El lugar donde aprendí a amar 6 #2
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6 #2

Durante unos minutos se queda en silencio, todo el despacho en realidad, solo se escuchan algunos maullidos de Silvestre, que está intentando coger alguna mosca. Hasta que la decisión se refleja en los ojos de Mateo, dándome a entender que ha comprendido todo a la perfección.

Siento quemí cabeza quiere estallar después de la sesión que acabamos de tener, aun cuando ya hace veinte minutos que Mateo se fue, siento que aún me quedan muchas cosas por decir.

Hoy ya he tenido una victoria, el avance más importante con Mateo.

Por fin, ha podido ver la realidad del mundo y la crueldad de las personas, entender que cuando te rompen por dentro, nunca es por tu culpa, sino por lo cobardes que son esas personas por no pedir ayuda antes de destrozar su alrededor.

Respiro hondo una vez más antes de que llegue Kira, la nueva chica que Rafael me ha dicho que necesita ayuda.

Me ha advertido que será duro para mí, que las mochilas que carga son parecidas a las que una vez cargué yo en la espalda…

y no sé cómo tomarme esa referencia. Durante mi adolescencia, o incluso mi niñez, fueron muchos los traumas y dolores que viví, algunos de ellos siguen cicatrizando hoy en día, así que tengo un poco de nervios de ver con qué me encontraré.

Aprovecho para coger en brazos a Silvestre y ponerlo en la cama que le traje una vez aquí, con la esperanza de que regresara, mientras lo arropo contra mi pecho, haciendo que él se haga una bolita y yo me concentro en su respiración para poder relajarme junto a él.

Poca gente lo sabe, pero una de las mayores dificultades de ser psicóloga es tener que vivir con el dolor de tus pacientes todo el día, el no poder cerrar la puerta del despacho y seguir con tu vida dejando allí todos los sentimientos y las conversaciones que tuviste con ellos.

Y hoy, es cuando más difícil me está resultando, después de la charla con Mateo sigo con angustia y, a la vez, siento paz de ver cómo poco a poco voy haciéndole ver la realidad.

Como se suele decir, todos los trabajos tienen algo que te rompe y en este, sin lugar a duda, es quedarme con las miradas y sentimientos de los que quiero salvar.

En ese instante, mi mente viaja a Bella, al ángel que me salvó años atrás, la que decidió quedarse con todo mi dolor para que yo pudiera florecer y vivir la vida. Supongo que es en este momento cuando me doy cuenta de que todavía la necesito…

Mi mano viaja poco a poco hacia mi pecho, buscando poder hacer los ejercicios de relajación que Bella tantas veces me tuvo que enseñar mientras me encontraba en el rincón de su sala, con las piernas pegadas a mi pecho y con la respiración irregular, todas las veces que intentó frenar mi ansiedad.

Aunque sé que no estoy teniendo un ataque de ansiedad, sí que puedo notar cómo la respiración me sale entrecortada, sobre todo después de los acontecimientos de estos últimos meses.

Cojo el teléfono rápidamente y aunque estos últimos días me daba temor comunicarme con ella, sé que no puedo seguir así. Escuchar su voz es como una brisa de aire fresco, porque desde hace varios años ella es la que me devuelve la cordura en cada momento de mi vida.

Respiro hondo y mi dedo índice se desliza por la pantalla hasta llegar el nombre que busco:

Nunca he podido agregarla de otra manera que no sea de esta, para recordarme todo lo que consiguió por mí y todo lo que tengo que luchar, y es que a veces se nos olvida que la vida no son solo etapas que vivimos y olvidamos,

en nuestro recuerdo siempre queda una pequeña nube llena de momentos que no nos dejan ser libres, solo que nosotros debemos decidir cómo queremos interpretarla.

Por mi parte, hace mucho que supe a loque tenía que enfrentarme, porque mi cobardía murió ese veintitrés de octubre en el bosque.

En el momento que le doy a llamar, mis manos comienzan a sudar, como si no supiera qué es lo que encontraré al otro lado de la línea.

Un tono. Dos tonos. Tres tonos.

Empiezo a pensar que he elegido un mal momento para llamar, pero cuando estoy a punto de rendirme una voz suave responde.

—Por fin llamas, renacuaja. —Su voz es débil, como si le costara hablar todavía.

—Bella…, estás viva. —Soy consciente de que no deberían ser mis primeras palabras al hablar con ella, pues esta claro que está más que viva. Pero la última vez que la vi fue en el hospital de Coralina, llena de magulladuras y con diversas máquinas conectadas—. Perdona, no quería decir eso.

Se escucha una pequeña risa, una ronca, parece que aún le cuesta comunicarse después de estar intubada.

—Tranquila Coral, no soy un fantasma, os queda Bella para largo. —Escucho otra vez un sonido de fondo, como si alguien estuviera hablando en susurros, pero no llego a entender muy bien qué dice y mucho menos puedo distinguir su voz.

—Puedo llamarte en otro momento si estás ocupada. —Niega rápidamente mientras le dice algo a la persona que está con ella para que se retire. No tengo claro quién puede ser, ya que mi hermano se encuentra aquí, pero imagino que a lo mejor un familiar se ha acercado a visitarla.

—Soy todo oídos, ¿qué ocurre? —Quiero decirle que nada, que solo llamo para escucharla después de tanto tiempo y porque la echo de menos, pero en el momento en que se hace el silencio, me doy cuenta de que esa mentira no va a funcionar con ella.

—No lo sé, Bella.

—Está bien, entonces empezaremos por el principio como siempre hemos hecho.

—No creo que sea el momento, tú estás recién salida de un coma y debes centrarte en ti.

—Coral Mariner, llevo sin hacer nada casi dos meses por culpa de un imbécil que me sacó de la carretera.

Y por si eso fuera poco ni siquiera he podido disfrutar de mis primeros meses de embarazo como todo el mundo y encima me quedan bastantes días para poder salir de aquí.

Lo único que quiero hacer es sentirme yo por un segundo, nada de la chica herida, la mujer de tu hermano o la madre de dos pollitos.

Quiero ser Bella Bay de Mariner, la psicóloga, la mujer que ama su vida.

Escuchar la fortaleza que sigue teniendo, aun después de todo lo que ha tenido que vivir últimamente, me ayuda a recordar por qué quise ser como ella, y por qué sigo aquí luchando por conseguir parecerme a la mejor psicóloga que he tenido nunca.

La razón es simple; que ella me enseñó lo esperanzador que es y la luz que te da ayudar a avanzar a estas pequeñas personas que a veces, no es que están perdidas es que tienen una tormenta en su interior y necesitan ayuda para que salga el sol de nuevo.

—Desde que ocurrió tu accidente el pueblo ha cambiado mucho. —Mi voz tiembla sin poder evitarlo.

—No solo el pueblo, sé quién ha vuelto, Coral, y te recuerdo que conmigo no hay secretos.

Suspiro, buscando una escapatoria a la conversación, ya que aún no he sido capaz de hablar con nadie, aparte de pequeños detalles con Mackenzie.

—Que él regresara desestabilizó mis esquemas, el hecho de que volviera y sentir que ya no era el chico alque yo conocí me ha destruido. —Decirlo en voz alta por primera vez es sanador.

—¿Por qué? Tú tampoco eres la misma chica, Coral.

—En eso tienes razón, pero yo no desaparecí después de tantas promesas.

—Necesito parar y respirar por un segundo, no quiero decir cosas que de verdad no pienso.

—Sé que fui yo la primera en querer hacer las cosas a mi manera, incluso yo pedí que nadie supiera de nuestra amistad para que su reputación y su futuro no se tambalearan.

—No sé cuántas veces tengo que decirte que tú no eras el monstruo en la historia.

Esta vez soy yo quien se retuerce los dedos y miro hacia el techo intentando que las lágrimas vuelvan a esconderse.

—Simplemente no quería que tuviera que lidiar también con todos los rumores que circulaban de mí.

—Él lo hubiera hecho encantado. —Ese no es el problema, nunca lo fue.

—Sé que mi error fue pedir que se alejara, pero no contaba con lo que pasaría después… —Bella se tensa en el momento en que le menciono esta nueva información, nunca he querido desvelar nada de lo que ocurrió anteriormente junto a él.

—¿Ahora estás lista para explicarme esta parte?

Sí, y lo digo sin dudar, porque por mucho que yo pueda tener estas recaídas, sigo siendo la Coral que luchó con toda su alma para reconstruirse, sé que voy por el buen camino.

La vida no se trata de avanzar solamente, sino de ser capaz de mirar atrás y ver todo aquello que decidimos dejar de lado para construir una nueva era mucho mejor.

—Sí, lo estoy. —Sé que se ha acomodado y que está lista para que empiece, así que me preparo mentalmente para explicar por primera vez uno de los recuerdos que más dolor me provocaron en el pasado.

Porque si quiero avanzar, si quiero ayudar a estos chicos que hoy me necesitan, debo primero acabar de librar mis batallas.

Aun cuando la más dolorosa de todas fue con el chico del que estoy enamorada.

Llevo varios días intentando arreglar el desastre que dejé cuando quise regresar a Coralina, intentando no dejar a ningún paciente desatendido, sobre todo ahora que el hospital ya cuenta con mi carta de renuncia.

A decir verdad, no estoy muy seguro de cuándo tomé la decisión final, si fue en el momento en que pisé Coralina después de tantos años o en el momento en que la vi. Si me tengo que decantar, lo hago por la segunda opción.

Ella siempre ha sido mi debilidad, mucho más que mi hermana, así que, si a eso le sumamos el momento en que entré por las puertas del hospital y la vi después de tanto tiempo, con la nariz roja de tanto llorar,

las lágrimas brotando de sus ojos e intentando ayudar a todos nuestros familiares en vez de centrarse en ella por una vez, no me resulta muy difícil entender que mi corazón sigue latiendo por ella.

Puede que aún no tenga claro el motivo de la distancia que se ha creado entre nosotros, pero sé que gran parte de la culpa es mía por desaparecer. Es solo que sabía que no podría controlarme al quedarme y ver que ella estaba tan destruida.

Bella me pidió más de una vez que regresara, que ella me necesitaba. Y, aunque no lo dudaba ni por un segundo, teniendo en cuenta que yo también necesitaba a Coral Mariner como el respirar, no podía volver.