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—Es un tema en el que llevo pensando mucho tiempo, nunca me he atrevido a dar el paso, pero después de todo lo que ha ocurrido hoy y sabiendo que voy a tener tu apoyo…
—No solo mi apoyo Coral, lo que quieras hacer, lo haremos juntos —asegura.
Creo que es imposible no creerlo después de todo.
—Quiero crear una asociación. —Espero dos segundos antes de continuar, por si él quiere comentar algo, pero me hace un gesto con la cabeza para que siga explicando.
—Quiero poder crear un sitio donde todas las mujeres que han sufrido acoso, violación o incluso bullying, puedan encontrar un lugar seguro en el que refugiarse.
Ya no solo porque soy psicóloga y siento que puedo ayudarlas, sino porque quiero crear un lugar donde desconectar, para que así puedan encontrarse con ellas mismas.
Luca se queda totalmente callado, sus ojos brillan más que nunca, como si estuviera a punto de llorar y no sé cómo sentirme al respecto. Empiezo a juguetear con mis manos, nerviosa, usando la pulsera que siempre llevo para estos casos, la que me relaja en situaciones así.
—¿No dirás nada…? —No soporto cuando la voz me sale tan desesperada, buscando la aprobación de la gente que me rodea en todo momento. Aunque esto es diferente, no solo porque quiero que le guste la idea, sino que me encantaría que él fuera quien me acompañara en este camino que quiero empezar.
—No sé muy bien que decir Coral, sabía que eres un rayo de luz, pero siempre acabas superando mis expectativas. —Una sonrisa se asoma en mis labios en el momento en que Luca me confirma que le gusta la idea. —Debemos trabajar más eso.
—¿A qué te refieres?
—A los nervios que sientes, lo noto en cuanto te pones a juguetear con la pulsera, te lleva pasando años.
—La suelto en cuanto me doy cuenta de que sigo haciéndolo y me encojo un poco, sintiéndome más pequeña al saber que se ha dado cuenta.
—No es malo, amor, solo queno quiero que necesites la aprobación de la gente siempre.
—Me cuesta.
—Lo entiendo, es algo que deberás hablar con Bella.
—Soy consciente, pero con todo lo del accidente no me he sentido capaz de decirle que necesito volver a terapia.
Son muchas las veces que me he dado cuenta de que recaigo en patrones que me acaban llevando a la ansiedad, pero no quería ser egoísta pensando solo en mí.
—Pero, cambiando de tema, la idea de la asociación me parece algo maravilloso y, sobre todo, muy útil.
—¿Cómo? —Luca se levanta y se dirige a la cocina, intentando alargar al máximo mi desesperación por saber a qué se refiere. Lo sigo, con los nervios a flor de piel.
—Solo tú serías capaz de crear un lugar que ayude a las mujeres, sobre todo con lo que está ocurriendo en el pueblo.
—Quiero que Coralina pueda ofrecerles lo mejor a sus vecinos.
—Desde que soy pequeña he amado este lugar, todo el mundo lo sabe, hasta mis padres, sintieron que yo llegaba a este mundo para amar cada rincón de Coralina, por algo mi nombre es en honor a ella.
—Mi mayor propósito es hacer que este pueblo sea el más seguro y feliz.
—En parte ya lo es, tanto por nuestros abuelos como por la gente que vive en él, pero sobre todo por gente como tú.
—Y como tú Luca, tú también amas a Coralina más que a nada.
Asiente y sé que no dirá mucho más, sigue pensando que por haber tardado tanto en volver ha dado la imagen de que no quería regresar. No es verdad, todos sabíamos que Luca estaba cumpliendo el propósito de salvar vidas y que siempre volvería a donde es feliz.
—Quiero ser tu socio, poder ayudarte en todo lo que haga falta y no solo económicamente. Incluso puedo ayudar desde mi profesión, por si alguien necesita un médico.
—¿Hablas en serio? —Me mira de reojo mientras recoge todas las cosas necesarias para llevarnos a la fiesta, es como si para él esta conversación estuviera más que cerrada.
—La duda ofende, pero con una condición.
—Asiento repetidas veces, me da igual lo que quiera intentar negociar o introducir, sé que todo lo que él busca, también es lo que yo haría.
—Podemos empezar ayudando a mujeres, pero con el tiempo, si funciona me encantaría ayudar a niños y hombres, dejando de lado cualquier sexo o edad.
—Me parece una gran idea.
Sabía que miraría no solo por una pequeña parte de la población, sino por todos. Si algo caracteriza a Luca, es el gran corazón que tiene.
Es lo que me hizo enamorarme de él con el tiempo, aunque fuera hace años. Hoy lo que siento por él no ha cambiado, se ha intensificado.
—Casi lo olvido, no te preocupes por el nombre —No entiendo qué quiere decir, pero la sonrisa que tiene en los labios, no sé muy bien cómo tomarla. —Hablo de nuestra asociación, lo he decidido desde que has empezado a hablar de ella: El sol después de la tormenta.
Después de arreglarnos nos dirigimos a la casa donde se va a celebrar la fiesta, Luca no me ha permitido objetar nada sobre el nombre de la asociación, supongo que tiene que ver con el hecho de que me quede totalmente estática, con una sonrisa en la cara, pero sin saber qué decir.
Cada paso que damos me cuesta un poco más que el anterior, no porque no esté segura de lo que vamos a hacer, es por el hecho de que voy a enfrentarme a una parte demasiado importante de mi pasado.
Sumado a que el día de hoy está siendo una completa locura, así que imagino que es totalmente normal sentir que en algún momento las piernas me flaquean.
—Puedes decidir que no quieres continuar en cualquier momento. —Luca se encuentra a mi lado, en todo momento su mano está entrelazada con la mía, le da igual que ande más lento o que mi cuerpo empiece a temblar, él continúa aferrado, siendo mi ancla.
—Necesitamos hacer esto.
No tengo nada más que decir, ni siquiera se me pasa por la cabeza volver a casa, durante muchos años dejé que el miedo tomara el control de mi vida. Mi pensamiento ha cambiado completamente en menos de veinticuatro horas.
¿La razón? Se debe a diversos factores demasiado importantes:
No puedo permitir que ninguna mujer pasé por lo mismo que yo.
Tenemos el derecho de alzar la voz, aun con miedo, juntas somos más fuertes.
Cuando a tu lado se encuentra una persona que te quiere de verdad y quiere acompañarte en la batalla, está más que claro que tú ya has ganado la guerra.
Mi único propósito es, de la mano de Luca, hacer justicia, siempre que podamos.
Delante de nosotros, se alza la casa más famosa de toda Coralina, se encuentra bastante alejada y es propiedad del ayuntamiento, solo que siempre han dejado que los chicos celebren sus fiestas en ellas.
Aunque la de Halloween la han intentado prohibir varias veces.
No la recordaba tan inmensa, por lo menos consta de tres plantas y varios balcones repartidos por la fachada.
En cuanto llegamos a la entrada del jardín, noto mal presentimiento recorriéndome el cuerpo, que está en alerta inmediata.
Mi agarre en torno a Luca se intensifica, necesito sentir un anclaje a este mundo, que tanto mi cuerpo como mi corazón puedan entender que no estamos en el pasado, ya no soy la Coral de diecisiete años.
—¿Cómo vamos a saber qué chicas están dispuestas a hablar con nosotros? —Tengo que alzar la voz para que se me escuche, pues nada más entrar en la casa la música resuena con fuerza.
—Es algo con lo que contaba, ser de los populares en el instituto tiene sus consecuencias, así que me he beneficiado de ellas.
—Guiña un ojo junto a esa sonrisa que me encanta, soy consciente de que no lo ha dicho a malas, ni siquiera lo debe de haber pensado, pero me remuevo un poco incómoda al pensar en esa época.
Él tenía un mundo perfecto y yo vivía en las sombras, llena de temor; sé que yo lo decidí, pero a veces siento que tampoco nadie luchó para que yo cambiara de opinión.
No se da cuenta de mi cambió de animó, pero prefiero, no puedo permitir que recuerdos del pasado me nublen lo que quiero lograr.
Luca me agarra de la mano una vez más y me adentra a lo que recuerdo que es la cocina de la casa, se podría decir que es una de las estancias menos concurridas, sobre todo porque todos prefieren estar en el jardín o en el salón, ya que es mucho más ancho.
No sé a dónde nos dirigimos, pero sí veo a un grupo de cuatro chicos, dos mujeres y dos hombres, a los que por mucho que pase el tiempo, reconozco perfectamente.
¿Preparada para socializar con quienes me dejaron de lado en el instituto?
Ni un poco, pero sé que son amigos de Luca.
Bueno, una más bien ha sido su amiga con derechos; pero si alguien sabe qué ha estaba ocurriendo en Coralina, son ellos.
—Hemos llegado. —No necesita presentación, los cuatro se alegran de verlo y lo saludan animadamente, por otro lado, ni siquiera se han dado cuenta de que yo estoy aquí.
¿Me importa? Tiempo atrás sí lo habría hecho sentir que los que fueron tus compañeros, incluso amigos, ya que en este pueblo nos conocemos todos, ni siquiera te reconozcan o hacen ver que así es, puede ser duro.
Pero después de trabajar en mí misma y sobre todo ahora con Mateo, te das cuenta de que ellos no pueden darte nada bueno si en tu peor momento fuiste invisible a su mirada.
Lo único que me preocupa es ver cómo la chica pelirroja, Lena, se acerca peligrosamente al que ahora es mi pareja. Sé que no lo hace como si fuera su amiga. Desliza poco a poco una mano por su espalda y como veo que quien debe darme mi lugar no lo hace, intervengo.
—Creo que te estás pasando. —Mi voz, por mucho que me cueste creerlo, suena fuerte e incluso poderosa.
Uno de mis brazos se encuentra alargado, agarrando la mano de Lena, no pienso permitir que toque algo que no le corresponde.
Todos los presentes me miran, como si fuera una especie de fantasma y cuando estoy a punto de irme por donde he venido, sobre todo al ver la cara de lástima del mejor amigo de Luca, este interviene:
—Lo siento, amor. —Los ojos de los cuatro presentes se desorbitan al escuchar cómo se refiere a mí, no sé cómo actuar porque no pensé que sería tan abierto con nuestra relación, pero, después de la escena de celos que acabo de montar, no puedo objetar nada al respecto.
—Os acordáis de Coral, ¿verdad?