Capítulo nueve #3
—Buenas tardes a todos. Una de mis actividades preferidas en un día frío y lluvioso es acurrucarme en el sofá y ver una película.
No sé si a vosotros también os pasa. —El público contestó que sí—.
La primera película que veremos hoy tiene casi un siglo, además de distinguirse también por ser la segunda adaptación cinematográfica del libro de Bram Stoker, como veréis en los créditos.
Pasó varias notas.
—Dado que Nosferatu fue una película tan innovadora y adelantada a su tiempo, os propongo que tratéis de reconocer elementos y temas que ahora ya forman parte del canon del cine de terror.
Tras la proyección, haremos una pausa para tomar algo y luego veremos Drácula , el clásico de 1931 protagonizado por Bela Lugosi, que se convirtió en sinónimo del personaje.
Muchos creían que era el propio Drácula.
Tomad nota de las diferencias y similitudes entre las dos películas y luego, si queréis, lo debatimos en el Headless Monk.
—¿Dónde está eso? —le pregunté a Josh en un susurro.
—Es nuestro pub habitual —me contestó en el mismo tono—. Al final de St. Aelred’s Way.
—Así que poneos cómodos, relajaos y preparaos para pasar miedo —concluyó Sophie antes de volver a su asiento.
El público aplaudió y las luces se apagaron.
—Bu. —Alguien con una máscara de Guy Fawkes asomó la cabeza en nuestra fila entre Josh y Amy. Amy lanzó un pequeño chillido.
El bromista se levantó la máscara. Wesley Wright, el primo y compañero de estudios de Thad.
—Je, je. Os he pillado.
Amy le dio un manotazo en el hombro.
—Para ya.
Aparte del susto que me había llevado al haber aparecido de repente, me quedé muy sorprendida. ¿Wesley no sabía que a su primo lo había asesinado alguien que llevaba una de esas máscaras? Mi natural desconfiado respondió por mí: puede que sí. Tal vez Wesley…
Unas imágenes parpadeantes en blanco y negro llenaron la pantalla, acompañadas de una música que fue in crescendo . Aparté de mi mente esas conjeturas tan preocupantes para concentrarme en la película.
Ahí estaba el primer elemento del género: las notas espeluznantes y cargadas de dramatismo de un órgano.
La historia de Nosferatu empezaba con una pareja feliz, Thomas y Ellen Hunter, igual que Jonathan Harker y Mina Murray en el Drácula de Stoker, que debía despedirse poco después porque él debía emprender un viaje a una tierra lejana y misteriosa, Transilvania, al castillo del conde Drácula, o, este caso, del conde Orlok.
Aunque se trataba de una película muda, los actores y la música lograban transmitir la historia con facilidad, apoyada por algún texto ocasional que aportaba información.
La sombra aterradora del conde, con sus largos dedos, era un clásico, así como los temas del esbirro servil y la damisela en peligro.
Nada de todo aquello era una novedad en la literatura, por descontado.
El manuscrito maldito contenía muchos de esos elementos, incluidos el barco en un mar turbulento y viajes azarosos, igual que otras novelas góticas tempranas.
Bram Stoker, autor de finales del siglo XVIII , había bebido de obras anteriores, como todos los escritores, de manera consciente o no.
Al final, todo el mundo aplaudió y luego empezó a moverse en sus butacas.
—¿Quieres quedarte a la siguiente? —preguntó Daisy.
—Puede. —Me estiré—. No estoy segura de que esté preparada para un maratón.
La gente se levantaba y abandonaba su asiento con aire furtivo, impaciente por hacer un descanso.
—¿Y si lo decidimos después de tomar algo? —propuso.
—Me parece perfecto.
Abandoné la fila detrás de Josh y Amy. Daisy venía detrás de mí.
Josh imitó unas garras con las manos mientras avanzábamos en grupo por el pasillo.
—«Sangre. Tu preciosa sangre» —dijo, repitiendo una de las frases de la película al tiempo que hacía ver que se abalanzaba sobre Amy.
Ella lo esquivó entre risas y luego apretó el paso.
—Sospecho que voy a estar oyendo eso una buena temporada.
Detrás de nosotros, Wesley extendió los dos brazos y se metió en el papel.
—«El amo está aquí».
—Otra cita clásica —dije.
Cada vez que veía una de esas películas, me preguntaba cómo y por qué los «amos» grotescos atraían a tantos seguidores.
Los refrescos estaban dispuestos en otra habitación en la que se arremolinaban los estudiantes, tanto allí como en el pasillo.
Hicimos cola delante del ponche de sidra y el dónut de canela que ofrecían.
Wesley continuó poniéndose la máscara y desternillándose de risa cuando le daba golpecitos a la gente en el hombro y se asustaban.
—Parece que está tomando el relevo de Thad —le comentó Josh a Amy en un susurro.
Amy frunció el ceño.
—Espero que no, la verdad. —Se estremeció—. Qué pesadilla.
Josh sacudió la cabeza.
—Dímelo a mí.
Unos minutos después, ya con nuestros dónuts y nuestra sidra en la mano, estábamos charlando sobre la película cuando una silueta familiar avanzó a zancadas por el pasillo.
El inspector Sean Ryan, seguido por su subalterna, la subinspectora Adhikari. «Oh, oh». ¿Habían venido a arrestar a alguien?
Se detuvieron para hablar entre ellos un momento y luego Ryan se encaminó derecho hacia nosotros y nos enseñó su identificación.
—¿Señor Joshua Blake? Acompáñenos, por favor.