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Porque no tengo las fuerzas suficientes para pensar que puedo ser mínimamente responsable.
Así que me toca utilizar todas las técnicas que me enseñaron durante cuatro años y encontrar respuestas entre estas cuatro paredes y los recuerdos de la chica que está a punto de llegar en cualquier momento.
Su mensaje me sobresalta por segunda vez en el día, un calor se acomoda en mi pecho cuando veo su preocupación y su atención hacia mí, acordándose de que ahora tengo mi sesión con Andrea.
No puedo negar que me hace sentir especial, aunque a la vez es extraño.
Es un mensaje que me da fuerza y valentía para afrontar lo que se viene, me hace sentir capaz y suficiente para conseguir la mejor versión de la persona que está a punto de entrar por esas puertas.
Y es en ese mismo instante cuando empiezo a entenderlo, porque no sé cuándo ocurrió… Pero Luca Bay vuelve a ser mucho más de lo que yo pretendía que fuera.
Mi corazón y mi cabeza comienzan a ir al compás, de una manera demasiado correcta, están entendiendo la realidad de la situación y de cómo, sin pretenderlo, mi vida y la de Luca vuelven a estar entrelazadas.
Eso sí, una vez dejaron de estarlo.
Pero por fin he encontrado la respuesta que tanto ansiaba, pero tanto miedo me daba escuchar.
Aunque ahora no es el momento, ya que mi mente no debe centrarse en eso, ni en mis sentimientos, sino que tienen que estar en aquella chica de pelo largo y ojos verdes que me necesita, o al menos eso me digo a mí misma.
Siempre necesito salvar a alguien, porque sé bien lo que es que nadie se dé cuenta cuando necesitas ser salvada.
Hace demasiados años que me prometí que nadie más volvería a pasar por esto, porque mientras yo pueda, pienso salvar a todas aquellas almas bonitas que solo necesitan un rincón donde descansar para volver a brillar.
Las agujas del reloj de mi mesa dan vueltas sin parar, remarcando el tiempo que está pasando y lo poco que está ocurriendo a mi alrededor.
Andrea tendría que haber llegado hace casi veinte minutos y, aunque he pasado por diferentes estados de ánimo, donde el primero ha sido el pánico, he tenido que relajarme para entender que a lo mejor le está costando un poco entrar aquí.
Pero cuando ha pasado casi media hora y solo queda la mitad de la sesión, siento que es momento de llamarla.
Un tono. Dos tonos. Tres tonos.
—Lo siento mucho Coral, sé que debería estar ahí, sé que estoy siendo una cobarde una vez más, es solo que no estoy lista—. No me da tiempo a hablar, ella es más rápida y su voz se rompe en dos.
Está más que claro que he desarrollado una debilidad por Andrea.
—Ey, escúchame, Andrea. —Si no puedo decirle nada en mi refugio, lo haré por aquí, estando ella en el suyo—.
A veces, nos cuesta entender que ser valientes significa afrontar las cosas como tú lo acabas de hacer ahora mismo.
Porque has tenido la valentía de afrontar mi llamada, de entender tus sentimientos y ver que no era el momento para ti.
Andrea, cariño, no me voy a ir a ningún lado, eso debes tenerlo muy claro.
Este derecho va a estar esperándote y esta línea telefónica también.
Solo necesito que entiendas que los procesos más duros de la vida, como el que acabas de vivir tú, no podemos intentar afrontarlos solos.
Porque cuando ya nos encontramos en la oscuridad, es muy fácil acomodarse y difícil encontrar el punto de brillo para empezar a volar hacia él.
Puedo oír cómo su respiración se entrecorta por las lágrimas que está derramando y, aunque me encantaría poder abrazarla, como psicóloga mi deber es hacer que entienda y pueda sentir las cosas como son.
—Por eso mismo, esa oscuridad que estás viviendo es pasajera, como la noche misma, porque en ella siempre podrás ver puntos brillantes como las estrellas, que son guías para volver a encontrar el sol.
—Eres un ángel, Coral… —Sus palabras me chocan, por un segundo no sé qué contestar, porque fueron las mismas que yo usé años atrás, antes de que todo explotara—. ¿Coral? ¿Sigues ahí?
Me limpio las lágrimas traicioneras que empiezan a hacer acto de presencia en mi mejilla e intento recomponerme lo más rápido posible.
—No sé si yo lo soy, pero creo firmemente que todos tenemos a un salvador en la tierra y en el cielo.
—Tengo mucha suerte entonces de que tú seas la mía—. No dice nada más, la llamada se corta de repente y siento que he olvidado cómo respirar. Porque, aunque ella no lo crea, esas palabras, para mí, significan mucho más de lo que cree.
Porque yo tuve mi salvador, por mucho que luego las cosas fueran diferentes. Sé lo que es tener un ángel en la vida.
Luca Bay fue, y sigue siendo, el que me recuerda lo bonito del día a día.
No tengo más sesiones en lo que queda de tarde, había decido dejar todo libre para Andrea y poder centrarme en ella, así que después de dedicarme un poco más a la escritura del libro que quiero crear empiezo a recoger.
Son solo las seis de la tarde y no he quedado con Luca para hacer el trabajo de Isla hasta las ocho, así que voy a tener tiempo suficiente para pasar por la cafetería de mis abuelos y por casa para poder cambiarme.
Toc toc.