El lugar donde aprendí a amar 7 #3
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—No solo él, querido, nuestra preciosa niña tampoco se daba cuenta… —Mi abuela niega la cabeza de manera divertida. —Aún recuerdo las veces que nos dijo que te habías ido por que la odiabas.

Se me encoge el corazón al escuchar esas palabras venir de mi abuelo, ellos han cuidado de mi chica cuando yo fui un cobarde y saber que todo el mundo ha sido testigo del dolor que le he causado me hace sentir el hombre más miserable del mundo.

—Tranquilo cariño, tu abuelo y yo entendemos que para ti tampoco fue fácil vivir todo lo que viviste esa noche, porque, aunque sé que la mayor víctima fue nuestra preciosa pequeña —su sonrisa se desvanece al recordar todo lo que ocurrió años atrás,

incluso cuando parecía haber acabado todo y Coral estaba a salvo en el hospital —, tú también lo fuiste, una que tuvo que ver cómo destrozaban a alguien que amaba.

—La sigo amando —aseguro.

Ellos asinten y yo no sé qué más decir, las palabras de mi abuela me han descolocado totalmente, nunca me vi como una víctima, más bien siempre me sentí culpable.

—No deberíamos decirte esto, muy poca gente lo sabe en Coralina y eso es muy difícil hoy en día en este pueblo. —Tienen miedo de seguir hablando, algo que nunca ocurre con ellos.

—No os quedéis callados ahora. —Casi suplico cuando veo que no continúan y es entonces cuando me doy cuenta de por qué no lo hacen; detrás está Rafael, mi padre y aunque lo quiera con toda mi alma, ahora mismo me encantaría que estuviera bien lejos para acabar esta conversación.

—Papá, por favor, déjame hablar una cosa con los abuelos.

—Sé lo que te dirán y siento decirte que me tengo que quedar, temo por tu reacción aquí dentro.

Empiezo a asustarme, lo primero que hago es visualizar a Coral y asegurarme de que está a salvo. Sigue con su mano entrelazada a la de Mackie y a su lado están sus abuelos, así que sé que está en buenas manos.

Les hago una señal con la cabeza a mis abuelos para que me sigan a una zona apartada de la pastelería, una donde podremos hablar con más tranquilidad.

Como es de esperar, en el momento en que me muevo, Coral me busca con esos ojos azules que son mi perdición, le sonrío y le hago un gesto para que vea que me ausento con mis abuelos un momento, necesito que se quede tranquila, al menos hasta saber qué ocurre.

—Hablad ahora.

Los nervios, tanto por parte de mis abuelos, como de mi padre son más que palpables, provocando que tenga que ir cambiando el peso de una pierna a la otra, totalmente impaciente.

—Somos conscientes de que te lo tendríamos que haber dicho, a ti y a Coral.

—Que la mujer que quiero esté involucrada no ayuda en nada, porque enseguida me encuentro con los puños apretados y el hormigueo de necesitar descargar la furia contenida.

—Pero necesito que entiendas que era lo mejor para los dos.

—Papá, habla de una jodida vez.

No me gusta hablarle de esta manera a mi familia, yo no soy así, pero cuando se trata de temas que tengan que ver con Coral o que parezcan tan serios no puedo evitarlo.

—Durante los últimos cinco años han ocurrido una serie de ataques… —Me tenso, mi cuerpo empieza a no reaccionar y siento que me fallan las piernas. —Como lo que le ocurrió a Coral hace siete años.

—Explícate.

—Chicas han aparecido violadas el veinticuatro de octubre después de la fiesta de Halloween, totalmente descolocadas, sin recordar nada.

—¿Dónde despertaron? —Mi voz se tiñe de furia y dolor al saber que otras personas han sufrido lo que casi le ocurre a Coral.

—En el bosque… Hemos tratado por todos los medios de atrapar a la persona que lo hace, pero no hay pruebas contra él.

—¿Y quién va a querer recrear la atrocidad que quiso hacer Christian con Coral? ¿Cómo el pueblo puede permitirlo?

—No lo hacemos, incluso cancelamos la fiesta de Halloween para poder frenar esta locura, pero los chicos la celebran a escondidas y vuelve a ocurrir.

—¿Cómo habéis podido ocultarnos algo así?

Coral y yo hemos sufrido mucho por este tema, incluso nos perdimos el uno al otro por culpa del desgraciado que hizo todo esto y ahora resulta que a un hijo de puta le ha parecido divertido volver a hacer lo que no consiguió el cabrón al que metimos entre rejas.

Otra vez más, en el momento en que menciono la cárcel, los tres se tensan, como ocurrió con Coral hace un rato, y es cuando siento que la sangre desaparece de mi cuerpo. Empiezo a marearme al pensar en esa misma posibilidad.

—Christian está en la cárcel, ¿verdad? —No pueden soportar mirarme y es cuando siento que el mundo desaparece para mí, no necesito que me den la noticia… —¿Ella lo sabe?

—Sí, ella no testificó contra él finalmente, cuando lo encontramos después de casi un año, el juicio fue largo y en la última audiencia ella no pudo seguir.

El alma se me cae a los pies.

Coral sabe que ese malnacido está suelto y no ha confiado en mí para decírmelo.

El muy cabrón puede ser quien está detrás de todo lo que les ha pasado a las chicas del pueblo.

Pero lo peor de todo viene cuando pienso en por qué Coral no se presentó a la última audiencia.

Sucedió en el momento en que me fui, cuando corrí sin mirar atrás y sin pensar en nadie más que en mí.

La dejé sola en el momento que más fuerzas necesitaba y le fallé.

El aire comienza a faltarme y me da igual lo que dicen tanto mis abuelos como mi padre detrás de mí, yo solo puedo empezar a hacer hueco entre la gente para salir. Solo me detengo cuando veo sus ojos, unos que -aunque empiezan a estar llenos de vida- aún tienen mucho dolor guardado.

Es entonces cuando corro sin mirar atrás, sintiéndome el peor cabrón del mundo.

Mi mano aprieta fuertemente la de Mackenzie en cuanto veo salir corriendo a Luca, no entiendo qué está ocurriendo, pero estoy segura de que no es nada bueno… sobre todo por la mirada que tenía, estaba completamente furioso.

—¿Qué acaba de ocurrir? —Mackenzie me mira totalmente desubicada, me encantaría poder darle una respuesta, pero, aparte de que no la tengo, mi cuerpo ha decidido dejar de responder.

Siento sudores fríos por todo el cuerpo, como si de repente necesitara estar atenta a cualquier movimiento de mi entorno.

Dirijo mi vista hacia el lugar del que ha salido Luca y entonces puedo ver cómo dentro todavía se encuentran sus abuelos junto a su padre, sus caras de preocupación me hacen saber que es más grave de lo que pienso.

No lo pienso dos veces y me dirijo hacia ellos. Al menos lo intento, porque Mackenzie no me suéltala mano, algo que me dificulta poder avanzar.

—Suéltame por favor.

—No, no sé qué está ocurriendo, pero primero debes tranquilizarte, siento tus pulsaciones incluso a través del agarre y estas totalmente pálida.

—Necesito saber qué ha pasado con él.

—Yo también, pero prometí que nunca dejaría que volvieras a estar en este estado, al menos no sola. —Suena más que decidida y en el fondo no puedo culparla, las últimas veces que me han dado ataques de ansiedad tan fuertes he tenido que acudir al hospital a por tranquilizantes.

Pienso en todo lo que Bella me enseñó a lo largo de los años, inspirar por la nariz y expirar por la boca.

Así unas cinco veces mientras mantengo los ojos cerrados y me concentro únicamente en el latido de mi corazón.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, me siento preparada para afrontar lo que venga, al menos eso pienso antes de que Rafael me explique la situación.

Siento que las respiraciones que acabo de llevar a cabo no han servido para nada, me encuentro cayendo por un precipicio del que no puedo salir. En el momento en que me dicen lo que Luca acaba de descubrir, siento que las náuseas trepan por mi garganta, intentando salir.

Courtney se encuentra a mi lado, sujetándome bien fuerte, mientras Joey está intentando por todos los medios que pueda volver a respirar con tranquilidad.

No soy capaz de hacerlo.

No después de saber que Luca ha descubierto que le he mentido, que después de todo lo que hemos pasado y lo que nos ha costado llegar al día de hoy, le he ocultado lo cobarde que fui.

Las ganas de contárselo siempre han estado presentes, primero para poder gritarle que, por su culpa y su decisión de dejarme sola, yo no fui capaz de enfrentarme al mayor monstruo de mi historia, pero después pude ver su dolor, ese que me rompió por completo y entonces supe que no podía hacerlo.

No de momento, por lo menos.

Él dio mucho por mí hace exactamente siete años, tanto que se perdió a sí mismo por protegerme cada día durante dos años, tanto que lo hice huir porque no podía ni siquiera vivir por una culpa que no le corresponde.

—Es mi culpa.