situación de que Jeanson no secuestró a Sarah…
Entonces, ¿qué hacemos con esa pareja de testigos que aseguran haber visto su autocaravana en el aparcamiento la noche de la desaparición de Sarah?
Tú mismo hablaste con ellos. Estaban aparcados por la zona el 23 de enero de 2014. Prestaron juramento de honor.