El manuscrito maldito (Cozy Mystery 3) Capítulo cinco #3
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Capítulo cinco #3

Ya era muy tarde cuando salí de casa de Kieran y llegué a la mía demasiado tarde como para despertar a mi madre o a tía Violet. Además, debo reconocer que también quise dejar aparcada de momento la espantosa experiencia. Sabía de primera mano lo absorbente que podía ser un caso de homicidio.

—¿Qué es lo que no sé?

Mi madre me miró mientras regresaba junto a la cocina, donde les dio la vuelta a las salchichas. Bebí un sorbo de café para hacer tiempo. La triste realidad ensombrecería esos instantes de dicha, gatos ronroneantes, café caliente y un delicioso desayuno en camino en cuanto se lo contara.

—Molly.

Mi madre trasteó en los fogones con más energía de la necesaria. Sabía que le preocupaba que me hubiera metido en líos. Cosa que efectivamente había hecho, aunque yo había salido ilesa.

—Anoche fuimos testigos de la muerte de un chico —dije tras un par de tragos, tratando de evitar toda emoción—. Kieran y yo nos lo encontramos sin más. Íbamos con Daisy y Tim, de camino al parque. Era un estudiante del St. Aelred, donde da clases el primo de Kieran.

Mi madre se volvió en redondo con la espátula en la mano.

—¿Qué? Oh, no. —Dejó el utensilio y bajó el fuego antes de acercarse—. Lo… Yo… No sé qué decir.

Se sentó a mi lado y se acercó a mí con la frente arrugada por la preocupación. Le di vueltas a la taza; necesitaba tener las manos ocupadas.

—Sí, fue bastante horrible. —De la manera más sucinta posible, omitiendo mis sospechas sobre Oliver, le relaté lo que había sucedido la noche anterior—. Con suerte, Sean Ryan no tardará en llegar al fondo del asunto —concluí.

—Eso espero yo también. —Mi madre se levantó enseguida, incapaz de disimular tras haber oído el nombre del inspector, y volvió junto a los fogones—. ¿La familia de Kieran conoce al joven? ¿Eso cambia tus planes para hoy?

Buena pregunta. Llevaba el móvil en el bolsillo de la bata, así que le envié un mensaje a lady Asha expresándole mis condolencias y preguntándole si aún quería que fuera a trabajar a la biblioteca ese día.

Luego, eché un vistazo a la página web del Instituto de Literatura Gótica.

«La conferencia sigue en pie —anunciaban—. El programa no ha sufrido cambios».

Supuse que eso significaba que Oliver daría su charla sobre El manuscrito maldito.

Lady Asha contestó de inmediato diciendo que decidiera yo si quería ir ese día o no.

Pese a que estaba agotada, le dije que iría.

Entre la charla de Oliver y la posibilidad de que asistiera más gente del instituto y del St. Aelred, parecía que Hazelhurst House era el lugar donde se cocía todo.

Si había algún avance en la investigación del asesinato de Thad, quería estar presente.

Tía Violet bajó tranquilamente a la cocina mientras mi madre servía las salchichas y los huevos revueltos.

—En el momento oportuno, como siempre —dijo con una mirada radiante—. Gracias por el desayuno, Nina.

Cuando se sentó, me fijé en que llevaba las mallas de yoga y una camiseta elástica de manga larga en lugar de la bata habitual.

—¿Qué has estado haciendo, tía Violet? —pregunté mientras pinchaba una buena porción de huevos revueltos. Puck y Clarence estaban rondando a mis pies con la esperanza de que les cayera alguna miga. Y puede que se me extraviaran una o dos, accidentalmente, por supuesto. O no tanto.

Se sirvió leche en la taza.

—Yoga para mayores. Hay vídeos en internet, ¿sabes?

Me gusta la monitora, aunque a veces me resulta demasiado animada para estas horas de la mañana.

—Enarcó una ceja—. Y después he visto las noticias.

Anoche hubo un asesinato en el St. Aelred.

¿No es donde trabaja Oliver Scott? Un muchacho la mar de apuesto.

—Sí, sí que lo es. —Inspiré hondo, llenándome los pulmones para contarle toda la historia a mi tía abuela—. Y yo soy uno de los testigos. Otra vez.

Tía Violet me escuchó con suma atención mientras yo relataba una vez más lo que había sucedido la noche anterior.

—Tienes un buen puñado de sospechosos —comentó— entre los tres estudiantes y esa otra profesora. No ha sido Oliver. Es demasiado guapo.

—¡Tía Violet! —protesté—. Ser agraciado no es motivo para no sospechar de alguien. —Me apresuré a añadir—: Aunque estoy de acuerdo, no ha sido él. Ayudó a la policía a averiguar la procedencia del arma homicida.

—Algo que solo haría un verdadero cerebro criminal —opinó mi madre—. Y, por lo que has dicho, a Oliver se le vería venir de lejos si quisiera manipular a alguien.

—Exacto. —Leí otro mensaje, esta vez de George—. Qué bien, George se apunta a venir hoy.

Le contesté, preguntándole si quería que lo llevara. El único inconveniente era que me quedaría en Hazelhurst House todo el día. Aceptó y dijo que cogería el autobús de vuelta.

Tras meterme en la boca el último bocado de salchichas y huevos revueltos y servirme más café, fui corriendo a prepararme para ese día en la mansión de la familia de Kieran.

Con suerte, haría algún progreso respecto a los dos misterios: la verdadera identidad de Selwyn Scott y el asesinato de Thad Devine.