7 #2
—Debemos comenzar a abrir las puertas, es la hora. —No deja ni que se acerque, se va tan rápido hacia la salida que nadie es capaz de decir nada. Pero no se rinde, Kairo sale corriendo detrás de ella.
No es momento de que intervengamos, así que me dirijo hacia Coral y la rodeo por la cintura, atrayéndola a mí.
—Te he extrañado, tormenta.
—Yo también, precioso, pero solo ha sido un rato.
Me da igual que haya sido solo un rato, después de lo que me ha costado llegar a este momento, solo quiero pasar el mayor tiempo con ella, es como si mi mente y mi cuerpo tuvieran miedo de perderla.
La beso, sin poder soltarla, su cuerpo enseguida responde ante mí, haciendo que sonría contra su boca, mi lugar favorito a partir de hoy.
—Estoy un poco preocupada por Mackenzie. —Separa nuestros labios para poder hablar y aunque sé cómo se siente, pero debe entender que ella sabe cuidarse mejor que nadie.
—Te entiendo, pero ella sabe cuidarse mucho mejor que nosotros, sobre todo después de su pasado.
—Intento transmitirle calma, sé que es duro para ella volver a ver a su amiga tan perdida, sabíamos que le pasaba algo hace varias semanas y aunque no tenemos claro el motivo todavía, puedo asegurar que tiene que ver con Kairo.
—Ha pasado por mucho, ha sufrido durante toda su vida y quiero protegerla.
—Siempre lo haremos, pero Kairo no parece una amenaza.
Le doy un beso a la frente para transmitirle calma y que pueda relajarse, porque si algo pone triste a Coral es que su gente se encuentre perdida en sus propios pensamientos.
—No es solo eso, es que son demasiadas emociones. Además, Mackenzie me ha vuelto a preguntar cómo estoy por el día que es hoy y no he sabido qué contestar.
—Espera un segundo, ¿cómo que no sabes qué contestar? —Me tenso enseguida. —¿No estás bien?
—Sí lo estoy, al menos físicamente, pero mentalmente me está costando bastante el día de hoy. Sé que no lo recordaba antes de que llegaras, pero ahora sí. En mi cabeza solo está el hecho de que es la primera vez que voy a estar presente y completamente lúcida en la noche de la fiesta.
Entiendo lo que siente, joder que sí. Cada veintitrés de octubre ha sido una lucha constante para no dejar toda mi vida e ir corriendo hacía donde ella se encontraba. En estos últimos siete años nunca que este día me afecte menos.
Tengo muchas pesadillas, demasiadas, pero la que más se repite es el momento en que pierdo de vista a Coral y la encuentro en el bosque, a punto de ser violada por ese desgraciado.
Han sido tantas las veces que me levanto con ganas de pegar un puñetazo a la pared que salir a correr era lo único que me distraía, menos cuando es veintitrés de octubre
—Lo sé, te prometo que te entiendo, pero estás a salvo, te lo juro por mi vida. No vamos a ir a la fiesta y mucho menos al bosque. —Tengo más que planeada la
noche de hoy y puedo asegurar que va a ser bien lejos de esa zona del pueblo.
Antes de que ella misma lo diga, lo sé. No tengo muy claro que vaya a aceptar su gran idea, pero desde luego puedo ver por su sonrisa tímida que va a intentar por todos los medios convencerme.
—Sé que estoy a salvo, sobre todo a tu lado. —Hace una pausa, como si tuviera miedo de decirme lo que en realidad necesita soltar, así que me adelanto a ella.
—Por esa misma razón, hoy quieres que vayamos juntos a la fiesta.
En el momento en que su boca forma una O totalmente sorprendida, no aguanto las ganas de reírme, me parece tan inocente que aún no sepa que puedo leerla mejor que ella misma.
Aunque es todavía peor que no sea consciente de que yo haría todo lo que ella me pidiera, siempre que pueda protegerla, claro está.
—Sé que no me vas a dejar, pero…
—La persona que tuvo que vivir un infierno eres tú Coral, tú más que nadie eres dueña de tus decisiones.
—No quiero ir sola. —Me cruzo de brazos en cuanto las palabras salen por su boca. ¿En qué cabeza cabe que voy a dejarla ir sola al sitio que la destruyó por completo? No quiero que lo note, pero me duele, me duele que crea que puedo hacer algo así.
—Sé que no estás de acuerdo y soy consciente que se pueden despertar todos los fantasmas si voy, pero siento que es un avance para poder poner punto y final a este episodio.
La atraigo hacia mis brazos una vez más, como si mantenerla lejos me quemara por dentro, pero siento que cuanta menos distancia de por medio haya entre nuestros cuerpos, más puede sentir como mi corazón late por ella.
Y supongo es una manera de que se dé cuenta de que yo pienso ir con ella hasta el fin del mundo si hace falta.
—Antes me pegó un tiro que dejarte ir sola a la fiesta —sentencio.
Ella levanta la mirada, quedando a escasos centímetros de mí y aprovecho a darle un casto beso en los labios antes de continuar: —Soy consciente de que ese desgraciado se está pudriendo en la cárcel.
— Puedo notar cómo su cuerpo se tensa de una manera que no me gusta en absoluto, como si me estuviera escondiendo algo. —¿Estás bien?
—Lo estoy, precioso, es solo que recordarlo me provoca escalofríos.
Siempre la creo, es más, nunca me he planteado que Coral Mariner me dijera una mentira. Salvo cuando decía que no sentía nada por mí, pero es que eso no era nada creíble. Ahora, en cambio, siento que se está callando algo y no me hace sentir seguro.
—¡Vamos a empezar!
La voz de Mackenzie hace que todos mis pensamientos se desvanezcan y que Coral se aleje un poco de mí para dirigir la mirada hacia nuestra mejor amiga. No tiene ni una posibilidad de alejarse lo suficiente como para que no sienta mi calor corporal.
Puedo parecer un loco, soy muy consciente, pero no soy capaz de separarme de esta mujer. Supongo que es por lo mucho que nos ha costado expresar nuestros sentimientos.
—Quiero que todos me prestéis atención. —La pastelería de Mackie está totalmente llena, sobre todo, teniendo en cuenta el espacio que ocupa el chico de dos metros que se encuentra casi en primera fila. —No sé cómo agradeceros tanto, no solo por haber venido hoy aquí, sino
por todo lo que Coralina y sus vecinos han hecho por mí desde que llegué con tan solo diez años.
Ni siquiera la dejan continuar, porque todos se encuentran aplaudiendo a una de las chicas a la que consideran el mayor orgullo del pueblo. A la otra tengo la suerte de tenerla como pareja.
» He prometido no llorar y también que no se alargara mucho el discurso, así que solo quiero que sepáis que cada pastel y cada trozo de comida que encontraréis en la pastelería lleva su nombre en honor a Coralina.
Me cuesta mucho no emocionarme, aunque veo que me aguanto mejor que Coral, porque ella desde que ha visto los ojos llorosos de su amiga, se ha agarrado a míy se ha puesto una mano en la boca para disimular los sollozos que se le escapan.
—Solo espero que disfrutéis este lugar, tanto como yo lo he hecho creándolo.
No aguanto más y me dirijo hacia ella. La abrazo lo más fuerte que puedo, porque no me puedo sentir más orgulloso de lo que ha creado, de la fortaleza que ha sacado después de todo lo que vivió.
Estoy orgulloso de ti, chiquita, todos lo estamos. —Me mira como si le acabara de dedicar el mayor elogio que ha recibido y aunque puedo entender por qué se siente así, es hora de que sepa todo el amor que sentimos por ella. —Aunque no sé por qué, pero creo que un chico de Boston lo está aún más.
—En realidad es de Michigan —lo dice mientras lo mira fijamente y él le devuelve la mirada, una llena de un sentimiento que me gusta a la vez que me asusta.
Alzo una ceja en el momento en que se descubre sola, este chico le importa más de lo que ella quiere admitir, si no estoy seguro de que no sabría nada de su vida personal.
No me da tiempo a decirle nada más, porque Coral se acerca con los ojos llenos de lágrimas debido al orgullo que siente y sé que necesitan un momento a solas, así que me retiro para poder probar algunos de los dulces junto a mis abuelos.
—Abuela, ¿qué estás comiendo? —El susto que le provoco hace que me lleve un golpe en el hombro por su parte, desde luego la abuela Courtney está más que en forma todavía. —Me froto la zona golpeada mientras le hago un puchero.
—No me pongas esa cara, jovencito, ya no estoy para estos sustos.
—¿Te he dicho cuánto te quiero?
Lo mejor que puedo hacer para que no me caiga una bronca, aun teniendo veinticuatro años, es cambiar completamente de tema, a veces no funciona y otras, como ahora, mi abuela pone los ojos en blanco y sigue a lo suyo.
—Es un suspiro del faro, he probado cinco dulces diferentes, pero este es sin duda mi favorito. —No espero a que me diga de que es, le robo el pequeño trozo que le queda y lo pruebo.
Solo necesito dos segundos para saber que voy a suplicarle a Mackenzie por estos dulces por el resto de mi vida. Es un pastelito en forma de faro recubierto de chocolate, pero lo mejor está dentro, cuando saboreas el chocolate puro deshecho y trocitos de almendra.
—¿Le acabas de robar un trozo de pastel a tu abuela?
¿Es que quieres morir? —Me trago despacio lo que queda de dulce en mi boca y miro fijamente a mi abuela, la cual quiere matarme ahora mismo, por segunda vez en tan solo unos minutos.
Mis abuelos se encuentran detrás de ella, abrazándola y riéndose de mí.
—Es que era el último y quería probarlo…
—Eres un espectáculo, Luca.
Sonrío con orgullo por el elogio, pero creo que no significa nada bueno.
—Cambiando de tema, tu sobrina no hace más que preguntar cuando vuelve su tío y nosotros también nos lo preguntábamos, hasta que te hemos visto aquí.
—Lo siento, abuelos. —No me enorgullece no haber ido corriendo a ver a las personas más importantes de mi vida nada más llegar esta mañana, pero eran tan solo las seis y mi atención estaba puesta en otro lugar. —Me quería asegurar de hacer las cosas bien.
—Ya era hora de que te dieras cuenta. —Los miro sin entender, aunque parece que mi cara les hace más gracia aún. —Tú eras el único que no te dabas cuenta del amor que desprendías por Coral.