El lugar donde aprendí a amar 11
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Ayer hablamos con Kai y Bella, lo mejor era explicarles todo lo que ocurría, era necesario. Mi hermano es el alcalde del pueblo y esto no va a pasar desapercibido, debía estar al tanto de lo que se avecinaba.

Por lo demás, me encuentro con Luca en mi casa, planeando nuestras vacaciones. En el momento que esto terminé, nos vamos a ir al bosque junto a Isla, para poder desconectar juntos.

—¿Crees que lo vamos a lograr? —Podría ser yo perfectamente quien lo preguntara, pero esta vez era distinto, estoy totalmente enfocada en la parte positiva.

—Puedo asegurarte que sí, tu amigo llega en tan solo veinte minutos. En cuanto entre por la puerta de casa, se va a encontrar la encimera llena de pruebas que relacionan a ese cabrón con todo lo que nos ha hecho.

Luca me aprieta la mano para tranquilizarme, ya que me altero enseguida con este tema, pero es que solo puedo mirar la encimera de mi casa llena de papeles y de pruebas.

Tenemos el USB con la voz de Christian en nuestro poder, todas las chicas no solo van a declarar, sino que han redactado por escrito todo lo que vivieron, yo incluida. Incluso Mackie, que sabe dibujar muy bien, ha hecho cuatro retratos diferentes de cómo nos acordamos de que era nuestro agresor.

Sí, todos son exactamente iguales.

—Nunca vas a ser capaz de entender el orgullo que siento por ti, Coral.

—Claro que lo hago, es lo mismo que yo siento por ti.

—Su mirada de confusión me duele, él todavía se culpa de demasiadas cosas.

—Cariño, tú fuiste quien me siguió esa noche y me salvó, fuiste quien, con todo el dolor de su alma, entendió que debía irse para sanar y, sobre todo, aun cuando yo no quería saber nada de nadie y solo te hablaba desde las sombras, seguiste ahí para mí.

Se acerca, juntando nuestras frentes y quedando a tan solo unos centímetros de distancia.

—En el mundo entero no hay ni un solo lugar en el que yo prefiera estar. A tu lado es donde mi vida crece, donde soy feliz.

—A tu lado es donde yo soy feliz también. —Junto nuestros labios en un beso cálido y lleno de esperanza. Disfrutamos de nuestro pequeño momento durante un rato, hasta que el timbre de la puerta resuena en toda la casa.

Henry, el amigo de Luca, la persona que puede ser nuestra salvación… ha llegado.

Luca se aparta poco a poco, como si le pesara separarse de mí, su mano sigue junto a la mía mientras me habla.

—Hemos sufrido mucho, Coral y lo peor es que lo hicimos separados, es hora de luchar unidos.

—Siempre juntos.

La voz me sale temblorosa, nuestras vidas pueden estar a punto de cambiar, pero aún no sé si estoy segura de sí lo harán hacia un lado positivo o lleno de oscuridad.

Desde luego, en mi imaginación los inspectores no son así.

Henry lleva media hora examinando todo lo que hay en la mesa, es decir, desde que ha llegado. Es un hombre alto, con el pelo largo y bastante musculoso, da hasta un poco de miedo y, aunque al principio he dado un paso para atrás, totalmente intimidada… No me he podido equivocar más.

Es un sol, no tanto como el chico al que tanto quiero, pero es que es increíble su amabilidad, lo gracioso que es y, aunque está mirando las pruebas de un abusador… él intenta ingeniárselas para quitarle hierro al asunto.

Si no estuviera enamorada de Luca Bay, podría estarlo perfectamente del inspector Henry.

Aun así, sigo nerviosa, no ha dicho nada de todo lo que le hemos enseñado, solo lo mira una y otra vez a la vez que envía mensajes a vete a saber quién.

Permanecemos por lo menos quince minutos más en absoluto silencio, al menos Luca y yo, porque Henry no hace más que enviar mensajes y mirarnos con cara de póker.

Y, aunque somos dos personas con bastante paciencia, se nos está acabando.

Sobre todo, al chico se encuentra a mi lado y no para de mover la pierna arriba y abajo, me está poniendo histéica. No sé cuánto tardará en decir una de las suyas.

—¿Piensas decir algo?

—Mucho has tardado en abrir tu bocata.

—Henry, no me jodas, llevo más de media hora viendo cómo inspeccionas todo lo que te hemos brindado, incluso estás con el teléfono, hablando con vete tú a saber quién. —Su amigo alza una ceja y lo mira con diversión. —No te rías joder, es algo importante.

Luca está empezando a perder la paciencia, no sé exactamente qué hacer, quiero tranquilizarlo, pero siento que mis nervios están igual que los suyos, con la diferencia de que he aprendido a interiorizarlos. Aun así, la tranquilidad de Henry no me gusta nada.

—Me río porque no entiendo cómo puedes estar nervioso de perder este caso, está más que ganado.

—¿Qué ha dicho? Intento no sonreír en cuanto las palabras salen de su boca, de verdad que lo intento.

Luca por su parte se ha quedado totalmente atónito, me levantó rápidamente del sofá y me acerco a él por primera vez.

—¿Cómo puedes saberlo? Ni siquiera lo has estudiado. —Puede ser que lo tome como un ataque, a fin de cuentas él está aquí para ayudarnos, pero no entiendo cómo puede decirlo tan tranquilo y no explicar nada más. Solo lleva tres cuartos de hora mirando las pruebas.

—Entiendo que me estés tomando por loco Coral, pero si algo sé es hacer bien

mi trabajo. —Me guiña un ojo, totalmente convencido de que eso me va a relajar, no es el caso. —He estado con el teléfono porque necesitaba enviar mensajes importantes sobre este caso, debía explicarle a mi jefe la atrocidad que estáis viviendo en Coralina.

Por primera vez en mucho tiempo, me siento escuchada, alguien nos está prestando atención y entiende lo que estamos viviendo. Ni siquiera sé cómo sentirme.

—Nada ha funcionado hasta ahora. —Lucho porque mi voz no se rompa en cualquier momento.

—Por eso tu novio me ha traído aquí, porque por mucho que diga, confía ciegamente en mí. —Me giro para mirar al aludido sin entender absolutamente nada.

Parece que él sí entiende a qué se refiere su amigo, porque una pequeña sonrisa empieza a asomarse a sus labios.

—Cariño, Henry no ha perdido un caso en su vida. —Me sorprendo enseguida e intento no hacerme ilusiones. —Si algo le caracteriza es buscar el lado oscuro de las cosas para poder llevarlas hacia el tribunal.

—¿Crees que ganaremos? —Me tiembla la voz en cuanto hablo, pero Henry no pierde la sonrisa.

—No me malinterpretes, no soy un engreído — Luca se ríe, dándome a entender que sí lo es en realidad —, pero cualquier inspector podría ver las negligencias que se han cometido en este caso.

—Nunca se ha investigado. —Su mirada se llena de pena por todo lo que hemos vivido.

—El juego ha cambiado, no hay necesidad de investigar más.

—Hace una pausa y se gira hacia las pruebas.

—Tengo su voz y cuatro retratos en los que, aunque no lo parezca, hay un pequeño detalle que lo delata.

—No entiendo a qué se refiere, me insta a acercarme hasta la isla donde están todas las pruebas.

Me señala dos de los retratos, el de Andrea y el mío.

— Si te fijas, las dos habéis descrito lo que hará que lo condenemos, la peca en el ojo izquierdo, justo en la pupila.

—Henry, no te estamos entendiendo, por favor explícate.

—Luca, a lo que me refiero es a que tu chica y la última de las víctimas, han podido describir perfectamente el detalle más importante de todos. El agresor tiene nevus iridiano.

—¿Qué tiene que? —Me pongo nerviosa, sobre todo porque entiendo que es algo bueno, pero estoy perdida.

—Significa que tiene una peca en el borde del iris, cariño, eso es muy raro. —Miro a Luca sorprendida, encajando todas las piezas del puzle. —Si la primera víctima y la última habéis dicho el mismo detalle…

—Lo tenemos. Junto a la grabación de la chica, tenemos más que suficiente.

No sé en qué momento he dejado de respirar, pero de repente suelto todo el aire que tenía acumulado dentro de mis pulmones. No puede ser verdad, estoy totalmente en shock de saber que esta pesadilla está a punto de terminar.

—Aún hay más. Los mensajes de mi jefe me han confirmado que ha conseguido una orden de detención contra Christian.

Mis ojos se llenan de lágrimas en este preciso instante, siento que pierdo el equilibro y Luca tiene que ponerse detrás de mí para sostenerme.

—Lo hemos conseguido, hemos ganado la primera batalla de la guerra.

Su voz, su jodida voz me teletransporta al pasado, al momento en que me trajo a la realidad esa noche fría de octubre. La diferencia es que hoy estamos juntos una vez más, pero con una batalla ganada.

La guerra puede ser larga, pero poco a poco y unidos conseguiremos acabar con el fantasma de nuestro pasado.

Henry y Luca se han ido a la comisaría para poder preparar la detención, mi chico ha pedido estar presente. Teniendo en cuenta que quien lo llevará a cabo es uno de sus mejores amigos, estaba claro que lo iban a permitir.

Me encantaría ser lo suficientemente fuerte para estar presente también, pero no soy capaz de verlo todavía. Además, a Henry le queda una parte más que llevar a cabo. El hecho de que Arturo, el sheriff del pueblo de al lado, no haya dejado que esta investigación continúe.

Así que supongo que aprovecharán para hablar con los padres de Charlotte y poder ir también, hacer justicia por ese lado. Mientras tanto, les he escrito a las tres chicas que han hecho posible todo este desenlace. Ellas merecen saber que estamos a punto de hacer justicia.

Por segunda vez en el día, el timbre me sobresalta, me acerco a la puerta para recibir a mis chicas, pero no son ellas las que se encuentran al otro lado de la puerta.

Una pareja se encuentra en mi puerta; ella, con el pelo largo de color blanco y unos ojos verdes llenos de esperanza; mientras que él, también con el pelo blanco, tiene los ojos un azul intenso y están llenos de temor.

No necesito que se presenten, ni siquiera debo pensar si estoy en lo correcto. Mi cuerpo ha reaccionado enseguida, sé quiénes son las dos personas que están en la entrada de mi casa.

Óscar y Olivia Mariner.

O, dicho de otra manera, mis padres.

Sí, los mismos que me abandonaron, ahora se encuentran en la puerta de mi casa.