Capítulo trece
CAPÍTULO TRECE
E l sol se reflejaba en las ventanas de Hazelhurst House a medida que avanzaba por el serpenteante camino de entrada. Un fuerte viento en el que se mecían y danzaban los árboles desnudos se había llevado la tormenta del día anterior.
«Menudo chollo de curro». Lo de trabajar en la biblioteca de la mansión parecía sacado de una novela. No me faltaba ni el protagonista de aire inquietante, aunque con buen corazón: Kieran. Lo imaginé como lord Byron, con su melena rizada, el pañuelo al cuello y la chaqueta entallada. «Madre mía».
Lady Asha me había comentado que podía aparcar en el patio, así que crucé el antiguo puente levadizo y dejé el coche junto al Land Rover que utilizaban para moverse por allí.
Fantaseando con la idea de llevar un vestido estilo imperio de cintura alta, cogí el portátil y el bolso y me esforcé por subir los escalones con elegancia.
También me habían dicho que podía entrar sin llamar, así que allí que fui, haciendo malabarismos con mis pertenencias mientras trataba de ahuyentar la sensación de estar allanando una propiedad.
El vestíbulo parecía desierto, en silencio, aunque a lo lejos se oía el rumor de una aspiradora. Menudo trabajazo mantener ese lugar en condiciones. Aunque lady Asha tenía empleados que se encargaban de la limpieza, el jardín y la cocina, ella también asumía gran parte de la carga.
Ya en la biblioteca, dejé mis cosas en la mesa habitual y encendí la luz.
Todo estaba como la última vez que lo había visto, salvo por la caja rota, que se la habían llevado.
Me pregunté si la policía estaría examinándola en busca de alguna pista, aunque yo no había apreciado huellas en el cristal.
Quien hubiese robado el manuscrito había sido lo bastante listo para ponerse guantes.
En cuanto abrí el portátil y estuve preparada para comenzar, me dirigí a las estanterías y saqué varios libros para la siguiente tanda de registro.
Avanzaba de manera sistemática: de izquierda a derecha y de arriba abajo; además, usaba un sistema numérico para identificar los estantes.
Mi mente metódica de bibliotecaria sufría ante aquella disposición, pero había que ser práctica.
Reorganizar los libros alfabéticamente y según su clasificación sería una tarea ingente.
Con mi sistema, por imperfecto que fuera, los encontrarían enseguida sin necesidad de buscar.
Trabajé las siguientes dos horas a un ritmo eficiente, pese a la tentación de detenerme y deleitarme con aquella colección.
Me prometí que una vez que hubiera acabado de catalogarlos, releería mis favoritos y los disfrutaría de verdad.
También decidí que haría un repaso con Kieran y su familia de las joyas que atesoraban allí.
Era probable que ni siquiera supieran lo que tenían.
—Toc, toc. — Lady Asha apareció en la puerta—. Espero no interrumpirte.
Terminé de registrar una entrada.
—De hecho, en el momento perfecto para parar.
—¿Te apetece un té? Está recién hecho.
—Claro, me vendría muy bien.
Me levanté y me estiré. Como siempre, me sentía un poco nerviosa cuando estaba con lady Asha.
No solo se trataba de una mujer despampanante e inteligente con un título nobiliario, además era la madre de Kieran.
Quería causarle buena impresión y, al mismo tiempo, no ponerme en evidencia de ninguna manera.
Tomamos el té en la salita de estar. Junto a la tetera había un plato de miniscones de canela, arándano y manzana.
—Es imposible comer solo uno —comentó lady Asha, escogiendo el de canela—. Este tamaño te hace sentir menos culpable.
—Están deliciosos. —Le di un mordisquito a uno de manzana, tratando de disimular mi gula.
—A Graham también le gustan esos —dijo lady Asha, refiriéndose a su marido.
—¿Cómo está? —pregunté con timidez. No lo había visto últimamente.
La mujer hizo una mueca.
—Tiene días de todo tipo. —Suspiró—. Le está costando adaptarse a la nueva medicación.
—Lamento oír eso. —Aunque mi padre había muerto de cáncer, no quería ahondar demasiado en el tema. No sabía cómo lo recibiría ella.
—Saldremos de esta —se apresuró a decir—. Cuéntame, ¿qué tal va lo de la biblioteca?
—De momento, muy bien. —Le expliqué por encima los fundamentos de mi sistema de catalogación y la puse al día sobre los títulos que ya estaban introducidos en la base de datos—. Tiene algunas ediciones que son auténticas joyas. Es un verdadero placer trabajar en esto para usted.
Lady Asha rellenó las tazas.
Un breve silencio se instaló entre nosotras y me devané los sesos en busca de algo que decir.
—No sé si Kieran se lo habrá dicho, pero he encontrado una referencia a un segundo libro de Selwyn Scott.
—No. — Lady Asha se quedó boquiabierta—. No me ha comentado nada. Aún.
Busqué la foto que le había hecho a la carta de Selwyn y se la enseñé.
—¿Ve la referencia a Entre las ruinas ? Nunca llegó a publicarse. Al menos que yo sepa. Puede que el manuscrito siga aquí, en alguna parte.
—¡Qué emocionante! —exclamó lady Asha—. ¿Y si lo buscamos?
—¿Se refiere a ahora mismo? —pregunté—. Me encantaría, desde luego, pero debería seguir trabajando en el catálogo.
—No te preocupes por eso —dijo, agitando la mano—. Además, si lo encontramos, me gustaría que Thomas Marlowe nos ayudara a publicarlo. Podríais ser nuestro editor.
Vaya, eso sí que era un incentivo. Los editores ya consolidados disfrutaban de cierta ventaja, como conocer los canales de distribución y tener contactos, pero con un título de esa importancia, la publicidad no sería un problema y la venta del libro estaba asegurada.
—Publicaríamos una edición limitada muy cuidada y luego haríamos una tirada amplia para el público en general, de manera que todo el mundo pueda permitirse un ejemplar. Además del libro electrónico —prosiguió.
—No parece algo que se le haya ocurrido de repente.
Lady Asha cogió otro scone .
—Había estado dándole vueltas a reimprimir El manuscrito maldito . Ahora ya es de dominio público, así que cualquiera puede publicarlo. Sin embargo, nuestra edición sería especial, con ilustraciones y la historia de la familia. —Sonrió—. Por eso queremos averiguar quién es Selwyn Scott.
—Magnífica idea —reconocí—. Estoy segura de que tendrá toda la atención de los medios de comunicación.
—Yo también lo creo. —Hizo una mueca—. Así tendrán algo de lo que hablar que no sea nuestra vida personal. —Mordió el scone —. Destinaré el dinero al mantenimiento de la casa. Es un verdadero pozo sin fondo.
Me lo imaginaba.
—Otra gran idea, encontrar una nueva fuente de ingresos para cubrir los gastos del cuidado de la mansión.
Descubrir un ejemplar de Entre las ruinas , aparte de fomentar el interés en El manuscrito maldito , también podría duplicar los posibles beneficios.
Una vez roto el hielo, charlamos de todo un poco mientras tomábamos el té. Luego, volvimos a la biblioteca y lady Asha abrió el cuartito.
—Siempre encuentro algo nuevo aquí dentro —dijo—. Está muy desorganizado.
Desde que Kieran me lo había enseñado, me moría por curiosear un poco más. Para mí, los documentos antiguos eran como mensajes del pasado, pistas que hablaban de vidas anteriores. En este caso, buscábamos información sobre una persona específica: Selwyn Scott.
—Me alegro de que conservaran tantas cosas —le comenté a lady Asha cuando encendió la luz—. La gente suele tirarlo todo.
La mujer rio.
—Tendrías que ver el ático. Es enorme y está lleno hasta el techo.
«Me encantaría». ¿Lo había dicho en alto? Esperaba que no. Aún no conocía lo suficiente a la madre de Kieran para decir algo así.
—¿Por dónde empezamos? —pregunté en cambio.
—Por aquí. —Señaló el arcón enorme que había en uno de los rincones del cuarto—. Siempre he sido un poco reacia a mirar dentro. —Fingió que se estremecía—. Tiene el tamaño perfecto para ocultar un cadáver, ¿no crees?
¿De verdad? Pero luego vi la sonrisa que intentaba tapar con la mano.
—Eso es lo mío —dije, avanzando con valentía—. Tropezarme con asesinatos.
Vi que se sobresaltaba ligeramente y disimulé mi propia sonrisa mientras me inclinaba para abrir la tapa, que no estaba cerrada con llave.
Para mi alivio, en lugar de huesos relucientes, el arcón contenía una montaña de revistas y periódicos viejos y polvorientos. Lady Asha se puso a mi lado, echó un vistazo y alargó la mano hacia el primero.
—¡Es un penny dreadful ! —exclamé encantada. Esas publicaciones escabrosas e ilustradas fueron las predecesoras de los cómics. Por entonces, igual que ahora, los relatos exaltados de aventuras, misterio y terror hacían las delicias de los lectores.
Se había publicado en 1839 y en la colorida cubierta aparecía una mujer que descendía poco a poco una escalera de piedra con una vela en la mano. Las sombras que se cernían sobre ella ilustraban los horrores que le aguardaban abajo.
— Terror en la cripta —leí en voz alta—. De…, no, pero sí. ¡Selwyn Scott!
Lady Asha parecía atónita y, sin duda, a mí me ocurría otro tanto teniendo en cuenta que la mandíbula me llegaba al suelo.
—No lo sabía —murmuró al tiempo que alargaba la mano hacia la publicación.
Se la entregué con cuidado, consciente del delicado estado del papel.
—Muchos autores escribían este tipo de obras menores —comenté, haciendo memoria—. Mary Elizabeth Braddon, por ejemplo, escribió El secreto de lady Audley . —En su día, esa novelita picante fue un éxito de ventas.
Lady Asha ya estaba absorta en el relato.
En lugar de interrumpirla, me senté en el suelo, junto al arcón, y empecé a clasificar el contenido.
Había gran cantidad de penny dreadfuls y otras publicaciones de la época, muchas de las cuales tendrían interés académico.
Quizá los Scott deberían plantearse donarlo todo a una biblioteca o, al menos, digitalizado.
Los ordené primero por título y luego por fecha, dejando el más antiguo encima de todo. Mi plan era buscar otro relato de Selwyn Scott entre las revistas. Quizá podríamos reimprimirlos, bien con las novelas o en una edición aparte.