El lugar donde aprendí a amar 5 #2
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Es entonces cuando levanta la mirada y colisiono, porque cuando sus ojos de color esmeralda se juntan con los míos, azules, siento que he encontrado el color perfecto en la vida.

Pero no, no puedo pensar en nada más que no sea en lo que acabo de ocasionar.

—Florecilla mía, tú no has hecho nada malo, al contrario, soy yo quien te debe demasiadas explicaciones. —No digo nada, porque muy en el fondo de mí, sé que en esa frase hay algo de razón—. Pero necesito que nos relajemos los dos, que entendamos que estamos aquí, juntos, ahora.

—¿Pero hasta cuándo Luca? En cuanto Bella esté bien, tú te irás, tienes tu vida hecha.

Lo suelto sin pensar. Intento mirar a todos lados menos a él, porque me da vergüenza que me vea tan vulnerable por el simple hecho de saber que se va a ir y yo me voy a volver a quedar aquí sola, pero es algo que no puedo controlar…

—Mírame por favor. —Su voz vuelve a ser calmada y su mano encuentra la mía, y entrelaza los dedos con fuerza—.

Esa promesa que nos hicimos hace años… Puede ser que me haya costado algo más que a ti cumplirla, pero nunca ha estado en mi mente arrojarla al mar, porque este también es mi lugar.

Allí donde estén mis personas, mi hogar y, sobre todo, donde estás tú…

¿Eso… eso… eso quiere decir lo que creo?

Me da miedo preguntarlo, no sé qué significan algunas de las palabras que ha dicho o más bien si las estoy malinterpretando, pero mi corazón necesita respuestas, porque está empezando a dar pequeños brincos de alegría.

—Luca, por favor. Por una vez, necesito que seas claro…

—Entonces lo seré, hay mucho de lo que hablar, eso tenlo por seguro.

Pero este es mi hogar Coral, con toda mi gente y contigo.

Porque mi promesa no es solo contigo, aunque tú me haces recordar que siempre debo volver a donde soy feliz y ese lugar es aquí, en Coralina—.

¿De verdad la vida puede cambiar tanto? ¿Soy merecedora de cosas bonitas, al fin y al cabo?

—. No me voy a ir a ningún lado, quiero ver crecer a Isla, quiero mejorar el hospital, quiero crear mi vida aquí y sobre todo y lo más importante es que quiero estar contigo.

No lo pienso más, me da igual todo lo que quede del pasado por hablar, la palabrería, los recuerdos o lo que haya que solucionar.

Ahora mismo solo me importa la sinceridad de sus palabras, las ganas de volver a ser nosotros y la ilusión de seguir haciendo de Coralina nuestro hogar.

Me pongo en pie y hago que Luca me imite, tengo que ponerme de puntillas y aun así él, como sabe bien lo que voy a hacer, me rodea la cintura haciendo que acabemos abrazados mientras nuestros labios buscan su lugar en el mundo.

Porque, con el oleaje de fondo, el faro que empieza a iluminar el atardecer y la promesa de reconstruirnos juntos…, nos fundimos en el beso más apasionado que nunca he dado.

Luca me pide permiso con su lengua para poder adentrarse en mí y yo sin pensarlo le dejo entrar, lo dejo que profundice más, sus besos a pesar de ser apasionantes son cálidos y reconfortantes y es ahí cuando me doy cuenta de que he perdido la cabeza por este chico.

Supongo, que por eso él es mi solecito y yo soy su tormenta, porque nos necesitamos mutuamente para coexistir…

Nuestros pasos son firmes y coordinados, como si tuviéramos prisa por llegar al sitio al que nos dirigimos, pensando que esa es nuestra escapatoria de todo el bullicio que se acaba de crear a nuestro alrededor.

Porque en el fondo, no podemos negar que nos quedan demasiados frentes abiertos, algunos de los cuales se tendrán que hablar antes de lo que imaginamos.

Pero, en este mismo instante, solo somos dos personas andando en sintonía, con las olas de fondo y la luz del faro de Coralina que ya empieza a iluminar hacia el mar, mientras nos encaminamos al lugar donde nos sentimos más en casa.

On the sea, la cafetería de mis abuelos y, donde puedo asegurar que se encuentra la familia de Luca, adorando y consintiendo a la pequeña Isla todo lo que pueden y más.

—¿Crees que Isla pensará que la hemos abandonado? —Suelto, de repente.

—Por Dios, solo tú eres capaz de pensar que una niña de casi tres años que tiene todo el amor del mundo, sobre todo de este pueblo, se puede sentir así por pasar una noche con sus abuelos.

—Es que estas semanas ha estado con nosotros…

Luca no se detiene mientras habla, está haciendo una carrera a contrarreloj y parece ser que no puede perder ni un solo segundo, aun cuando somos más que conscientes de que nos encontramos a una sola calle de la cafetería.

—Le he dicho que vamos a preparar el festival de los marineros y que ella será una de las damas de honor este año.

—¿Qué has hecho qué?

El tono de mi voz suena más elevado de lo que me gustaría, tanto que varias miradas se posan en nosotros y nos examinan para ver si hay algo interesante que retener para luego comentar por el pueblo.

Entiendo que se nos ha escuchado a la perfección cuando visualizo a la chica del delantal azul celeste con tulipanes, andar hacia nosotros llena totalmente de harina, imagino que porque lleva probando recetas para la inauguración sin cesar.

—¿Me podéis explicar qué os ocurre?

Nuestro agarre se intensifica, tanto que hasta nuestra mejor amiga lo nota, su mirada se dirige hacia nuestras manos entrelazadas y sus ojos se agrandan enormemente.

—Eh… esto… —Nunca, en veinticuatro años que tengo, he visto a la gran Mackenzie tartamudear, así que, aun cuando no debo, porque soy la que más va a salir perdiendo en esta situación, me sale una risa tonta cuando la veo tan atónita, mirándonos a los dos como si se encontrara en un partido de tenis.

Enseguida se recompone, pone los brazos en jarras y entonces me levanta una ceja, sí, tal como hace su amigo cuando me mira para sonsacar una información. Son demasiado iguales.

—¿Coral Mariner, te estás riendo de mí? —Niego varias veces con la cabeza.

—Sí, sí lo está haciendo.

Cómo no, él con tal de que el fuego no se expanda hacia él, me tira hacia las llamas, pero ni hablar; si caemos, lo hacemos los dos.

—En vez de intentar distraerme, ¿por qué no me explicáis lo que está pasando?

¿Por qué lleváis días totalmente desaparecidos de la realidad y de la vida?

No sabemos nada de vosotros. Ni siquiera después de que dijisteis que me ayudaríais con la pastelería…

y no me vengáis con la excusa de Isla porque la pobre está en el colegio más tiempo que en casa.

— Cada vez que Mack habla, siento que me hago más pequeña, pues no tenemos ni una sola excusa.

—Y a eso sumémosle que os he escuchado discutir desde la parte de atrás del local donde estaba cocinando, pero cuando salgo os encuentro agarrados de la mano, algo que desde luego no esperaba y ni siquiera habéis hecho amago de soltaros en ningún momento.

El rubor me tiñe las mejillas, lo que hace que sea totalmente delatador, no sé ni por dónde empezar a responder.

No me he dado cuenta de que he desaparecido tanto de la realidad hasta que Mackenzie me lo ha dicho, los ojos se me empiezan a aguar por el sentimiento de culpa que empiezo a experimentar.

Si algo he odiado siempre de mí es la facilidad que tengo de aislarme de la gente sin ni siquiera darme cuenta.

Es como si de repente sintiera que no tengo la suficiente importancia para estar rodeada de la gente que quiero, o simplemente que debo estar desconectada de la realidad.

Mi pensamiento ha sido que cuando no hay nadie a tu alrededor, nadie puede hacerte daño.

Y eso es lo que me ha ocurrido. Después de todo lo que ha pasado todo este tiempo; el accidente tanto de Bella como el de Andrea, la vuelta de Luca y el hecho de que, aunque yo no haya querido tocar el tema para nada, soy consciente de que Kai me dijo que mi peor pesadilla está de vuelta,

mi escudo y mis barreras se han subido alrededor de mí, creando un muro del que no podía escapar.

Noto una caricia en la mano que tengo entrelazada con él, como si supiera que ahora mismo necesito un ancla en alta mar, que necesito volver a la realidad.

Porque, aunque a veces siento que necesito huir del presente que estamos viviendo, también soy consciente de que la vida se trata de sobrepasar los obstáculos e intentar ser cada día un poco más feliz.

—Tienes razón, he sido una pésima amiga. —Soy consciente de que no podemos ser tan autocríticas con nosotras, pero en estos momentos siento que es lo que he sido, aunque su cara de incredulidad no sé muy bien cómo interpretarla.

Mackenzie se acerca rápidamente a mí y me agarra la mano que tengo libre.

—Coral, llevamos mucho encima, están siendo meses agotadores y duros.

Nadie está siendo peor que nadie, solo no quiero que os volváis a encerrar en vosotros mismos, que os acordéis de que estamos aquí, de que yo lo estoy.

—Nos mira a los dos con esa expresión con la que desde que la conocemos, nos ha hecho saber que nos está gritando que no puede más, que no puede ocultar más lo rota y vacía que está.

Nos está rogando que recordemos esas palabras y es entonces cuando lo entiendo. Sus ojos verdes se llenan de lágrimas y pasan de Luca hacia mí rápidamente, como si necesitara que la escucháramos, que la viéramos.

Porque, aunque en Coralina vieran a Mackenzie como la chica de los hibiscos, esas flores mayoritariamente rosas y enormes, las cuales tiene por todo el jardín de su casa. Ella es una chica que aún tiene demasiado dolor guardado en su corazón, demasiados traumas y miedos.

Sobre todo, a perder a los suyos.

—Mackenzie, mírame. —Luca me suelta por primera vez y se acerca a nuestra chica favorita para poder tener un contacto más íntimo, mientras que yo intento aguantarme las ganas de llorar, no puedo creer que haya dejado tan de lado a todo el mundo—. Estamos bien, estamos aquí y estaremos siempre.

—Han sido unas semanas duras, pero nos acabas de hacer volver a la realidad y, aunque tengo mucho que contarte, será en privado. —Le digo guiñándole el ojo y sonriendo—. Ahora mismo solo nos tenemos que centrar en volver a ser lo que éramos.