El lugar donde aprendí a amar 4
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Es como si los golpes de aquel veintitrés de octubre llegasen a mí una y otra vez, por mucho que intente escapar.

De pronto, hecho a correr, no puedo mirar atrás, no puedo respirar. Solo quiero salir de este lugar y dirigirme a algún sitio que me dé paz.

—¡¡¡Coral!!! —Son varias las voces que reconozco y me suplican que pare o me preguntan qué está ocurriendo, pero no puedo detenerme, porque en mi mente pienso que si lo hago él me atrapará y volverá a hacerme daño.

Me siento totalmente devastada una vez llego al lugar donde siempre vengo a encontrar paz, el sitio más mágico que he conocido nunca y el que más sentimientos me provoca de todo el pueblo.

El faro de Coralina está delante de mí, ansioso por volver a abarcar una de mis crisis.

Solo su olor, su paz y su confort me hacen volver a entender que estoy bien, que sigo aquí.

Sus colores me hacen frenar en seco para poder observarlo, miro hacia atrás y me encuentro con el paseo marítimo totalmente en calma, con solo el ruido de las olas chocando con las piedras, como si supieran que eso es lo único que necesito en ese momento.

Me dirijo al borde de las rocas, donde rompen las olas, el lugar más tranquilo de toda Carolina y mi lugar favorito, al menos desde que ocurrió todo. Oler la brisa del mar mientras cierro los ojos, me da la paz y tranquilidad que necesito para volver a poder respirar.

Durante mucho tiempo esa era la parte que más me costaba; parar y respirar para volver a donde de verdad pertenezco, al mundo real.

No al que mi mente quiere crear para sabotearme, me costó cuatro años de carrera aprenderlo, pero el silencio y la oscuridad son las herramientas que nos ayudan a llegar a nosotros mismos.

Hacía tiempo que no necesitaba llegar a este punto para volver a encontrarme a mí misma, demasiado tiempo en el que no me perdía en mi mente. Sin embargo, tiempo atrás esto era mi día a día y, por esa razón, mi alma ha elegido este lugar para que nos volvamos a encontrar.

No soy consciente de cómo me he perdido en mis pensamientos hasta que escucho el motor de un coche acercándose al único carril que hay para llegar al faro. Son muy pocas las personas que vienen hasta aquí con él, porque todos en Coralina estamos acostumbrados a ir andando a cualquier lado.

El camino de tierra da justo al lado contrario en el que yo me encuentro, por tanto, nadie puede ver que estoy aquí, algo que me tranquiliza.

—Coral. —Me sobresalto cuando escucho mi nombre, me cuesta tan solo unos segundos darme cuenta de que se trata de mi hermano—. Por favor, dime que estás aquí, ya no sé dónde más buscar.

Su voz de súplica me hace salir, cabizbaja, como si me avergonzara de haber actuado como una niña otra vez, una que ahora necesita volver a los brazos de su hermano porque siente que el mundo se le cae encima.

—Lo siento, de verdad que lo siento… sé que tú ya tienes mucho encima.

—Mi voz se rompe y los brazos de mi hermano me sujetan, animándome a soltarlo todo—.

Es demasiado, volví para tener una vida tranquila en mi lugar favorito del mundo.

Kai, ni siquiera sé cómo ha podido ocurrir tanto en tan poco tiempo, estaba siendo feliz, lo prometo por lo más sagrado que tengo en este mundo.

Me estaba acostumbrando a mi rutina e incluso estaba haciendo planes con Mackenzie para volver a empezar…

—¿Pero entonces, todo ha colapsado? —adivina, a lo que yo asiento.

—Todo ha colapsado en cuestión de días; ver a Bella en esta situación, el regreso de Luca y la vuelta de nuestros padres, cuyo motivo ni siquiera. Pero, sobre todo, saber que él sigue aquí, que fui tan cobarde en el pasado que he dejado que un auténtico monstruo como ese siga en este pueblo.

—Mírame. —Alzo la mirada hacia esos ojos que siempre fueron mi refugio en mi niñez y veo la furia en ellos. —No vuelvas a decir que tú eres una cobarde, porque no lo consentiré, has luchado contra situaciones que una niña no debe vivir desde que tienes cinco años.

Sobreviviste a un infierno, te fuiste de tu pueblo para poder encontrarte y renacer. Coral, nunca has sido una cobarde, has sido la mayor guerrera que he conocido en mi vida.

No puedo contener más las lágrimas, me escuecen los ojos y me cuesta hasta respirar de tanto llanto. Desearía poder creerle, desearía verme una guerrera como en algún momento de esta sanación me vi.

Sin embargo, ahora mismo mi mundo ha colapsado, se ha roto en tantos pedazos que no sé si seré capaz de volver a ser yo misma.

—No estás sola, ese es tu problema. Siempre has creído que debes hacerlo todo en la soledad y no es verdad. Este pueblo entero te adora, igual que tú lo adoras a él. Joder, si hasta llevas el nombre del pueblo porque incluso antes de que nacieras sentíamos la fuerza que ibas a traer.

—No puedo dejar que nadie me ayude, Kai, no sería justo. —Me cuesta pronunciar las palabras porque siento que me asfixio por dentro, pero es la verdad. A estas alturas creía estar sanada, pero me encuentro totalmente destruida.

—No es ayudarte, es poder acompañarte en este proceso, como hizo Bella en su momento.

La simple mención de su nombre nos hace suspirar, porque ella era la luz que nos guiaba, la persona que siempre estaba ahí para nosotros.

—Aunque ella ahora no pueda, yo sigo aquí y, por mucho que no quieras aceptarlo, él también. —Niego repetidas veces, porque eso sí que no es cierto.

—Acabo de disociarme de la realidad otra vez, Kai, hacía años que eso no me ocurría y simplemente ha sido porque Luca ha dado un golpe fuerte en la pared. Ese mínimo gesto me ha hecho viajar a esa noche.

—Está asustado, piensa que es él quien ha hecho algo malo y por eso has huido.

—Tú sabes la verdad…

—Yo sí, pero él no. Y aunque no lo creas él te quiere—asegura y yo niego con tristeza. Ojalá pudiera creerlo.

—No se puede querer a alguien que está rota, él tiene su vida en la capital.

—Qué testaruda llegas a ser, él está aquí y se viene con nosotros por ti y por Isla, sus personas favoritas. No digo que le cuentes ya todos tus miedos sobre todo lo que ocurrió o qué está pasando, pero hazlo. Porque corres el riesgo de que ellos se encuentren por la calle.

—Ese sería su final. —Y no hablo precisamente de Luca—. Él no permitiría que volviera respirar si se llega a enterar de que ha vuelto.

—Solo te pido que entiendas que Luca ha vuelto, por favor, está aquí y no piensa irse. Mi hermano tiene razón, es el momento de avanzar y enfrentar mis miedos.

Necesito por lo menos media hora para reunir las fuerzas suficientes de regresar al hospital.

Mi hermano se ha ido hace unos veinte minutos, pero, aunque ha tratado de convencerme para que me fuera con él, necesitaba quedarme a pensar y reflexionar todo lo que va a ocurrir a partir del momento en que Bella y él se vayan a la ciudad.

Tengo que ser fuerte por Isla, voy a tener a la pequeña en casa hasta que todo se resuelva y, aunque no quiera, también necesito poder seguir con mis responsabilidades. Así que debo aceptar la ayuda de Luca, por mucho que eso signifique tenerlo en mi vida durante más tiempo.

Al llegar al hospital, me asombro al ver a tanta gente ajena a la familia. En Coralina todos nos conocemos, pero les pedimos expresamente que por favor nos dejaran pasar estos momentos en la privacidad, sobre todo por la gravedad en la que se encuentra Bella.

Llegar a la puerta me cuesta horrores, incluso siento que en cualquier momento me voy a asfixiar.

Todos me hablan a medida que voy pasando por su lado, y me preguntan cosas que ni siquiera entiendo.

Mi mente ahora mismo solo está centrada en llegar con los chicos y poder respirar en paz.

Estoy simplemente a cinco pasos, por una vez me siento totalmente capacitada para lograrlo, pero entonces una mujer me coge del brazo con toda la confianza posible y hace que me pare.

No quiero ceder, pero su agarre es tan fuerte que no puedo avanzar. Cuando la miro, me doy cuenta de que debería haber seguido adelante sin tan siquiera pensarlo.

No la había visto nunca, ni siquiera sé de qué me conoce, pero su mirada no me transmite en ningún momento emociones positivas.

—Está así por tu culpa, tú la abandonaste en el momento en que ella empezó a confiar en ti—me recrimina. Siento que estoy en una pesadilla de la que no puedo despertar.

Observo la mujer de unos cuarenta años, mirada gélida, y unos ojos rojos de tanto llorar. Pienso una y otra vez qué relación puede tener con Bella y por qué me está diciendo esto a mí, no tiene sentido. En ningún momento yo abandoné a Bella, es más, he vuelto para estar con ellos.

—¿Qué tiene que ver usted con Bella? —Intento con todas mis fuerzas no sonar antipática.

Los nervios y el dolor nos tienen a todos sumidos en unos sentimientos convulsos que no somos capaces de controlar, pero, por dentro, la sangre me hierve y quiero chillar, ¿con qué derecho se cree para tratarme así?

Su mirada se vuelve más fría, su agarre empieza a escocer en mi piel y, por un momento, pienso que su mano se va a quedar marcada en mi piel, que una sombra se interpone entre nosotras.

Soy consciente de quién se trata, solo él puede convertirse en el centro de atención hasta el punto de hacer que toda una sala se quede en silencio. Aunque, ahora mismo solo puedo pensar en que necesito que me saque de aquí, cuanto antes.

—Señora, Coral le ha contestado amablemente, no sabemos quién es usted y los ánimos no son los mejores, como puede comprender, así que quítele las manos de encima.

La mujer no cede, yo me estoy empezando a poner nerviosa y Luca está perdiendo la poca paciencia que tiene; tanto que al final es él quien separa su mano de mi brazo haciendo que por fin pueda respirar tranquila mientras me escondo detrás de él.

—No hablo de Bella, ese es el problema; habéis estado tan centrados en ella que tú, sobre todo tú —dice, mientras me señala—, has olvidado a la persona que empezó a confiar en ti.

Cada vez me encuentro más perdida, Luca está completamente igual o peor que yo, y lo único que puedo hacer es romperme la cabeza pensando de qué está hablando esta mujer.