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Niego con la cabeza como si ella pudiera verme, todo me empieza a dar vueltas, no puedo regresar ahí, no estoy preparada ni nunca lo estaré…
—Hay dos opciones; te conviertes en la Coral luchadora, valiente y que es capaz de afrontar su pasado, vas a buscar al chico que quieres y te enfrentas a uno de tus miedos o vuelves a casa y esperas a que él regrese.
El problema es que sé que puede pasar mucho rato hasta que él regrese, tanto que yo no soy capaz de esperar.
—Voy a ir —decido.
—Estoy muy orgullosa de ti, muchísimo, pero en cualquier momento que lo necesites, llámame. Solo recuerda, antes que nada, que el monstruo que vino a por ti fue destruido.
Las manos me tiemblan a cada paso que doy en dirección al bosque.
Sí, el mismo lugar donde mi vida se redujo a cenizas hace justamente siete años.
Qué hipócrita puede ser la vida, ¿verdad?
Tanto tiempo esperando para estar preparada antes de adentrarme a este lugar y hoy la vida me está obligando a vencer mis miedos.
No tengo la certeza de que Luca se encuentre en el lugar al que me dirijo, pero podría apostar toda mi vida a que sí lo encontraré esta vez. Lo sé porque cuando todo aún era muy reciente, él volvía muy a menudo a esa cabaña.
¿Por qué? No lo sé.
Yo ni siquiera recuerdo bien el lugar donde me llevó ese malnacido, en mi mente siempre he pensado que fue en el bosque, pero durante muchos días no supe que en realidad me llevó a la cabaña que está abandonada hace ya muchos años.
El problema es que nadie la recuerda, está tan en el corazón del bosque que pasa desapercibida.
Imagino que por eso fue el lugar que escogió para intentar aprovecharse de mí.
Aún me cuesta pensar en lo que sufrí, sé que hay mucha gente que no entiende cómo puedo ser tan abierta a hablar de todo este tema o la naturalidad expreso ante él, pero si es así es porque Bella se ha esforzado muchísimo para ayudarme a entender que yo no fui la culpable.
Ahora sé que ese destinó nadie lo merece, esa es la principal razón por la que debes querer sanar.
En el momento en que se me informó de dónde había sucedido la agresión, pude entender por qué Luca me pudo salvar, él no había dejado de observarme y cuidarme, aun en la distancia.
De no ser así, nadie hubiera buscado en el sitio que da más miedo del pueblo y que pertenece a una familia fundadora que ya no tiene descendencia conocida en Coralina.
Durante mucho tiempo, le pedí a Luca que me llevara allí, necesitaba saber e intentar recordar lo que sucedió, pero él siempre se negó.
Lo entendía, claro que lo hacía, pero eso no quita el hecho de que me quemaba por dentro, es como si no entendiera que lo necesitaba para cerrar las cicatrices que me provocó.
A pesar de la negativa de Luca, lo intente con varias personas más y Bella estaba dispuesta, pero mi hermano la convenció de que no era una buena idea.
¿Podría haber ido sola? Claro, pero no era tan valiente. Sola no era capaz.
Ahora las cosas han cambiado; aquí estoy, caminando hacia allí, solo por él, por el chico que huyó, pero cumplió su promesa de regresar.
Poco a poco me voy adentrando en el bosque, a lo lejos, justo a mi derecha, se puede observar la gran casa donde tiene lugar la fiesta de Halloween cada año.
Siento una opresión en el pecho con cada pisada que doy, sé que lo más seguro es que yo haya estado por este camino, solo que no en unas buenas condiciones para recordarlo.
Cada paso para mí es un gran esfuerzo, no solo por recordar, sino porque avanzar se me complica, mis piernas empiezan a fallar y siento que voy a tener un ataque de pánico.
Hasta que lo veo, a la lejanía, un cuerpo grande se encuentra sentado en el suelo, con las rodillas en el pecho mientras se abraza a sí mismo.
Esa simple imagen me hace respirar hondo varias veces y dar los últimos pasos que me quedan para llegar hasta él.
—Luca… —Mi voz sale apenas en un susurro, no sé si por el miedo que tengo a su reacción o porque delante de mí está lo que tanto temo. La pequeña cabaña de color marrón, pensé que estaría mucho más vieja, pero está bastante remodelada y eso no sé si es buena señal. —¿Estás muy decepcionado conmigo?
No me responde, a decir verdad, ni siquiera sé si me ha escuchado. Me agacho, quedando en cuclillas a su lado, poco a poco estiro mi mano para poder rozar la suya. Está helado, como si le hubieran quitado la vida.
Me empiezo a asustar.
Intento que no se me note el temblor y la desesperación que siento, me acerco más y lo acuno entre mis brazos.
No se me ocurre nada mejor que darle algo de calor humano, así que me intento poner detrás de él cómo puedo, rodeándolo tanto con las piernas como con los brazos y dirijo uno de estos hacia su corazón.
Sé que está sufriendo un ataque de pánico, he visto muchos mientras estudiaba, me prepararon para ellos, y yo he sufrido algunos anteriormente.
Froto la parte de su corazón lentamente, al tiempo en que intento que empiece a sentir mi cuerpo contra el suyo.
Me cuesta un poco pero poco a poco puedo ver cómo desprende algo más de calor, incluso escucho que emite pequeños sollozos.
Ese es el momento en que me rompo, junto a él, delante del lugar que hace siete años me convirtió en cenizas.
Nuestro dolor no es solo por el pasado, sabemos que vamos a tener que afrontarlo una vez más. Sin pretenderlo nuestros sollozos poco a poco se sincronizan, como si estuvieran bailando al compás, y entonces lo entiendo: nada ha terminado.
Por esa misma razón sé que es ahora cuando debo luchar para poner punto final a esta parte de la historia.
Y ahora, con él aquí, sintiendo el dolor que también le provoca, sé que es la hora. Merecemos justicia, merecemos un nuevo comienzo.
He perdido la cuenta de los minutos que llevo intentando que Luca vuelva a la realidad, parece que se ha quedado en un limbo entre este mundo y su imaginación.
De verdad que no creo que pueda lograrlo sola, al menos hasta que un pequeño susurro sale de él, no sé qué intenta decir de primeras, pero sí que siento que es suficiente para que sienta que puedo recuperarlo.
—Es mi culpa, es todo culpa mía.
Me rompo al escuchar sus palabras, las lágrimas aparecen en mis ojos por mucho que quiera impedirlo, acerco mis labios a su oído para empezar a hablarle, despacio, con miedo a que se rompa.
—No es tu culpa amor, el pasado nos golpeó demasiado fuerte a los dos. —Poco a poco siento cómo Luca empieza a incorporase y sus pupilas vuelven a ser de su color verde, dejando el negro atrás.
—¿Me has llamado amor? —La carcajada que retumba por mi garganta es tan fuerte que hasta los pájaros que se encuentran en los árboles que nos rodean salen volando.
—Llevo un buen rato intentando calmarte un ataque de pánico y tú te recuperas en el momento en que te llamo amor.
—Se rasca la nuca avergonzada, mira a todas partes en vez de mí, no sé si por cómo lo he llamado o porque le da vergüenza que haya presenciado uno de sus ataques.
Con toda la fuerza de voluntad que poseo últimamente, me atrevo a preguntar: —¿Hace cuánto te pasa?
—No sé qué quieres decir. —Compruebo que de verdad esté bien, que no vaya a volver a entrar en pánico y cuando me siento segura de que se encuentra mejor y se mantiene por sí mismo, me alejo un poco para que pueda ver que no estoy de broma, cruzo los brazos y espero una respuesta, una verdadera.
—Está bien… no se lo he dicho nunca a nadie, me da vergüenza tratar este tema.
—Conmigo no te tiene que dar vergüenza nada, ahora somos un equipo.
Se acerca para depositar un beso en mi frente, lo hace antes de coger una bocanada de aire para continuar.
—Los tengo desde hace unos seis años y medio.
Espera, ¿eso quiero decir lo que creo?
—¿Qué? —Me cuesta articular palabra después de su confesión, seis años y medio es más o menos desde que mi vida empezó la normalidad después de tanto sufrimiento. —¿Son por mi culpa?
—No, ni siquiera pienses por un momento que lo que me ocurre es por tu culpa, es solo que… intenté ser lo más fuerte posible mientras tú empezabas a curar la cicatriz de la herida, dejé todo mi temor atrás y me centré en ser un apoyo incondicional para ti.
—Fuiste el mayor de todos. —Agarro su mano para entrelazarla con la mía, no soporto ver a Luca tan vulnerable.
—El problema es que yo también sufrí junto a ti. Y no quiero que lo tomes como un ataque, solo que siento que es hora de decirlo. —No me siento cómoda, la verdad es que siento que lo que va a venir a continuación va a doler.
—¿Decir el qué? —Me preocupa lo que está ocurriendo, puedo ver cómo le cuesta mucho hablar del tema, como si pensara que yo me voy a enfadar. ¿Cómo me podría molestar por el hecho de que él también sufra?
Primero, porque todos tenemos sentimientos.
Segundo, él vivió el mismo tormento que yo, solo que nadie se centró en esa pequeña parte.
Y es entonces cuando caigo en cuenta de que yo tampoco, me centré tanto en alejarme del mundo, en sentir que nadie sería capaz de comprender el dolor que yo estaba sufriendo, que dejé fuera a la única persona que siempre estuvo a mi lado,
la que me salvó y a la vez se condenó para vivir una pesadilla.
Me lanzo sobre él para abrazarlo, necesito sentirlo cerca antes de que continúe.
—Debería haberte dicho que no fui capaz de declarar, que él había vuelto al pueblo…
—Déjame acabar amor, por favor. —Amor, el sentimiento más puro del mundo y el que había asegurado que yo no debía sentir, pero era totalmente mentira, llevo sintiéndolo durante muchos años, tantos que por un momento me olvidé de luchar por él.
—En cuanto regresaste a casa, me dediqué a estar por y para ti, aun cuando tú no me veías.
—¿Me espiabas? —Me pasé mucho tiempo encerrada en la casa de los abuelos, en la que ha sido mi refugio.
—En palabras técnicas se podría decir que sí y puedo asegurarte de que no estoy muy orgulloso, pero en ese momento sentía que solo yo podía protegerte.
Mi labio inferior empieza a temblar a medida que sigue hablando, entendiendo todo lo que sacrificó en las sombras por mí, solo porque yo me negué a dejar que entrara a mi vida, aun cuando era consciente que mi corazón le pertenecía a él.