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—Es increíble que aún tengas tiempo y ganas de crear cosas nuevas con todo lo que está ocurriendo. —La voz de Mackenzie me saca completamente de mi mundo, en el que me había sumido por escasos minutos, y al levantar la cabeza me encuentro con la mayor luz que irradia en este pueblo.
Ella es todo lo bonito que está bien en la vida, ni siquiera he conocido a alguien que esté a la altura de parecerse a la gran persona que es mi mejor amiga.
—Sabes cómo soy, mi mejor manera para solucionar problemas es evadirme a otros lugares.
—Lo sé, pero ahora no es momento de que lo hagas Coral, debemos ser algo más fuertes. Al menos por esta vez.
—Lo sé amiga. —Mi abuelo vuelve a nuestra mesa con un pumpkin spice latte para ella, da igual que estemos entrando en septiembre, para ella ya es el momento perfecto para sentir el otoño y solo por eso mis abuelos ya están preparados para ella. Su bebida favorita.
—Florecillas mías, sé que todo lo que está ocurriendo es algo duro y que no esperábamos, pero por favor, intentad sonreír mientras hacéis lo que más os gusta.
Nunca entenderé de dónde saca la fuerza, cualquiera que lo conozca sabe que él está peor que nosotros. No sabe cómo hacer para aguantar a toda la familia y seguir pareciendo el más fuerte.
—Te equivocas, abuelo, es lo segundo que más nos gusta.
—Viene siendo lo mismo, porque en este establecimiento están juntas las dos cosas.
Y tiene toda la razón; los libros y los cafés son nuestra mayor devoción, pero ni siquiera eso es suficiente en estos momentos. Preferiría no volver a tocar un libro ni tomarme un café nunca más con tal de que Bella despertara y esto solo quedara en una pequeña pesadilla.
Mi yayo se va a atender a las primeras personas que vienen una vez dejan a los niños en el colegio, ya que esta es la cafetería de confianza de todos.
En la mesa se hace un silencio algo incómodo, pero sé perfectamente a qué se debe.
Mackenzie ni siquiera sabe cómo empezar a hablarme, tiene miedo de que me venga abajo en cualquier momento.
Pero, teniendo en cuenta que en tan solo cuarenta minutos debo estar en el hospital para hablar con mi hermano, o empezamos ya o no me dará tiempo.
—Luca ha vuelto para quedarse, al menos eso dice, ni siquiera sé qué pensar porque, bueno, que él se quede…
hace que me venga a la cabeza que se fue cuando ya no podía más con el desastre que yo era.
—Mackenzie intenta cortarme, pero no la dejó, necesito soltarlo.
— Déjame acabar, llevo muchos años guardando todas mis emociones para mí, porque gracias a la vida todo estaba yendo demasiado bien, pero eso nunca es bueno…
Volver a ese hospital, ver a todos llorar y que Bella se encuentre así ha sido como un golpe bien duro del que no he sido ni siquiera consciente.
—No puedes guardarte las cosas, no ahora, Coral. —Quiere lo mejor para mí, pero no es el momento.
—Puedo y debo hacerlo, amiga… el centro de atención no puedo ser yo solo por no ser capaz de seguir adelante después de tantos años. Joder, si soy psicóloga… ¿cómo es posible que no haya sido capaz de olvidarlo todo?
Mackenzie alarga las manos y las junta con las mías mientras las acaricia.
—Porque no vas a olvidarlo nunca. Joder Coral, ni siquiera creo que seas consciente de todo lo que pasaste… pero debes entender que esa situación la enterramos hace tiempo en el pasado.
—Pero a veces vuelve, Mackenzie. De verdad que cuando menos lo espero esos
pensamientos vuelven… —Sé que no me entiende, ni yo lo hago, pero no consigo dejar atrás el pasado que me tocó vivir, al menos una parte…
—Sé que eres tú la psicóloga y la que más entiende de estas situaciones, pero a lo mejor debes enfrentar ese parte que nunca pudiste superar. —Me quedo totalmente helada, como si el destino me estuviera enviando alguna señal.
Sé perfectamente por qué mi amiga me está aconsejando esto, la vida me está enseñando que ella también sabe que debo seguir.
Porque justo el que es mi solución y a la vez el problema de mis dolores de cabeza acaba de hacer sonar la campanilla de la entrada, consiguiendo que todas las miradas recaigan en él.
Con la diferencia de que su mirada solo está fija en un lugar, porque, aunque odie admitirlo, somos dos imanes que se atraen. En realidad, solo somos uno, porque sus ojos y los míos solo se han mirado el uno al otro desde hace mucho tiempo.
—Como decía, enfrentarte a lo que nunca quisiste.
—No, ahora sí que no me vengas con ese cuento. —La miro enfadada, sabiendo que va a empezar con el mismo monotema de siempre.
—Es la realidad, Coral, me da demasiada rabia que sufráis simplemente porque os asusta decir lo que sentís.
Ella sabe perfectamente cuáles son mis sentimientos hacia Luca.
Es con la única que me atreví a decirlo en voz alta una sola vez y, también la que sabe la razón por la que no puedo verbalizarlo más.
Sin embargo, no me da tiempo a decirlo, porque Luca viene a grandes zancadas hacia nosotras, haciendo caso omiso de todo el mundo que le habla por el camino.
Como si estuviera en su casa, como si le hubiéramos dado permiso, se sienta a mi lado.
—¿Algo que quieras comentarme? —Sé perfectamente que sabe algo que, o bien no sé yo, o que no me acuerdo ahora mismo, y no lo soporto.
—Ilumíname, ya que has decidido autoinvitarte. —El sarcasmo con este hombre me sale a relucir en cualquier momento, pero no porque esté a disgusto, sino porque me pone demasiado nerviosa. Mackenzie lo nota y se empieza a reír.
—Es bueno saber que siempre tendré un lugar en la mesa de mi mejor amiga. Claro que sí, siempre se apoyan entre ellos.
Mackenzie y él son mejores amigos desde que ella llegó al pueblo. Incluso al principio tuve celos de esta amistad, pero es que se aman como hermanos, aunque es algo que aún me cuesta asimilar sabiendo que ella está al tanto de mis sentimientos hacia él.
—Te quiero Luca, pero de verdad que no me ha sentado nada bien que hayas desaparecido por tanto tiempo. Llamadas o mensajes cortos no me valen. —Se ha enfadado, lo sé porque se ha cruzado de brazos y ella es la chica más sonriente que conozco.
—Pero estoy aquí, Mack. —Sus brazos la rodean y sus labios se posan en su cabeza para darle un casto beso.
Soy consciente de que solo con una simple frase ha conseguido tranquilizarla y hacerla feliz. Porque eso transmite Luca; felicidad y tranquilidad. Hasta yo lo tengo claro, aunque para mí todo haya cambiado con el tiempo.
No debería sentir esto, pero me gusta verlo aquí, sentado en la cafetería donde hemos crecido, en nuestro lugar…
Cuando él aparece, el mundo se detiene.
Lo tengo más que comprobado, pero esta vez no puedo permitir que eso ocurra, estamos perdiendo un tiempo muy valioso que necesitamos para estar en el hospital y hacerle compañía a mi hermano.
Es casi la hora de reunirnos con Kai y ni siquiera estamos de camino al hospital, en tan solo dos horas y media debo estar recogiendo a Isla de la escuela, no pienso fallar y dejarla ni un segundo más allí.
—Es apasionante ver vuestro reencuentro, pero tenemos que irnos. —Se me quedan mirando por el abrupto tono que utilizo para llamar su atención.
—No te pongas celosa, todo el mundo sabe que tú eres a la que más he extrañado todo este tiempo.
Ni siquiera contesto, no le daré el gusto dejugar a su juego favorito; para todo el mundo es precioso que me diga algo porque piensan que nos vemos como hermanos, teniendo en cuenta que sus padres fueron muy importantes en mi niñez, sobre todo cuando los míos propios no supieron ejercer como tal.
Pero no son conscientes del trasfondo, de cómo yo sé perfectamente que eso no es cierto, solo es pura fachada que le hace quedar bien delante de la gente.
Yo viví la decepción más grande de la persona que menos me esperaba, de aquella que huyó para simplemente no tener ni que verme.
Esa es la razón por la que no le sigo el juego, sino que me levanto y me voy directa a la puerta, si él quiere jugar después de todo lo que tenemos encima, estupendo.
Pero, si algo tengo claro es que no pienso esperar a que decida si me acompaña o no. Voy a ir al lugar que me corresponde, que es al lado de mi hermano.
Ni siquiera logro dar más de diez pasos cuando Luca me alcanza, durante dos minutos avanzamos como dos desconocidos que se acaban de cruzar en el camino, sin mediar palabra.
Pero lo conozco demasiado bien y sé que se está aguantando las ganas de hablar, no sé qué será, pero quiere decir algo. Supongo que dos minutos son suficiente para él, porque cuando nos encontramos delante del hospital resopla y se para en seco.
—No podemos seguir así. —Me niego a detenerme porqué eso significa enfrentar el problema y, aunque no soy una cobarde, con él me transforma en una. Sé que él no avanzará, así que respiro profundamente y me giro.
Está totalmente quieto, con los brazos cruzados y con una mirada devastada y cansada.
—Coral, no podemos seguir así, ni siquiera sé qué pasa entre nosotros.
Mentira, odio que se haga el desentendido cuando sí que lo sabe. Y aunque intento no explotar, lo acabo haciendo.
—Podré tolerar muchas cosas Luca, de verdad que sí, pero no toleraré el hecho de que seas tan hipócrita.
—Sé que mis palabras están saliendo como el fuego, soy consciente de que no debería estar alzando la voz en la puerta del hospital y que su cara es de incredulidad.
Pero ya no aguanto más—. Puede que nadie en este pueblo sepa la verdad, que no sepa qué ocurrió ese día cuando mi mundo se derrumbó, pero desde luego tú sí que lo sabes.
Tú me diste la mano esa noche, me ofreciste tus brazos para salvarme y me prometiste estar a mi lado cuando aún no entendía ni por qué.
—Coral… —intenta hablar, pero no se lo permito. Necesito soltarlo, han sido muchos años de silencio.
—No Luca, confié en ti, sé que fue mi culpa. No me debías absolutamente nada; pero de todo corazón no pensé que tú también me abandonarías. Sé que no soy suficiente para estar en la vida de Luca Bay, lo entendí desde el momento en que decidiste dejarme sola, cuando más te necesitaba.
No tengo claro qué sentimiento refleja mi cara, pero la suya es de angustia, como si no acabara de entender nada.