8 #3
—Los susurros que recuerdo de esa noche son los que me salvaron, los que me llenaron de esperanza.
Tengo muy claro que era tu voz, tú me trajiste de vuelta.
—No podía soportar que algo te ocurriera y cuando te vi en esa cama con ese cabrón mirándote… —Le empieza a faltar el aire e intento controlar la situación.
—Respira conmigo. —Inhalamos y respiramos tres veces, junto nuestras frentes y continúo: —Yo tampoco sé cómo habría respondido de ser al revés. Te quiero desde siempre, solecito, no creas que no sé todo lo que sacrificaste, todo el dolor que sentiste por mí.
—Me fui… —No puedo negar que verlo roto por algo que me ha dolido durante mucho tiempo a mí, hace que entienda todo lo que él ha tenido que sufrir.
—Lo hiciste, durante años te odié por ello —admito.
—¿Ya no? —Acerco mis labios a los suyos, haciéndole sentir todo el amor que tengo para él. —Es imposible odiar a mi salvador.
—Tú te salvaste sola, Coral, durante años trabajaste para recuperar tu paz mental, tanto que hasta te hiciste psicóloga para ayudar a más gente como tú.
—Tienes razón, pero tú también tuviste que recuperarte.
Sé que nunca fuiste a una psicóloga, ni siquiera recurriste a tu hermana.
Pero debes entender que tú eres otra víctima que necesita sanar.
Tú lo viste todo, apareciste en el momento enque sentía que mi alma e inocencia me abandonaban, me salvaste con tu luz, por eso siempre vas a ser mi solecito.
Si yo pude sanar fue porque me salvaste.
—Lo haré siempre, por algo me hice doctor. —No entiendo a qué se refiere y veo que él se da cuenta. —Me hice doctor por ti, cuando te vi en esa cama de hospital, los golpes que te habían dado, la droga que introdujo en tu cuerpo… perdí el control y empecé a gritarles a los doctores que te ayudarán.
—Así que decidiste que tú querías hacer exactamente ese trabajo, salvar a las personas que te necesitan. —Solo con saber el gran corazón que tiene, sé que estoy en lo cierto.
No puedo evitarlo, una lágrima rebelde me resbala por la mejilla. Él me la seca con el dedo pulgar y me atrae hacia sus labios.
—Tú me hiciste querer ser mejor persona.
—Siempre lo has sido, solo que además tienes el corazón más noble del mundo.
—Y solo late por ti —asegura.
—El mío también, los tiempos quedan atrás, este no es el comienzo de nuestra historia. Empezó hace siete años, en la noche que me salvaste.
Nos besamos, no con pasión, sino con una delicadeza que pocas veces he experimentado, me siento en un lugar seguro cuando me rodea con sus brazos y su calidez a través de sus besos me hace entender que ya no somos Coral y Luca.
Ahora somos uno solo; puede que muchos no lo entiendan, incluso que nos juzguen por este amor tan fuerte en tan poco tiempo. Pero nadie en realidad sabe la historia de nuestro amor, nadie entenderá nuestros sentimientos.
Me separo lo suficiente para que centre su atención en lo que quiero decirle, no le hace mucha gracia que haya interrumpido el beso, pero necesito saber que estamos juntos en el siguiente paso que voy a dar, que me ayudará a hacer Coralina un lugar más seguro.
—Quiero que entre en la cárcel, no quiero que ninguna chica tenga que volver a pasar por lo mismo. —No titubeo ni por un segundo cuando lo digo, necesito cerrar esta cicatriz.
—Lo lograremos juntos. —Asiento emocionada, sé que él nunca me deja sola, nuestro mayor propósito es hacer de Coralina el pueblo más amado del mundo y no permitiremos que nadie destroce nuestro hogar.
—Debemos hablar con las chicas que sufrieron lo mismo que yo estos años. —Es hora de hacer justicia.
En cuanto salimos del bosque nos dirigimos a casa de Luca, es la primera vez que voy a estar allí y me sorprende lo preciosa que es, aunque lo que más me gusta es ver que él también tiene una habitación para Isla.
Pero, siendo sincera, lo único que buscamos en este momento es aislarnos completamente de todo y poder empezar a pensar en cómo podemos conseguir encerrar al fantasma que nos ha estado persiguiendo durante años.
Sabemos que ha regresado y, aunque me ha costado mucho que Luca ceda, nos hemos acercado al lugar donde se supone que está viviendo, al otro extremo del pueblo.
Con la única persona que hemos hablado sobre lo que queremos hacer es con mi hermano, él no solo es quien tuvo que vivir mi dolor, sino que, además, como alcalde de Coralina sabe perfectamente lo que está ocurriendo.
Su respuesta ha sido explicar que desgraciadamente, durante los últimos cinco años, solo tres de ellas han denunciado y aunque podemos estar contentos al ser la mayoría, me destroza por dentro el hecho de saber que hay chicas que aún le tienen miedo.
Somos conscientes duque aún no tenemos pruebas de que se trata de la misma persona, pero sí hemos visto una particularidad en todos los informes que Kai nos ha brindado.
El color de ojos del agresor, el tono miel que tenía.
Es imposible que todas coincidamos en el mismo tono, a menos que sea porque es el mismo tipo, incluso la manera de llevarlas a la cabaña ha sido la misma, pero no es suficiente.
Al menos eso es lo que le han dicho a Luca después de pasarse toda la tarde al teléfono con la policía del pueblo.
No es suficiente. Sobre todo, teniendo en cuenta que mis pruebas, el ADN, los interrogatorios y lo que declaramos hace siete años, ha desaparecido. Según el sheriff, ocurrió hace tres años. ¿La razón? Trasladaron muchas pruebas a un almacén más grande al pueblo de al lado.
Sí el mismo pueblo donde el jefe de policía es Arturo, su propio tío y quien ha ejercido de padre de Christian toda su vida.
Todo está siendo más complicado de lo que pensábamos.
Hemos perdido la cuenta de las horas que llevamos buscando una solución, tanto que ya son casi las ocho de la noche y en tan solo dos horas y media empezará la fiesta de Halloween.
Sé que esta mañana tenía ganas de ir, de poder luchar con mis demonios y cerrar una etapa.
Pero es que ahora he entendido que la cicatriz sigue abierta, nada ha terminado, sino que ha vuelto a resurgir de las cenizas.
No puedo negar que el temor de que alguna de las chicas de la fiesta sufra lo que varias han sufrido me aterroriza, incluso me provoca ansiedad, supongo que por eso intento respirar profundamente tantas veces.
La decisión está tomada, vamos a ir a la fiesta. Por mucho pánico que nos dé, no podemos permitir que ninguna chica más tenga que vivir una pesadilla.
No vamos a permitirlo.
—Me llena de orgullo el miedo al que te vas a enfrentar hoy.
Ojalá no fuera en estas circunstancias, pero estoy seguro de que si la vida nos ha puesto este reto, es porque nos ve más que capacitados para lograrlo.
—Luca me habla desde atrás mientras acabo de vestirme.
Puedo ver su reflejo en el espejo que tengo delante de mí.
No pensamos disfrazarnos, esa época ha quedado atrás y solo de pensar en tener que volver a revivir las máximas similitudes con esa noche me pongo a temblar.
Me he decantado por un pantalón rojo estrecho a juego con un jersey de lana blanco, sé perfectamente que allí hará calor por toda la gente que va a acudir, pero mi idea es estar fuera vigilando en todo momento.
Luca opina como yo, aunque claro que él no se ha abrigado tanto, lleva un pantalón negro a juego con una camiseta de manga corta blanca y una chaqueta de cuero marrón.
A cada minuto que pasa, más me gusta este hombre y más feliz me hace poder gritarlo a los cuatro vientos.
—Estás siendo mi mayor apoyo.
—Puede ser, pero el mérito es tuyo, eres tú quien está luchando contra sus demonios para ayudar a las mujeres que vivieron o pueden vivir lo mismo que tú.
En el momento en que aparece el tema siento que es un buen momento para dedicar dos minutos a explicarle la idea que he tenido, al menos la que lleva rondando en mi cabeza todo el día.
Ya no solo desde que nos hemos enterado de todo, aunque esa información me ha acabado de impulsar, sino cuando esta mañana, después de hacer el amor con él, he sentido que voy a tener el apoyo suficiente para conseguir uno de mis mayores sueños.
—Antes de irnos me gustaría poder hablar contigo sobre un tema.
—Sigo de espaldas a él, observándolo desde el espejo, puedo ver enseguida cómo se pone nervioso, pasando el peso de su cuerpo de una pierna a la otra.
—Respira hombretón, no han pasado ni veinticuatro horas desde que estamos juntos, no me quiero librar aún de ti.
Me río al ver cómo se relaja automáticamente, pero pego un pequeño grito cuando me atrae hacia sí, rodeándome la cintura. Está tan pegado a mí que puede susurrarme al oído sin ningún problema.
—No sabía que te gustaba hacerte la graciosa.
—Me encojo de hombros en respuesta, los nervios que me provoca su cercanía son bastantes y aún no me acostumbro, sobre todo cuando me pega aún más, si eso es posible, girando rápidamente para quedar a escasos centímetros de su boca.
—Pero mejor que no vuelvas a hacer una broma de esas.
—¿O qué ocurrirá? —Apenas nos separan dos centímetros de distancia, por lo que mi aliento se entrelaza con el suyo, y aun así, cuando intenta acercarme para acortarla, siento que me apetece jugar un poco, así que echo la cabeza hacia atrás.
—No juegues con fuego, tormenta, te recuerdo que yo soy tu sol, tanto que me da igual acercarme y quemarte, porque al menos arderemos en llamas juntos.
Me guiña un ojo antes de acortar la distancia, esta vez con mi ayuda, no sé cuántas veces lo he besado el día de hoy, pero me ha ayudado a entender que su boca es mi nuevo sabor favorito.
—No nos podemos entretener. —Gruñe, sí, como si fuera un maldito animal, me provoca una carcajada que hace que se tenga que apartar de mí para que pueda relajarme. —De verdad quiero decirte algo importante antes de irnos.
Levanta las manos en símbolo de paz y se aleja un poco hasta que acaba sentado en la cama, tengo que utilizar todo mi autocontrol para no querer repetir las sensaciones de esta mañana en mi cama.
Tanto tiempo pensando que nunca podría ser capaz de sentir felicidad después de lo ocurrido y resulta que solo tenía que seguir mi corazón para lograrlo.