6 #4
Y no porque yo no pudiera hacerlo también, sino porque primero necesitaba salvarme a mí mismo… supongo que no pensé que después de tantos años seguiría perdido hasta que volví a verla.
Ninguno de los dos decimos nada por un buen rato, solo me vuelvo a sentar e intento controlar mi respiración todo cuanto puedo, porque a Bella tampoco le vienen nada bien estos sobresaltos después de todo lo que ha sufrido.
—¿Entonces te quedas? —inquiere, esperanzada, aguardando por mi respuesta con ansias.
—Siempre ha sido mi lugar.
—¿Coralina o Coral? —Sonrío nada más escuchar su nombre y, aunque la pregunta puede parecer difícil, yo la tengo clara.
—Las dos; porque si algo es Coralina, es gracias a Coral.
No le da tiempo a contestar, su teléfono empieza a sonar, no necesito ni siquiera que me diga quién es, porque mi hermana se encarga de echarme una mirada para que no diga nada que no debo.
La chica que me ha robado el corazón está al otro lado de la línea.
Bella no me deja quedarme a escuchar en el momento que la conversación se vuelve más privada, así que me retiro con cautela para que no hacer ningún ruido que me delate,
lo último que necesito es que me odie todavía más por haberla dejado sin ninguna explicación y que me vea tan tranquilo con mi hermana.
Pese a ello, no puedo irme muy lejos, porque escucho que Bella pone el altavoz para estar más cómoda, así que cuando llego a la puerta consigo escuchar un suspiro largo que viene de Coral.
Cuando Coral le dice a Bella que está lista para explicarle la parte más dolorosa de toda la historia, sé enseguida que se trata del momento en que me fui, sobre todo porque los primeros días recibí mensajes suyos que no me atreví a contestar.
—Siento que nunca fui suficiente para nadie, Bella, es como si por mucho que intentara volver a empezar en la vida, otro batacazo me derrumbara.
El adiós de mis padres es algo que ni siquiera he conseguido entender hoy en día, tanto que a veces pienso que, si ni ellos me dieron una oportunidad, ¿quién me la iba a dar?
—Quiero pegarme un puñetazo en cuanto escucho la confesión de Coral, por lo idiota que he sido este tiempo de no poder demostrarle que no es que no sea suficiente, es que nadie es lo suficiente bueno para ella.
—En cuanto me fui a la universidad era consciente que todo cambiaría, sobre todo al ver que por mucho que amara Coralina, me estaba trayendo demasiados recuerdos dolorosos, era como una relación de amor- odio y sabía que tenía que poner distancia para poder arreglar las cosas con ella…
—No se escucha nada por unos largos segundos, como si no supiera cómo seguir—.
Pero, si te digo la verdad, siempre pensé que en el fondo lo tendría a él, Luca siempre fue mi calma en alta mar y la luz que me guiaba de vuelta al camino correcto, pero entonces él desapareció de mi vida, cuando más lo necesitaba se alejó hasta que al final huyó de mi lado,
igual que hicieron mis padres.
—Él no es como tus padres, Coral. —Me reconforta que mi hermana piense eso, pero después de escuchar las palabras de Coral, no puedo evitar pensar que sí que lo fui,
porque durante toda mi adolescencia le prometí que nadie la haría pasar otra vez por aquello que le hicieron vivir con tan solo cinco años, pero resultó que lo hice mucho peor—.
Deberías hablar con él de todo esto que aún te atormenta, siempre te he dicho que en las palabras está el entendimiento.
Suspiro, recostando la frente en la puerta de la habitación y aguantando las ganas de ponerme al teléfono para decirle que estoy aquí, que no me quiero ir a ningún lado, pero ahora mismo no conseguiría nada con eso.
—Yo quiero tener esa conversación, de verdad que sí, pero cada vez que confío en él, huye; como si quedarse a mi lado quemara.
No, no y no.
No puedo permitir que la chica de la que llevo enamorado toda mi vida en silencio piense algo tan doloroso de mí, me niego a creer que le he hecho tanto daño como para que tenga esa imagen de sí misma.
Necesito arreglar las cosas cuanto antes.
—Es más, las cosas iban mejorando, incluso por fin he podido confesarle parte de mis sentimientos.
—Entonces supongo que él también te dijo los suyos, ¿no? —Y tanto que lo hice, no podía permitir callarlos ni un día más.
—Lo hizo y te prometo que le creo, sé que siente lo mismo que yo porque sus ojos no mienten…
—¿Pero?
¿Hay un, pero? No tendría que haber ningún, pero, yo la quiero y ella a mí, es más que suficiente para luchar contra nuestros recuerdos convertidos en monstruos, aquellos que nos llevan destrozando demasiado tiempo.
—No es que haya un pero como tal, simplemente que creo que aún quedan demasiadas conversaciones sobre nuestro futuro que no hemos afrontado, a veces querer a alguien no es suficiente para crear una vida junto a él.
Trago lentamente al analizar las frases de Coral, entendiendo cada argumento que está exponiendo desde su mayor sinceridad. Es como si me hubiera traído de vuelta al mundo real, al aparecer me encontraba en un cuento de hadas donde solo se necesitaban unas palabras bonitas para avanzar.
La vida no se trata de eso, sino de conversaciones incómodas, luchas infinitas y un amor que esté dispuesto a todo.
Supongo que esa es la razón de por qué mi lugar es ella; es quien me hace volver a la realidad de la manera más bonita.
Ahora es el momento de crear esa historia verdadera, por mucho dolor que tengamos que atravesar primero.
—No sé por qué se ha ido, Bella, pero después de mucho pensarlo estos días, lo que quiero es esperarlo.
—Un suspiro sale de mí, como si me acabaran de devolver la vida.
—El amor trata justamente de eso; de entender y acompañar a quien más quieres, aunque no entiendas qué es lo que está ocurriendo en realidad.
—Entonces haces lo correcto, cariño, solo ten paciencia para que los dos estéis listos para crear vuestro mundo.
No puedo seguir escuchando, las ganas de llorar aparecen inesperadamente, no las sentía desde hacía bastante tiempo y necesito centrarme en algo que no sea en mi tormenta de ojos azules, si no sé qué seré capaz de dejarlo todo aquí para volver a ella.
Solo un poco más, unos días más para poder arreglar mi vida y poder empezar la que yo realmente quiero en Coralina.
En el momento en que cuelgo el teléfono necesito apoyarme en el escritorio y respirar profundamente varias veces.
—Coral inspira y expira, tú puedes, poco a poco. —Repito esa misma frase varias veces hasta que mi pulso vuelve a latir con tranquilidad.
Hablar con Bella sobre tantas cosas que tenía guardadas y no sabía cómo exteriorizar, me hace sentir más relajada, pero también hay una parte de mí, la vulnerable, que se siente un poco menos ella por haber dejado ir un pedazo de su corazón. Por mucho que sienta que es lo mejor que he podido hacer.
Sobre todo, la parte de lo que siento por Luca, por mucho que sienta que debería estar enfadada con él, no puedo hacerlo, es algo que no concibo en mi mente. Menos aun cuando sé que también tiene mucho dentro de él que le hace daño.
Es en este preciso instante cuando me prometo que no solo trabajaré y lucharé para que mis niños puedan sacar su mejor versión, también lo intentaré con él, con el chico de ojos esmeralda que me vuelve loca desde hace tanto tiempo.
Yo tuve la suerte de tener a Bella en mi peor momento, alguien que me entendía y me escuchaba sin juzgar, ahora quiero ser esa persona para Luca, quiero que juntos podamos decirle adiós al pasado, dejándolo en un recuerdo que nos enseñó quiénes somos hoy en día.
No sé qué ocurrió tiempo atrás en su mente, ni por qué tomó las decisiones que tomó, pero no puedo engañar a nadie; la mirada que yo he visto siempre en él, sobre todo cuando me desperté en el hospital hace casi siete años, era la de un chico al que acababan de romper por dentro.
El sonido de la puerta me obliga a volver a centrar la atención en todo lo que me rodea, escucho una suave voz que sin ver todavía de quién se trata, me hace sentir un nudo en el estómago.
Podría reconocer ese sentimiento que transmite la persona al otro lado de la puerta en cualquier lugar; es el sentimiento de la vulnerabilidad.
—Lo siento, llego muy tarde, señorita Coral… soy Kira. —Creo que nunca había escuchado una voz que temblara tanto a la hora de hablar, está forzando sus cuerdas vocales incluso para comunicarse.
Aunque lo peor viene después, porque en el momento en que abro la puerta para poder darle la bienvenida y la veo, quien empieza a ponerse nerviosa soy yo.
No tengo ninguna duda de que Rafael se estaba refiriendo a Kira cuando me dijo que estuviera preparada.
Ante mí se encuentra una chica que no puede ser más parecida a mi versión del pasado, tanto que me descoloca por un segundo.
Tiene el mismo pelo rubio que yo, la misma piel pálida con moratones ocultos que se pueden ver si estás cerca y sabes dónde mirar.
Lo único que la diferencia de míes que sus ojos son de un color miel que te hipnotizan y no azules como los míos.
—Puedo... —Sus palabras me dan a entender que ni siquiera sabe cómo continuar la frase, así que me adelanto.
—Claro, eres totalmente bienvenida. —Entra poco a poco, como si no quisiera ni rozar la pared que tiene al lado, es como si pensara que podría romper algo en cualquier momento—. Kira, necesito que intentes relajarte, siente este lugar como tu sitio seguro a partir de ahora.
Intento que me escuche y que, más allá de eso, me crea, incluso le acerco la mano para poder agarrar la suya, pero se echa hacia atrás bruscamente, como si me tuviera miedo.
Cierro los ojos en un acto reflejo, no me gustaría que lo que mi cabeza está pensando sea verdad, pero puedo ver en sus ojos que no lo ha hecho conscientemente, sino que es un acto reflejo.
—No… no sé qué decir. —Consigo que se siente en el sofá, aunque no me mira a los ojos, intento darle pequeñas pausas para que consiga hablar—. Esto es difícil para mí.
Así son los siguientes treinta minutos, llenos de miedo e incertidumbre. Es más, cada vez que intento hablar con ella sobre qué le provoca estar en este estado o que me hable un poco de ella, la ansiedad se apodera de ella.