El manuscrito maldito (Cozy Mystery 3) Capítulo quince #3
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Capítulo quince #3

—Hace pocas noches, estábamos cenando cuando cometí el error de comentar lo mucho que me gustaba el puñal. La verdad es que es una pieza preciosa en plata. Y, como quien no quiere la cosa, Wesley propuso que lo robara. Y que Thad lo devolviera.

—Eso es jugársela, muchacho —intervino George—. ¿No te meterías en un buen lío si te pillaban?

—Probablemente —reconoció Josh—. Thad no. Él se libraba de todo. Sí, no fui muy listo. Habría tenido que convencer al rector de que era una broma, cosa que es cierta.

Volví al punto crucial.

—Thad tenía el puñal. ¿Solía ir por ahí con él?

Tal vez lo llevaba encima cuando se topó con el asesino y este lo encontró.

Josh lanzó un bufido burlón.

—No lo creo. Si tenía que devolverlo al comedor, ¿por qué iba a sacarlo de la universidad?

Esa era la cuestión. ¿El asesino lo habría cogido de la habitación de Thad? Según Amy, todos tenían llaves de todos.

—¿Quién más lo sabía? —pregunté. Dudaba que alguien hubiera rebuscado un arma homicida en la habitación de Thad. Prácticamente era lo único de lo que estaba bastante segura.

Josh y Amy intercambiaron una mirada.

—Nosotros dos. Wesley. Ah, y puede que el doctor Scott. Amy, ¿recuerdas que estaba sentado cerca de nosotros en la biblioteca cuando hablamos del reto? No nos dimos cuenta hasta al cabo de un rato.

Amy se echó hacia atrás.

—Sí, es verdad. Pero no creerás que ha sido él, ¿no?

Josh puso cara de preocupación.

—No quiero ni pensarlo. El doctor Scott me cae muy bien.

¿Te acuerdas de lo que nos contó Thad? ¿Lo de que iba a presentar una queja contra él?

—Se volvió hacia nosotros—. Intentamos quitárselo de la cabeza, pero Thad estaba decidido.

Dijo que se merecía un excelente y estaba muy cabreado porque le había puesto un suficiente.

No revelé que había oído sin querer lo que Oliver opinaba de su alumno y que nos había contado a Kieran y a mí lo que ocurría.

Aunque podía disipar sus sospechas compartiendo con ellos que Oliver pretendía probar suerte como escritor, era mejor no levantar la liebre.

Lo último que el primo de Kieran necesitaba era que el rector se enterara antes de que se decidiera a dimitir.

—¿Llegó a presentarla? —preguntó Daisy—. ¿O solo era una amenaza para que le subieran la nota?

Yo también sentía curiosidad.

Josh y Amy se encogieron de hombros.

—No volví a saber nada más —contestó el joven.

A continuación, frunció el ceño—. Hay una persona que está en medio de todo.

—Se calló un momento y todos lo miramos—.

Wesley. Tuvo que ser él quien me delató a la policía.

Me juego algo a que dejó la chaqueta en mi habitación para darme el golpe de gracia.

—¿Crees que… Wesley mató a Thad? —preguntó Amy, quedándose pensativa—. La verdad es que cuadra. Os convenció para que robarais el puñal y, además, tiene acceso a tu habitación, así que pudo dejar la chaqueta.

Josh apretó los puños, medio levantándose del asiento.

—Casi estoy por ir a buscar a esa comadreja y sacarle la verdad a hostias. Hay que ser un desgraciado para hacer algo así.

—A ver, a ver —dijo George levantando las manos—. Espera, muchacho. No empeores las cosas. Lo último que te conviene ahora mismo es un cargo por agresión.

Amy le tocó el hombro y lo hizo sentarse.

—Tiene razón, Josh. No te han detenido, por lo que entiendo que no están seguros de que lo hicieras tú. Lo de colocarte la chaqueta no ha funcionado.

Wesley acababa de ocupar el primer lugar de mi lista mental de sospechosos.

—¿Quién más ha estado en vuestras habitaciones? —pregunté de todos modos. Prefería no fiarme de teorías demasiado simples que luego terminaban desmoronándose—. ¿Más amigos? ¿Empleados?

El asesinato de Thad tenía pinta de responder a algo personal, así que dudaba que lo hubiera hecho uno de los bedeles o alguien del personal de limpieza. Aun así, no quería dejar cabos sueltos.

—Algún amigo —contestó Amy—. Nadie importante. —Lo pensó un poco mejor—. Y el doctor Scott. Una vez fue a hablar con Thad. Ah, y también la doctora Verona.

—¿Eso es habitual? Me refiero a que los profesores visiten a los alumnos.

—Depende —dijo Josh con una sonrisita que le valió un codazo de Amy—. ¡Ay! No insinuaba nada, solo era una broma.

—Pues no tiene gracia —protestó ella, fulminándolo con la mirada—. No olvides que Thad trabajaba para ellos. Puede que quedaran por asuntos del instituto.

O no. Qué grupito tan bien avenido.

Josh bebió un sorbo de cerveza con cara pensativa.

—¿Y para eso hay que quedar tan temprano? —aventuró luego, apartándose del codo de Amy—. Es para un amigo.

—¿Cómo de temprano? —preguntó ella con recelo.

Josh apretó los labios.

—Pueees… ¿sobre las seis? Estaba preparándome para ir a correr cuando vi bajar a la doctora Verona por la escalera. Me la encontré al abrir la puerta.

—¿Qué dijo? —Amy parecía horrorizada.

Josh se encogió de hombros.

—Nada. Esperé a que se fuera antes de salir de mi habitación. Para darle un poco de espacio, ya me entendéis.

Lo entendíamos. La posibilidad de que Sophie Verona mantuviera una relación sentimental con Thad, un estudiante de posgrado, sin duda alguna embrollaba un poco más la situación. En mi cabeza, Sophie se desplazó al primer lugar de la lista de sospechosos, al lado de Wesley.