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—Ya era hora de que consiguieras dejar tu cobardía de lado y fueras a por lo que tanto querías. –Me giro a mirar a Elijah, exigiendo casi con la mirada que me explique de qué está hablando.
—Esa es una conversación para otro día, pero sí; por fin he luchado por la persona que quiero. —Me atrae hacia él, dejando un beso delicado en mi frente, dejando muy claro que estamos juntos. —Me gusta que demuestres que soy tuyo.
No me pronuncio al respecto, lo miro y sonrío.
—Queremos ayudar. —James es quien habla esta vez, haciendo que nos centremos en él sin pensarlo. —Sabemos que deberíamos haber intervenido antes, es solo que, aunque parece que todo el mundo sabe quién es, las pruebas acaban desapareciendo y las víctimas le temen.
—¿Quiénes son ellas? ¿Están aquí? —Sé que sueno desesperada, pero me da igual, solo quiero poder conseguir algo para luchar contra ese cabrón.
—Este pueblo está lleno de habladurías, Coral, hay muchas que incluso tienen miedo de volver a esta fiesta. —Las entiendo, yo no he sido capaz hasta el día de hoy. —La única persona en verlo cien por cien has sido tú.
Se está dirigiendo a Luca, quien aún se encuentra rodeándome la cintura. Me aprieta más contra él, su mente debe estar sintiéndose culpable. Con el familiar que tiene dentro de la policía, es muy difícil lograr capturarlo.
—Aun así, sabemos que una de ellas tiene grabada su voz.
Todavía hay esperanza en este camino. Una prueba sin destruir.
Eso solo significa que tenemos una esperanza.
—¿Quién la tiene?
—Las dos chicas que temen declarar son Ava y Charlotte, la primera sí es del pueblo…
—Es mi prima. —Elijah cierra los ojos con fuerza mientras nos lo explica, puedo sentir su dolor, es muy difícil estar cerca de alguien que ha vivido un trauma así, no sabes cómo puedes ayudar, además la persona afectada, en la mayoría de los casos, solo quiere desaparecer.
—Lo siento, mucho. —Lo digo con la mano en el corazón, se me desgarra el alma de imaginarme a esas chicas. No tuvieron la suerte que yo tuve, a mí me salvo mi rayo de sol.
—Yo también lo siento, nos encontramos tan en shock cuando sucedió todo lo tuyo, que no supimos cómo reaccionar.
—Aun así, tampoco estuvisteis presentes después. —No soy yo la que habla, Luca es quien ha tomado la palabra y sé que no está muy contento, este tema le cuesta demasiado y por mucho que intente que deje de culparse, se que me costará mucho lograrlo.
Nadie dice nada, los entiendo, la vergüenza de saber que fallaste cuando eras necesario es demasiado dura. No les guardo rencor, mi fortaleza, valentía y ambición por conseguir meter entre rejas a este cabrón es mucho más fuerte de esta manera.
—Contadme más de las chicas.
—Charlotte ni siquiera vive en el pueblo, sino en el de al lado y todos sabemos quién es el sheriff allí.
—El enfado de Olivia, la otra chica presente, es más que evidente.
—La otra, no estamos seguros de que sea ella, pero a juzgar por lo que hemos escuchado y descubierto, es la que tiene el audio.
Se dice que se llevó una paliza no hace mucho porque querían asustarla.
No, es imposible.
La única chica que conozco que ha sufrido hace poco una agresión es Andrea.
Un grito nos pone en alerta y automáticamente corremos lo más rápido posible hacia la parte trasera de la casa.
Luca se abre paso entre la gente. Tras él nos encontramos todos los demás, soy la que más lenta avanza, me da demasiado miedo ver lo que nos vamos a encontrar.
La parte trasera de la casa es la zona menos iluminada de todas, cualquiera con dos dedos de frente sabría que no debe salir por allí a solas.
Supongo que no todos están enterados de lo que ocurre o simplemente quieren echar la mirada hacia otro lado, algo que a los adolescentes se les da demasiado bien.
Un grupo de gente está formando un círculo mientras observa lo que ocurre dentro de él, no es hasta que llegamos nosotros que se desvanece de repente, como si tuvieran miedo de los chicos.
Una niña morena, delgada y que no tendrá más de quince años, está en el suelo vomitando, totalmente ida.
Los flashbacks aparecen en mi mente uno detrás de otro, la sensación que tuve al tomarme las bebidas y la oscuridad de estar en esta zona de la casa.
Lo sé antes de que lo diga, ella no ha venido aquí por su propia voluntad, alguien lo ha provocado. Claro, es la manera más fácil de salir sin ser visto y da directamente a un camino que te adentra al bosque. Siento que empiezo a marearme, Olvia se da cuenta enseguida y me agarra del brazo.
La miro, totalmente aturdida, sin entender nada, Lena se posiciona al otro lado.
—Lo siento —me quedo aturdida en cuanto suelta las palabras, —no sabía que estabais juntos, no soy la clase de chica que liga con alguien que está en una relación.
—Lena se excusa enseguida por lo que ha ocurrido anteriormente, imagino que lo hace por la tensión que mi cuerpo ha adquirido cuando me ha tocado.
Asiento despacio, intentando recomponerme.
—Lo hicimos mal en un pasado, pero no estás sola, si tú quieres. —Las palabras de Olivia me ayudan a sobrellevar mejor esta situación, en la medida de lo posible.
Les dedico una pequeña sonrisa, ya que no puedo ofrecer mucho más en estos momentos, pues la verdad es que me estoy concentrando demasiado en no tener un ataque de pánico aquí mismo.
Nuestros chicos se encuentran alrededor de la chica, Luca es quien la acuna en brazos para adentrarse en la casa, mientras James y Elijah exigen alguna explicación o si alguien ha podido ver algo.
La popularidad que ganaron en el instituto les precede, porque un chico de ojos azules se acerca lentamente con la mano alzada.
—Es amiga mía, se llama Sienna. —El pánico en su mirada es real, puedo sentirlo.
—Solo la he perdido de vista por un segundo, la he buscado por todos lados hasta que me he parecido ver una sombra pasar por detrás de la cocina.
No estaba seguro, pero la poca luz que rodea el ambiente me ha hecho reconocer su falda roja por el disfraz de caperucita roja, así que no lo pensé y la he seguido lo más rápido que he podido.
Puede que no sea consciente, pero le acaba de salvar la vida a su amiga, al menos de vivir traumatizada para siempre. Mis ojos directamente se van hacia Luca y en cómo protege el frágil cuerpo de Sienna, verlo así me hace pensar en todo lo que tuvo que sufrir cuando me encontró en esa cabaña.
—Explícanos lo que has visto, por favor. —Doy un paso adelante, mi cuerpo no tiene mucha estabilidad, pero Lena y Olvia se encargan de ayudarme a avanzar hacia donde están ellos.
—No he podido ver mucho. Ella no suele beber, pero me ha dicho que le apetecía, aunque fuera un zumo. Al ver que tardaba tanto me preocupé, entonces he visto la sombra que os comento. —Los recuerdos me golpean uno tras otro.
Otra chica inocente, está más que claro que tiene un patrón, pero es que además tiene que estar pendiente de las chicas antes de la fiesta.
No va a por cualquiera.
—¿Pudiste ver algo? Lo que sea. —Me desespero, rezando para que asienta, necesitamos saber algo que nos guíe hacia ese malnacido.
—Cuando llegué un chico le estaba guiando hacia el camino. —Un escalofrío me recorre la espalda por completo. —Solo he podido ver que llevaba una capa negra larga y una máscara, diría que era de demonio.
Es él.
Podría poner la mano en el fuego y no quemarme al asegurar que se trata de Christian Miller. Sigue acosando y violando a las mujeres, nunca ha estado arrepentido como dijo en su sentencia.
El golpe de realidad me pega duro, me hace darme cuenta de que está libre por mí, por la cobardía que me impidió mirarlo a los ojos y ser yo la que lo destruyera. He dejado que destroce la vida de muchas de las chicas de Coralina.
Hago un esfuerzo enorme por no desmoronarme delante de ellos, sobre todo porque no sé dónde se ha metido Luca y, por muy egoísta que suene, lo necesito. Aun así, ver los ojos tristes del amigo de Sienna, me hace entender que su situación es peor.
—No sé si sois conscientes, pero ya lleva pasando muchos años. —Lena es la que habla esta vez, con un tono de autoridad y enfado que no me esperaba, se puede ver en su mirada que este tema le cala hondo.
—Pensábamos que era una historieta, para meternos miedo.
Cierro los puños lo más fuerte que puedo, clavándome las uñas hasta el punto de querer chillar de dolor. Debe de ser una jodida broma lo que me está diciendo, lo viví en carne propia, de historieta nada.
—Sois unos descerebrados —me giro buscando la voz que sé perfectamente a quién pertenece —, la gente os intenta avisar, pero vosotros preferís pensar que son historias para dar miedo. —Está enfadado, lo sé. —La chica que tienes delante, la que está a punto de sufrir un ataque de pánico….
Se ha dado cuenta, aun estando a una pequeña distancia de mí, se ha dado cuenta. Pero, claro, es imposible que Luca Bay no sepa lo que siento en cada segundo.
Se acerca poco a poco hasta quedar a mi lado, depositando un casto beso en mis labios, ayudándome a volver a la realidad.
—Ella sufrió lo que ha estado a punto de sufrir tu amiga, pero no solo eso; tres chicas más lo tuvieron peor y nadie pudo salvarlas.
No sé el nombre del chico, pero su rostro está completamente blanco, asustado.
—Lo siento…
—No te disculpes, no lo sabías. —Intento calmar el ambiente. —Pero nos ayudarías mucho para encerrarlo, tú también lo viste.
—Solo he visto un poco, pero si os puedo ayudar, dalo por hecho. Coralina no se merece tener a gente así en sus calles.
Me llena de orgullo saber que, por mucho que pasen los años, siguen creciendo jóvenes que aman este pueblo más que a nada.
La noche ha sido larga, demasiado. Nos encargamos de llevar a Sienna al hospital para hacerle la prueba de drogas, que como era de esperar ha dado positivo.
Sus padres no han tardado nada en llegar y aunque no era el mejor momento, les he facilitado mi número de teléfono, a lo mejor hay suerte y en cuanto se recupere quiere hablar con nosotros. Quería que fuera la primera chica en tenerlos servicios de nuestra asociación.