El lugar donde aprendí a amar 6 #5
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Por esa razón he decidido acabar la sesión diez minutos antes de lo que nos toca, no necesita sufrir si aún no está preparada para dejar ir lo que la atormenta.

En el momento en que Kira se despide, no sin que antes la haga prometer que volverá en unos días, me dispongo a recoger y hacerle saber a Silvestre que es el momento de irnos. No pienso dejarlo ir por su lado esta vez, no tengo ganas de que vuelva a desaparecer.

Sus maullidos me hacen entender que él se encuentra demasiado cómodo, pero no dudo ni un segundo en coger algo de comida y guiarlo hacia donde quiero.

—Es hora de volver a casa.

Mientras voy de camino a casa, le escribo a Kai para poder reunirnos ya.

Vamos muy tarde preparando todas las festividades del pueblo, imagino que esa es la razón por la que Mackenzie ha decidido tomar cartas en el asunto y dejar bien claro que la fiesta del otoño se hará el próximo veinticinco de octubre,

incluso ha advertido que el concurso de comida otoñal esta vez se hará en el jardín de su pastelería.

Agradezco que mi hermano se ofrezca a hacerlo en su casa y no en la cafetería de nuestros abuelos, porque después de la tarde tan larga que he tenido siento que no podría con más vida social por hoy.

Justo cuando me dispongoa salir de casa de nuevo, me llega un mensaje que no estaba en mis planes recibir.

Es más, ni siquiera imaginé saber de él durante varios días, pero ahí está; la persona que ha vuelto para trastocar toda mi vida.

Y aunque no sé si lo ha hecho para bien o para mal, sísé que ahora mismo la situación me empieza a superar, sobre todo cuando leo lo que me dice.

Sus mensajes son como un cálido abrazo, uno que recibes sin esperar, pero que te reconforta profundamente.

Puede que para él solo sean unos mensajes sin importancia, pero para mí es un recordatorio de que sigue aquí, de que nada de lo que ha pasado hace unos días fue sin motivo.

Y, aunque me encantaría poder decirle que él también está todos mis pensamientos, no puedo dejar de pensar en todo aquello que debemos hablar.

No contesto, no puedo hacer más que releer una y otra vez su mensaje, porque si soy sincera creo que en ella se encuentra un rayo de esperanza para nosotros, tanto para los que somos hoy como para los que fuimos en el pasado.

Siento que la cabeza me va a estallar en cualquier momento, siempre he dicho que me cuesta mucho entender cómo podemos vivir tantas cosas en un día, cómo somos tan fuertes para aguantar tantas emociones juntas y aun así seguir adelante.

Así me siento hoy, intento aprovechar el pequeño paseo hasta casa de Kai para pensar en todas las conversaciones que he tenido hoy, con Mateo, Kira y hasta con Bella, eso sin contar los mensajes de Luca.

Solo quiero volver a casa, coger un libro y ponerme a leer junto a la chimenea. Pero en vez de eso, una vez más, mi mente intenta sumar otra tarea a la lista, como si mi cabeza y mi mundo no fueran a explotar en cualquier momento.

Aunque claro, en cuanto llegó a casa de mi hermano y veo queme está esperando con un buen chocolate caliente, mis pensamientos cambian un poco.

—A lo mejor sí era lo que necesitaba. —Kai me mira sin entender nada, solo está sentado a mi lado con su taza de chocolate en las manos e intentando descifrar si su hermana se encuentra bien. No, no es que esté del todo bien.

—Sé que he estado muy pendiente de Bella e incluso te dejé la responsabilidad de Isla, pero puedes contarme si te ocurre algo.

Si su mujer me conoce bien, a él que ha sido mi confidente toda la vida, solo le falta poder leerme la mente.

—Tu lugar estaba a su lado.

—Puede ser, pero no creas que no sé todo lo que ha ocurrido durante este tiempo. —Lo miro sin entender nada—. Sé lo de tu relación, una vez más, con Luca.

—No estamos juntos —me apresuro a negarlo en cuanto acaba la frase.

—No lo estáis porque aún no estáis listos, pero todos sabemos cómo va a acabar. —Alzo una ceja, invitándolo a contestar, porque me ayudaría mucho para poder aclararme. Él continúa. —Pero debéis descubrirlo juntos. Aun así, hay algo que me preocupa todavía más.

Lo miro con una ceja enarcada, pues no sé a qué se refiere.

—¿Has tratado con Luca el tema de Christian?

Ni por asomo, ni siquiera sé cómo empezar a explicarle todo lo que ha ocurrido en relación a este tema desde que él ha vuelto.

—No puedo, de verdad que sé que debo hacerlo, pero no soy capaz.

—¿Por tu sentimiento de culpabilidad? —inquiere, a lo que yo asiento despacio. —Mira, es un tema que os concierne a los dos, pero como hermano tuyo que soy, necesito decírtelo… me preocupa más el hecho de cómo pueda afectar todo esto a ti.

—No soy yo a quien han mentido Kai.

—No, pero sí eres quien ha sufrido todos estos años, ya sabes mi opinión de que dejaras de ir a las sesiones cuando solo había pasado un año y medio.

—Necesitaba empezar de cero.

—Eso no significa que sea necesario dejar la herramienta que te ayudaba a seguir viviendo.

Suelto un gruñido mientras agarro el ordenador y evito seguir con la conversación, necesito centrar mis pensamientos en algo totalmente diferente, como la organización del festival de otoño.

—¿Comenzamos? —Kai no dice nada, ríe mientras niega la cabeza y prepara su

ordenador. —De acuerdo, no tengo nada organizado este año, así que debemos darnos algo de prisa.

—Lo sé, has tenido tus razones, el otro día Mackenzie me dijo que qué nos parecería hacer el concurso de comida otoñal el veinticinco y hacerlo en la pastelería.

Él se muestra de acuerdo enseguida.

—Vale, entonces esa parte está totalmente solucionada, pero falta avisar a los vecinos…

—De eso me encargo yo, tete. Hago un cartel y mañana lo pongo en los sitios claves del pueblo, de esta manera la gente tendrá dos días para prepararse. —Kai asiente y se centra en los siguientes puntos de la lista infinita que tiene para organizar.

No pasamos mucho más tiempo juntos, solo nos encargamos de dividirnos para llevar a cabo la fiesta de los marineros, la cual ya hemos tenido que retrasar bastante por todo lo ocurrido.

Tenemos mucha suerte de que toda Coralina está pendiente de la salud de Bella y haya comprendido que esa era nuestra mayor prioridad.

Aunque no me guste pasar tan poco tiempo con Kai, sé que hoy debemos terminar nuestra reunión bastante antes, él tiene que ir a buscar a Isla a casa de nuestros abuelos y yo tengo que descansar para mañana poder ayudarle en todo a Mackenzie,

como bien me ha recordado cinco veces en las últimas dos horas.

La verdad es que yo estaría igual, después de seis años de trabajo duro, por fin ha conseguido crear aquello con loque tanto soñaba y mañana se va a convertir en una realidad.

Está más que claro que voy a estar ahí la primera a la ocho de la mañana para ayudarla en todo lo necesario, aunque no soy la única, toda Coralina está expectante ante la gran inauguración.

Sobre todo, porque es un abrazo para nuestro corazón ver cómo la niña de ocho años que llegó aquí con tantos miedos y tan rota ha sabido luchar para lograr alcanzar sus mayores sueños.

En cuanto llegó a casa puedo sentir el vacío que hace ya varios días que me acompaña, el hecho de no tener a Isla conmigo después de varias semanas me hace volver a sentirme sola y, aunque antes era algo que necesitaba como el respirar, desde que ella y Luca ocupaban mis días,

pude ver la importancia de la luz que transmiten las personas a tu alrededor.

Imagino que por eso ahora me resulta tan difícil volver a estar tranquila en la calma de mi casa, llena de silencio.

Me dirijo hacia mi librería y observó todas las velas que tengo para cada momento del año.

Sí, para cada momento, el aroma que desprenden las velas siempre ha sido una necesidad en mi vida, es la conexión entre mi mundo y otros que todavía estoy por conocer, como si a través de ellas pudiera reconectar conmigo misma.

Supongo que es lo que necesito cuando me dirijo hacia mi vela favorita; sweet autumn la vela que más veces he comprado en mi vida.

Decido regalarme una noche para mí, como hace tiempo que no hago. Me dirijo hacia la libreta de la novela que estoy creando, pero en el último momento me obligo a coger la que uso para soltar todo aquello que tengo guardado y me da miedo dejar ir.

Aun con el frío que empieza a hacer en este mes en Coralina, abro los ventanales que dan hacia el porche y muevo la mesa que tengo en la otra pared, hacia donde entra la luz de la luna, teniendo el regalo de poder observar el mar de fondo y nuestro faro a la lejanía.

Durante primeros minutos me centro en mí, en mi respiración y en todo lo que he vivido a lo largo de mi vida.

Me obligo a recordar todo el dolor que he tenido que sentir, cada cicatriz que se ha ido instalando en mi corazón y también la suerte junto a la valentía que decidí adoptar para poder seguir adelante.

A veces es necesario pararse a pensar en todo lo que has logrado superar, sobre todo cuando piensas que una pequeña ventolera puede cambiar tu mundo.

Es en estos momentos donde te das cuenta de que empiezas a estar a salvo, porque tú en el pasado ya atravesaste la tormenta y conseguiste llegar al sol.

Sol… el sol lo significó todo para mí; no solo fue el elemento que me trajo de vuelta a la vida con su calidez, también se convirtió en la persona que me guio de vuelta a la realidad.

No es algo que me encante recordar, teniendo en cuenta toda la oscuridad que luego tuvimos que atravesar, pero hoy, sin embargo, siento que necesito pensar en él, en el chico que me salvó la vida aquella noche.

En la persona que nunca dejó de luchar por mí, al menos hasta que ya fui una causa perdida.

Él, mi solecito, fue quien me enseñó que la vida es más bonita de lo que creemos, porque siempre vamos a encontrar luz en ella, aunque sea solo en los pequeños detalles.

El problema es que, para mí, la luz que me trajo de vuelta fue la que él transmite…

Las pequeñas reflexiones de hoy me hacen entender que, a veces, las malas decisiones no deben pesar tanto como las buenas.