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Ella asiente, no muy convencida y es cuando empiezo a plantearme que a lo mejor hay algo más que no nos está contando, algo que le está provocando dolor y temor, pero sé que no es el momento de intentar descubrirlo.
—Vamos a ir al café de los abuelos de Coral a hacer un trabajo de Isla, ¿por qué no te vienes y así nos juntamos todos?
Luca me mira mientras le dice el plan que se le acaba de ocurrir y soy consciente de por qué lo hace, eso significa que nosotros perderemos la “cita” que íbamos a tener hoy por la noche, pero no me importa ni un poquito.
El amor que siento por este pueblo, por mi amiga y por él, es más grande que cualquier cosa.
Y es que siento que, aunque sea un jueves por la tarde noche, Coralina necesita una reunión para poder celebrar que, aun con todo lo que ha ocurrido seguimos vivos, en pie de guerra y unidos.
Miro a Mackenzie y el local tan bonito que está creando y poniendo a punto para su inauguración.
—Es la mejor idea que has tenido y mañana, después de ir al cole de Isla me vendré aquí contigo y nos pondremos a acabar todo lo que haga falta para la pastelería.
No dice nada, solo se acerca sigilosamente y me abraza.
No necesito que emita ni una sola palabra, sé que ella necesita este resurgimiento tanto como nosotros.
Porque no solo nosotros nos hemos roto.
Cada habitante de Coralina ha perdido un poco de esperanza en la vida.
Va siendo el momento de ayudarles a recuperarla, aunque eso signifique implicarme en la creación de todos los concursos, fiestas y momentos del pueblo, tal y como ha prometido el señorito que está a escasos metros de mí.
Y es cuando veo a Luca al teléfono, organizando la reunión que nos acabamos de inventar en tan solo dos segundos, cuando lo tengo claro: tengo al mejor compañero para salvar la alegría de Coralina.
Coralina no es solo un pueblo, es un lugar donde el amor, el cariño y la unión van por encima de todo.
Queda más que demostrado cuando Luca acaba todas las llamadas y me confirma que la mayoría ha aceptado la invitación de reunirnos y hacer una cena en la acera de la plaza mayor.
¿El motivo? Simplemente pasar tiempo juntos y poder hablar de todas las festividades que vienen a partir de este sábado.
Sí, la inauguración de la pastelería de mi amiga, la cual no nos ha querido decir el nombre todavía porque quiere que sea sorpresa, solo es el pistoletazo de salida a los meses más caóticos de Coralina.
Para empezar, nosotros mañana ya tenemos la presentación en el colegio de Isla y somos conscientes de cómo las familias se toman todos estos proyectos, siempre que puedan alardear de los pequeños de la casa, lo harán.
Así que no dudo que mis abuelos, los de Luca y los padres de él, hayan hecho un trabajo más que elaborado para que mañana lo presentemos.
Aunque en el fondo, me da pena haber perdido mi rato a solas con él, pero solo puedo pensar que esta tarde ha sido el principio de un largo camino a recorrer a su lado.
Pero, volviendo a las festividades, son muchas las que nos toca organizar, sobre todo después de que el señor haya decidido ponernos como cabecitas pensantes en cada una de ellas, algo que no puede provocarme más ilusión y a la vez estrés.
Entre el comienzo del otoño, la gran fiesta de Halloween, el desfile de la escuela, las catas de café y postres, los mercadillos navideños, los concursos, desfiles… y todo esto sin olvidarnos de la gran fiesta del pueblo: “LA FIESTA DE LOS MARINEROS”.
En ella todos nosotros nos repartimos en diferentes comparsas y nos vestimos de maneras diferentes, pero con colores que tengan que ver con el mar, bailamos con las herramientas que nuestros antepasados usaron para crear nuestro pueblo y rendimos homenaje.
Se podría decir que es uno de los días más esperados por todos nosotros, pero nadie ha podido centrarse en ella. Por tanto, será otro trabajo para nuestra larga lista de tareas.
Sin embargo, hoy, después del día tan largo que siento que he tenido, después de las sesiones, la charla con Andrea, los momentos tan íntimos con Luca y haber visto tan rota a la que considero una hermana para mí…
solo necesito estar rodeada del amor más bonito y puro, el que brinda el pueblo de Coralina.
Solo al adentrarnos en la calle mayor del pueblo, vemos el ajetreo de los vecinos montando las mesas para la cena que acabamos de montar, es reconfortante y precioso ser testigo de la comunidad que tenemos en momentos como este.
En esta calle encontramos también la cafetería de mis abuelos, la cual, una vez más está totalmente a rebosar por mucho que ya sean las siete de la tarde, pero todos son conscientes de que es la hora de la limonada que trae las galletas gratis y riquísimas de mi abuela.
Luca nos abre el paso como puede, es gracioso ver cómo un hombre de uno ochenta y cinco intenta hacerse espacio, sobre todo entre abuelas que están esperando su turno mientras cotillean acercade las últimas novedades de Coralina.
Algunas se giran para quejarse, pero en el momento en que se dan cuenta de que se trata del gran Luca Bay, se quedan embobadas con su sonrisa y su gran carisma, lo mismo que me pasa a mí desde el día en que lo conocí.
Llegar hasta donde se encuentran nuestras familias no es tarea fácil, sobre todo porque están en la mesa más alejada del local, la que tiene la gran vista a las dos mejores versiones de Coralina, ya que podemos ver tanto el lado de la montaña como el del faro.
En el momento en que Isla nos divisa, sus ojos se agrandan y empieza a alzar rápidamente sus manos delante de ella como si así pudiera llegar antes a nosotros.
Me agacho para quedar a su altura y aunque creo que irá primero a por su tío favorito, por primera vez en mucho tiempo me equivoco y no puedo describir lo bien que me sienta que sea a mí a quien busca primero.
—¡Tía Coral, has vuelto! —Me pongo los brazos en jarras como si estuviera enfadada, pero la sonrisa no se me va de la cara en ningún momento.
—¿Cómo que he vuelto? Yo no me voy a ir a ningún lugar nunca, pequeña. Estoy a tu lado, siempre.
Soy consciente de que a estas palabras ella no les da la importancia que tiene y no tarda en reírse y salir corriendo a por su tío y Mackenzie, que los esperan con los brazos abiertos, pero aun así me doy cuenta de que mis promesas siguen más fuertes que nunca.
Dejo a Isla con sus otros dos amores y me dirijo hacia la mesa, la cual está llena de mis personas favoritas, desde los abuelos de Luca y los míos, hasta sus padres. Hasta que mis ojos lo localizan, me doy cuenta de quién más se encuentra en la mesa.
No puedo aguantarlo y mis ojos empiezan a aguarse en el momento en que noto su cansancio y a la vez la alegría que lleva encima, como siempre ha sido él, el mayor rayo de luz de mi vida.
Kai Mariner, mi refugio y mi hermano mayor se encuentra a escasos metros de mí, sonriéndome como si haberme ocultado sus intenciones de volver no me hubiera destruido todos los esquemas.
No puedo decir nada, ni siquiera puedo enfadarme con él, hace muchos años que entendí que todo lo que hacemos, todo lo que nos decimos y lo que no, es por el bien del otro.
Desde el momento en que nos quedamos solos él y yo contra el mundo, es mi otra mitad propiedad.
—¡Tete! —Me abalanzo contra él en el momento que se está levantando, me recibe en sus brazos como ha hecho durante tantos años. Con la diferencia de que ahora es él quien me necesita como un ancla, como la resistencia de que seguimos aquí y así será por mucho tiempo.
—Necesitaba una dosis de mis chicas favoritas, aunque has tardado mucho en llegar. —Su mirada me lo dice todo, sabe perfectamente lo que ha ocurrido y, a juzgar por la sonrisa que tiene, no le desagrada en absoluto.
Lo miro con los mismos ojos conque lo llevo mirando desde hace años, justamente desde que le hablo del chico de ojos verdes que me deshizo la vida y parece que me la está rehaciendo otra vez.
—Tenemos mucho de lo que hablar. —Ambos hablamos a la vez, lo que provoca que nos riamos con ganas.
Y es cuando me doy cuenta.
No sé qué hace Kai aquí, pero esa sonrisa solo puede significar que empezamos a ver la luz.
—¡Tío Luca, tía Coral! —Isla nos llama con una emoción que hacía mucho tiempo que no veíamos en ella, pero justo cuando va a hablar, parece que recuerda quién está aquí con nosotros y se gira con un puchero hacia él—. ¿Puedo decirlo yo, papi?
Claramente le va a decir que sí a lo que sea, es la palabra mágica con mi hermano.
Desde que Isla aprendió a hablar, aunque sea de manera torpe algunas veces, cada vez que quiere algo llama a mi hermano papi para conseguirlo.
Así que solo necesita un asentimiento de su parte para empezar a soltar todo lo que intentaba callarse.
—¡MAMÁ HA DESPERTADO!
No solo nosotros nos quedamos totalmente boquiabiertos y mirando la gran sonrisa que han esbozado padre e hija, sino que casi todo el pueblo se ha percatado de la gran noticia que nos acaba de dar.
—Creo que me estoy mareando… —Al oír la voz de Luca, me giro directamente hacia él y, aunque no quiera, me es imposible no sonreír ante la escena de un hombre de uno noventa sonriendo, pero totalmente blanco, a punto de desmayarse del shock.
Soy muy feliz, lo que más deseaba en este mundo y por lo que más le he pedido a la vida este último tiempo, es por ella y mi sobrino.
Pero soy consciente de que no me puedo comparar con Luca, puedo ver cómo el pequeño hueco de oscuridad que seguía en su corazón poco a poco se vuelve a convertir en un rayo de sol, sintiéndose completo.
Porque no hay algo más bonito, que saber que vuelves a recuperar a tu compañera de vida desde que tienes uso de razón.
Lo abrazo, para transmitirle calma, aunque también porque necesito sentirlo, pero sobre todo para comprobar que no es un sueño y ver que es real, que por fin hay buenas noticias. Y es que las cosas buenas siempre acaban sucediendo en Coralina.
Él no duda ni un segundo en corresponder al abrazo y levantarme para quedar su altura, algo que hace que yo me encuentre a un buen palmo del suelo.