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Menos aún, que los pequeños sofás que ha puesto en la esquina que da al ventanal del interior, tengan la forma de una concha alargada, es impresionante el amor que le ha puesto a todos los detalles y sobre todo cómo ha conseguido que Coralina esté presente en cada rincón.
Todos los electrodomésticos son azulados para así darle un pequeño contraste y aunque soy consciente de que para una pastelería se necesitan muchos, estos son demasiados, muchos más de los que habría imaginado, porque tardo por lo menos una hora en desembalarlos todos.
—Tienes cara de asustada —comenta Mackie desde la zona exterior, ella está acabando de poner listas las sombrillas, de color rosa tenue, lo cual creo que le ha costado demasiado, ya que me la encuentro totalmente agotada y su melena rizada atada en un moño alto, algo muy raro en ella.
Casi nunca deja que se le vea el cuello, no desde que tiene catorce años.
—Y tú de cansada, ¿de verdad es necesario tanto electrodoméstico?
—Deja de ofenderme amiga, me da igual que el pueblo adore todo lo que haga y no vengan a darme una estrella Michelin, pero quiero poder hacer infinidad de bollería.
Mi objetivo es encontrar la receta perfecta para presentarla en algún concurso—.
La ilusión con la que me comenta sus planes a futuro solo me puede dar a entender una cosa: solo las personas que viven y sienten lo que de verdad quieren lograr son capaces de conseguirlo.
—Aunque, cambiando de tema. —No quería tratarlo aún con ella, pero es algo que sé que si no le pregunto me volveré loca—. Tanto Luca como yo hemos notado que desde que volviste de tu escapada para reencontrarte estás diferente, a veces pareces más triste o distraída.
Mira al suelo, sin fuerza para mantenerme la mirada, y eso me preocupa aún más, es por eso por lo que me pongo alerta y me acercó rápidamente a ella para abrazarla.
—Ey, ¿estás bien?
—Sí… es solo que ese viaje fue sanador en muchas partes, pero también ocurrieron ciertas cosas que bueno…
me hicieron ser como soy ahora. —Enseguida quiero preguntar de qué se trata, pero aparto ese pensamiento cuando veo que no ha terminado de hablar.
—Te prometo que cuando sienta que es el momento te lo explicaré todo.
Asiento atrayéndola hacia mí, para así poder abrazarla, porque me da igual que ella sea unos casi diez centímetros más alta que yo, ahora necesita que sea yo quien la arrope. Porque de eso tratan las amistades verdaderas.
Escuchar cuando necesitas ser escuchado. Querer cuando necesitas sentirse querido.
Y acompañar en todo el camino de la vida, en el aprendizaje y en los errores.
Después de estar todo un rato más ayudando en todo lo necesario para la inauguración, porque según ella aún no estaba perfecta para ello, me despido de Mackenzie para poder dirigirme al instituto.
Me encanta pasear en cualquier época del año por Coralina, pero si tuviera que elegir una, sin pensarlo sería esta.
El otoño siempre trae la brisa fresca del mar, pero sin tener que ir demasiado abrigado, a ese sentimiento tienes que sumarle los caminos llenos de hojas que se resbalan de los árboles y que parece que te guíen hacia donde tienes que ir.
Mire adonde mire puedo ver las tonalidades naranjas y marrones típicas de esta época, sobre todo cuando van en conjunto con las luces cálidas y tenues que ponen por todo el pueblo para que sientas ese ambiente acogedor y tranquilo que se respira por sus calles.
En cuanto me adentro por Carolina solo puedo ver a niños pequeños jugando con las hojas del suelo y gente tomando cafés calientes dentro de las cafeterías.
Eso sin contar toda la decoración que hay por todas las casas, no solo otoñales, sino que algunas le empiezan a dar la bienvenida a Halloween, mi época más temida desde hace años.
Y, aunque me cuesta pasar por delante de calaveras, fantasmas y sobre todo de las máscaras con forma de demonio intento disfrutar aun así del paseo que me brinda la calma que hay a mi alrededor.
Hace demasiados días que no voy a la plaza principal del pueblo, algo raro en mí porque suelo ir bastante, sobre todo para jugar con Isla y sus amigos, o para poder leer en los bancos que hay alrededor.
Por eso, con la excusa de que voy con tiempo de sobra, porque al final Mackie no ha necesitado tanta ayuda, decido pasar por la librería del pueblo para poder abastecerme de nuevas lecturas y comenzar una de ellas en la plaza.
Porque, por mucho que tengamos paseo marítimo, faro, bosque y muchos sitios donde estar, siento que nuestra gran plaza redonda, donde celebramos las diferentes festividades, es el mejor sitio para estar en esta época, porque ahora se siente un ambiente acogedor.
Cuando estoy a punto de llegar a la librería, la cual se encuentra a tan solo dos calles de la casa tanto de mi hermano como de los padres de Luca, puedo divisar cómo están dando una vuelta, así que decido acercarme a ellos primero.
—¿Estoy viendo a la niña más bonita de toda Coralina? —Isla se asusta cuando escucha una voz que, tras su espalda, pero enseguida se recompone al darse cuenta de que soy yo.
—¡Tía Coral! Te he extrañado mucho. —La recibo en mis brazos con todo el amor del mundo.
—¿Por qué? Sabes que puedes venir a casa siempre que quieras.
—¿Ahora? —Me río al escucharla, sí que me ha echado de menos, sí.
—No agobies a la tía Coral, cariño. —Aurora enseguida viene al rescate, con esa luz que siempre transmite a los demás.
—Tranquila madrina, ella nunca me agobia. —Isla le saca la lengua a su abuela, como si hubiera conseguido lo que quiere.
—Hacía mucho que no me llamabas así, cariño.
Me avergüenzo en cuanto lo dice, sé que tiene razón, durante estas semanas me encerré mucho en mí y en la pequeña, tanto que ni siquiera pensé en lo mal que lo estaba pasando ella o Rafael.
—Tienes razón, siento no haber estado por vosotros…
—Coral, nosotros nos tenemos siempre que nos necesitamos, pero estoy feliz de que hayas estado para él. —Intento entender de quién habla, pero me quedo en blanco, sin entender a qué se refiere.
—Aurora se refiere a Luca. —La voz de Rafael me llega desde atrás, por lo que me giro y veo que a su mirada por fin ha vuelto un poco de la felicidad que perdió a raíz del accidente de Bella. —Has sido la luz que siempre ha necesitado para volver, pero también todo lo que necesita para vivir.
—Rafael, no estamos… —Trago con fuerza, están pensando cosas que no son reales.
—Sí, sí… sé que no estáis juntos porque mi querido hijo a veces tiende a asustarse y hacer las cosas como no debe o simplemente vuelve a huir. Sin embargo, esta vez sé que no quería irse, te lo aseguro, y la fuerza que tiene para volver es simplemente por ti.
Quiero que me lo diga, necesito que alguien me explique adónde se ha ido y por cuánto tiempo. Necesito alguna explicación antes de volverme loca. Quiero entender qué está ocurriendo y por qué soy la última en enterarme de todo.
—Vale, está bien, dejemos que mi hermana respire un poco de este dichoso tema. —Me alegro al escuchar la voz de Kai, sobre todo cuando viene a rescatarme al ver que mi cara es de completo agobio—. ¿Cómo estás?
—Pues bueno… digamos que tengo días mejores y días peores, sobre todo con todas las terapias de los chicos y el tema de Bella.