El manuscrito maldito (Cozy Mystery 3) Capítulo nueve #2
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Capítulo nueve #2

—Trabajo para lady Asha Scott —mencioné por si servían de algo las referencias. Ya había comentado que estaba allí en nombre de Thomas Marlowe, lo cual me abría las puertas de toda la ciudad—. Estoy investigando sobre el autor a petición de la familia.

La bibliotecaria me apuntó con un dedo.

—Yo diría que Selwyn era un seudónimo. He estudiado el árbol genealógico de la familia y por aquella época no hay ningún Selwyn.

—Es lo mismo que pensamos nosotros. —Alargué la mano hacia la carpeta, ansiosa por echar un vistazo a las cartas—. Si lo averiguamos, se lo haremos saber.

La mujer unió las manos.

—Me encantaría. Cuando hayan acabado, por favor, dejen la carpeta aquí.

Tamborileó con las uñas en la mesa antes de volver a recepción con paso pesado.

Desaté el cordoncillo para abrir el archivador.

—Si no tuviera una librería, me encantaría trabajar en una de las bibliotecas universitarias.

Eso sí que sería un trabajo de ensueño.

—Antes eras bibliotecaria, ¿no?

Daisy acercó su silla a la mía.

—Sí, en Vermont. Era una biblioteca muy pequeñita, de pueblo, pero por eso mismo tenía su gracia.

No había manuscritos raros, pero sí mucha participación comunitaria.

Me habían anunciado que prescindirían de mi puesto en la siguiente ronda de recortes del ayuntamiento, uno de los motivos por los que no había tenido reparos en mudarme a Cambridge.

No sé qué estaría haciendo si me hubiera quedado.

Dentro de la carpeta había tres fundas transparentes y cada una contenía una hoja de papel.

La primera, escrita con letra inclinada, decía:

Mi querido señor Lackington:

Gracias por su amable crítica de El manuscrito maldito y por sus juiciosos comentarios en pos de su mejora.

He tomado sus propuestas en consideración y le adjunto el manuscrito corregido.

En el supuesto de que obtenga su aprobación, espero con gran ilusión la futura publicación de El manuscrito maldito con vistas al año que viene.

Por último, permítame expresarle mi agradecimiento por la prontitud, la franqueza y el talante ilustrativo que han distinguido su trato conmigo.

Atentamente,

S. SCOTT

—A mis amigos escritores tampoco les gusta la fase de edición —comentó Daisy con tono irónico. Tenía varios clientes habituales en la cafetería que trabajaban en la prensa y el sector editorial.

Fotografié la carta lamentando no poder comparar la letra con la del manuscrito. No quería dar por sentado que estuvieran escritos por la misma mano.

Una de las otras dos cartas se congratulaba por lo bien que iban las ventas de El manuscrito maldito . La tercera contenía una sorpresa: Selwyn Scott estaba escribiendo otro libro, que llevaba por título provisional Entre las ruinas .

—¡Oh, qué bien! —exclamó Daisy—. ¿Lo has leído?

—Me acabo de enterar de que existe ahora mismo.

¿Selwyn lo habría acabado? Y, si era así, ¿por qué no se había publicado? Otro misterio literario que resolver. Le saqué una foto también a esa carta y se la envié a Kieran con un mensaje.

«¿Cómo no me habías dicho nada? Guiño».

Me contestó de inmediato.

«¿Qué? Nunca había oído hablar de ese libro». Una pausa. «¿Quieres investigarlo?».

«Ya lo creo». A continuación, lo informé de dónde estaba y de los planes que tenía para esa tarde. «¿Nos vemos mañana?».

—¿Lista?

Devolví las fundas a la carpeta y la até antes de salir de la biblioteca, despidiéndome y agradeciéndole su atención a la bibliotecaria con un susurro.

—Qué emocionante —dije cuando estuvimos fuera y pude hablar con más libertad—. ¿Te imaginas que existiera ese otro manuscrito?

Fantaseé con que lo encontrábamos y con la gran acogida que tendría cuando anunciáramos su publicación a bombo y platillo. Estaba bastante segura de que despertaría muchísimo interés.

—Eso espero, porque quiero leerlo —contestó Daisy. Nos sonreímos—. Y, ahora, ¿a dónde?

Consulté el programa del simposio.

—La sala de proyección está en el mismo edificio que el comedor. Sígueme.

Entramos por la puerta principal y nos detuvimos un momento para orientarnos. Nos acercamos al directorio que vimos colgado en una pared.

—¿Habéis venido a lo de las películas? —Josh, el amigo de Thad, había aparecido justo detrás de nosotras.

—Pues sí —dije—. ¿Tú también vas? —Crucé los dedos mentalmente.

Era la oportunidad perfecta para hablar con uno de los amigos de Thad…

Bueno, con uno de sus enemigos, al menos en lo concerniente a Amy.

Josh también estaba en Hazelhurst House cuando robaron el manuscrito.

¿Thad habría avisado a Josh de que tal vez se expusiera el manuscrito?

Aunque eso implicaría que Oliver o Sophie habían hablado de esa posibilidad.

—Sí —confirmó Josh, paseando la mirada entre la gente—. Se supone que Amy y yo habíamos quedado aquí, aunque igual ya está dentro.

Después de presentarle a Daisy, echamos a andar sin prisa por un pasillo junto a otras personas que también asistían al acto. Josh se quedó con nosotras, así que me mantuve pegada a sus tobillos con la idea de sentarnos juntos.

Amy ya estaba en la sala de proyección. Ocupaba un asiento en una hilera vacía y estaba al tanto por si veía a Josh. Cuando lo localizó, le hizo una seña para que se acercara.

—Hola —nos saludó tras percatarse de que íbamos con él—. Estabas en Hazelhurst House, ¿verdad? Y con el doctor Oliver la otra noche.

Me senté junto a Josh.

—Sí y sí. Soy Molly. Y esta es Daisy. Se encargó del catering de ayer. Tea & Crumpets.

—Encantada. —Amy asintió con cara de haberla reconocido—. Adoro tus scones .

—Gracias. Pásate por la cafetería cuando quieras —contestó Daisy, complacida por el comentario.

—Cuenta con ello.

Las luces parpadearon para anunciar que el acto estaba a punto de empezar. La gente buscó asiento o se puso cómoda en el que ya estaba.

Sophie Verana, que se encontraba en la primera fila, se levantó y avanzó hasta el pasillo central para dirigirse a la sala.