El lugar donde aprendí a amar 4 #2
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—Mira a tu alrededor, Coral, no están aquí por Bella, mi pequeña… Mi niña ha tenido una recaída porque no tuvo en quién refugiarse, porque cuando fueron a por ella intentó acudir a ti y no estuviste.

Mis lágrimas empiezan a salir, creo saber de quién habla y de todas las llamadas de un número desconocido que rechacé por todo lo que hemos estado viviendo.

Las piernas me fallan al ver pasar una camilla con una chica, alguien que me recuerda demasiado a mi yo de hace varios años… Está totalmente morada de tantos golpes que ha recibido y su estado tan demacrado me hace de si se encuentra viva.

Es entonces cuando caigo, me derrumbo una vez más en los pasillos que llevan aguantando llantos sin cesar y un dolor inquebrantable; las manos de Luca me acogen, porque una vez más sus brazos son los que me sujetan mientras me desgarro la garganta,

solo puedo seguir chillando el nombre de la chica a la que prometí cuidar y proteger hace casi una semana, a quien le dije que yo no le fallaría…

—¡ANDREA!

No puedo dejar de repetir su nombre, una y otra vez.

Han pasado horas, incluso el sol se ha puesto.

Me han tenido que tumbar en una camilla para ponerme un tranquilizante, dado que mi cuerpo no conseguía reaccionar.

Solo soy capaz de balbucear su nombre mientras me mezo, entrelazando las manos alrededor de las rodillas.

He dejado de lado a la chica que acabo de ver pasar hacia el quirófano: una niña preciosa, llena de cortes y unos moretones que no estoy segura de cómo se ha podido hacer…

Me siento demasiado mal por no haber visto los indicios, me da igual que Luca diga que solo he hecho una sesión con ella. Es la primera alumna que he tenido, una chica extraordinaria, llena de luz, pero que ahora está apagada y que no es capaz de encenderse sola, por el miedo a su entorno.

Me vi tan reflejada en esa mirada, en esos ojos que me observaban en el despacho intentando adivinar si yo iba a poder ayudarla o no; pero entonces conseguí que confiara, que empezara con pequeños detalles que así me ayudarían a entenderla.

Pero no ha sido suficiente, porque aquí está ella, debatiéndose entre la vida y la muerte, por errores que estoy segura de que solo existen en su cabeza; errores que hubiéramos podido trabajar más adelante hasta hacerle entender que no existen… pero desgraciadamente no he podido llegar a tiempo.

Verla de esa manera, postrada en una cama de hospital mientras enfermeros y doctores corrían tras ella para poder salvarle la vida, ha sido demasiado duro. Ahora entiendo todo lo que su madre me ha dicho anteriormente.

Luca no se ha movido de mi lado en todo este tiempo, es más, parece igual de afectado que yo; y aunque sé que es duro ver a una chica de tan solo dieciséis años en estas condiciones, no entiendo esa actitud.

—Luca, ¿qué ocurre? —Él me mira como si esperase que en cualquier momento me fuera a romper, no emite palabra alguna, sino que está encerrado en sus pensamientos.

—Ha sido demasiado, todo esto está siendo jodidamente demasiado, Coral. Verte desplomarte y a la vez ver a esa chica de esta manera…

—Lo siento, es solo que…

—Te has visto a ti, en el pasado. —Me quedo completamente quieta y sin palabras, sin entender como ha llegado a esa conclusión tan rápido.

Luca se acerca hasta el borde de la cama y entrelaza su mano con la mía. Nuestras miradas se están convirtiendo en una sola y mi corazón da un vuelco.

—Lo sé porque he vivido esa escena, porque al entrar por esa puerta de urgencias yo no estaba viendo a esa niña de dieciséis años. Joder, Coral, te he visto a ti hace unos años, totalmente rota, entrando en mis brazos.

Me remuevo en el asiento al escuchar sus palabras, en cómo me sorprendo de que recuerde con tanta exactitud ese veintitrés de octubre. A pesar de que yo tengo momentos en los que no consigo encajar todas las piezas del puzle de esa noche.

Yo no me quise autolesionar. Yo quería vivir, quería seguir siendo feliz e ingenua, pero un ser despreciable, al cual le tuve y sigo teniendo miedo, lo opacó todo.

Mi mundo se vino cuesta abajo y sin frenos hasta el día de hoy, donde solo encuentro rencor en un mundo totalmente oscuro, pensando que mi vida acabó esa noche.

Hoy me doy cuenta de que me equivoqué durante mucho tiempo, durante largas noches le lloré al cielo porque no quería seguir, pero eso es ser hipócrita, porque quien merece no ver la luz del sol es él.

—Ahora mismo necesitas descansar, Coral. —Luca me vuelve a hablar como si fuera a romperme en pedazos, y odio que se comporte así conmigo. Es consciente de que estoy más frágil, pero eso no implica que vaya a romperme cada vez que ocurre algo.

—Bella y Andrea están aquí, no puedo irme.

Se acerca tanto que su boca solo se encuentra a escasos centímetros de la mía y, aunque mi mente no quiere aceptar lo que está ocurriendo, mi corazón se acelera solo con sentir su respiración.

—Me dan igual ellas, sé que están en buenas manos. Por favor, deja que te cuide a ti antes de que vuelvas al lugar de donde tanto nos costó salir. —Lo dice de manera suplicante, no va a poder soportar una negativa.

Pero ¿cómo me puedo negar a refugiarme en sus brazos? Si ha sido mi sitio, mi lugar seguro en el peor momento de mi vida.

Ni siquiera tengo que pensarlo, mi cuerpo reacciona antes que yo y me abalanzo sobre él, pidiéndole a gritos el abrazo que tanto necesito, volviendo al lugar que para mí fue siempre mi hogar.

Porque, ¿a quién quiero engañar? Podrá pasar el tiempo, podrá verme como a una hermana e incluso podrá estar a mil años luz de mí.

Pero hace años le di mi corazón. Le di el poder de romperme.

Pero, sobre todo, le di el poder de ser el único que puede ayudarme a seguir en el camino de la sanación.

Soy consciente de que es extraño, ni siquiera nos vemos más de una vez al año, pero ese no es mi problema.

Soy plenamente consciente del pasado que viví junto a él, en las sombras, en los susurros y en la oscuridad… desgraciadamente yo perdoné todo lo que me hizo en el momento que entendí que mi corazón empezaba a quererlo.

Con eso y todo, aún me cuesta hacerle entender a mi mente que eso no va a ocurrir nunca, que la vida nos ha hecho ir por caminos opuestos.

Supongo que por eso decide alargar el abrazo unos segundos más, unos segundos que parece que para él también son necesarios. Me hace ver que su corazón se relaja cuando me aferró más a él y sus brazos pueden rodearme con más fuerza.

Nos acabamos separando, aun cuando yo deseo que no ocurra, pero no mediamos palabra, sino que él entrelaza nuestras manos y, sabiendo que el doctor me va a dejar ir porque me encuentro mucho mejor, nos guía fuera de este caos…

Justo en este momento, caminando detrás de él como si fuera mi salvador, me doy cuenta de que estoy perdida en un mar de sentimientos por este chico.

Y, aunque no sé cuánto durará este acercamiento, hoy necesito sentir que él sigue aquí, que esto aún es mi hogar, incluso que aún compartimos ese discurso.

Ese que en nuestra graduación prometimos que nuestro pueblo sería grande a partir de nuestro esfuerzo; pero sobre todo por la promesa que nos hicimos de nunca abandonarnos.

Las hojas de los árboles empiezan a caer al compás del viento, el cielo empieza a oscurecerse a horas en las que la gente continúa en la calle y el color que predomina es el naranja.

El otoño está llegando con toda su esencia un tres de octubre, han pasado casi tres semanas desde que nuestras vidas en Coralina dieron un giro de ciento ochenta grados, ninguno ha sido capaz de levantar cabeza después de tantos sucesos.

Bella sigue en el hospital de la ciudad, y aunque creíamos que para esta fecha ya iban a empezar a despertarla del coma, las cosas se han complicado.

Intentar despertarla sin poner en riesgo al bebé que viene en camino es demasiado complicado, así que, aunque ha sido una decisión difícil para mi hermano, lo mejor para los dos es seguir por lo menos unas semanas más de esta manera.

El propio Luca se ausentó una semana entera para poder comprobar él mismo si era la decisión más correcta y cuando volvió hace dos días, me miró a los ojos y me aseguró que era lo mejor que podíamos hacer por el bien de nuestro futuro sobrino y de Bella.

Confío en él plenamente, no hay una persona mejor capacitada en este mundo en el campo de la medicina.

Cuando pienso en la situación entre Luca y yo, la realidad es que no siento que estemos de ninguna manera que no sea una relación de cordialidad por ser los tíos de Isla.

A veces, siento que queremos acercarnos más de lo que debemos.

Al menos por mi parte, mi cuerpo aún sigue reaccionando a él después de tantos años, como aquella noche.

Pero, por el momento, si quiero mantener lo que queda de mi salud mental intacta, no puedo permitirme sentir por nadie más que no sea por mí.

Sobre todo, porque no puedo negar que él, junto a Mackenzie y mis abuelos, está siendo uno de mis grandes apoyos estas semanas, la mayoría de tiempo que no estoy con Isla o en el trabajo me lo paso en el hospital al lado de Andrea, la chica que me ha robado el corazón completamente.

Su diagnóstico no ha sido el más favorable estas últimas semanas desde que ingresó en el hospital, porque si algo está claro es que en este pueblo las noticias malas nunca vienen de una en una, sino que todas tienen que ocurrir a la vez.

Aunque, en el fondo era consciente de que Andrea iba a tener la fortaleza suficiente para salir adelante, y no me he equivocado, porque tres días después acaba recuperando una parte de ella, a pesar de que aún quedan grietas por curar.

Me he sentido muy aliviada al saber que esos cortes no han sido provocados por ella, que aunque aún tuviera lagunas en su mente y no recuerde mucho, tiene más que claro que alguien se las hizo.

Y aunque eso no mejora la situación, me reconforta saber que no se sintió tan invisible como para querer irse.

Por eso me prometí ir cada día, aunque fuera media hora, hacerle compañía y demostrarle que no solo tiene a su familia, sino también a mí.