5 #4
—Ha vuelto, Coral, no me ha dejado solo. —Sus ojos se llenan de lágrimas y yo tengo que contener las mías.
Sus palabras, aunque no quiera, me destrozan un poco por dentro, él nunca estuvo solo porque siempre tuvo una familia a su alrededor.
Y yo, aunque tengo a mis abuelos, no puedo evitar pensar que, si la situación hubiera sido al revés y esto le hubiera ocurrido a Kai, yo perfectamente me habría quedado desamparada.
Me deshago de esos pensamientos intrusivos y me vuelvo a centrar en la voz de Luca y en su respiración alterada por culpa de la emoción.
—Ella nunca te dejaría sola, incluso vuelve con uno de los mejores regalos de la vida.
Me abraza más fuerte, como si tuviera miedo de que me fuera a evaporar en cualquier momento, y aunque me encantaría seguir así un buen raro, siento la mirada de toda Carolina sobre nosotros. Desde aquí, también veo cómo Mackenzie me intenta hacer señas sobre algo que no logro descifrar.
Hasta que oigo un carraspeo, uno que estoy cien por cien segura de que no pertenece a nadie de los nuestros y que solo viene a romper la poca paz que habíamos logrado.
—¿Interrumpo? —Una voz femenina suena justo detrás de mí.
Luca es el primero en verla y aunque no tengo ni idea de quién es, solo puedo decir que consigue que el hombre más valiente que conozco se ponga lo más tenso posible y se aleje de mí, haciendo que yo desaparezca completamente de la escena de repente
—Sara… —Luca susurra su nombre como si el simple hecho de decirlo fuera a romperlo y es entonces cuando me doy cuenta de que simplemente sobro en este espacio.
—Me ha costado un poco encontrarte. —No dice mucho más, solo se abalanza sobre él y lo abraza.
Al verla, sé perfectamente que estoy ante la chica de la que sus padres me hablaron hace unos meses. Con la que suele estar siempre, con quien había salido más de una vez, aunque no fuera nada oficial. Es una chica preciosa, con el pelo rubio platino y los ojos verdes esmeralda.
Y, sin quererlo, esto hace que mi corazón, el cual pensaba que no podía soportar más grietas, vuelva a crear una aún más grande que todas las anteriores.
¿Cómo me he podido olvidar de ese detalle? Nos hemos besado, le he dicho loque siento, sin recordar la vida que él tiene y a la que ahora pertenece…
Todos nos quedamos observando la escena, aunque yo intento apartar la vista, porque no puede ser real lo que estoy viendo ahora mismo. Es mi abuelo el que me aparta de allí y me saca fuera de la cafetería sin que nadie nos vea, menos ella, claramente.
—Hoy duermo contigo en casa –espeta Mackenzie. Suno es una pregunta y yo no sé qué decir.
—Mackenzie…
—No me digas que estás bien, porque hasta yo tengo ganas de pedir explicaciones.
—No me debe nada, solo me encuentro algo desubicada.
—Desubicada estará mi abuela, no me intentes tomar el pelo, porque no. Vamos a casa, nos tomamos una copa y nos desahogamos.
Me lo pienso porque mañana, aunque es mi día libre, me toca ayudarla en la pastelería, y aunque ahora ya no deba ir a la escuela, quiero aprovechar para hacer varias cosas.
Pero, entonces recuerdo todo lo que ha ocurrido esta tarde. Sus palabras, sus promesas y de repente aparece ella y siento que todo en él ha cambiado simplemente con verla… Por eso, pienso que también merezco disfrutar de este rato con mi mejor amiga.
Así que le extiendo la mano para que me la agarre y nos vamos directas a casa, como cuando teníamos dieciocho años, a disfrutar y a vivir por y para nosotras.
Llevamos más de la mitad de camino, uno en el que ninguna de nosotras ha podido hablar de nada, no porque Mackenzie no quisiera, sino porque yo solo podía pensar en cómo puedo dejar que la gente me engañe una y otra vez.
—Ey, ¿estás bien…? —La pregunta me deja estática, porque la verdad es que no lo sé. Hace mucho tiempo que no me sentía de esta manera.
Es horrible cuando alguien te hace sentir menos o insuficiente, cuando después de tanto tiempo dejas que poco a poco la persona que creíste que era la correcta, entre en tu corazón.
Pero resulta que, una vez más, no eres tan valiosa como para permanecer en tu vida.
Y, cuando ocurre una vez, tras otra y tras otra… acabas como estoy yo ahora.
—Estoy cansada, pero cansada mentalmente.
En cuanto llegamos a casa, es como si el mundo desapareciera para las dos, solo existimos nosotras.
Dos mejores amigas con pijama y dos copas de vino, no necesitamos más.
Para mí, es la definición perfecta de felicidad en estos momentos, a pesar de que el teléfono no ha dejado de sonar con llamadas de Luca.
Pero ahora mismo no estoy para más mentiras, ni más promesas que sé con certeza que no va a cumplir.
No quiero sonar como una inmadura, pero estoy tan cansada de sus palabras vacías que ahora mismo no quiero saber nada de lo que tenga para decirme. Es simplemente que, por esta noche, por un rato… Necesito encontrar mi paz y la calma antes de que empiece la tormenta.
Porque me lo merezco por una vez ser yo la que pueda elegir cuando estoy dispuesta a hablar.
—No vamos a hablar de nada de lo que ha ocurrido —asegura Mackenzie. Ella es mi mundo, la persona que me entiende y no me presiona, por eso la quiero tanto.
—¿Entonces de qué quieres hablar?
—Quiero que me hables de los niños a los que atiendes, la importancia que estás teniendo en sus vidas. Porque eso es lo que te hace ser Coral Mariner, la fuerza y la lucha que has tenido hasta llegar a conseguir lo que tanto querías. Eso te hace más válida que el hecho de ser la mujer de alguien.
Y tiene toda la razón del mundo, porque soy Coral Mariner. La chica que atravesó y consiguió salir vencedora de uno de los mayores traumas que una mujer puede vivir, pero sobre todo soy lo que siempre soñé ser; la psicóloga de mi pueblo, mi hogar, aquella que lucha por el futuro de los jóvenes.
Es entonces cuando ya no puedo aguantar más y rompo a llorar, porque mi mejor amiga ha conseguido tocar las teclas necesarias para que todas las emociones que tengo a flor de piel salgan a la superficie.
Su reacción es la más simple del mundo y a la vez la más sanadora, porque deja que me desahogue en silencio y su mano apoyada en mi hombro me hace recordar que está aquí, que no estoy sola.
Y así es, porque lo lleva estando desde que puso su primer pie en este pueblo.
Y eso es lo que más le agradezco a la vida; la amistad tan verdadera y única que he podido conseguir con Mackenzie. Porque una buena amiga no te resta, sino que te suma, no te acompleja, té aconseja y, sobre todo, te acompaña en el camino de la vida.
Es uno de los grandes amores que puedes encontrar en la vida.
Por eso, me siento segura sacando todas las lágrimas retenidas junto a ella. Ya que es la única que nunca, jamás, me juzgaría.
—No sé ni cómo empezar, estas semanas he soportado tanto estrés que no sé cómo estoy llegando a tanto.
—Coral, mírame. —Lo hago poco a poco, con miedo de la mirada que me vaya a encontrar—.
No puedes olvidar nunca que tú eres la prioridad en tu vida, porque está bien ser buena psicóloga, tía e incluso la mejor persona.
Pero si no eres capaz de ser la mejor versión de ti, lo único que conseguirás es desgastarte y no conseguir tu objetivo final.
Dirijo la vista al gran collage de Coralina que tengo en el pasillo principal de la cabaña, una de mis mayores adquisiciones, ya que lo hice con Isla hace tan solo dos semanas para poder recordar siempre de dónde venimos.
Me quedo mirándolo, sin contestar a Mackenzie, sintiendo por un segundo que estoy sola en estas paredes que son mi lugar seguro, y es que tiene toda la razón, no puedo ser mi última elección.
Fui esa persona hace tan solo seis años y prometí no volver a hacerlo, me niego a volver a recaer en esa especie de tornado lleno de sentimientos negativos.
Así que, después de esta reflexión me giro hacia ella, perdiendo de vista aquello que me ha traído la luz una vez más; Coralina.
—Siempre has sido mi voz de la razón, pero no solo eso.
Muchas veces, si no fuera por tino sería capaz de volver a ver los pequeños rayos de luz.
—Hablo desde el corazón y su sonrisa me demuestra que es consciente de ello.
—Debo dejar de agachar la cabeza, y aunque tengo que entender que tengo diferentes obligaciones, la vida también se trata de saber amarte y cuidarte para seguir viviendo feliz.
Por tanto, mañana me tomaré el día para mí y voy a estar ayudándote en todo momento.
—Es de las mejores ideas que has podido tener, amiga. —Lo dice mientras me abraza y sé que tiene toda la razón del mundo, sobre todo porque también sé que es la oportunidad perfecta para poder pasar más tiempo con ella.
No quisimos irnos más tarde a dormir, ya que ha sido un día demasiado largo para mí y no sé por qué, pero tenía claro que para ella también, aunque sepa se sobra que no debo tocar ese tema en estos momentos.
Antes de acostarme miro mi teléfono y las llamadas perdidas que tengo de Luca. Aunque me he prometido que no iba a hablar con él todavía, si me llama es porque él sí tiene algo que decir.
Dejo a Mackenzie en mi habitación, acomodándose como más de una vez hemos hecho, y me salgo al pequeño porche de la casa.
Si anduviera solo un poco llegaría a su casa y podría hablar con él, pero ese es un paso que aún no soy capaz de dar. Por eso, con la mirada fija en el mar y absorbiendo la brisa salada de la marea, me decido a llamarlo sin saber qué esperarme, pero con mi corazón bombeando con demasiada rapidez.
—Coral, ¿de verdad eres tú? —Su voz me rompe, no esperaba que sonara tan ronca, como si estuviera nervioso. Me cuesta comenzar a hablar y eso le inquieta. —¿Tormenta...?
Ese apodo me saca del trance, como muchas veces ha ocurrido.
—Sí, estoy aquí.
—Pensaba que no querías escucharme. —En el fondo me duele, no pensé que tuviera la duda. Prometimos que, entre nosotros, lo primero que siempre hay y habrá es la comunicación, pero en el fondo puedo entenderlo.
—Al principio necesitaba un poco de espacio, ha sido un día largo…
—Lo sé, ni siquiera te has quedado en la reunión. —Suspiro y me froto los ojos—. No sé ni por dónde empezar…
—Primero necesito saber algo, Luca.