11 #2
¿Cómo debo reaccionar? Ni siquiera sé cómo respirar con normalidad, lo único que se me ocurre es hacer lo que haría la Coral de hace unos años; cerrar la puerta y huir.
Esta vez no sería tan fácil, la voz de mi madre me detiene en seco.
—Por favor, escúchanos… —En cuanto su voz resuena ante mí, siento cómo mis piernas flaquean y me quedo sin fuerzas para poder cerrar la puerta.
Las palabras de mi abuela resuenan en mi mente: Olvia, mi madre, está enferma. Y aunque no sé de qué, ni si es tan grave como me quisieron hacer ver, no puedo dejar de pensar en todo lo que me enseñaron estos años atrás.
Yo no doy de lado a la familia, el abuelo Alonso y la abuela Violet me han enseñado toda la vida que la familia es lo primero, por mucho que ellos te hayan causado daño, por lo menos, escuchar lo que tengan para decir.
Tú no eres como ellos, eso es lo mejor que puedes demostrar.
Supongo que eso es lo que me hace entrar en razón.
—Está bien, pero no penséis ni por un momento que tengo intención de perdonar vuestro abandono. —Óscar se decepciona en el momento en que dejo ir las palabras, pero no me importa, ellos encaminaron esta relación a la destrucción. —Pasad, acomodaos.
Antes de cerrar la puerta, veo cómo Charlotte, Ava y Andrea se acercan a la casa. Me giro para ver cómo mis padres se sientan en el sofá y les pido que esperen unos minutos. Esas chicas que vienen por ahí merecen mi tiempo, mucho antes que ellos.
—Hemos recibido tu mensaje.
—¿Qué es tan urgente, Coral? —Ava y Andrea me preguntan tantas cosas nada más verme, que me abrumo. Por un segundo no sé ni por dónde empezar, pero entonces las miro a los ojos, una a una.
Noto la esperanza que tienen, la fortaleza con la que han luchado todo este tiempo, y solo me sale sonreír.
—La guerra no está ganada, pero la primera batalla sí. —Sus caras de confusión me causan ternura, no están preparadas para lo que les voy a decir. —Ha venido el inspector que os comenté, está más que seguro de que el juicio está ganado por un pequeño detalle que ha averiguado.
—¿Cuál es? —Charlotte, la única que hasta ahora no había hablado, se muestra impaciente.
—Tanto Andrea como yo, a la hora de hacer el retrato, dijimos el mismo detalle sobre él.
Se miran entre ellas sin entender de qué estoy hablando, pero entonces la mirada de una de ellas se ilumina.
—La peca en el iris.
—Efectivamente Ava, esa pequeña información, junto a la grabación—me fijo en Andrea, que está totalmente aturdida por la información —han hecho que consigamos una orden de detención.
El alivio que se crea entre las cuatro es el empujón que necesito para saber el bien que estamos haciendo, aunque no esperaba recibir un abrazo de parte de ellas.
—Esto es gracias a ti, Coral.
—No, a todas nosotras, Charlotte.
—No, Charlotte tiene razón, ninguna ha tenido el valor de enfrentarse a él, pero tú, aun después del pasado que nos marcó, has tenido la gran valentía de enfrentar a nuestro mayor temor. —Habla empieza a hablar y a mí me cuesta que las lágrimas no se me acumulen en los ojos.
—No has dejado el camino mucho más fácil. La gente tiene razón.
—¿De qué habláis?
—Todo el mundo dice que Luca Bay y Coral Mariner son los salvadores de Coralina y, aunque muchos pensábamos que era imposible, que solo erais dos chicos que regresabais al pueblo… nos equivocamos, no hay nadie que quiera más a sus habitantes y a todo lo que nos rodea que vosotros dos.
Las lágrimas brotan de mis ojos sin poder detenerlas y esta vez soy yo quien se lanza sobre ellas para abrazarlas.
—Vosotras me enseñasteis la importancia de luchar contra el pasado.
Durante cinco largos minutos me olvido de que en ese momento están deteniendo al hombre que tanto dolor nos provocó, de que queda mucho por luchar e incluso de quienes me esperan en casa.
Pero estar en los brazos de estas tres chicas, cuatro, si contamos a la bebe que traerá Andrea, me hace darme cuenta de la importancia de avanzar, de no tener miedo y poder luchar por tu felicidad.
Eso es lo único en loque pienso mientras me despido de ellas, con la promesa de que las mantendré al tanto de todo lo que ocurra, pero ahora me dirijo hacia mi hogar.
El lugar que mi verdadero padre me construyó cuando era pequeña y en el que ahora se encuentran las personas que quisieron huir sin mirar atrás.
Durante años le pedí a la vida que me los devolviera, hoy entiendo que las decisiones que se toman en el pasado te hacen ser quién eres en el presente. Coral Mariner no existiría sin ellos, pero tampoco sin su abandono.
Solo por eso, les doy la oportunidad de hablar esta vez, porque después yo seguiré con la vida que decidí, la que ellos impusieron en cuanto se fueron.
Mi familia no es la que está en la sala, es la que está en las calles de Coralina.
Y como bien me enseñaron, perdonar y dejar atrás es la opción más segura para encontrar tu felicidad.
De todas las cosas que me esperaba, encontrarlos con mi foto en las manos mientras no paran de llorar, no era una opción.
Sé que puedo sonar muy dura, pero nada de lo que me digan puede cambiar la opinión que tengo, así que no espero a que sean los primeros en hablar.
Necesito hacer la pregunta que tanto me ha hecho llorar a lo largo de mi vida, a la que solo ellos pueden darme una respuesta.
—¿Por qué nos abandonasteis? ¿Nunca fuimos suficiente? —No solo hablo de mí, dejaron atrás también a la persona que más amo en este mundo. Vi cómo mi hermano mayor, mi héroe favorito, se destruía poco a poco por la falta de sus padres.
Sus caras se contraen, se miran entre ellos sin saber qué decir y es algo que esperaba que pasara.
—Nosotros no éramos suficientes.
—En esto estoy de acuerdo. —Les queman mis palabras, lo sé, pero no pienso fingir algo que no siento.
—Nos quedó grande el ser padres. —El detonador, esas palabras son las que acabande romper cualquier esperanza de que mi corazón pudiera perdonarlos.
—No me hagáis reír, no tuvisteis un hijo, sino dos. Y nos abandonasteis cuando ya no éramos unos bebés algo que hubiera preferido porque no recordaríamos nada.
—Noto cómo mi señor padre quiere objetar, pero alzo una mano y le hago callar.
—Escúchame, yo he sufrido mucho durante toda mi vida, la mayoría porque me destruiste al abandonarme, pero nunca, escuchadme bien, nunca, podría perdonar el dolor que le causasteis a mi hermano.
Tenía nueve años, era más que consciente de todo, tuvo que lidiar con que sus padres desaparecieran de la faz de la tierra sin ninguna explicación.