El lugar donde aprendí a amar 4 #4
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—Sí, tenemos que hacer de padres mañana. —Creo que no ha sido la mejor manera de darle la noticia.

Nos paramos en seco, se queda totalmente inmóvil al escuchar lo que le acabo de proponer. Me hace bastante gracia verlo sudar de esta manera y ponerse pálido.

—Por Dios Luca, es en el colegio, mañana es el día de los padres. —Se relaja un poco al escucharme. —La peque me ha dicho con mucha pena que no iría nadie, así que he pensado que podíamos ir los dos… pero si no puedes…

—Claro que puedo y si no pudiera haría que así fuera, tú dime hora y ahí estaré.

Mi sonrisa se ensancha mientras se repiten esas palabras en mi mente una y otra vez. Es agradable que aún exista el chico que amaba a este pueblo y a todos lo que habitaban en él.

Lo que resta de camino nos dedicamos a jugar con Isla para distraerla, desde que Kai y Bella no son quienes la trae al colegio, no lleva tan bien quedarse aquí. Imagino que debe ser un escudo para tener un ancla a la que agarrarse y si entra al colegio no nos pierde a Luca y a mí por unas horas.

Cuando llegamos Alma y Laura están esperando en la puerta a todos los niños, tenemos suerte de que la primera sea la profesora de Isla, porque en lo que respecta a la segunda solamente se queda mirando a los padres de arriba abajo.

No es novedad, esta chica se acostó en el instituto con casi todo nuestro curso, menos con el chico que tengo al lado ahora mismo.

Supongo que esa es la razón por la que cuando llegamos a Laura se le abren los ojos y su sonrisa aparece al segundo. No puedo entender cómo una persona así está ejerciendo la educación, me parece completamente deplorable.

—Luca, te has quedado. —No solo ni siquiera me saluda a mí, sino que ni ha saludado a la peque. Me hierve la sangre.

—Sí, pero no soy yo quien te debe importar, es a Isla a quien deberías saludar, ¿no crees? — Laura, Alma y yo nos quedamos totalmente en shock al escuchar la contestación que le da y por mucho que odie sentirme así, me llena de orgullo y me rebaja los celos que no deben existir.

—Eee…, sí, claro… —Se agacha para saludar a Isla, pero ella como buena Mariner Bay le saca la lengua. Se refugia en las piernas de su profesora—. Quiero ir con la seño Alma.

Me aguanto las ganas de reír, igual que todos los que vemos esa escena, porque Laura se encuentra totalmente roja de la vergüenza.

—Buenos días, pequeña. —Alma se dirige enseguida a nuestra niña. —¿Cómo ha ido en casa de la tía Coral? —Me quedo esperando la respuesta, mi abuela siempre me enseñó que los niños no mienten y de verdad necesito saber si lo estoy haciendo bien.

—Es mi sitio favorito, sobre todo cuando dormimos la tía Coral, el tío Luca y yo juntos.

Luca se rasca la nuca sin saber qué decir y yo soy la que se pone roja. Alma me mira con una ceja alzada y Laura se queda inmóvil, con los puños cerrados.

—No es lo que creéis. —Contestamos a la vez y sé perfectamente que eso nos ha hecho parecer más culpables.

—Coral, ¿tú no tenías que preguntarles algo? —Agradezco a Luca con la mirada al habernos salvado de este momento incómodo en el que una niña de tres años nos ha metido.

—Sí cierto. Isla me ha comentado que mañana es el día de los padres y que ella va a estar sola. —Me duele decir esas palabras, me queman demasiado. —Pero me preguntaba sí podríamos venir nosotros en representación.

Deseo con todas mis fuerzas que digan que sí. Es más, tengo bastante claro que lo harán, esto es un pueblo y somos una gran familia, pero necesitamos la aprobación de las maestras.

Laura enseguida se emociona al saber que mañana volverá a tener a Luca aquí y Alma después de pensarlo me contesta.

—Es algo que deberíamos hablar con el director, pero siendo el mejor amigo de Luca, me da que no va a haber ningún problema. Por tanto, bienvenidos sois.

Cosas como esta me hacen darme cuenta de que mi cabeza está muy perdida, ni siquiera recordaba ese pequeño dato, Ian es el mejor amigo de Kai y de Luca, pero no solo eso, también es el director de la escuela.

En cierta manera me relaja, porque por esa parte no tendré que estar preocupada de que mañana Isla se encuentre sola en la escuela. Aunque las noticias inesperadas no acaban ahí, porque el destino ha decidido burlarse de Luca y de mí un poco más durante el día de hoy.

La profesora de Isla, o miss Alma, como le encanta llamarla a ella, nos acaba de comentar que tenemos que llevar una pancarta con diferentes momentos de ella desde que nació.

Ni siquiera sabía de dónde iba a sacar el tiempo para hacerlo. Luca parece leerme la mente, porque enseguida interviene.

—He hablado esta mañana con mis padres y se quieren quedar a la niña una noche a dormir para que tú también puedas descansar. —Me quedo mirándolo como si me acabara de insultar de la peor manera y me pongo enseguida a la defensiva.

—No, no hace falta. Ella no es una molestia para mí. —Lo digo con los ojos llorosos porque es verdad, yo no la abandonaría como lo hicieron mis padres conmigo, padres que aparecieron y desaparecieron hace unas semanas de nuevo.

Él enseguida se da cuenta de cómo sus palabras me han afectado, por lo que tarda dos segundos en cambiar su actitud y acercarse para secarme las primeras lágrimas que no he podido contener.

En el momento en que su piel hace contacto con la mía cierro los ojos, no sé si disfrutando del momento u obligándome a respirar, ya que cuando lo tengo cerca me olvido de hacerlo.

—No he querido decir eso, Coral. Es solo que ellos también quieren pasar tiempo con su nieta y más con todo lo que está ocurriendo. —Intento respirar y relajarme cuando escucho las palabras de Luca.

Aún no he sabido superar la pérdida tan dolorosa que tuve cuando nos abandonaron, la cual me marcó de maneras tan grandes que ahora no puedo dejar de llevármelo todo a mi terreno y a mi pasado.

En el fondo odio el sentimiento que se instala en mi corazón cuando me vuelvo así de pequeña, sobre todo delante de él, de la persona a la que le tengo que demostrar con más fuerzas que yo no soy una damisela en apuros.

—Tienes toda la razón. —Intento volver a sonar serena—. Cuando a ellos les venga bien que me lo digan.

—Lo mejor sería preguntarles si hoy pueden, aunque dirán que sí, y de esta manera tú y yo por la noche nos pondremos tranquilamente a crearle el mural a Isla, en mi casa si te parece, aunque si quieres podemos ir a la tuya.

—Está claro que mi mente me juega muy malas pasadas, porque enseguida pienso de una manera que no debo.

Una que hace mucho tiempo que ni siquiera se me pasaba por la cabeza. No, no, no.

Eran las únicas palabras que me vienen a la mente mientras veo cómo un Luca totalmente ajeno y despreocupado espera una simple respuesta. Pero para mí es mucho más que eso.

¿Una noche en su casa? ¿Los dos solos?

Puedo asegurar de muchas maneras que es una pésima idea, y estoy segura de que mi cara lo está reflejando por cómo me está mirando.

—No empieces a ponerte paranoica ni cabezota, por favor. —Es increíble lo bien que sabe leerme este hombre.

—No es eso. —Vale, en realidad es exactamente eso, pero no por él, sino por mí. Al menos eso quiero pensar—. Puedo hacer el mural de Isla yo sola, no hace falta que trasnoches ni nada.

Su ceja alzada y esa sonrisa que ilumina más que el faro del pueblo me hace entender que me está leyendo muy bien, demasiado bien…

—Sí, sí, tú siempre puedes sola con todo; pero esto es algo de los dos, así que no te librarás.

Su sonrisa lo deja bien claro, no hay opción a réplica, Luca Bay ha conseguido una vez más lo que quería y solo ha necesitado una mirada y unas pocas palabras.

Y muy en el fondo, sé que él tiene claro que esto lo va a cambiar absolutamente todo.

Luca y su carisma se han ido hace ya unos veinte minutos, pero yo sigo dándole vueltas en mi cabeza mientras termino de acomodarme en mi despacho para las sesiones de hoy.

Aun así, mi cabeza solo divaga sobre lo diferente que está, dándole vueltas a cómo el chico de ojos verdes que yo conocí tiempo atrás ha ido desapareciendo para crear una nueva versión suya, pero sin perder la esencia, o al menos eso me da a entender en ocasiones.

Y aunque sí que vi a dos Luca totalmente diferentes en los dos últimos años de instituto, los cuales hicieron que me replanteara qué estaba ocurriendo, el que he tenido esta mañana delante de mí me transmite todavía más calma y serenidad que ningún otro.

Es como si pudiera sentirme en casa solo con una conversación.

Sin embargo, por los recuerdos que tengo hoy en día, siento que no me puedo permitir todavía la cercanía que él intenta tener conmigo. La vida no se trata solo de perdonar y avanzar, la sanación es un proceso largo por el que a mí me está costando avanzar.

Intento pensar en mil cosas más, apuntar todas mis sesiones y empezar a hacerme pequeños resúmenes de la poca información que tengo de mis pacientes, pero entre él y la chica de tan solo quince años a la que me toca atender en un rato, no soy capaz de concentrarme en nada más.

Y eso repercute en mi salud mental, porque es en estos momentos en los que más me tengo que recordar que no soy solo una profesional, una psicóloga o una chica graduada, sino que también soy Coral Mariner, una chica que una vez tuvo que pasar por este mismo proceso y sabe que fuera de estas paredes,

las cosas no son tan fáciles como te las intentan hacer ver.

Aunque, hace ya cinco años que sueño con el momento en el que empezase a ejercer, podría decir que es la primera vez en mi vida que tengo ganas de empezar a trabajar.

Soy consciente de que en estos momentos es lo que necesito para poder pensar en cosas que no tienen nada que ver con todo lo que está ocurriendo.

La mayor parte del tiempo ni siquiera noto el paso de las horas ni los minutos, soy la clase de persona que se pierde en su mente y divaga por todos sus recuerdos.

Como me pasa justo ahora, cuando me quiero dar cuenta, me quedan solo quince minutos para que llegue Matteo, mi primer paciente.