El lugar donde aprendí a amar 8 #2
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—El problema es que cuando no cuidaba de ti, muchas noches sufría ataques de pánico, tenía miedo de que ese cabrón volviera.

Porque tú no lo viste Coral, no viste los ojos de depravado que tenía mientras te miraba.

—Asco, era el único sentimiento que yo podía albergar por una persona así, una a quien yo dejé en libertad por mi cobardía.

—Incluso nunca he sido capaz de volver a ver esta cabaña, supe por tu hermano que se iba a derribar, pero por lo que veo aquí sigue.

—Tú nunca me dejaste venir aquí.

—Pero no por las razones que tú pensaste.

—Su agarre se vuelve algo más fuerte, haciendo que se convierta en el anclaje que necesitamos para seguir aquí y no volver con los fantasmas del pasado.

—No debería haberte negado nunca venir, sabía que tú ibas a dar este paso en cualquier momento, con o sin mí.

—No lo hice, lo intenté, pero no lo logré. —Es la verdad, ya no solo porque nadie me quiso acompañar, sino porque sentía que era algo que debía hacer con la única persona que había vivido conmigo ese tormento.

—Fui un cobarde, una vez más, mi vida se ha basado en la cobardía cuando se trata de ti.

Mi mano libre se desplaza hasta su mejilla y lo acaricio mientras él se apoya en ella, quiero que sienta que él no es un cobarde, que muy pocas personas serían capaces de hacer lo que él. A veces nos olvidamos de lo importante que es sanar antes de ayudar a los demás.

Luca fue el valiente que antepuso su bienestar, su mente y sus sentimientos ante la vida. Aunque también me quedara yo en el pasado.

Estoy segura de que si él se hubiera quedado, yo me habría refugiado demasiado en sus brazos y no hubiera conseguido avanzar, porque él me enseñó que no puedes tener dependencia por las personas, objetos o momentos.

Por el contrario, debes ser capaz de buscar el camino para volver a sentirte tú misma.

—¿El ataque de pánico ha sido al descubrir que el sigue suelto? Pero también porque además está en el pueblo, ¿verdad? —aventuro y la tensión en sus hombros me da la respuesta que necesito. —Si te quedas más tranquilo, yo no lo he visto todavía.

—Eso no significa que no te lo puedas cruzar. —De repente su voz es grave, de las que te dan miedo si la escuchas a oscuras y en un acto reflejo me suelto de su mano y retrocedo un poco arrastrando el culo hacia el árbol. —Lo siento, lo siento, preciosa.

No sé muy bien qué decir, esta faceta de Luca no la he visto nunca, solo escuché que hablara de manera tan gélida la noche que me salvó, por lo demás, siempre ha sido la persona más sensata que he conocido.

—El ataque de pánico no ha sido exclusivamente por saber que él está aquí, demasiado cerca de ti.

Sí, ha sido lo que ha hecho que empiece a tener escalofríos, pero lo peor ha sido saber que desde hace cinco años suceden las mismas agresiones, son iguales a las que tú casi sufres anteriormente. Eso me ha hecho perder la cabeza.

¿Qué está diciendo? ¿Se ha vuelto completamente loco?

Las manos me empiezan a sudar, intento retroceder lo máximo posible, pero el árbol en el que estoy apoyada me impide hacerlo.

No sé qué clase de broma quiere gastarme Luca, pero desde luego no me hace gracia, para nada, es imposible que no me haya enterado de esto.

—Pensaba que te lo habían dicho…

—¿Qué clase de broma es esta, Luca? ¿Te apetece reírte de la situación o algo? —Sus ojos se oscurecen al ver que no le creo, pero es una locura, no he sabido nada de esta información.

—Por favor Coral, solo un desgraciado se inventaría algo así.

—Me tiemblan las manos, mi mente no quiere creer que haya alguien, incluso la misma persona, destrozando la vida de las chicas del pueblo, no quiero que sea verdad porque entonces sabré que la culpable soy yo.

—Deja de hacer eso, preciosa, tú no eres culpable de nada.

—¡Y UNA MIERDA! —Me altero, lo hago al entender que fui yo quien dejó suelto a Christian, fui la culpable de que no pagara por intentar violarme. Solo de pensar que, por culpa de mi decisión y mi cobardía, ha podido seguir haciéndoles daño a más chicas…

—No sabemos si es él. —Yo no tengo la menor duda.

—Lo es, no sé nada de este tema, pero estoy segura de que es él. No se avergonzaba y mucho menos se arrepentía.

—¿Cómo sabes eso? —Piensa que he hablado con él, que tuve algún tipo de contacto, solo de imaginar ese caso hipotético me da vueltas todo, así que no, nada más lejos de la realidad.

—Bella me convenció para hacer una terapia, una que me ayudaba a recordar momentos y sentimientos de esa noche.

—¿Funcionó?

Asiento lentamente, la boca se me seca solo de recordar lo que fue esa sesión de terapia para mí, lo duro que fue, sobre todo porque fue el único momento en el que pude recordar lo más mínimo.

—No tienes que contármelo. —Lo sé, él nunca en la vida me obligaría a nada que yo no quisiera, ni siquiera me preguntaría por algo que me puede provocar dolor, pero entonces levanto la mirada y la centro en la pequeña cabaña que se encuentra a pocos metros de nosotros,

la primera vez que puedo verla.

Parece que alguien se ha dedicado a arreglarla, estoy segura de que no estaba cubierta de una capa de pintura verde oliva, ni siquiera una puerta con más de dos cerraduras.

Ese detalle me incomoda nada más verlo, solo de pensar en qué clase de loco ha puesto tantas trabas para salir de ella…

Ni siquiera soy capaz de acabar el pensamiento porque un

escalofrío se hace presente. Me centro en los recuerdos que Bella consiguió que aparecieran poco a poco y es cuando de repente me encuentro retrocediendo siete años atrás, viviéndolo otra vez.

Recuerdo el vaso de vodka con limonada que estaba bebiendo y cómo con tan solo probarlo me resultó raro, estaba amargo, más de lo habitual, aun así, no le di la importancia que se merecía.

Me lo bebí entero en menos de cinco minutos sin saber que acababa de empezar la cuenta atrás.

Me acuerdo de que lo primero que hice cuando acabé de beber fue buscar a Mackenzie, sabía que, en estas fiestas, por mucho que fueran en nuestro propio pueblo, era mejor mantenerme junto a ella.

Venía gente de todos los pueblos vecinos, éramos famosos por nuestras fiestas temáticas y esta era la más especial.

El problema vino cuando no la encontré, en ninguno de los rincones de la casa, así que, aunque no quería, empecé a buscar con la mirada, sin darme cuenta, a mi otro salvavidas.

No tardé mucho en sentirme mareada, como si en vez de un cubata llevara cinco encima, en ese momento mi corazón se empezó a acelerar y mis piernas también.

Solo quería encontrar una cara conocida y sentirme a salvo, pero entre los disfraces y que me encontraba como si estuviera flotando en las nubes, no lo logré.

Por cómo aparecieron mis recuerdos como fogonazos en mi mente, sé que salí a tomar el aire, intentando volver a recuperarme. Ese fue el mayor error de todos.

No es que sepa a ciencia cierta cómo ocurrió, pero sí recuerdo que alguien me ofreció una botella, ni siquiera sabía quién era, solo que llevaba una capa negra y una máscara de demonio. Fui tan ingenua que de verdad creí que era agua, imaginé que alguien me estaba ayudando al verme en ese estado.

No lo era, lo supe en cuanto volví a sentir el sabor amargo bajar por mi garganta.

Una mano se posó en la parte baja de mi espalda mientras yo intentaba frenarme, no avanzar, pero es como si la persona que se encontraba detrás de mí tuviera todo el control.

Nunca he sido capaz de recordar mucho más, solo unos ojos color miel, llenos de rabia y deseo, notar cómo mis manos estaban encadenadas a algún lugar…

pero luego todo se vuelve negro y unos susurros son lo único que me acompañan.

Luca está atento a todo lo que le explico, a cómo describo cada detalle que recuerdo de esa noche, en cada momento noto cómo la tensión en sus hombros aumenta y sus manos se transforman en puños.

—Has recordado mucho preciosa, más de lo que nadie podría haber hecho. —Sus palabras, en parte, me llenan de alivio.

—Pero no ha sido suficiente, no pude declarar por el miedo que sentía. —Hay algo más, pero no quiero decirlo, sé cómo se va a sentir… pero a lo mejor es la hora de dejar ir todo… —Además como yo no vi a mi agresor, no valía de nada mi testimonio sin…

—El mío —completa, y es que sí, Luca fue el único que vio a mi agresor sin la máscara, él fue quien dijo que había sido Christian.

Aunque fue fácil de adivinar cuando apareció una media hora después que yo con la nariz totalmente rota y dos costillas magulladas.

Él no quiso denunciar a nadie, obviamente, ya que de esa manera se destapaba todo.

—Pensaba que, con haberlo identificado, ya no haría falta más.

—En principio es así, pero ya sabes que su tío es el sheriff del pueblo de al lado.

—Su tío encubrió todo.

Asiento, no recuerdo exactamente el motivo con lujo de detalles, en esa época yo estaba atiborrada de medicación para no sufrir ataques de pánico, incluso para conseguir descansar y dejar de lado la tristeza que sentía.

No me arrepiento de haber dado el paso de que me ayudaran a curarme, pero no soporto saber que por nosotros sigue en libertad.

Sobre todo, ahora que sé que ha seguido haciendo lo mismo durante años, porque no me hace falta tener pruebas; sé que es él.

—Necesito salir del bosque Luca, ni siquiera es de noche y tengo pánico de estar aquí. —Es como si todo lo que me rodea se cerrara ante mí, me empieza a costar respirar y no quiero volver a sentir lo mismo que años atrás.

No dice nada, solo se levanta y me ayuda a hacer lo mismo, no me lo pienso dos veces y avanzo por donde hemos llegado, lo más rápido posible.

—Coral, por favor, para —me suplica.

—No puedo, siento que me asfixio solo de ver el lugar.

—Te entiendo, joder, claro que lo hago. —Le cuesta hablar, él sabe todo el dolor que estoy sintiendo. —Me siento lo peor de saber que tengo mucha culpa, incluso he hecho que vengas hasta aquí, buscándome.

—Luca. —Me intento acercar a él, pero retrocede.

No me rindo, sigo avanzando hasta que él parece entender que no desistiré, se queda quieto y yo paso mis brazos por sus hombros, atrayéndolo hacia mí.