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Pero ahí está, reluciendo gracias a los rayos de sol que provienen de fuera. Justo donde se encuentra su corazón, en letras coreanas, está la palabra que tantas veces le repetí durante toda nuestra vida, aquella que simboliza el lazo que nos une desde que nacimos.
Mis ojos se llenan de lágrimas al ver que para él también significa tanto como para mí.
—Necesitaba sentirte cerca, por mucho que fuera un cobarde para hablarte, siempre supe que él me llevaría hasta a ti.
Tú misma me dijiste que nada nos podría separar y aunque por mucho tiempo pensé que la vida lo había logrado, no es verdad, nunca lo habría permitido.
—Se incorpora, haciendo que los dos quedemos sentados en mi cama, cara a cara, con la luz del sol entrando y acariciando nuestros rostros.
—Siempre supe que cumpliría la promesa, puede que haya tardado más de lo que dije, pero he vuelto a mi hogar, para siempre.
—Coralina siempre será nuestro hogar Luca.
Me acaricia el mentón al tiempo en que acerca nuestras frentes para quedar lo más juntos posible, cierro los ojos transportándome a todo lo que he vivido últimamente, en las veces que pensé que había perdido a mi sol para siempre, pero estaba muy equivocada.
La unión de un vínculo es imposible de deshacer.
—No solo es Coralina; tú eres mi hogar, tormenta.
Lo beso con delicadeza, con miedo a que en algún momento se acabe este momento, aunque mi corazón sabe que este solo es el principio de nuestra historia.
Porque, por primera vez en siete años, me olvido del día que es hoy. Me olvido del dolor del pasado.
Y consigo avanzar un poco más en mi batalla interna.
Hoy, decido centrarme en mi presente con él, con el chico que me salvó y en las ganas que tengo de crear un nuevo futuro. Por nosotros.
No sé en qué momento me vuelvo a dormir en el pecho de Luca, perdiendo totalmente la noción del tiempo. Debo tener más fuerza de voluntad, hay demasiadas cosas por hacer en el día de hoy, pero es como si mi cuerpo hubiera encontrado el lugar al que pertenece.
A lo lejos escucho la voz de Luca, me incorporo en la cama para poder ver dónde se encuentra y lo veo hablando por mi teléfono.
—Está dormida, sé que tenemos que ir a ayudarte. —Me cuesta darme cuenta de que es Mackenzie, sigo demasiado dormida, pero cuando veo que Luca tiene que alejarse el teléfono a causa de los gritos, entiendo perfectamente que se trata de nuestra mejor amiga.
—Relájate Mackie, te lo contaremos todo, de verdad.
No puedo evitar pensar en todo lo que ha ocurrido en las últimas horas, me sonrojo solo de recordarlo.
Todo lo que Mackenzie está pensando, estoy segura de que se imagina a la perfección lo que hemos vivido y aunque debería estar muerta de vergüenza, lo único que siento es la necesidad de sonreír gracias a la felicidad que siento.
—Quiere hablar contigo, no entiende que te estás despertando y la veremos en un rato… — Luca se dirige a mí con el teléfono extendido, no voy a poder escaparme del interrogatorio que va a llevar a cabo.
Me río mientras niego con la cabeza y estiro el brazo para agarrar el teléfono.
—Siento no estar allí todavía. —Es lo primero que digo en cuanto me uno a la conversación.
—¡¿Qué lo siento ni qué nada?! —Esta vez soy yo la que se aleja del teléfono y Luca quien se ríe de mí, gracias a mi cara de circunstancia. —Deberías pedir perdón por no haberme llamado hace rato para explicarme absolutamente todo.
Estaba claro, nuestra chica es la que más ha luchado a lo largo de los años para que Luca y yo nos diéramos una oportunidad, así que es completamente lógico que ahora esté como loca esperando los detalles.
—Prometo explicarlo todo, ahora mismo nos vestimos y vamos a ayudarte. —Me apresuro a levantarme y a buscar mi ropa antes de que Mackie me frene.
—No tengáis prisa, he tenido ayuda de tu hermano.
El problema es que no sé cuándo parar, esta mañana he avisado a la mayoría de la gente del pueblo, avisando de que se va a hacer el concurso de comida otoñal esta misma tarde.
—No puedo quitarle la razón, desde bien pequeña Mackenzie no ha sido capaz de estar quieta más de una hora, parar significa rendirse para ella.
—¿Hoy? —No soy yo quien se sorprende, Luca se encuentra a mi lado escuchando la conversación. —Pero si nadie está preparado.
—Lo sé, lo sé, vamos atrasados en algunas festividades, pensé que nadie se apuntaría, pero muchos vecinos ya se están preparando.
Una carcajada se me escapa, no puedo hacer otra cosa que no sea reírme bien fuerte, ¿de verdad pensaban que Coralina no se volcaría para celebrar una de sus estaciones favoritas? Sé de buena mano que muchos ya estaban deseando poder empezar a celebrar.
Mientras seguimos hablando con ella de los preparativos de todas las festividades, lo recuerdo. Hoy no solo es la inauguración de la pastelería. Como bien ha dicho Luca antes, hoy es veintitrés de octubre, la celebración de la fiesta de Halloween… mi mayor pesadilla.
—Es la fiesta de Halloween. —Mis palabras salen en un susurro, mi mente y mi voz se han puesto de acuerdo para dejarlo ir.
El silenció que se hace a mi alrededor es desolador, cualquiera de los dos está esperando a que me rompa, o que pida ayuda para salir huyendo, pero después de cómo he empezado el día, sé que es una señal para saber que este año será diferente.
—Estoy bien, tú me has hecho estar bien —le digo a Luca en un pequeño susurro mientras nuestras miradas conectan, aprovecho para entrelazar nuestras manos y poder sentirlo más cerca.
—¿Seguro? —Asiento con convicción, me siento lo suficientemente fuerte para afrontar mis recuerdos. —Está bien, nosotros participaremos con Isla, pero de la fiesta nos olvidamos.
Me parece el mejor plan del mundo, no tengo ni una sola necesidad de acercarme a esa casa esta noche. En realidad, ni a esa casa ni al bosque.
—Estaremos allí en menos de una hora, amiga, te ayudaremos a dejarlo todo listo y ganaremos el concurso. —Mientras lo digo solo puedo sonreír.
En el momento en que le cuelgo a Mackie, unos brazos me rodean la cintura con fuerza y sin intención de soltarme.
—Luca, tenemos que irnos.
—Lo sé, es solo que hacía mucho rato que no te abrazaba. —Sus palabras me reconfortan y me acomodo un poco más entre sus brazos.
—No te tenía por un chico tan cariñoso. —Mi tono sale burlón, sobre todo porque desde el instituto se encargó de mantener las distancias con mucha de la gente que se acercaba a él.
—Es que tienes toda la razón, pero supongo que mi pareja saca la mejor versión de mí.
Salgo de sus brazos rápidamente y me giro para poder mirarlo, todavía completamente desnuda y solo tapada por el edredón de la cama, ni siquiera sé cómo no me he atragantado con la mi propia saliva en el momento en que ha dicho lo que acaba de decir.
—¿Tu pareja? —Luca se ríe. Sí señores, se ríe de mí al ver mi cara de confusión.
—Cariño, no esperes que después de todo lo que hemos pasado y lo que me ha costado sacarme la cobardía de encima, vaya a dejar que pase más tiempo sin tener el honor de ser tu pareja.
Además, hoy es el día perfecto, de esta manera podrás tener un nuevo recuerdo del veintitrés de octubre.
—Es increíble cómo es capaz de cuidar cada pequeño detalle, las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas.
—Si tú quieres claro, no estás obligada a nada, bonita.
No contesto, ni siquiera sé cómo puede plantearse que no quiera estar junto a él. Mi cuerpo reacciona automáticamente y se vuelve a lanzar a sus brazos.
Siempre me han dicho que la felicidad está en las pequeñas cosas, pero no puedo estar de acuerdo; para mí, la felicidad está en los grandes sentimientos, aquellos que te hacen sentir de verdad. Y yo no puedo sentir ser más amor como en este preciso instante.
Alrededor del hombre que más quiero en el mundo, aun cuando nuestro pasado nos atormenta, sabiendo que a partir de ahora ya no somos dos almas que luchan por la vida.
Somos una alma, dispuesta a arrasar para conseguir nuestra felicidad.
Nos cuesta más de lo que puedo admitir salir de casa para dirigirnos hacia la pastelería de Mackenzie, llegamos dos horas y media tarde. Bueno, en realidad yo llego tarde, Luca en principio no estaba dentro de los planes.
Pero no puedo negar la felicidad que siento, no solo porque se encuentre junto a mí, sino por la importancia que tiene para Mackie que él esté hoy junto a ella.
—Estoy un poco nerviosa. —Un poco es quedarse corta.
—¿Por qué? Que yo sepa no eres tú quien va a inaugurar la pastelería.
—No por eso, idiota. —Le doy un pequeño golpe en el brazo, provocando que su sonrisa se ensanche más. —No sé cómo debemos comportarnos delante del pueblo, los miedos aún siguen en mí…