El lugar donde aprendí a amar 6 #7
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Levanta la vista, enfocándose en mí, sus ojos llenos de lágrimas me rompen por dentro y no sé cómo actuar, por una vez me vuelvo a sentir la chica de diecisiete años que no sabe qué decir.

—Eres luz, una que ilumina todo mi mundo, joder.

Por mucho que para mí siempre seas una jodida tormenta.

—Sonrío al escuchar el apodo por el que me llama hace tanto tiempo.

— Pero yo te llamo así porque eres capaz de alborotar la vida de los demás, entrar en sus vidas y enseñarles las sombras que tienen.

Por ti yo lucho cada día, tú eres quien merece la mejor versión de mí.

—Pero te alejaste. —Un sollozo se escapa de mi boca, uno que me hace romperme, no puedo controlarlo más y las lágrimas vuelven a caer.

—Fui un miserable. Siento que no te pude salvar Coral, sé que cometí el mayor error de mi vida al irme, pero es que no podía más.

Su sinceridad me abruma, Luca Bay por fin está dejando ir todos sus temores ante mí.

—Tú eres lo que siempre he querido…

Me posiciono en el sillón de delante de él, sin poder apartar la vista del chico que me vuelve totalmente loca, entendiendo todo lo que lleva dentro, el miedo y el temor. Mi batalla ha acabado siendo su destrucción.

Luca siente que hemos perdido la guerra porque él no estuvo para mí, pero no es verdad, yo gané la batalla por que fue su mano la que me sostuvo.

—Coral… —Se levanta lentamente hasta que vuelve a quedar a mi altura, a un par de centímetros de mi boca.

—Tú eres todo mi sueño desde que te conozco, puede que no merezca tu perdón, incluso puede que por mi culpa te rompieran todavía más…

Pero déjame curarte las heridas, déjame ayudarte a sanar las cicatrices que la vida te ha hecho.

—Tú eres mi sanación, Luca —susurro, cada vez más cerca de sus labios, los que tantas veces he querido saborear.

—Y tú eres mi vida, Coral. Me rindo ante él.

Me lanzó a sus labios, saboreando la gran calidez que desprenden. Pese a que no es la primera vez que los pruebo, puedo asegurar que es diferente, él me besa lento como si quisiera ralentizar este momento todo lo posible.

Por mi parte no puedo, no soy capaz de esperar, lo necesito a él y a todo lo que me hace sentir.

Me he rendido ante él y mis sentimientos.

Todo lo que queda por hablar, las cosas que nos quedan por solucionar, las lograremos juntos. Me niego a pasar ni un día más sin demostrar el amor que siento por el chico de ojos esmeralda.

Sus labios saben a miel, de esa que te vuelve adicta y no puedes parar de saborear.

La intensidad que los dos sentimos por dentro poco a poco se ve más reflejada en el beso que ninguno de los dos tiene intención de terminar.

Nos da igual quedarnos sin aire, Luca se sienta en el sillón y yo me pongo a horcajadas sobre él para poder sentirlo aún más cerca.

Ninguno de los dos quiere perder el control de la situación, sus manos se dirigen a mi trasero para poder agarrarlo de manera que yo quede aún más pegada a su cintura.

A cada segundo que pasa nuestras respiraciones son más irregulares y con ellas vamos perdiendo el poco control que nos queda, al menos a mí me cuesta demasiado controlar mis manos y no acariciar cada parte de él.

Llego a su pelo y jugueteo con él haciendo que su boca se abra más, consigo dar el paso para profundizar y juntarnos aún más.

Luca me pone una mano en la mejilla, obligándome a que no pueda ir a ningún lugar lejos de él, algo que no quiero que suceda nunca. Mi lugar está aquí, a su lado.

Por un momento siento temor, veo lo real que está siendo, mi corazón me hace tener que parar para respirar y entender qué está sucediendo.

Me estoy entregando por primera vez en mi vida, no a alguien cualquiera, sino a Luca Bay.

—¿Estás bien? ¿Paramos? —Su angustia mezclada con confusión sale a la superficie, mirándome con temor a que me esté arrepintiendo, en el fondo me hace gracia que pueda siquiera pensar en que yo pueda echarme para atrás.

—No, prométeme que nunca pararás, aun cuando sepas lo que voy a decir. —No me suelta, ni siquiera hace la intención de apartarme un poco de él, solo me abraza más fuerte para sentirlo más.

—Tienes que tener claro que nunca voy a poder parar Coral, en el momento en que tú decidas continuar me tendrás para toda la vida.

—Es solo que… después de lo que ocurrió… no he conseguido hacerlo con nadie.

Escondo mi cara entre su cuello, esperando la reacción que tanto miedo me da, el rechazo por su parte, pero en cambio noto sus manos viajar por mi espalda, acariciando cada rincón de ella como si quisiera memorizarme entera.

—Es la mejor noticia que me has podido dar. —Me separo un poco para mirarla con confusión. —Soy el hombre con más suerte del jodido mundo, Coral Mariner. Tú y yo estamos destinados. Pienso ser el primero y el último en tu vida.

—¿Aunque no tenga experiencia? —aventuro y su mirada de incredulidad me contesta antes que él mismo.

—¿Experiencia? No necesito que tengas de eso cuando tienes lo que nadie en la vida ha tenido, mi corazón.

Nuestros labios se vuelven a encontrar, me saborea con las ganas de hacer lo mismo por cada rincón de mi cuerpo, reclamando aquello que siempre ha sido suyo. Por mi parte recorro su piel con lentitud para no olvidarme de cada rincón.

Su boca no se rinde, no necesita descanso, solo quiere saborear cada pequeño centímetro de mi piel, en este momento siento que puedo morir en paz; he encontrado mi lugar.

Se pone en pie mientras me estrecha más fuerte contra su cuerpo, no puedo pensar en nada más que no sea seguir besándolo, haciéndole saber que él es mi oxígeno en estos momentos.

Con toda la rapidez del mundo nos conduce a la cama, aun cuando estamos a los pies de ella puedo ver cómo duda, pero no se lo permito.

Yo quiero esto.

Necesito que por primera vez seamos uno.

En el momento en que me deja en la cama sus labios empiezan a recorrer cada parte de mi cuerpo, llevándose cada prenda por el camino, exponiéndome a él por primera vez en la vida. Y mi único sentimiento es de felicidad, sus ojos me recorren enteros en el momento que me encuentro desnuda ante él.

—Eres el mayor pecado de todos, Coral. —Mis mejillas se tiñen de rojo, no sé si por el calor que me provoca su cercanía o por sus palabras, pero si sé que me siento bien, me siento merecedora de que me contemple con esa mirada llena de deseo. — Joder, vas a ser mi mayor perdición.

Rápidamente, él se quita la camiseta, dejando al descubierto varios tatuajes que no logro reconocer en estos momentos pero que me encienden por dentro y acto seguido se vuelve a poner encima de mí.

Su mano se dirige a mi parte más íntima con lentitud, esperando a que le frene, a que cambie de opinión, pero eso no va a suceder.

Arqueo la espalda para que llegue antes adonde quiere y es en ese momento cuando me rindo ante él.

Mis manos se aferran a su espalda mientras nuestras bocas no son capaces de separarse ni un solo milímetro, su mano sigue su trabajo, está buscando que sienta el mayor placer posible.

Mi cuerpo empieza a temblar, no puedo contener el gemido que se escapa del fondo de mi garganta, Luca me muerde el labio en el momento en que sabe lo que viene.

—Deshazte para mí, pequeña tormenta, pon mi mundo al revés otra vez.

Sus palabras son las que me hacen perder la poca cordura que me queda, le doy rienda suelta a todo el deseo que siento por él y lo que me provoca.

No paro de buscar sus labios, aun cuando él sale de mi interior no permito que se acabe el momento, me pongo una vez más yo a horcajadas sobre él y me deshago de la poca ropa que le quedaba. Mi cuerpo me exige más, me suplica que haga que lo disfrutemos como nos merecemos.

A Luca le falta el aliento cuando empiezo a moverme lentamente encima de él, buscando el placer que los dos necesitamos sentir, su lengua se dirige a mis pechos buscando saborear una nueva parte de mí y yo siento que no puedo esperar más:

introduzco la mano entre los dos y poco a poco voy introduciendo la última pieza que nos queda para convertirnos en uno solo.

Había perdido la fe en poder sentir lo que Luca me ha hecho sentir hace tan solo una hora, justo antes de que acabáramos exhaustos y abrazados a las ocho y media de la mañana.

Quiero seguir abrazada a él todo el tiempo necesario, pero sé que no es posible, al menos no hoy. Mackenzie nos necesita, nuestra chica cumple su sueño.

—¿En qué piensas tanto? —Su voz es ronca después de tanto rato en silencio.

—En que ha sido increíble, al menos para mí Luca. —Me giro para mirarlo, quedando una vez más cara a cara.

—Coral, no sabía que se podía sentir tanta felicidad, así que deja las dudas en el fondo de esa cabecita.

—No es solo eso, es que hoy es un día muy importante para Mackie.

—Lo sé, es otra de las cosas por las que he conducido toda la noche para llegar.

—Mis ojos se abren ante el asombro, la verdad es que ni siquiera le he preguntado cuándo ha llegado y si se va a quedar, supongo que por miedo a su respuesta.

—Para, por favor, necesito que tengamos comunicación preciosa, deja de sobre pensar.

—Es solo que… Me he perdido tanto y me he dejado llevar por el deseo, que ni siquiera te he preguntado cuándo has llegado, cuánto tiempo te quedas ni nada.

Sus manos acarician mi mejilla con delicadeza, es como si no quisiera dejar de tocar ni un solo milímetro de mi piel y yo no pienso decirle que pare, porque sus caricias son lo más parecido a la paz que he podido sentir.

—He conducido toda la noche, en el momento que el hospital aceptó mi renuncia. –Me incorporo de golpe en la cama al escuchar sus palabras. —Déjame hablar, Coral, yo nunca me olvidé de nuestra promesa.

—¿De verdad?

—¿Por quién me tomas? –Su voz se vuelve grave, como si acabara de hacer diana en un rincón que le quema por dentro, tanto que se saca la sábana que cubre su torso y me señala una parte de este.

—¿Ves esta tinta de aquí? —Uno de los muchos tatuajes que tiene me llama la atención más que ningún otro y lo observo con detenimiento.

—Es la palabra que tantas veces has dicho que nos representa.

No, no puede ser.

No puede ser real, ¿en qué momento Luca se ha tatuado el mayor significado que tiene nuestra relación?