El lugar donde aprendí a amar 7
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No somos nosotros los que hemos hablado, la voz proviene de atrás y es la más grave que he escuchado nunca. En efecto, el chico misterioso se encuentra a escasos centímetros de nosotros y es él quien ha hablado.

En ese momento Luca chasquea la lengua, atrayendo toda nuestra atención.

—¡¡Eres tú!!

—¿Perdón? —Mackenzie mira a Luca como si acabara de perder la cabeza.

—Es él. Él es el mejor jugador de básquet de los últimos tiempos.

No sé muy bien quién es este chico, pero no parece que le haya hecho mucha gracia que Luca lo reconozca, ya que automáticamente se rasca la nuca. Se le nota incómodo, como si su mayor secreto hubiera salido a la luz.

—¿Que eres quién? –Mackenzie se gira de golpe hacia él, hecha una furia, puedo asegurar que nunca la he visto tan enfadada.

—Luca, explícame que está escurriendo —intervengo rápidamente, antes de que su enfado siga a mayores.

—Es Kairo Thompson, el mayor jugador de baloncesto de los últimos tiempos, juega en los Boston Celtics.

—¿Eres un jugador de baloncesto? —El enfado de mi amiga aumenta por momentos, no creo que esto acabe para nada bien.

—Lo siento Mackie.

—Has perdido el derecho de llamarme así, contéstame.

La mirada del chico se apaga, como si le acabaran de dar una bofetada de la que le cuesta recuperarse, nada puede frenar el cabreo que tiene ahora mismo mi amiga.

—No quería que pensaras en mí como un jugador de élite. —Sus palabras en vez de suavizarla situación, sé de sobra que la han estropeado más. Sobre todo, porque, aunque no sé a qué se quiere referir, Mackie va a entenderlo como si fuera una oportunista.

—¿Pero qué coño me estás contando, Kairo?, ¿quién te crees que soy? ¿En serio piensas que iba a ir a por tu mierda de dinero?

—Vale, vamos a intentar relajarnos. Hoy es tu día, Mackie. —Luca se interpone entre ellos para intentar poner paz, sobre todo del lado de nuestra amiga.

—Luca tiene razón, hoy es tu día. No sé qué pasa entre vosotros, pero no es momento. — Me acerco hacia el supuesto jugador y me dirijo a él. —Kairo, me da igual lo famoso que seas, en este pueblo nos importa lo nuestros y hoy es el día de Mackenzie, no puedo permitir que lo estropees.

—Solo quería volver a verla, poder explicarle la verdad y las razones por las que voy a pasar más tiempo en Coralina —se justifica.

—¿Te vas a quedar? —No soy yo quien le responde, Mackie lo está mirando con una expresión difícil de interpretar, no sé muy bien si sigue cabreada o emocionada porque Kairo vaya a quedarse aquí a saber por qué.

—Prometo explicarte todo, cuando hayas inaugurado tu gran sueño.

—Opino igual que él, son casi las once, la inauguración es a las doce y quedan demasiadas cosas por hacer, ahora ya estamos para ayudarte.

Asiento secundando lo que dice Luca.

—Está bien, vamos a entro, y tú, ya que has querido aparecer de repente, vas a ayudar igual que la nueva parejita.

Pongo los ojos en blanco al escuchar la descripción que da de Luca y de mí, pero no puedo evitar sonreír en el momento en que se nos encasilla como una pareja, me hace demasiado feliz que esa sea nuestra nueva realidad.

—No solo somos una parejita, somos la mejor de todas. Luca y sus ganas de hacerse notar.

—¿Cuánto tiempo lleváis? —Me pongo nerviosa ante la pregunta de Kairo, sin saber muy bien qué contestar, pero entonces noto la mano de Luca entrelazarse con la mía y mi cuerpo se relaja automáticamente.

—La verdad es que acabamos de empezar hoy mismo —veo su cara de asombro enseguida —, pero llevamos juntos toda la vida, es como si hoy hubiéramos puesto la etiqueta oficial.

—Por cómo os miráis, parece que llevéis siendo pareja toda la vida.

—Eso es porque siempre la he querido, solo que he dejado de ser un cobarde hace poco. Aprieto su mano en cuanto escucho lo que dice, sin poder dejar de sonreír.

—Enhorabuena entonces.

—Gracias, pero es hora de ponernos manos a la obra. ¿Qué necesitas que hagamos?

—Por eso eres la mejor, Coral. —Empieza a mirar a nuestro alrededor para poder ver bien qué es lo que falta. —Necesito acabar de decorar los postres, poner las mesas listas y colgar algo de decoración.

—Bien, pues vamos a dividirnos. —El liderazgo de Luca hace su aparición

enseguida. —Mackenzie y Coral sois las que mejor vais a poder decorar todos los dulces, yo soy un desastre y tú no lo sé —se dirige a Kairo mientras se ríe —, pero tampoco tienes pinta.

—No, soy demasiado torpe.

—Entonces tú y yo nos pondremos manos a la obra con las mesas y la decoración.

El día está siendo demasiado surrealista, llevo mucho cansancio encima después de haber conducido toda la noche para poder llegar lo antes posible, y si a eso le sumamos el ejercicio de cardio que he hecho con Coral esta mañana, no puedo siquiera pensar con claridad del sueño que tengo.

Pero si por algo he venido con tanta prisa es para poder ayudar a Mackenzie en la inauguración y poder estar con Coral en la fecha que es hoy.

No puedo negar que ni siquiera pensé poder empezar el día en los brazos de la chica a la que tantas veces he deseado, soy consciente de que aún nos quedan demasiadas cosas de las que hablar, pero para mí es más que suficiente el hecho de poder estar con ella a partir de ahora.

Entre todas las cosas que sabía que podían pasar hoy, estar preparando la inauguración con uno de mis ídolos a mis veinticuatro años no era algo que esperaba, pero aquí está; el gran Kairo Thompson.

—Suéltalo, te harás daño en el labio de tanto mordértelo. Eras Luca, ¿no? —Kairo me sobresalta al hablar tan cerca de mí, tanto que se me cae una de las sillas al suelo.

—¡¿Podéis tener cuidado, por favor?! —La voz de Mackenzie me aterroriza por el enfado que desprende, sé lo agobiada que se pone en estos momentos, desde que llegó aquí muy pocas cosas le han salido bien, incluso ella misma dice que tiene una maldición.

Coral y yo no hemos parado de explicarle que no es así, que la vida sí es muy injusta, pero que llegará el día en que su vida vuelva a empezar.

Coralina le va a traer la luz que ella merece.

Nos costó demasiado que creyera en nuestras palabras, Coral ha sido quien más ha estado con ella en el camino, teniendo en cuenta mi cobardía al huir, pero ninguno de los dos hemos parado de recordarle que es la persona más bondadosa y con más luz del mundo.

—¿Siempre tiene este carácter? —inquiere Kairo y me río ante su preocupación.

—Todavía te queda mucho por ver.

—Qué divertido va a ser quedarse en este pueblo.

—Hablando de eso… sé que eres una superestrella, que todo el mundo te adora, pero no entiendo qué haces aquí, tan lejos de Boston y menos aún en pleno comienzo de temporada. Te vi hace unas semanas en el partido contra Chicago y fuiste el que más anotó.

Suspira, puedo ver cómo se tensa enseguida cuando acabó de hablar.

—Es difícil de explicar, tengo historia con el pueblo, una que antes debo explicarle a esa chica de rizos que me vuelve loco.

—¿Os conocéis? —Kairo Thompson se sonroja, el chico de casi dos metros ni siquiera sabe qué decir a lo que le acabo de preguntar. —Está bien, entre vosotros queda.

—No es eso, pero Mackenzie debe ser quien os explique las cosas. Respecto a la temporada de este año, he pedido una excedencia por un tiempo, no estoy en mi mejor momento.

—No he visto noticias de que te hayas lesionado.

—No se trata de una lesión física.

No hago más preguntas, por su cara puedo ver que es un tema que no quiere tocar y yo sé muy bien lo que siente, así que me limito a asentir y le lanzo los manteles para empezar a poner en las mesas.

—¿Va a venir mucha gente a la inauguración?

Estamos terminando de poner todos los manteles de color rosa que Mackie nos ha ordenado, solo nos queda decorar el salón y por lo que puedo escuchar las chicas se lo están pasando demasiado bien, a juzgar por todas las risas que se escuchan desde la cocina.

—Lo más seguro es que venga todo el pueblo, ¿tienes miedo de que la gente te reconozca?

¿O no vas a estar en la inauguración?

—Sí, voy a estar aquí, quiero probar los famosos pasteles. Además, es la mejor manera de integrarse en Coralina; empezar a hacer vida con todos.

—No voy a preguntar por qué quieres estar aquí ni cuánto tiempo estás pensando en quedarte.

Solo te diré que este pueblo es mi vida, mis antepasados los fundadores junto a los de Coral, así que lo único que pido es que este pueblo no sea un circo mediático.

—Me da igual lo famoso que llegue a ser, no necesitamos que el pueblo se llene de fotógrafos y periodistas, no pienso permitirlo.

—Puedes estar tranquilo, he pagado demasiado dinero para que nadie sepa que estoy aquí y mucho menos que aparezcan. Aunque no lo creas, este pueblo es muy importante para mí.

Ojalá poder creer sus palabras, pero por lo que sé, ninguno sabemos de su existencia más allá de que Mackenzie lo conoce, así que no puedo quedarme todo lo tranquilo que me gustaría.

Pero si algo tengo claro es que, si debo proteger al pueblo, no dudaré ni un segundo en hacerlo.

—Aun así, debo decirte una cosa más. —Su atención está completamente puesta en mí en el momento que me ve cruzarme de brazos. —No sé qué pasa entre ella y tú, ni lo que va a pasar, pero desde luego no dejaré que nadie más le vuelva a hacer daño.

—Ey, ey, soy jugador de baloncesto, no un mafioso. —Eleva las manos a modo de rendición y me hace reír por un instante.

—Soy consciente, pero Mackenzie es muy valiosa para nosotros, todo el pueblo ha visto lo mucho que ha sufrido y sobre todo hemos sido su compañía toda la vida —aclaro.

—Déjame que te corte Luca, no sé mucho de esta chica, pero sé que vale cada minuto de mi vida.

Un ruido estridente nos sobresalta y al girarnos encontramos un plato hecho añicos en el suelo y a dos chicas junto a la puerta de la cocina. El plato se ha caído de las manos de Mackie y, a juzgar por la sonrisa que tiene Coral, puedo intuir que han escuchado nuestra conversación.

—Mackenzie… —Kairo intenta acercarse a ella con cautela, como si fuera una bomba a punto de explotar.