Capítulo 9
Léane pasó de la tisana al whisky , conmocionada por el descubrimiento.
Una imagen escalofriante e incomprensible la perseguía: Sarah encerrada en el coche de Jullian, rascando la chapa, tratando de garabatear un mensaje con los dedos ensangrentados.
Estaba delirando: Sarah había desaparecido hacía cuatro años y estaba muerta, asesinada a manos de Andy Jeanson, al igual que las demás. ¡Muerta!
—Todo esto que está pasando no es posible, Colin.
Tú has visto a mi marido dejarse la piel por buscar a nuestra hija.
Ha pasado años existiendo única y exclusivamente por la esperanza de encontrarla.
No hace ni tres meses, estaba en las puertas de la comisaría de Lyon intentando conseguir documentos del caso Jeanson.
Sin embargo, esa palabra escrita con sangre, esos arañazos…
Alguien estuvo encerrado en el maletero de su coche, y es reciente, porque lo habría visto si aún viviera aquí.
Una mujer que se desgarró los dedos y que eligió esa palabra.
No escogió AYUDA o SOCORRO , sino VIVA .
Colin mantenía la calma, inclinado hacia adelante, sumido en una profunda reflexión y envuelto en un silencio pesado que terminó por romper:
—Tenemos que actuar con cabeza. La agresión de tu marido ha permitido abrir una investigación judicial que nos ofrece bastante posibilidades.
Voy a solicitar un análisis de ADN de la sangre que hemos hallado dentro del proceso.
Voy a conseguir una muestra de la sangre de Jullian en el hospital, así nos evitamos la extracción y podremos hacer una prueba de paternidad entre su ADN y el que está en el maletero.
Léane asintió. Le chocaba el tono monocorde y procesal del policía.
—¿Por qué hacer todo eso si te basta con comparar el ADN de la sangre del maletero con el perfil genético de Sarah, que está en el registro?
—No quiero que el caso se nos vuelva a escapar.
Una solicitud al banco de ADN sobre el perfil de Sarah va a atraer la atención de la Policía de Lyon y hará que vengan hasta aquí.
Y no quiero eso. Mientras podamos manejar este asunto como lo que es, es decir, una agresión, mantendremos el control.
El coche está vinculado a tu marido, así que está justificado que presente ese tipo de solicitud ante el juez.
Léane hacía girar el vaso en la palma abierta de la mano. Colin tenía miedo de que le arrebataran el caso. Clavó la mirada en el montón de cenizas de la chimenea.
—Si piensas que… que la sangre podría ser de Sarah, o que ella podría haber escrito ese mensaje, eso significa que todavía crees, después de cuatro años, que Jullian podría estar implicado en todo esto.
Y que todos se equivocan con Andy Jeanson.
Pero, por favor, Colin, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?
—Hay sangre en el maletero del coche de tu marido. He de considerar todas las posibilidades.
Se hundió en el sillón, con una mano apoyada en la cabeza, como un viejo pensador.
—Escucha… He tenido suficiente tiempo para darle vueltas, ¿sabes?
Durante todos estos años. En Berck no hay nada que hacer en invierno, salvo pensar.
Así que eso hice: pensar, hacerme preguntas.
Día tras día. Reconocer y repasar todos los elementos de la investigación.
Pero cuando uno no es más que un poli de pueblo, como yo, avanzar en un caso es más complicado.
No tienes acceso a los entresijos del expediente y, aunque estés en el meollo del caso, acabas sintiéndote como un extraño.
Cuando pides consultar documentos o planeas tus teorías, te dan a entender que sería mejor que siguieras encargándote de las peleas de borrachos, en tu rincón perdido de la mano de Dios.
Esos tipos de la Policía científica de Lyon…
no son precisamente los más simpáticos del planeta.
Sacó su libreta y la agitó frente a él.
—Así que no me queda otra que apañármelas, hacer las cosas por mi cuenta, conseguir información por vías indirectas.
Este cuaderno es el mismo desde hace cuatro años.
Dedicado a…, dedicado a tu familia. Todo está aquí escrito: mis observaciones, la cronología del caso…
No te haces una idea de cuántas veces lo he releído, cuántas veces he vuelto a repasar cada dato.
¿Quieres saber lo que pienso a día de hoy?
Que hay cosas extrañas en torno a Jeanson y a la desaparición de tu hija.
Oír esas palabras de la boca de Colin le provocó un nuevo escalofrío. Nunca antes había cuestionado nada… De hecho, ¿acaso podía hacerlo? Él mismo lo había dicho: era un donnadie.
—Explícate.
—¿Estás preparada para volver a escuchar la historia, para retomarla desde el principio? Todo lo que sabemos desde aquella noche en que Sarah desapareció y…, en fin, todos los detalles sórdidos. No es fácil. No querría estar en tu pellejo, pero…
—Han pasado ya cuatro años. Ya me enfrenté al horror junto a Jullian. Estoy preparada, Colin. Sé lo que Jeanson le hizo a mi hija y a las otras chicas secuestradas. Intento aprender a vivir con ello. Sé qué clase de monstruo es. Así que… vamos allá.