10 #3
—Quiero a este bebé, no fue buscado, pero su padre y yo lo adoramos con nuestra vida. —Está claro que no solo yo me quedo atónito, por la cara de Coral, puedo intuir que ni siquiera estaba enterada de que Andrea tiene pareja. —El problema es que el miedo de mi pareja es mucho más grande que el mío.
—¿Miedo a qué?
—A qué no, Coral, a quién. —Las manos de Andrea buscan las de ella, necesita un ancla, algo que le recuerde que está aquí y no le va a pasar nada. Aunque su mirada solo se centra en mí, le avergüenza lo que va a contar.
Y yo solo puedo cabrearme, no con ella, sino con quien le ha destrozado la vida, porque ese cabrón ha conseguido que ella se sienta culpable.
—Andrea, no tengas miedo, ya no estás sola.
Parece que mis palabras surten efecto, porque coge aire y comienza a explicar su situación. Por primera vez, no consigo aguantar las lágrimas.
—Abusó de mí justo hace un año, ni siquiera he conseguido poder ser yo otra vez, aunque creo que ninguna persona podría.
—Coral asiente poco a poco, ella siente lo mismo.
—El problema, o mi salvación, es que, por un segundo, me sentí lo suficientemente fuerte para hacer algo, era consciente de que no me iba a poder defender, estaba totalmente drogada, pero por un segundo, la valentía se apoderó de mí y pude poner el teléfono a grabar.
Nuestros ojos se iluminan en el momento que Andrea nos confía esa información, ahí está; la mayor de las pruebas que necesitamos para ir a por ese cabrón.
—No me autolesioné, juro que nunca le haría daño a mi príncipe.
—Se abraza la barriga como si tuviera miedo de que fuera a desaparecer en cualquier momento y es cuando veo el amor que siente por ese niño.
—No sé cómo se enteró de que tengo esa grabación, pero vino a por mí. Él me hizo eso aquella noche.
Le damos unos momentos para que se relaje, queremos ayudarla y vamos a hacerlo, cueste lo que cueste.
—Es desgarrador lo que viviste, pero solo he conocido a una persona tan valiente como tú.
La tienes al lado. —Coral está llorando, no sé si por lo que he dicho o por todo lo que ha tenido que escuchar.
Sé que ella incluso se siente culpable, ha vivido un gran trauma durante mucho años y, aunque ha luchado por salir de ese agujero negro, aún se siente culpable porque ella se pudo salvar.
Odio cuando se siente así, fue un jodido milagro que pudiera salvarla, ¿cómo puede ser que sienta que ella no sufrió? Es algo que aún me cuesta entender.
Aunque gracias a Dios, ahora es diferente, todo lo es.
Si Andrea quiere cedernos la grabación… bueno, no solamente eso, si conseguimos que esté dispuesta a declarar, tendremos una oportunidad de lograr acabar con esta pesadilla.
—He venido para poder entregaros la grabación. —De todas las cosas que esperaba que nos dijera, esta es la que menos posibilidades tenía.
—¿Estás segura, Andrea? Él sabrá que has sido tú. —Siento emoción, mucha, pero no por eso debo dejar de explicarle las consecuencias. —Si no conseguimos que el juez nos crea…
—Eso no va a ocurrir, después de lo que me pasó hace unos meses sabía que esto tenía que acabarse; el problema es que me daba demasiado miedo enfrentarlo sola.
—No estás sola. —Coral me quita las palabras de la boca, Andrea asiente enseguida. Por eso ha decidido venir a confiar en nosotros; sabe que lo vamos a hacer juntos.
Quiero testificar, pero creo que no debo ser la única. —Su voz es clara, llena de esperanza.
—Estamos intentando que las demás chicas se animen.
—Lo sé Luca, pero me refiero a vosotros dos, esta pesadilla debe acabar no solo gracias a lo que estáis creando, sino porque fuisteis quienes sufrieron primero. —No sé qué decir, pero sé que tiene toda la razón del mundo, no podemos escondernos en las sombras.
Debemos alzar la voz.
Treinta y uno de octubre. Hoy el pueblo celebra Halloween.
Para mí, no solo significa una noche llena de disfraces, sino que prefiero verla como un momento para ahuyentar todo lo malo que ocurre a tu alrededor.
Esa es la razón por la que siete días después de que Andrea nos entregara la grabación, vamos a intentar hacer justicia por fin. Luca se ha pasado esta última semana buscando mil maneras de conseguir que no solo Christian vaya a la cárcel, sino también su tío.
Somos conscientes de que es muy difícil, pero hace dos días, en la puerta de casa no solo se presentó Charlotte, sino que sus padres también estaban dispuestos a testificar y luchar con nosotros.
Ellos han recibido más de una carta, diciendo que era mejor que se quedaran callados, que la ley en este pueblo, el que colinda con Coralina, nunca les ayudaría.
Sí, esas cartas tienen toda la razón, pero no va a ser la ley del pueblo quien les ayude.
Hoy llega Henry, a Luca le ha costado mucho que su amigo viera lo que estaba ocurriendo en Coralina; pero una vez se le enseñó las pruebas y mi chico le imploró que lo necesitábamos, no tardó en explicarle a su jefe la situación.
En Raleigh no entienden cómo no se ha puesto punto y final a esta situación hace años. Pero claro, ellos no saben que aquí quien tiene el poder, en cierta parte, es familiar del agresor.
Aun así, estamos nerviosos por lo que pueda suceder.