El lugar donde aprendí a amar 6 #9
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—Para por un segundo y reflexiona sobre lo que has dicho. —Los dos nos frenamos en seco, él me gira para que quedemos uno frente al otro, puede apreciar que su rostro está tenso.

—¿En qué cabeza cabe que yo voy a querer algo que no sea presumir de mi mujer?

Durante unos segundos pienso si decir lo que de verdad necesito soltar, si de verdad vale la pena decirle que me dan demasiado miedo las opiniones de los demás, aunque lo peor es que se dé cuenta de cómo los pensamientos de la gente pueden afectarme demasiado,

aun cuando llevo tantos años trabajando en ellos.

—Preciosa, hemos quedado en que la comunicación sería clave, por favor, no te guardes tus miedos. —Su súplica me hace entender la importancia de comunicarme con él, así que, aun con miedo a afrontar lo que quiero decir, asiento poco a poco.

—¿Y si gritamos a los cuatro vientos que estamos juntos, pero después te das cuenta de que en realidad no es esto lo que quieres?

—¿Estás hablando en serio? —Su voz no deja lugar a dudas, Luca está enfadado.

—¿Te das cuenta? Ya te he hecho enfadar.

Aun cuando intento dejar ir mis miedos, siempre salen a flote cuando necesito estar bien con alguien que me importa. Es como si por momentos necesitara la aprobación de mi entorno para avanzar, sé que no debería ser así, pero con Luca delante me cuesta aún más.

—No sé qué te ocurre, Coral, no sé cómo se te puede pasar por la cabeza que yo quiera que lo nuestro no lo sepa el pueblo, pero necesito que empieces a entender que llevo toda mi vida queriendo gritar a los cuatro vientos que me vuelves loco. —Habla firme, sin darme ninguna oportunidad de replicar.

—Pero…

—No hay peros, solo disfruta del gran día de nuestra mejor amiga y hazlo también por el principio de nuestra historia.

Sus palabras hacen eco en mi mente, el principio de lo nuestro… Son estas pequeñas cosas las que me hacen entender que no puedo seguir con las inseguridades que me llevan consumiendo durante tantos años.

Puede que sea un buen momento para entender que necesito volver a las sesiones de terapia que tan bien me hacían, volver a sentir que con ellas avanzo y empiezo a dejar atrás el miedo.

Durante cuatro años en Psicología, mis esfuerzos se han centrado en hacer sentir a la gente lo que yo sentía cuando me encontraba con Bella cada semana, pero está claro que en algún momento me perdí. O, más bien, me obligué a sentir que ya no necesitaba más ayuda.

Con todo lo que está ocurriendo, con el nuevo comienzo que quiero tener con Luca, sé más que nunca que debo volver a esas sesiones, porque gracias a ellas puedo volver a sentir que soy capaz de afrontar la vida.

Y es que en mi interior se encuentran las fuerzas que necesito, pero si hablamos de las herramientas necesarias para llevar a cabo mi sanación, esas que tanto cuesta encontrar, me las debe dar un profesional externo a mí.

—Lo siento, por momentos me intento sabotear a mí misma. —Me avergüenza decirlo, pero es la realidad.

—Soy consciente, preciosa, pero no estás sola, yo también tengo mucho que tratar, pero estamos juntos en este barco de la vida.

—Lo miro intentando descifrar de qué me está hablando, a qué se refiere con esas palabras y en qué puedo ayudarle.

Pero no me da la oportunidad de encontrar la pieza del puzle, porque me coge la mano y empieza a andar hacia la gran pastelería que hoy tiene toda nuestra atención.

—¡¡¡Ya era hora!!!

El grito de nuestra amiga nos hace quedarnos quietos, más bien nos obliga a retroceder unos pasos.

Está enfadada, lo noto, algo que no tiene mucho sentido cuando ella misma nos ha dicho que nos tomemos el tiempo que necesitáramos.

Mientras se dirige hacia nosotros, observó a un chico, más alto que Luca, detrás de ella.

Se está robando todas las miradas del pueblo, sobre todo por el color de su piel.

Parece que esté totalmente bronceado, pero en realidad ese es su color natural, uno que lo hace ver todavía más atractivo.

Sus ojos, por lo que puedo apreciar, son de un color miel intenso y lleva una barba perfectamente perfilada.

No tengo claro por qué, pero siento que he visto a este hombre en algún momento de mi vida, pero prefiero dejarlo estar. Necesito entender por qué mi amiga viene chillando como si acabáramos de aparecer en el mismísimo infierno.

—¿Puedes explicarnos qué te pasa? —La voz de Luca es la que pone cuando está preocupado y a la vez alerta, es de sobra que no le gusta nada que haya gente nueva a la que no conocen el pueblo.

El estado de Mackenzie se debe al chico que se encuentra andando detrás ella. Estoy completamente segura.

—Me has robado a mi amiga cuando tenía que estar aquí conmigo.

No me creo nada, Mackie nunca podría ponerse de esta manera por nuestra relación, sobre todo porque ella es la primera que deseaba que esto ocurriera.

—¿Por qué siento que estás focalizando tu enfado en nosotros en vez de en el chico precioso que tienes detrás? —Se me escapa antes de que me dé cuenta, lo sé en el momento que Luca me mira con una ceja alzada y Mackie me dedica una mirada gélida.

—Eso es totalmente correcto…