El lugar donde aprendí a amar 12
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Mis palabras les hacen llorar y aunque debería sentir algo de lástima o incluso respeto, solo quiero que me digan lo que han venido a decir y se vayan, bien lejos.

—Estoy enferma.

—Lo sé, pero de mí intentaron abusar y no os tuve, ¿qué diferencia encuentras?

Soy consciente de que solo hago que soltar veneno, no puedo parar, yo no soy así, pero es el dolor el que habla por mí. Ojalá Luca se encontrará a mi lado, dándome la paz que tanto necesito.

Solo con mirarlos, sé que están al tanto de todo y aun así decidieron no estar, no quiero seguir con esto.

Mi prioridad es otra vida. Crear mi propia familia y ser feliz, como siempre deseé, dando el amor que nunca recibí.

—¿Nunca nos perdonarás?

—Nunca es una palabra demasiado importante, lo único que sé es que, hoy por hoy, no entra en mis planes.

—Los invito a salir de casa, con la esperanza de tardar demasiados años en volver a verlos.

Una parte de mi está rota, después de tantos años la excusa para irse es porque no estaban listos para ser padres.

Nosotros no elegimos nacer, igual que yo no elegí lo que me tocó vivir. Por eso no siento rencor ni enfado hacia ellos, sino pena por la familia que perdieron.

La pesadilla acaba de terminar, están deteniendo a Christian en este momento.

Estas son las palabras que me ha dicho Luca hace tan solo veinte minutos, justo en el momento en que Óscar y Olivia han entendido que lo mejor era irse. La frase que ha puesto mi mundo patas arriba. El problema es que no sé cómo actuar.

Sé que siento calma, porque después de siete años al menos hemos conseguido que ese malnacido tenga unas esposas en su muñeca, pero por otra parte siento un temor enorme porque me va a tocar enfrentarme él. Bueno, a mí y a todos los que hemos sufrido por su culpa.

Es lo que me lleva a pensar cómo una persona puede dedicarse a hacer tanto daño a la gente y ser capaz de seguir viviendo como si nada.

Durante muchos años, yo viví en las sombras, creyendo que lo que me había pasado fue culpa mía. ¿Las razones de esa locura? No tenía una verdad con fundamentos, pero así lo dictaba mi mente. Con el paso del tiempo y con la ayuda necesaria, entendí que la víctima nunca tiene la culpa.

Es lo que me lleva a por qué quiero estar sola en estos momentos, me encantaría estar con Luca, él es la persona que más ha sufrido junto a mí, pero necesito pensar y recapacitar sobre de cómo han sido estos años.

Mi mundo cambió a partir del momento en que ese desgraciado decidió intentar abusar de mí.

Es muy complicado entender que por algo que sufriste en el pasado, toda tu vida ha estado marcada.

Yo nunca pensé acabar siendo psicóloga, pero después de la ayuda que recibí por parte de Bella, encontré una vocación.

Tampoco pensé en irme fuera de Cornalina a estudiar, pero huir me enseñó cómo es la vida fuera de aquí, aunque yo no dese tenerla.

Pero, sobre todo, por muchos baches que he pasado con mi chico de luz, este trauma que vivimos juntos nos llevó a pasar por todo lo que hemos tenido que vivir, para poder sanar y entender que merecemos una vida juntos y felices.

Desde el porche de casa, miro hacia el faro de Coralina y entiendo por qué este lugar es mi hogar.

En Coralina es donde quiero crear una vida, igual que ha hecho mi familia.

Porque quiero seguir ayudando a más chicos como Mateo, Andrea o Kira, jóvenes que no saben dónde refugiarse, porque el miedo les paraliza. Sé cómo se sienten, por eso quiero enseñar la luz de Coralina, porque este lugar te enseña a volver a amar tu oscuridad.

Aunque Coralina no sería la misma sin Luca, el chico que ha tenido mi corazón desde siempre, el que decidió ser doctor cuando me vio totalmente destruida.

Nunca me ha dejado sola, sino que ha buscado las mil y una maneras para que los dos salgamos del pozo en que la vida nos había metido, aun con todo lo que hemos pasado está dispuesto a enseñarnos por qué vale la pena amarnos.

Y mi familia… miro al horizonte y no veo ni un lugar más donde sienta que mi gente puede ser más feliz. Todas las tradiciones que vivimos juntos, los nuevos comienzos y hasta los momentos más dolorosos, nos hacen ser un lugar único en el que vivir.

—¿Interrumpo? —Me sobresalto al escuchar una voz a mi lado, estaba tan absorta en mis pensamientos que no he oído a Mackenzie llegar.

La miro y sonrío, lleva sus rizos totalmente alborotados, sus pecas deslumbran gracias al sol que hace hoy y su sonrisa me hace entender que está al tanto de todo.

—Lo habéis conseguido, no tenía ninguna duda.

Todo el pueblo está al tanto de que Christian James es el cabrón que destruyó la vida de tantas chicas.

Escuchar esas palabras después de tantos años de temor me hace suspirar.

—Has sido mi gran pilar, Mackenzie. —Intenta hablar, pero la corto, hace mucho que no le digo lo que significa para mí.

—No intentes quitarte flores, desde que llegaste con diez años, supe que habías aterrizado en Coralina para cambiar nuestras vidas; nos enseñaste la palabra fortaleza y valentía.

Tú nunca me dejaste caer, ni en los momentos en los que más destruida estaba y fuiste la única que entendió que yo fuera una cobarde a la hora de declarar.

—No digas eso. —Las lágrimas corren por sus mejillas sin descanso. —De cobarde nada, estabas rota. Nadie podría ser la misma después de lo que le ocurrió, pero aun así has conseguido pruebas contra él. ¿Qué más da que haya sido unos años más tarde? Nunca te has rendido por hacer justicia.

—Hizo daño a otras chicas…

—Lo hizo, desgraciadamente y pagará por ello. Pero ahora lo importante es que, junto a Luca, vais a crear un refugió para todas aquellas personas que necesiten ayuda.

El sol después de la tormenta, ese es nuestro mayor logro, crear un sitio donde todas las personas puedan venir a ser escuchadas y libres.

Supongo que Mackie tiene razón, he podido tardar mucho en cerrar esta etapa de mi vida, pero a veces lo importante no es la velocidad con la que lo haces, sino la fortaleza.

Ese sentimiento que una niña de ojos verdes y pelo rizado me enseñó mucho tiempo atrás, la que se convirtió en mi hermana de la vida. Ni siquiera sé mucho de su historia, pero sí soy consciente de todo lo que tuvo que luchar para empezar a ser feliz, algo parecido a mi mundo.

Dejo atrás el faro de Coralina y me dirijo a ella, la abrazo, no solo por lo que significa nuestra amistad para mí, sino por lo que quiero que signifique para ella.

Desde las once de la mañana, que me ha llegado la noticia que ha sacudido a toda Coralina, no sé nada de Luca. He perdido la cuenta de las veces que lo he llamado, pero solo he recibido respuesta de su buzón de voz, algo que empieza a molestarme bastante.

Entiendo que necesite su tiempo, pero son las ocho, el desfile de Halloween empieza en una hora y me encuentro rodeada de toda nuestra familia en la cafetería de mis abuelos.

Todos me preguntan por él y no tengo nada que decirles.

Sobre todo a nuestra querida ahijada, que no ha parado de hacer pucheros, porque cree que su tío se ha vuelto a ir del pueblo.

Está claro que le ha provocado un gran trauma ese hecho, su madre o yo deberíamos hablar con ella.

Aunque Bella no creo que sea la más indicada, este embarazo no lo está llevando muy bien. Sí, lo sé, ha sufrido un accidente, ha estado en coma… Pero de verdad, da miedo si te acercas a ella. Todo le molesta, incluso que respiremos cerca.

—Tu hijo va a salir con un genio del demonio. —Kai se refugia detrás de mí, supongo que necesita escapar de su mujer.

—Como el de su tía entonces. —Me indigno cuando lo dice y me aparto para no poder servirle de escondite. —Está bien, lo siento.

—Mucho mejor. —Miro hacia donde se encuentra Bella, esta vez discutiendo con su padre. —¿Qué le sucede?

—No lo sé, el bebé que lleva en el vientre es mi hijo, pero te juro que me cae mal. —¿Se da cuenta de lo que dice? —Vale, lo amo, pero es que está convirtiendo a su madre en algo que ni siquiera comprendo.

Me rio de buena gana, lo entiendo, nosotros no tenemos que lidiar con este carácter cada día como él.

Pienso en cambiar de tema y hablarle de la visita de nuestros padres, pero según el yayo Alonso, él, después de mucho recapacitar, tampoco quiere saber nada de ellos.

Me sorprende, porque siempre pensé que sería el primero que desearía que volvieran, pero según nuestros abuelos, la realidad a veces es mucho peor que la imaginación.

—Tía Coral, ¿no quieres al tío Luca? —La voz de mi sobrina me saca de mis pensamiento se me hace escupir la poca agua que estaba bebiendo, ¿de dónde saca estas ocurrencias?

—Claro que lo quiero.

—¿Entonces por qué se ha ido? —Cruza los brazos, totalmente indignada, como si fuera la mayor culpable de todas.

Estupendo, voy a matar a este hombre.

Me agacho para quedar a su altura y la abrazo.

—Isla, cariño, el tío no se ha ido. —No sé cuántas veces le he dicho las mismas palabras. —Hoy ha sido un día difícil para todos y necesita un poco de espacio. —Tiene tres años, ni siquiera sé si me ha entendido, pero parece más conforme y relajada, algo que desde luego yo no estoy.

—Tienes razón hermanita, ha sido un día duro.

—La pesadilla acaba de empezar, desgraciadamente. —Kai me mira sin entender. —Primero tenemos que declarar y que se haga justicia.

—¿No te lo han dicho? —Sea lo que sea, él entiende por mi cara que no, se pone algo nervioso y por tanto yo también.—Entonces seré el encargado de darte la noticia.

Me empiezo a poner histérica, no sé a qué se está refiriendo, pero necesito que hable cuanto antes.

—No vas a tener que declarar. —Espera, ¿qué? Ante mi confusión, me lo explica. —El amigo de Luca…

—¿Henry?

—Sí, ha movido hilos y ha conseguido que un juez pudiera estudiar el caso hoy mismo, teniendo en cuenta las negligencias que se cometieron—Juro que no entiendo nada ahora mismo. —La única declaración que se ha necesitado es la de la chica que está embarazada…

—¿Andrea? ¿Por qué? Necesito hablar con ella. —Intento zafarme de mi hermano, quiero encontrarla y estar con ella, el miedo me ciega, pero Kai no me lo permite.

—Tranquilízate o no te dejaré ir a ningún lado. —Los vecinos del pueblo empiezan a entender que algo ocurre y me miran preocupados. —Vamos fuera.

Salimos alejándonos un poco de la cafetería, la noche ha empezado a caer en Coralina y las luces no se encenderán hoy para poder disfrutar del desfile que tenemos a continuación.

Para mí, ahora mismo todo es una jodida mierda, siento que mis propios sentimientos me consumen y me pongo nerviosa al no saber qué ocurre en realidad.

—Kai, por favor.

—Te lo estoy explicando, solo necesito que te relajes. —Asiento poco a poco y empiezo a respirar de forma más pausada. —Andrea, imagino que es la chica, está bien. Más que bien.

—¿Por qué no he sabido nada?

—Ella lo pidió así, necesitaba afrontarlo sola. Se subió al estrado y explicó no solamente su versión, sino la de todas vosotras, para que no tuvierais que vivirlo también.

—Es un ángel… —No tengo palabras, ni siquiera sé cómo sentirme al respecto.

—Lo es, pero también sé que te vas a culpar. —Lo hago, debería haber sido yo quien dijera la verdad, no ella, solo es una niña todavía. —Pero tú no eres culpable, aquí lo más importante es que el juez tiene pruebas más que suficientes para condenarlo y sí, eso incluye también a su tío Arturo.

¿Está diciendo lo que yo creo? ¿Por fin hemos puesto el punto final a la historia? Ni siquiera me hace falta decirlo, me entiende con solo una mirada y me asiente. Rompo a llorar, sobre sus brazos, como tantas veces hice en el pasado.

Kai me sostiene para que suelte todo lo que necesito…

No voy a tener que enfrentarlo. Hemos conseguido hacer justicia.

Y lo más importante, siento que por fin estoy en paz.

—Ahora debes darte prisa, alguien te está esperando en el faro. —Justo en ese momento, su luz se enciende, la única en toda Coralina.

No necesito saber de quién se trata.

Dejo a mi hermano atrás y empiezo a correr hacia nuestro lugar, al sitio que ha significado todo para nosotros.

Corro como si la vida se me fuera a acabar, pero en realidad está empezando en este instante.

Solo que no voy a caminar sola esta vez.

Frente al faro, se encuentra mi persona favorita del mundo.

Está apoyado en el lado donde grabamos nuestros nombres cuando terminamos el colegio, lleva un jersey color crema y un pantalón negro. Es precioso, lo mires por donde lo mires.

—Siento haber desaparecido. —No lo dejó acabar, me tiro a sus brazos y él me acepta sin pensarlo.

—Lo hemos logrado, Luca, hemos acabado con el pasado.

No sé en qué momento he empezado a llorar, pero sé que no soy la única, Luca me alza el mentón lo justo para poder besarme y puedo notar cómo nuestras lágrimas se juntan en nuestra boca.

Lágrimas de felicidad llenan nuestra alma, hemos conseguido lo que tanto anhelamos.

Nuestro propio perdón. Nuestra felicidad, juntos.

En el momento en que nuestros labios se separan, miramos al cielo y podemos ver cómo se tiñe de los tres colores que representan Coralina: azul, rosado y coral.

Admiro la obra de arte que tenemos frente a nosotros, Luca me abraza desde atrás, totalmente en silencio, justo en nuestro lugar seguro…

Porque aquí es donde se han sellado miles de historias de amor.

Aunque para mí hoy inicia la más bonita de todas; la nuestra.

Luca me gira para que quede frente a él y veo en sus ojos la tranquilidad que hacía tanto tiempo que no sentíamos.

—El error que cometí en el pasado… pensar que sin mí ibas a estar mejor, fue la mayor equivocación de mi vida. —Sé que tiene mucho que decir, el chico que tengo enfrente lleva mucho dolor guardado, aun cuando todo se ha acabado.

—Puede ser, pero tampoco ayudó el hecho de que yo pensara que nunca sería suficiente para ti después de lo rota que me encontraba, Luca.

—Le acaricio la mejilla y junto nuestras frentes, demostrando que ahora eso ya no importa, que ese pasado queda atrás, aunque sé que el dolor y temor de nuestro pasado deben cerrarse en este lugar.

Me da igual repetir las veces que haga falta que estos errores son los que nos han traído justo a este lugar.

El principio de nuestra historia está lleno de amor, felicidad y momentos que son solo nuestros.

Me mira con esos ojos esmeralda que siempre me han vuelto loca, sé que tiene miedo, pero este lugar, justo donde nos encontramos, nos hace sentir que nuestro amor por fin pasa a ser el protagonista principal de nuestra historia

No necesito que me diga ni una palabra más.