Capítulo ocho #2
—O eso es lo que quieren que pensemos. —De nuevo, se me cayó el alma a los pies al pensar que podría haberlo organizado Oliver.
Quizá la exposición fuese una idea de última hora, pero la charla no.
Debían de tenerla preparada desde hacía meses—.
No puede negarse que el hecho de que lo robaran durante el acto hace recaer las sospechas en un nutrido grupo de gente.
La policía local estaría muy ocupada haciendo el seguimiento de la cincuentena de personas que habían acudido a la conferencia. Era muy probable que hubieran recibido la colaboración de Scotland Yard con alivio.
Se me ocurrió otro posible cerebro criminal.
—Hay alguien más que también pudo planearlo —dije—. La doctora Sophie Verona sabía lo de la charla. Y tal vez conocía la existencia del manuscrito.
Podría haber convencido a Oliver con discreción de que propusiera lo de la exposición.
—Ya sé quién dices, la mujer que se encargó de la presentación del acto.
No se lo había mencionado a sir Jon, por lo que tomé nota mental para hacerlo. Dada su relación con el instituto, seguro que sabía apreciar el valor del manuscrito y el lugar que este ocupaba en la historia literaria.
Recordé que Thad también había trabajado para la institución. ¿Se había enterado de que planeaban robarlo y por eso lo habían matado? No me gustaba la idea, puesto que señalaba a Oliver con firmeza.
—No sé si habrán avanzado mucho en lo del asesinato —comentó Daisy, leyéndome la mente. A la luz tenue del pub , parecía pálida—. Anoche casi no pude dormir, de verdad. Y, luego, el interrogatorio de la policía… —Se estremeció.
—Es verdad, que has dicho que te han llamado. ¿Qué tal ha ido?
Un camarero se acercó con dos platos en alto; Daisy no contestó hasta que los tuvimos delante de nosotras y le dijo que de momento no queríamos nada más.
Cogió el tenedor y pinchó la cubierta del pastel de carne para dejar escapar el vapor.
—Vinieron a la cafetería después de que volviera de Hazelhurst House. No tenía tiempo para ir a comisaría y lo entendieron, por suerte.
—¿Estaba el inspector Ryan? —pregunté mientras cortaba un trozo de salchicha de jabalí, impaciente por probar esa combinación exótica.
—No, una subalterna. —Daisy comió un bocado—. Quería que confirmara lo que había visto en St. Aelred’s Way. Sobre todo cómo había descubierto el puñal. Y también quería saber si conocía a Thad. —Hizo una pausa—. O a Oliver Scott.
El corazón me dio un vuelco. ¿Estaban centrándose en él?
—¿Y lo conoces? —le pregunté, tratando de acallar mis miedos.
Daisy conocía a Kieran desde que este había abierto la tienda de bicis. Mi amiga arrugó la nariz.
—Conocerlo, lo que es conocerlo, no lo conozco. Alguna vez ha estado en la cafetería. Y lo he visto con Kieran, en bici o saliendo juntos por ahí.
—El puñal procedía de la universidad, así que el asesino no es alguien cualquiera.
—Ya, es lo que dijiste.
La noche anterior, ya tarde, le había enviado un mensaje a Daisy para ponerla al día de lo que había ocurrido después de que Tim y ella se hubieran ido.
—¿Recuerdas los estudiantes que mencionaba? Hoy estaban todos en la charla.
No me había explayado, no quería escribir un libro en el móvil.
—¿Quiénes eran?
Entre bocado y bocado, le describí a Amy, Josh y Wesley.
—Wesley es primo de Thad. Me lo ha dicho hoy.
—Oooh, menudo palo. —Daisy cogió el móvil y empezó a buscar—. ¿Cómo se apellida?
Lo pensé un momento.
—Wright, creo. —También le di los apellidos de Amy y Josh—. Thad acosaba a Amy.
—Entonces, ¿podría haberlo matado su novio? —preguntó Daisy bajando la voz.
—Los cuatro vivían en el mismo dormitorio. A veces, el roce no hace el cariño precisamente.
—Puede. —Daisy masticaba de manera ausente mientras seguía buscando—. Aquí está.
Deslizó su móvil por encima de la mesa hacia mí.
En la pantalla aparecía un artículo de un tabloide, el tipo de publicación en la que Kieran y yo aparecíamos, para mi gusto, con demasiada frecuencia. Luego, me fijé en la fecha: octubre de ese mismo año.
—Espera, ¿qué? ¿«Salvado de milagro en un pabellón de caza escocés»?
—Leí en alto—: «El honorable Thad Devine escapó de la muerte por muy poco durante una cacería familiar en Escocia.
“Tuve que agacharme para ponerme a cubierto por culpa de una bala perdida”, ha comentado el divino Devine.
El atractivo muchacho ríe recordando el incidente.
“Creemos que fueron cazadores furtivos. Están convirtiéndose en un verdadero problema”».
En la foto que acompañaba el artículo aparecían Thad y Wesley vestidos con trajes de caza de tweed y con unas escopetas para aves al hombro.
El gris e imponente pabellón de caza se alzaba detrás de ellos y el resto del grupo se repartía por el fondo.
Naturalmente, siendo como soy de natural desconfiado, lo primero que pensé fue que quizá tenía poco de fortuito.
—¿Y si hubiera sido un primer intento de asesinato?
Leí por encima el resto artículo, en el que se decía que no se había podido identificar a la persona que había disparado.
—Lo mismo me pregunto yo —dijo Daisy—. Mmm… Wesley se encontraba en el lugar de los hechos las dos veces.
—Sí que parece sospechoso.
Le devolví el móvil y abrí el mío para buscar el artículo y enviárselo al inspector Ryan. Ya le había echado una mano en otros casos y pensé que no le importaría.
Después de investigar un poco, descubrí que las madres de Thad y Wesley eran hermanas.
Una se había casado con un aristócrata, y la otra era maestra de escuela en King’s Lynn y estaba viuda.
¿Wesley envidiaba a su primo, más rico y privilegiado que él, o se apuntaba a aquellas cosas de buen grado? Se lo comenté a Daisy.
—Me parecería lógico que le tuviera envidia —opinó ella—, sobre todo si Thad se lo restregaba por la cara. Dijiste que no era la persona más encantadora del mundo.
—Eso es lo que tengo entendido. —Me recosté en la silla con un suspiro después de no dejar nada en el plato—. ¿Has encontrado algo interesante?
—Las redes sociales de Amy y Josh. —Volvió a tenderme su teléfono—. Parece que se lo pasan bien juntos.
Las fotos de la cuenta de Josh mostraban a dos jóvenes felices haciendo vida en Cambridge. Brindando en un pub . Bailando. Paseando en barca por el río. Amy tumbada debajo de un sauce llorón, con la cabeza en el regazo de Josh y los dos leyendo.