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—Pero ahora no es momento para hablar de esto, asumí todo hace muchos años y la persona que me ayudó es la que está entre la vida y la muerte.
Te aseguro que lo único que nos une a ambos es nuestra familia, pero si quieres saber por qué vamos a seguir así, es porque tú así lo decidiste hace muchos años.
—¿Me vas a dejar hablar en algún momento? —Su voz suena rota y sus ojos buscan los míos mientras intenta acercarse a mí.
Niego con la cabeza.
—Por lo menos ahora no, debemos ayudar a mi hermano.
Esa frase lo hace volver a la realidad y ser consciente de dónde nos encontramos. Por eso, aunque sé que le gustaría hablar, entiende que este no es el momento adecuado.
Y, a decir verdad, no creo que haya mucho más por decir, acabo de soltar la mitad de mis sentimientos y mis miedos, todos referentes a él.
Con una simple mirada nos entendemos, algo que, aunque no sé si es de nuestro agrado, siempre ha ocurrido así. Nos adentramos en el hospital con la esperanza de que las noticias sean un poco positivas…
No necesito mucho tiempo para darme cuenta de que no va a ser así, simplemente tengo que ver a mi hermano y a la persona que está a su lado para entender que mi mundo una vez más va a dar un giro de ciento ochenta grados.
Mi mayor anhelo y a la vez mi mayor temor se acaba de hacer realidad sin esperarlo, sin avisos.
La persona que se encuentra al lado de mi hermano, junto a la puerta de Bella para mí es tan solo un fantasma, alguien que desapareció hace muchos años de mi vida exactamente hace diecinueve años. Mis ojos se llenan de lágrimas sin entender qué está ocurriendo.
Mis lágrimas empiezan a descender a medida que me aproximo a ellos, cada paso que doy me está arrebatando un pedazo de alma, pero no tengo pensado detenerme y que vea mi vulnerabilidad.
Mentiría si no dijera que cuando me quedan escasos metros siento que mis piernas van a fallar en cualquier momento, pero eso cambia al momento en que noto una presencia al lado y una mano que me sujeta, dándome la fuerza que necesito.
En otras circunstancias, odiaría el hecho de que él sea mi ancla y mi calma en cada tormenta, pero cuando aprieto su mano y veo su mirada decidida, con un odio aún más grande que el que yo siento hacia esa mujer… sé que esto es lo que más necesito en la vida.
No hablamos, solo caminamos y nos quedamos totalmente inmóviles cuando llegamos junto a ellos, es en ese momento que se dan cuenta de que estamos aquí.
Cuando mi hermano se pone completamente pálido al verme totalmente rota, ella agranda los ojos, entendiendo quién soy.
Quiero hablar, chillar, decirle que se vaya y que este no es su lugar; deseo con todas mis fuerzas que se evapore de mi vista, pero justo cuando voy a hablar, una voz profunda llega desde mi espalda para acabar de romperme en mil pedazos.
Mis pies flaquean en el momento en que escucho ese apelativo con el que solo una persona en el mundo es capaz de llamarme así para después abandonarme.
—Mi rayito de sol… —Tardo más de cinco segundos en girarme, como si lo que me esperara detrás fuera el mismísimo infierno, solo una mano me está haciendo sentir que estoy viva y que todo esto es real.
Puedo decir que estoy suplicando por dentro que no me suelte, algo ilógico porque sé de sobra que no pasará.
Cuando por fin quedo cara a cara con el dueño de esa voz, mi cuerpo siente que ya ha sido demasiado para mí y mi mundo flaquea. Son los brazos de Luca lo único que siento al desfallecer y comenzar a ver todo de color negro.
No sé cuánto ha pasado, no entiendo por qué mi boca se encuentra totalmente seca y por qué siento un peso en mi mano que no me deja ni moverme.
Poco a poco empiezo a abrir los ojos y solo me encuentro con una luz cegadora de color blanco, paredes del mismo color y un molesto ruido que llega a mis oídos… en ese momento comienzo a recordar.
La conversación con Luca antes de llegar, la figura femenina que vi nada más entrar al hospital junto a mi hermano y esa voz grave, pero qué más bonita me parecía hace años.
Miro poco a poco mi mano, sopesando quién puede estar sosteniéndome.
Pero, en el momento en que lo veo, me siento hasta mal de haber pensado que podría tratarse de otra persona.
Porque siempre es él; queramos o no, siempre es así.
Luca se encuentra cabizbajo, hablando en susurros que no puedo entender.
—Chis… —En el momento en que mi cuerpo vibra por hablar me mira directamente a los ojos y me abraza, un abrazo cálido lleno de seguridad y cariño.
—Luca, necesito agua.
Es lo único que mi garganta me pide en estos momentos, aunque odio romper este momento juntos, necesito hidratarme desesperadamente.
—Joder, bonita, nos has dado un susto de muerte—. Habla mientras me acerca la botella de agua que hay en la mesita. Es entonces cuando me doy cuenta de que estoy en una camilla de hospital.
—Todo ha sido un sueño, ¿verdad? Una pesadilla mala de la que no podía despertar. —Lo sé antes de que lo diga, sus ojos no pueden mentirme igual que los míos no pueden mentirle a él.
—Coral, todo es real. —Habla poco a poco como si tuviera miedo de que desapareciera en cualquier momento.
—Ellos no pueden estar aquí Luca, han pasado diecinueve años, no tienen el derecho de estar aquí.
—Me encantaría estar chillando y que todo el hospital me escuchara, que entendieran qué clase de monstruos se encuentran en estas instalaciones, pero lo único que puedo hacer es llorar y suplicar entre sus brazos, como si tuviera cinco años una vez más.
—Estoy aquí, pase lo que pase. Como siempre te prometí.
No quiero rebatir, no puedo encender otra vez la llama de fuego contra él porque, aunque la mayoría de tiempo se cuál es mi lugar en su vida, ahora solo necesito ser el centro de su universo.
Aun a riesgo de parecer una egoísta, una loca o una obsesa, necesito a Luca Bay como nunca.
Mi cabeza da vueltas sin entender qué está ocurriendo. Tras esa puerta solo se escuchan gritos de parte de Luca, quien acaba de salir, y de mi hermano. Ambos parecen estar discutiendo con alguien, apuesto a que con las personas que me dieron la vida y me abandonaron hace casi diecinueve años.
Detrás de esas puertas se encuentran Olivia y Óscar, las personas que debían querernos, protegernos y cuidarnos a mi hermano y a mí. Pero por lo visto que no fuimos suficiente para ellos.
—He dicho que no, no vais a destrozarla más de lo que ya está. —No estoy segura de sí escuchar a Luca defendiéndome de forma tan feroz me da ternura o un miedo impresionante. Hace demasiado que no lo escucho así, no desde que se tuvo que enfrentar a él hace tantos años...
—Tú no decides sobre mi hija, ni siquiera eres su pareja. —La voz de mi madre se escucha totalmente rota y aunque debería darme algo de pena, lo único que me provoca es repulsión.
—No soy su pareja, pero ella para mí es mucho más de lo que lo fue para ustedes.
Un golpe seco, eso es lo último que oigo antes de que se quede todo en un silencio abrupto, no necesito adivinar qué es lo que ha ocurrido, mi madre acaba de pegarle una bofetada a Luca y eso es todo lo que necesito para levantarme de la cama,
quitarme la vía que llevaba puesta para no deshidratarme y salir hacia fuera.
Abro la puerta de un tirón, sin ningún tipo de delicadeza y entonces los enfrento.
—No vuelvas a tocarlo, ni una vez más en tu jodida vida Olivia, tú estás muerta para mí desde hace demasiados años y él fue quien me salvó cuando estuve a punto de morir.
Soy consciente delo que le ha dolido que la llame por su nombre, pero no se merecen el título de madre y padre. Hace mucho que dejaron de serlo.
Es la primera vez que puedo analizarlos, puedo observar cada facción que ha cambiado en sus rostros gracias al paso de los años. Pero siguen siendo igual de perfectos.
Mi madre es rubia, con una melena envidiable, sus ojos son como dos esmeraldas que siempre están impolutas y llenas de brillo, es la definición de perfección; mientras que mi padre es el deseo de cualquier mujer, un hombre de uno ochenta con tatuajes por los brazos,
castaño y los ojos igual de azules que los míos.
Eso es lo que más odio, que Kai y yo nos parezcamos tanto a ellos.
—Rayito de luz, relájate, por favor. —Mi padre habla despacio, como si temiera que en cualquier momento me abalanzara sobre él, y la verdad es que hace bien en pensarlo.
—Óscar, no se te ocurra volver a llamarme así. Vosotros nos abandonasteis hace diecinueve años, cuando yo solo tenía cinco años; no entendía el mundo ni por qué os marchabais.
Durante años me culpé por no ser suficiente.
—Puedo ver cómo las lágrimas empiezan a aparecer en sus ojos y cómo esta vez es Kai quien se ha acercado a sujetarme de la mano.
— Pero entendí que eso no era verdad, el problema erais vosotros y el corazón inexistente que habéis tenido.
Tenías todo lo que alguien podía soñar y lo perdisteis todo al marcharos.
Así que no penséis ni por un segundo que tenéis el derecho de hablarle así a Luca o incluso a mí.
Porque su familia es la que nos salvó junto a los abuelos.
Ellos lo fueron todo cuando en realidad os tocaba a vosotros.
—Coral, ya vale, necesitas relajarte o volverás a desmayarte. —La voz de Kai llega suave, pero con órdenes precisas, él sabe que nadie me manda de ninguna de las maneras, al menos ya no, pero esta vez sé que lo hace por mi bienestar y yo necesito estar fuerte para mi gente.
En ese momento es cuando recuerdo que veníamos a hablar de un tema importante de Bella y que después debía recoger a Isla del colegio, pero con todo esto no llegaré.
—La niña, necesito ir a buscarla… —Mis padres parecen confusos sobre a quién me refiero, pero no les prestó atención, es a Luca a quien busco, quien se encuentra a escasos tres metros detrás de nosotros, vigilando como si en algún momento tuviera que saltar.
—Relájate, los abuelos irán a por ella, no estás en condiciones ahora mismo. Además, debemos hablar—. Kai suena totalmente devastado, es entonces cuando me doy cuenta de que él también está sufriendo.