Capítulo cuatro
CAPÍTULO CUATRO
O liver arrugó el ceño.
—¿Y por qué? Si aún no los he llamado. —A continuación, abrió mucho los ojos y se llevó una mano a la boca—. Thad. ¿Ha…?
La mujer se encogió de hombros.
—No lo sé. Estaba en la oficina del bedel cuando ha aparecido un tal inspector no sé qué. Oí a la perfección que preguntaba por ti. ¿No has recibido mi mensaje?
—¿Qué mensaje? —Negó con la cabeza—. Estaba hablando por teléfono. —Luego, como si acabase de caer en la cuenta, volvió la vista al aparato—. Mierda. Tengo esperando al rector. Vuelvo enseguida.
Los tres que nos habíamos quedado en el pasillo nos miramos unos a otros.
—Soy Kieran. Primo de Oliver.
—Y yo Molly —me apresuré a decir. No quería esperar a que siguiera hablando. No me apetecía ver plasmadas nuestras desavenencias en el tono de voz de Kieran ni en la forma en que me presentara.
—Sophie Verona —dijo ella, llevándose una mano al pecho—.
Soy profesora del departamento junto con Oliver.
También dirigimos el Instituto de Literatura Gótica.
—Hizo una mueca—. Y el simposio, que se supone que empieza mañana con la charla de Oliver sobre El manuscrito maldito , en Hazelhurst House.
—¿Se cancelará? —pregunté, consciente de que era hablar por hablar, pero prefería decir algo a quedarnos callados y mirándonos sin saber qué hacer.
Lo más probable era que Thad hubiera muerto.
Si no, ¿qué hacía allí un inspector? Ellos solo llevaban los delitos graves, como los homicidios.
El corazón me dio un vuelco. ¿Habrían asignado el caso al inspector Sean Ryan?
No solo habíamos coincidido en otros anteriores, también salía con mi madre.
De momento, únicamente de manera ocasional, pero a mi madre le duraba el sonrojo y la sonrisa durante días después de cada cita.
—La verdad, espero que no. —Sophie suspiró—. Puede que suene egoísta, pero es nuestro buque insignia. El comité tarda un año entero en planearlo y organizarlo. Y nuestros patrocinadores tienen ciertas expectativas…
—No sabes cómo te entiendo. —Una de las primeras cosas que había hecho en la librería era organizar una serie de encuentros con escritores y firmas de libros, así como charlas literarias—. Aunque este tipo de actos implican una tonelada de trabajo, son necesarios para mantener la visibilidad.
Sophie me dedicó una sonrisa con los labios apretados.
—Exacto. Nunca habíamos tenido un programa como el de este año. Lo triste es que Thad era uno de nuestros voluntarios más importantes. No podríamos haberlo hecho sin él.
Probablemente era la primera cosa amable que oía decir de Thad.
—¿Y si se le homenajea en la conferencia? Si se celebra. Sería un detalle.
Sophie asintió.
—Tienes razón, Molly, la verdad es que sí. Me lo apunto.
Oliver apareció de nuevo en la puerta.
—El rector vendrá enseguida. Hay que convocar reuniones de urgencia, al menos de nuestro departamento.
El teléfono sonó dentro del despacho y Oliver regresó de inmediato para contestar. Un segundo después, salió de nuevo.
—He quedado en el comedor con el inspector.
—¿Por qué allí? —preguntó Sophie.
En lugar de contestar, Oliver echó a andar por el pasillo.
Lo seguí, deseosa de ponerme al tanto de todo y de hablar con la policía.
Al fin y al cabo, tarde o temprano se pondrían en contacto conmigo para tomarme declaración, de modo que quizá pudiera ahorrarles trabajo.
Tras un momento de vacilación, Kieran también se apuntó y Sophie hizo otro tanto.
—¿Qué ocurre? —Quiso saber Sophie mientras bajábamos la escalera. Nadie se molestó en contestar.
Había dos agentes y un conserje delante de la entrada del comedor.
—Ah, ahí está el doctor Scott —anunció el bedel, un hombre mayor—. Si eso es todo, inspector, volveré a mi puesto.
—Claro, vaya —contestó el inspector Sean Ryan—. Gracias por su ayuda. —Paseó la mirada entre nosotros con gesto astuto—. Señorita Kimball. —Una sonrisita irónica asomó en sus labios—. Qué bien encontrarla aquí.
Siempre se dirigía a mí como «señorita» cuando estaba de servicio y como Molly el resto del tiempo.
Por descontado, todos, salvo Kieran, se volvieron sorprendidos hacia mí.
Incluso el bedel se detuvo un momento con expresión desconcertada.
Saludé a Ryan con la mano, un gesto en el que incluí también a su ayudante habitual, la adorable subinspectora Gita Adhikari.
—Me alegra ver que les han asignado el caso.
Ryan enarcó las cejas un instante y luego asintió.
Tras presentarse brevemente y mostrar su identificación, el inspector Ryan señaló la puerta del comedor.
—Usted dirá —dijo dirigiéndose a Oliver antes de volverse hacia nosotros mientras este la abría—. Señorita Kimball, señor Scott, por favor, esperen aquí. Luego querría hablar con ustedes. Doctora Verona, ¿qué relación tiene con el asunto?
Sophie se mordió el labio.
—Thad trabajaba para mí. Hacía tareas administrativas en el Instituto de Literatura Gótica. Si cree que puedo arrojar luz sobre el asunto o ayudar de alguna manera…
—Se lo agradezco. Dele sus datos a la subinspectora y hablaremos. En estos momentos… —Señaló de nuevo el comedor.
Ryan y Oliver entraron en la sala mientras Adhikari anotaba la información de contacto de Sophie. Fui a sentarme en un banco y Kieran me siguió.
—Menuda noche —dijo, recostándose y cruzando los brazos. Me dedicó una sonrisa torcida—. Y ni siquiera has visto una hoguera.
—No, pero todo lo demás está que arde.
Estaba segura de que la muerte de Thad tendría repercusiones tanto para Oliver como para la familia, los amigos del chico y el St. Aelred. Aunque nadie había confirmado que hubiera muerto. Saqué el móvil y abrí la página de noticias locales.
El titular resultó un mazazo que me dejó sin respiración: UNIVERSITARIO MUERE EN UNA AGRESIÓN CON ARMA BLANCA .
El artículo encabezaba la página. Tras él venían otros en los que se especulaba sobre la naturaleza del delito, se protestaba por los actos violentos que solían darse en la noche de las hogueras y se debatía sobre las estadísticas de delincuencia de la ciudad.
«La identidad del estudiante no se hará pública hasta que sus familiares hayan sido notificados».
Kieran se volvió de inmediato.
—¿Qué pasa?
El nudo de la garganta me impedía hablar, de modo que le mostré la pantalla.
«Pobres padres de Thad». Noté que los ojos se me llenaban de lágrimas y me moqueaba la nariz, así que busqué un pañuelo en el bolsillo, aunque fue en vano.
Claro, se los había dado a Tim para que se limpiara las manos, que tenía manchadas con la sangre de Thad.
—Ven aquí. —Me envolvió en sus brazos y me acercó a él. La distancia entre ambos había desaparecido. Tenía la nariz apoyada en mi pelo y su voz me llegó en un susurro—. Mis padres… tienen una relación estrecha con su familia. Va a ser muy duro para todos.
—¿Lo conocías bien? —pregunté con el corazón encogido por el dolor.
Negó con la cabeza.
—La verdad es que no. Nunca hemos ido por ahí juntos. Era bastante más pequeño que yo.
Lógico. Kieran tenía veintinueve años, uno más que yo. Thad debía de rondar los… ¿veintitrés o veinticuatro? Una diferencia lo bastante amplia cuando uno era un adolescente y el otro aún un niño como para haber coincidido en los mismos círculos sociales.
Sophie se marchó y la subinspectora Adhikari entró en el comedor. Un reloj dio las once en algún lugar. Estar junto a Kieran había aliviado la tensión que me atenazaba el cuerpo. Bostecé y me acurruqué contra él un poco más.
—¿Te importa si echo una cabezada?
En su pecho retumbó una carcajada.
—Molly… —empezó a decir.
Levanté una mano y le toqué la cara en busca de los labios.
—Chist. Ahora no. Que estoy durmiendo.
En lo que a mí respectaba, cualquier discusión podía esperar.
La policía aún tenía que tomarnos declaración, de modo que a saber a qué hora nos iríamos a la cama.
Al día siguiente, quería adelantar trabajo en la biblioteca de Hazelhurst House —por suerte, la hora de inicio era flexible— y asistir a la charla de Oliver. Si se celebraba.
El inspector Ryan me tomó declaración en el comedor vacío, para lo que seguro que había pedido autorización.
Estábamos sentados el uno frente al otro.
Pese a los apliques y las arañas, la habitación estaba prácticamente envuelta en la penumbra, por lo que Ryan entrecerraba los ojos tratando de ver la tableta con tan poca luz.
—Señorita Kimball, usted fue quien llamó a emergencias. ¿Podría contarme lo que ocurrió antes de la llamada? Empiece contándome el motivo por el que se encontraba en St. Aelred’s Way.
Repasé lo que habíamos hecho esa noche, comenzando por la cena en el Magpie y el cambio de planes de Oliver para encontrarnos en la Master’s Lodge Gate. Cuando mencioné que Daisy y Tim estaban con nosotros, gruñó y lo anotó, probablemente para hablar con ellos más tarde.
—¿Vio u oyó algo mientras caminaban por la calle? —preguntó Ryan.
—Sí. Unos pasos. Estábamos a medio camino de la puerta cuando una persona apareció corriendo en nuestra dirección. Alta, vestida de negro.
Se inclinó hacia delante.
—¿Cómo era?
—No lo sé. Llevaba una de esas máscaras de Guy Fawkes. Igual que Thad.
No había caído en aquello hasta ese momento. Tanto la persona que corría como el estudiante llevaban máscaras. ¿Estaban juntos? ¿O se trataba de una mera coincidencia?
Ryan se echó hacia atrás, frustrado.
—Una máscara. Ya. ¿Algún detalle que pueda ayudarnos a identificarlo? ¿Pelo? ¿Manos? ¿Qué me dice de la ropa?
La chaqueta. Muy parecida a la de Oliver. Me removí en el asiento. Sabía que describírsela a Ryan le acarrearía problemas al primo de Kieran… y quizá a nosotros también. Sin embargo, si no la mencionaba y la información aparecía en el informe preliminar de la policía, Ryan querría saber por qué.
La opresión que sentía en el pecho aumentaba conforme pasaba el tiempo; notaba cómo me zumbaban los oídos en el denso silencio de aquella centenaria sala de gruesos muros de piedra.
Finalmente, suspiré, consciente de que en realidad no tenía alternativa.
En cualquier caso, tampoco hacía falta que dijera que la chaqueta era idéntica a la de Oliver.
Sobre todo porque no estaba segura al ciento por ciento.
—La chaqueta tenía un ribete y un logo plateados reflectantes —contesté, señalándome sobre mí misma para explicarle a qué me refería—. La marca es bastante conocida, sobre todo entre los ciclistas y los corredores, según tengo entendido.
Asintió mientras tomaba nota.
—¿Qué ocurrió luego?
Volví a sentir la opresión del pecho mientras le contaba que habíamos encontrado a Thad en el suelo, que Kieran lo había reconocido y había tratado de ayudarlo y que Daisy había localizado el arma cerca.
—Como sabe, llamé para pedir ayuda.
—¿Dónde estaba el doctor Scott durante todo ese tiempo? —preguntó.
—Llegó justo antes que la policía y hemos estado con él desde entonces.
—Agradecida por el botellín de agua que alguien me había llevado, bebí un trago.
Aún quedaba mucho que relatar—. Después de que la ambulancia y la policía se fueran, nos pasamos por el dormitorio de Thad para informar sobre la agresión a los otros alumnos que viven allí.
—¿Sabe cómo se llaman?
Después de proporcionarle el nombre de los tres jóvenes, hice una pausa, preguntándome si debía confiarle la conversación un tanto incriminatoria que habían mantenido Josh y Amy.
—¿Qué ocurre, Molly? —preguntó con brusquedad, aunque suavizó su expresión de inmediato—. Disculpe, señorita Kimball.
Agité la mano para restarle importancia y le conté lo que había oído.
—No sé si será relevante, pero he pensado que, de todas formas, debería saberlo.
Él asintió con un breve gesto de cabeza.
—¿Qué sucedió a continuación?
—Vinimos aquí, a esta sala, y Oliver descubrió que faltaba un puñal. Creo que lo identificó cuando lo vio en la calle. Luego, subimos a su despacho. —Omití la parte del whisky —. Estaba hablando por teléfono con el rector cuando apareció Sophie Verona y le informó de que ustedes querían verlo.
¿Por qué Ryan se había interesado específicamente por Oliver? No me atreví a preguntar. El primo de Kieran aún no había llamado a la policía para informales acerca de la sustracción del puñal. ¿Alguien lo había implicado en la agresión?
Otro pequeño detalle que el inspector ignoraba, porque yo no se lo había mencionado, era que, estando en Hazelhurst House, habíamos oído cómo Oliver amenazaba a Thad.
Mi conciencia me decía que debía decírselo, igual que había hecho con la conversación de Josh y Amy, pero ¿quién no ha exagerado alguna vez estando enfadado?
Además, hablaba consigo mismo, no se había dirigido directamente a Thad.
Al final, mantuve la boca cerrada. Me dije que solo era algo oído al tuntún y que cualquier acusación de homicidio debía incluir pruebas físicas. Si Oliver era inocente, no habría ninguna.
Para cuando Ryan me dejó ir, estaba exhausta, agotada y con ganas de llegar a casa como fuera y meterme en la cama. Kieran y su primo se levantaron cuando salí al pasillo y reí sin demasiado entusiasmo.
—Bueno, no ha estado mal. Ha dicho que pases, Kieran.
—¿Me esperas? —me preguntó.
—Qué remedio. No pienso volver sola.
El tráfico estaba muy restringido en el centro, así que tampoco podía llamar a un Uber para que me llevara a Magpie Lane.
—Intentaré darme prisa —dijo, siempre tan considerado—. Tienes pinta de estar hecha polvo.
—Sí, un poco. —Con la botella de agua aún en la mano, me acerqué arrastrando los pies y me dejé caer en el banco—. Hasta ahora.
—¿Cómo ha ido? —me preguntó Oliver cuando se cerró la puerta. Ya no llevaba la chaqueta del ribete plateado. Debía de estar en su despacho.
—Bien, supongo. Siempre me preocupa haberme dejado algún detalle importante.
Cuando no lo omitía adrede.
—Están registrando la habitación de Thad. Y el equipo forense se encuentra en el callejón.
—Parece que siguen el protocolo habitual —comenté, preguntándome si encontrarían algo allí fuera. No era probable después de que lo hubiésemos pisoteado todo. Con suerte, ya habrían dado con el móvil de Thad o acabarían haciéndolo. Así sabrían con quién había hablado o quedado esa noche.
Me moría por preguntarle a Oliver sobre sus otros alumnos, Wesley, Josh y Amy, pero no me atreví.
Al menos prefería no hacerlo allí, delante de la sala de interrogatorio.
Salvo que se tratara de una agresión del todo fortuita, cosa que dudaba, puede que alguno de ellos supiera algo.
O que fuera el culpable. Sobre todo teniendo en cuenta que el arma homicida procedía del St. Aelred.
Alguien de fuera no habría podido acceder a la vitrina ni habría sabido dónde encontrar el arma.
No, lo apostaba todo a que el asesino era alguien del St. Aelred. Por lo que sabía hasta el momento, Thad era una persona difícil. ¿A quién había enfadado hasta el punto de empujarlo a cometer un asesinato?