El lugar donde aprendí a amar 6 #6
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Llevo mucho tiempo intentando entenderlo, pero ahora es cuando sé que el pasado solo es algo que me hizo ser quien soy hoy, no quien dicta el rumbo de mi vida.

Y ya no hablo solo de mí, sino de cómo los miedos, temores y el sentimiento de insuficiencia que sentí años atrás, no me están permitiendo luchar por lo que de verdad quiero.

A veces no debes esperar a que venga el príncipe a por ti, sino ser la reina que busca a su rey.

Quiero luchar por él, por todo lo que nos merecemos juntos. Y es que Luca Bay, el chico de ojos esmeralda, siempre ha sido el dueño de mi corazón.

Los primeros rayos de sol entran por la ventana, ya que una vez más se me ha olvidado cerrar las cortinas para poder descansar un poco más hoy.

Abro los ojos y busco el reloj de mi mesita.

Marca las siete de la mañana… podría ser peor, pero en realidad debo levantarme y prepararme para ir a ayudar a Mackie.

Hoy es el gran día y sé lo nerviosa que va a estar, quiero ser su mayor apoyo.

Tan solo he puesto un pie en el suelo cuando alguien toca a la puerta, son las siete de la mañana, ni siquiera he salido de mi habitación y ya hay gente que reclama mi presencia. Puedo tener muchas virtudes, pero levantarme de buen humor no es una de ellas, lo puedo asegurar.

Aun así, me pongo la sudadera que más me gusta en la vida y de la cual no he podido deshacerme; una de color gris con el logo de mi antiguo instituto y con el número doce detrás, el cual está acompañado del apellido de la persona que me la prestó.

Sí, aún después de seis años sigo teniendo conmigo la sudadera de Luca, aquella que me dejó la noche que necesitaba esconderme y que nadie pudiera verme.

La verdad es que aún no sé por qué la sigo llevando, pero no soy capaz de devolvérsela, ni de dejar de usarla, la verdad. Igualmente, no creo ni que se acuerde.

Una vez estoy lo suficientemente abrigada para enfrentarme al frío que hace en estos meses, voy en dirección a la puerta, la cual no paran de tocar una y otra vez.

—Un segundo por favor, me acabo de levantar de la cama, joder. —Abro la puerta con irritación, sin comprender quién puede ser tan pronto. Me quedo totalmente inmóvil en el momento en que me encuentro cara a cara con la persona que aguarda tras ella.

Con un café en la mano, unas ojeras que desde luego me hacen saber que no ha dormido en toda la noche y un chándal que le queda demasiado bien, está Luca, en la puerta de casa, a las siete de la mañana.

La última persona que me esperaba, pero a la que más deseaba poder ver.

Luca Bay apoyado en el marco de mi puerta, con una sonrisa, mientras intenta no quedarse dormido.

—No podía faltar el día de hoy. —No dice nada más, solo da dos pasos adelante y me abraza como hace mucho que no lo hacía, intentando refugiarse del mundo entero.

—Pero… —Tartamudeo. Sigo sin saber qué decir, ni siquiera me he despertado todavía del todo, así que no puedo procesar muy bien qué está sucediendo—. ¿Qué haces aquí?

—No iba a volver a dejar que pasaras un veintitrés de octubre sola.

La fecha del día de hoy llega a mis oídos como una alerta que no puedo apagar, me aparto bruscamente de Luca y lo miró sin entender qué está ocurriendo. No puede ser hoy, es imposible que lo haya olvidado. Me giro y me dirijo al calendario que tengo en la cocina para cerciorarme.

Mi cuerpo reacciona y, junto a él, mi mente empieza a tener recuerdos desagradables, flashes de todo lo que ocurrió años atrás se hacen presentes y siento que voy a perder la cordura en cualquier momento, pero entonces Luca comienza a hablarme despacio, logrando que regrese al presente.

—Coral, respira, estoy aquí. —Ese es el problema, él está aquí. —Me pone demasiado feliz que no te acordaras.

—¿Qué? —Me giro de golpe hacia él, consiguiendo que se sobresalte por mi movimiento brusco.

—¿Cómo puedes estar contento de que haya olvidado un día como hoy?

—No debería ser mi primera reacción después de verlo, pero no soy capaz de pensar en otra cosa que no sea el bosque y la cabaña, el frío que sentía por todo el cuerpo y la oscuridad que me consumía.

—Claro que estoy contento. —Se acerca un poco a mí, intentando entrelazar nuestras manos con suavidad y delicadeza, tanteando mi reacción. Por toda respuesta, me acerco más a él. —Por fin estás entendiendo que ese es tu pasado.

Sus palabras me golpean con fuerza, sus ojos brillan de orgullo, pero en el fondo, puedo ver loque ocurre en realidad. Yo dejé el pasado atrás hace tiempo, es él quien no ha sido capaz de perdonarse y avanzar, es él quien sigue sintiéndose culpable sin dejar de abrazar su propio dolor.

Estoy totalmente perdida en el momento en que entiendo que no soy capaz de escapar de sus brazos.

La calidez que desprenden es todo lo que necesito para sentir que esto es real.

No debería estar tan a gusto en sus brazos, merezco una explicación para su marcha después de nuestras declaraciones, pero muy en el fondo de mí algo me pide que disfrute el momento, que ya tenemos mucho tiempo para hablar y explicar qué sucederá,

pero en estos momentos merecemos darle rienda suelta al amor que nos tenemos.

Los minutos pasan, me obligo a separarme de él y mirarlo a los ojos, aun cuando me cuesta, esos que siempre me han transmitido todo lo que es necesario para sentir paz.

Pero, por primera vez en la vida, no es eso lo que me transmiten, la calma que necesito para afrontar lo que viene no está en ningún lado.

Puedo ver el temor en sus ojos, el dolor y el cansancio que lleva acumulados.

—No podemos seguir así, no puedo permitir que esto suceda, Luca.

—Las palabras que pronuncio queman, no solo a mí, sino que puedo ver cómo a él también le arden en el fondo de su alma, pero es necesario para los dos.

–Nos merecemos una conversación, da igual lo mucho que hayamos dicho que nos queramos…

—Lo sé, unas palabras no arreglan toda la historia.

Asiento despacio, intentando retrasar el momento que se viene a continuación, el miedo se instala en cada rincón de mi mente, quiero salir corriendo y poder recordar solo la tarde donde no dejamos que el pasado se interpusiera entre nosotros.

Pero no es justo; ni por mis cicatrices, ni por el dolor que sentí, merezco la verdad de por qué él también huyó de mí.

—Te alejaste y prometo que traté de entenderte, sabía que podía ocurrir que después de ver lo rota que me quedé tu decisión fuera irte. —Después de mucho tiempo dejo que las palabras salgan de mí sin temor.

—Eso no es verdad. —Intenta dar un paso hacia mí, pero no se lo permito, por mucho que me encante sentir su cercanía, en estos momentos necesito por fin liberarme de esta gran duda.

—Por favor, solo escúchame primero… —Asiente despacio, con los ojos llenos de lágrimas y la respiración agitada, al compás de la mía. Pero no me echo atrás, ha llegado el momento, después de casi siete años, de que enfrentemos nuestro pasado.

No es una opción. Es la decisión que tenemos que tomar para avanzar.

Ser capaces de cerrar el ciclo que tanto dolor nos ha causado, porque es de cobardes seguir aferrada a un dolor que no mereces.

—Hace siete años el mundo se apagó por un instante para mí —confieso.

—Para mí también princesa…

No, él no puede interrumpir lo que tanto ha costado que diga. Ahora no, no puede hablarme de sus sentimientos o no seré capaz de seguir.

—No recuerdo gran cosa de la fiesta y mucho menos de lo que ocurrió después, tampoco sé cómo llegué al bosque, la verdad es que solo tengo vagos recuerdos de gritos, golpes y labios encima de mi cuerpo.

—Hago una pausa cuando siento que la respiración se me agita, dejando que se ralentice, junto a los latidos de mi corazón, antes de seguir.

—A día de hoy aún busco la razón del porqué me ocurrió a mí, por qué ese malnacido me eligió a mí de entre todas las chicas que había en la fiesta, pero con el tiempo lo entendí.

Levanto la cabeza, buscando su mirada, necesito que él me escuche y comprenda lo que estoy a punto de decir.

» Luca, si hay algo que recuerdo con total nitidez es tu voz, cuando sentía que me iba a otro mundo para no volver a despertar, cuando me dolía todo el cuerpo por la droga que él había introducido en mí…

tu voz fue la que me devolvió al mundo real, tus palabras me guiaron de regreso a la vida.

—Las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos.

—Tenía mucho miedo, creo que ni cuando mis padres nos abandonaron me sentí tan vulnerable.

Esa noche luché tanto que me acabé rindiendo, un sentimiento que aún pesa demasiado en mi día a día, saber que le iba a dejar ganar…

es algo que no me he perdonado, ni sé si seré capaz.

Sin embargo, a pesar de mi decisión, tú apareciste como el sol que aparece cada día, enseñándome que merezco algo bueno en la vida, dejándome claro que no dejarías que me ocurriera nada.

—Nunca, absolutamente nunca Coral —Se acerca a mí y esta vez no lo alejo, necesito su cercanía para poder seguir —, permitiría que te ocurriera nada y no sabes cómo me castigo cada día de mi vida por no haber hecho nada antes, por haberte perdido de vista tan solo unos minutos.

—No fue culpa tuya, tú ni siquiera tenías la obligación de estar pendiente de mí.

—Sí la tenía, joder. —Su estallido me sobresalta y retrocedo un paso, abrumada, él nunca alza la voz. —Si tan solo no hubiera sido un cobarde… joder. Pero la cagué y te hice caso, dejé que nuestros mundos siguieran separados, haciendo que tú y yo quedáramos en un segundo plano.

—Era lo mejor para ti… —digo, con un hilo de voz.

—No preciosa, lo mejor para mí es estar contigo.

Mi sueño era poder gritar a los cuatro vientos el amor que sentía por ti desde que era un crío, poder enseñarle al mundo entero la gran mujer que eres.

—Sus palabras me llegan como un golpe seco, uno lleno de sentimiento y dolor, porque está llorando, Luca Bay está sentado en mi sillón llorando mientras se rompe frente a mí.

—Cada día de mi vida me he obligado a pensar que hice lo que tú querías, pero no es verdad, tú no mereces estar en las sombras. Mereces ser vista, Coral.

—No hay mucho que ver.