El lugar donde aprendí a amar 7 #4
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—No, no volvamos a ir por ese camino, porque entonces no conseguiremos nada, Coral. — Las palabras de Rafael me hacen recapacitar, haciéndome recordar lo que Bella tantas veces me tuvo que repetir. Yo no era capaz de dejar de sentir culpa, pero ella me enseñó la verdad.

Yo no pedí que nadie se aprovechara de mí, solo fui la víctima.

Cuesta aceptarlo, sobre todo porque cuando mi mundo se desmoronó, no solamente caí yo, todos los que me querían, en especial Luca, se hundieron conmigo. Y luego fui tan cobarde que no fui capaz de ejercer mi derecho para encerrar al mayor desgraciado de este mundo.

Lo vi tan arrepentido, me pidió perdón tantas veces y prometió irse tan lejos como pudiera que yo, como idiota que soy, le creí, porque la manipulación que ejerció sobre mi fue mayor que mi valentía.

—No solo tenemos que contarte esto Coral.

—¿Qué puede haber peor que mi novio se entere de que le he estado mintiendo en un tema tan serio?

El silenció que se forma me provoca un escalofrío, incluso Mackenzie -que sigue agarrada a una de mis manos- se tensa en el momento en que pido explicaciones.

Puede que no sea el mejor momento para saber nada más, no estoy segura desi mi mente conseguirá soportar más información con este tema, teniendo en cuenta que hoy se cumplen siete años de ese día tan devastador para mí.

No le quiero dar mucha importancia, pero ver a todos encima de mí, con miedo a decirme lo que tengan que decir, me hace recordar cómo me sentí el día que desperté en el hospital y solo tenía vagos recuerdos de lo que había ocurrido.

Nadie se atrevía a decirme que estuve a punto de perder mi vida tal y como la conocía.

—No quiero saberlo, no sé qué es lo que queréis decirme, pero no.

—Coral…

—Lo siento Rafael, no me siento para nada preparada para saber nada más, mi prioridad ahora es poder hablar con Luca.

No digo nada más, tampoco doy tiempo a que ellos puedan decir nada, le dirijo una mirada de disculpa a Mackenzie y ella asiente enseguida, sabe que debo irme. No puedo dejar a Luca solo y menos aun cuando sabe que él está en el pueblo.

Llevo casi media hora buscando a Luca, el pueblo no es muy grande, así que casi me he recorrido cada lugar en el que podría encontrarse. He mirado en el faro, en casa, en la plaza… pero no tengo ni idea de dónde más mirar.

Lo he estado llamando durante todo este rato y su móvil está apagado, no sé muy bien si por decisión propia o porque, conociéndolo, lo ha roto en un momento de rabia.

Lo único que se me ocurre es llamar a Bella, si alguien conoce bien a este chico tan cabezota esa es sin duda su hermana.

Así que no pierdo tiempo y marco su número de teléfono, no tarda ni dos tonos en aceptar la llamada y por un momento, cuando escucho su voz, siento la paz que solo ella puede transmitir.

—¿Estás bien?

Sé por qué lo dice, ella también tiene grabado este día a fuego como muchos de nosotros.

—Tranquila Bella, no te llamo por mí.

—Eso no contesta a mi pregunta —replica, siempre tan sagaz.

—Estoy bien, tú más que nadie sabes que es un día duro, pero el paso de los años me ha ido ayudando a aceptar mi pasado y a no centrarme solo en él.

—No eres consciente de la felicidad que siento al escuchar esas palabras…

—Pero…

Suspira.

—Estaba claro que había un, pero. ¿Qué necesitas?

—La he cagado, mucho. Tu hermano se presentó a las siete de la mañana en casa.

—Lo sé, me avisó cuando salió ayer en plena noche.

Una sonrisa se asoma a mis labios cuando recuerdo la de horas que ha conducido solo para estar conmigo. No puedo tener más suerte de tenerlo.

—El problema es que, aunque me haya abierto a él, hay solo una cosa que no le he explicado.

—¿Que Christian ha vuelto? —Me sorprendo en el momento en que me lo dice, ¿cómo puede haberse enterado si sigue hospitalizada? —Me lo dijo tu hermano hace unos días, pero no quería ser yo quien se lo dijera a Luca.

—Lo sé, tendría que haberlo hecho yo —admito, apesadumbrada.

—Pero no lo has hecho y se ha enterado por otra parte… —Su voz no es de reclamo, más bien de preocupación

—Sí, tus padres se lo han dicho y aunque sé que hay más de lo que no estoy enterada, saber que ha descubierto que le he mentido me mata por dentro.

—No lo veas como que le has mentido, Coral, es algo muy duro de decir por todo lo que conlleva. No solo es tener que enfrentarte a un pasado que, desgraciadamente, pudo contigo en ese momento, es que la persona que quieres descubra que cuando se fue hizo tambalear tu vida más de lo que él pensaba.

Sus palabras me tranquilizan, por una parte, me hacen entender el porqué de mis acciones, pero eso no significa que no esté preocupada.

—Sé que tienes razón, pero el problema es que cuando se ha enterado, ha salido hecho una furia de la inauguración de Mackenzie y ahora no lo encuentro.

—¿Lo has buscado por vuestros lugares?

—Es lo primero que he hecho, pero no está.

—¿Por todos los lugares, Coral?

Estoy a punto de decir que sí, hasta que un fogonazo aparece en mi mente, es como un destello de sentimientos que me hacen tener que callarme y recapacitar.

Hay un solo lugar en toda Coralina donde no lo he buscado, un lugar al que no he vuelto nunca, pero sé que marcó algo demasiado fuerte para nosotros.

—No has ido al bosque, ¿verdad? —aventura Bella.