5
Me sobresalto al escuchar el sonido de la puerta y miro mi agenda abierta aún en la mesa, cerciorándome de que no me haya olvidado ninguna sesión, pero no, está totalmente vacía.
—Adelante. —La puerta se abre y aparece un Luca que me deja sin aliento, de verdad.
Me tengo que agarrar a la silla sin que se dé cuenta, por la impresión que me ha dado, hacía mucho tiempo que no lo veía tan guapo.
Lleva unos pantalones negros pegados y una camisa blanca arremangada que hace que se le marque cada musculo de su cuerpo, pero además se nota que acaba de salir de la ducha porque lleva el pelo totalmente mojado y despeinado.
—Hola, tormentilla. —Doy gracias por seguir agarrada a la silla y poder apretarla sin que él se dé cuenta, o al menos eso espero.
—¿Qué haces aquí? —Lo digo casi sin trabarme y me parece todo un logro.
—Llevo un rato fuera esperando y no he visto a Andrea entrar en ningún momento, así que he imaginado que no ha venido.
—¿Has estado fuera todo el rato?
—Sabía que hoy era un día demasiado importante, quería estar cerca por cualquier cosa.
No puedo aguantarlo, me separo del escritorio y me abalanzo sobre él, que me ve venir, porque me espera con los brazos abiertos. Por estas cosas es que mi corazón, cada vez que lo tengo delante desde hace muchos años, me da un vuelco, porque da igual lo que opine de Luca Bay.
Él siempre será el sol que ilumina mis días y que siempre intenta buscar mi felicidad, mi comprensión y sobre todo mi bienestar.
Algo que antes no quería ver, ni siquiera entender por qué estaba enfadaba, porque no volvió y no lo quería cerca después de todo lo que ocurrió.
Y puede ser que aún no esté lista. Pero, ahora en sus brazos, escuchando que ha estado fuera solo por si necesitaba algo, puede que las cosas puedan empezar a cambiar entre nosotros.
Porque al final una se cansa de luchar contra sus propios sentimientos.
Y es que lo que me hace sentir estando tan solo abrazada a él, nunca nadie podría igualarlo.
—¿De verdad has estado fuera esperando?
Luca me separa de él lo justo para que pueda mirarlo.
—Sé que no hice las cosas bien, sé que tenemos mucho de lo que hablar, pero Coral eres una de mis mayores prioridades. Voy a estar donde me necesites, aunque tú pienses que no haga falta. —Sus palabras, aun sin él saberlo, me reconfortan.
—Aún recuerdo las cosas, sé que debería haber sanado, Luca…
—No deberías haber sanado nada si no estás lista.
Tengo muchas cosas por decir, demasiadas, pero no sé por qué, no puedo hacer que salgan de mí, no me siento capaz.
—Tus ojos azules me hipnotizan, tormentilla, pero a la vez me gritan tantas cosas a las que quiero darles respuesta, solo que necesito tiempo, solo eso.
Tiempo.
Tiempo es lo que se nos ha quitado. Porque nos complicamos demasiado.
Porque cuando quieres algo, parece ser que es más fácil correr en dirección contraria. No es hasta que sucede algo a tu alrededor que te das cuenta deque debes cambiar la dirección.
Sus manos me agarran la cara con delicadeza, como si tuviera miedo de que huya en cualquier momento o me fuera a romper. Pero no es consciente de que, en el fondo de mi alma, yo deseo esto más que él.
—No pasará ahora, la primera vez que te bese quiero hacerlo especial. Porque mereces el mundo Coral, mereces la luz, mereces la noche y mereces la vida.
—No merezco tanto, todos merecemos la vida. —Lo miro como si él fuera la última persona en el mundo, porque ahora mismo me siento en un sueño del que no quiero despertar—.
No sé qué ocurre Luca, pero no quiero que acabe.
—Lo único que ocurre es que va siendo hora de que sea el chico valiente que te mereces, aquel que te falló hace años.
Me rompo, sus palabras me calan hondo y no consigo detener las lágrimas que salen sin control de mis ojos, me abraza y ahí, en mitad de mi despacho -o como me gusta llamarlo, mi refugio- saco todo lo que llevo guardando desde hace tanto tiempo.
—Estoy aquí y lo estaré siempre, ahora solo llora todo lo que necesites para volver a resurgir, mi niña.
—Quiero chillarle que no estuvo, que cuando menos lo esperaba, se fue, pero no soy capaz.
Porque, aunque me cueste aceptarlo, ha vuelto y me está demostrando que lo tengo aquí para mí y para siempre, si eso es lo que quiero.
—Quiero salir de aquí…
—Claro que sí. —Me mira con la cara que solo pone cuando tiene una de sus grandes ideas, una que no sé si me va a asustar o a hacer reír—. Vamos a ir a nuestra cafetería favorita con nuestras personas favoritas, porque lo necesitamos, porque quieren hacer con nosotros el trabajo de Isla.
Me desanimo un poco al saber que no estaremos solos, que me van a robar tiempo con él, pero pongo mi cara de mayor felicidad porque sé que se refiere a nuestros abuelos.
Enseguida se da cuenta y da un pequeño paso más, acortando la poca distancia que queda entre nosotros, inclinando su cabeza y provocando que nuestras frentes choquen, creando un clima todavía más íntimo y acogedor.
—Si lo hago así, es para que luego, por la noche podamos centrarnos en ser solo tú y yo.
Sus palabras me cortan el aliento, en el fondo me da mucho miedo, él lo sabe, por eso me da un beso en la frente, entrelaza nuestras manos y se cuelga mi bolso para guiarme hacia la salida, sin dejar que pueda replicar.
El sonido del mar se puede escuchar desde cualquier lado del pueblo, pero en el instituto se hace más patente, sobre todo porque tras él se encuentra uno de los acantilados más famosos de Coralina.
Supongo que es por eso por lo que cuando salimos nos da igual el silencio que se impone, estamos demasiado a gusto como para estropear el momento.
Mientras recorremos las calles de nuestro pueblo, me cuesta mucho entender la situación que estamos viviendo, parece ser que poco a poco la calma va recuperándose y eso es algo que me da miedo, porque implica normalidad y en ella no entra que Luca se encuentre en el pueblo.
En el momento en que el pensamiento me viene fugazmente, me siento extraña, algo inquieta. De repente todo me pesa, el sonido del mar es demasiado intenso… Luca me agarra demasiado fuerte, el tiempo se detiene y entiendo que esto es temporal.
Paro en seco, sin darle ninguna explicación, ni siquiera sé qué decir. Solo sé que ahora mismo no puedo avanzar, la realidad me acaba de consumir por completo y no sé si soy capaz de entenderla.
—Coral, ¿qué ocurre? —No contesto, no porque no sepa qué decir, sino porque no sé cómo hacerlo sin que salgan todas aquellas cosas que llevo guardando dentro de mí.
Su mano sigue entrelazada a la mía y aunque intento zafarme, no me lo permite. Es como si Luca estuviera entendiendo que en el momento en que nuestras manos se separen, toda esta burbuja que acabamos de crear se romperá.
—Todo esto. Todo esto no es real, no puede serlo.
Son las palabras más sinceras que puedo decir ahora mismo.
Respiro lo más profundo que puedo, me giro para mirar el faro del pueblo, aquel que me recuerda la gran ancla que tenemos en Coralina y me vuelvo para hablar con él, encontrándome con su mirada de incertidumbre.
—No sé qué está pasando, de verdad. No sé qué nos deparará el futuro, Luca.
Pero sí sé que nada de esto es real. Has aparecido después de casi cinco años, cinco años y todo por culpa de un accidente que ha tenido tu hermana, pero ¿antes de eso?
—No quiero decirlo, porque sé que cuando lo diga no habrá vuelta atrás, pero siento que no puedo callarlo mucho más.
—Dilo, di lo que tengas que decir, porque si no lo verbalizas no podremos avanzar.
—¡¡¡Lo prometiste, Luca Bay!!! Lo prometiste y no… no lo cumpliste. —Mi voz suena a reproche e incluso más alta de lo que pretendía—. Durante mucho tiempo, en las sombras fuimos tú y yo contra el mundo, porque así lo decidimos, porque era lo más fácil. No sé muy bien para quién, pero lo era.
—No era para ocultarte.
—Soy muy consciente de eso, no te reprocho esa parte.
Hablo de la parte en la que te supliqué en esa cama de hospital, aun sin acordarme de nada, que tú no me abandonaras como ellos.
Porque si yo nunca había querido hacer grandes amigos en la escuela era porque no quería crear vínculos para que luego se fueran como lo hicieron mis padres y tú… tú lo sabías.
» Porque fuiste el único, junto a Kai, que siempre supo la verdad, me daba igual que los demás pensaran que no quería relacionarme más de lo habitual, pero en ti confíe, poco a poco.
Y, al final te dio igual, porque esa noche, cuando me salvaste —el recuerdo más doloroso de mi vida, aquel que guardo en un rincón de mí bajo llave, en la más estricta oscuridad,
llega a mí y yo no puedo hacer otra cosa que no sea llorar y ver cómo él se resiste a que le caigan las primeras lágrimas—, me hiciste creer que por primera vez había encontrado a alguien que no me abandonaría nunca.
Y resulta que fuiste el más rápido de todos en hacerlo, porque te fuiste, sin pensar en nada ni en nadie.
Sollozo cuando intento seguir hablando, porque siento que me ahogo con tantas lágrimas.
—Necesitas respirar, Coral. —Luca me lleva al banco que se encuentra detrás de nosotros, a mitad de camino, en pleno paseo marítimo, y me obliga a sentarme para poder respirar.
No es hasta este momento en el que siento que me suelta la mano y se agacha para quedar a mi altura, no me mira a la cara y eso me da demasiado temor, porque tengo miedo de haber sido demasiado dura.
Porque sé que yo pasé un infierno, que le acabo de decir todo lo que sentía.
Pero también sé que él tiene demasiado guardado en su corazón…
Durante varios minutos no decimos absolutamente nada, solo se escucha el mar de fondo y nuestras respiraciones más alteradas de lo normal y es ahí cuando con toda valentía decido estirar mi brazo y llevarlo a su mentón.
Lo primero que siento es calidez y humedad, Luca está llorando. Por mi culpa.
—Lo siento, no quería hacerte llorar, yo solo quería… —Empiezo a hablar sin parar, como si el aire se me escapara y el tiempo fuera a contrarreloj.