2 #5
El timbre vuelve a sonar y mi mente parece recapacitar y volver a este mundo, ni siquiera sé cuánto tiempo he estado divagando, pero debe de haber sido bastante si Luca se ha impacientado tanto. Con pasos pequeños, como si eso fuera a hacerlo desaparecer, me voy aproximando a la puerta.
Al abrirla una brisa fresca recorre todo mi cuerpo, haciéndome volver a la realidad de una vez por todas y dándome una señal de que esto es real y que debo enfrentarlo.
Luca está igual que en el hospital, igual de guapo y destrozado, sus ojeras resaltan igual que las mías y en nuestra mirada se refleja el miedo de saber que lo que estamos viviendo es real.
—¿Estás bien? —Lo miro de repente a esos ojos esmeralda, aquellos que desgraciadamente siempre han sido mi obsesión y mi perdición entre las sombras.
—Todo lo bien que se puede estar en una situación como esta. —Tan pronto como las palabras salen de mi boca recapacito. —Lo siento, también entre los recuerdos y, bueno, todo…
No debería haber dicho eso, sé que es una parte de su vida de la que no habla, lo aprendí a las malas en el pasado, pero me ha salido de forma tan natural que ya no pudo recular.
Entonces me percato de la tensión que ha vuelto a instalarse entre nosotros. Su mandíbula se tensa en el momento en que las palabras salen de mi boca y su mirada se centra en un punto más allá de mí, como si tener contacto conmigo en estos momentos le quemara.
Lo entiendo, hace mucho que lo hago.
Para él y para mucha gente en el pueblo solo fui una vergüenza, una cobarde y un peso con el que cargar.
Me acostumbré con el tiempo porque en el fondo entendí que tampoco podía hacer nada para cambiar el pensamiento que tenían de mí...
Pero verlo en él siempre será diferente, más vivo y, sobre todo, más doloroso.
Luca sigue estático delante de mí mientras la brisa continúa colándose entre nosotros; mientras que yo trato de hacer contacto visual, él evita mi mirada.
Sé que en el fondo estoy siendo egoísta, toda esta situación se acabaría si le dijera que entrase para empezar con la conversación, pero es como si mi cuerpo no fuera capaz de seguir las instrucciones que le intento dar.
Me parece mucho más divertido estar analizando hasta la peca que se encuentra en su párpado izquierdo, porque sí, sé que la tiene justo ahí de tantas veces que lo he observado. Aunque cuesta mucho darse cuenta, yo lo hice hace bastantes años.
Es mi parte favorita de él, es tan especial que hasta sus ojos querían que hubiera un recordatorio.
Isla aparece en la entrada y en cuanto lo ve su mundo vuelve a tener sentido, como bien sabía que ocurriría, sus piececitos empiezan a correr en dirección a la persona que más quiere en este mundo.
—Tío Luca, ¡has venido! —Él se agacha con una sonrisa tan sincera que ilumina toda la casa solo con ella y se funden en un abrazo donde Luca empieza a darle vueltas y a decirle lo mucho que la quiere—. No he tenido ni que ponerme mala, ¡yupi!
Luca la mira primero a ella y luego a mí, extrañado. Por mi parte, ahora mismo me encuentro totalmente roja de vergüenza, ¿cómo iba a saber cuándo le dije eso a Isla que su tío se presentaría justo aquí el mismo día?
—¿Por qué dices eso? —Quiero interrumpir y decir cualquier cosa porque sé lo que mi pequeña sobrina va a decir, pero soy demasiado lenta o quizás ella sea demasiado rápida para sus casi tres años.
—La tía Coral me ha dicho que si nos ponemos malas tú vendrás siempre a cuidarnos. —Me quedo estática, porque no; eso no es exactamente lo que he dicho.
—¡Yo no he hablado en plural! —intento defenderme.
Luca ni siquiera sabe qué acababa de ocurrir, seguro que se está planteando el hecho de salir corriendo, no lo juzgaría ni por un segundo. Pero entonces algo debe de cruzar su mente, porque de la nada empieza a sonreír.
—La tía Coral tiene toda la razón del mundo, siempre vendré a cuidaros. —Mi corazón empieza a acelerarse, está hablando en plural. Por eso estoy aquí pequeña, mamá está
un poco enferma y he venido a cuidarla, y a acompañaros a vosotras.
Coge a la pequeña en brazos y se dirigen al sofá, no me quita la mirada de encima, incluso me guiña el ojo. Claro, él cree que yo le he dicho eso para que entienda lo de su madre un poco mejor.
Isla se sienta en el regazo de su tío mientras nos mira con esos ojos grandes, hace un pequeño puchero que si estalla en llanto nos va a destrozar, por tanto, intervengo.
—¿Recuerdas cuando hablamos que el tío Luca es el mejor médico del mundo? —No me pasa desapercibido cómo el susodicho me mira con una ceja alzada, esperando ser todavía más halagado, pero no pienso darle el gusto.
Isla asiente, sin entender absolutamente nada.
—Entonces sabemos que mamá está en buenas manos, porque ha venido el mejor médico. Además, podrás aprovechar para pasar tiempo con él y conmigo mientras ella se recupera.
—¿Y papá dónde está?
—Papá está acompañando a mamá, porque cuando dos personas se quieren mucho, mucho, mucho no se separan en los momentos más difíciles.
Es muy complicado que una niña de tres años entienda lo que ocurre, pero en todo momento optamos por decir las cosas como son.
De esta manera sabemos que no damos falsas esperanzas.
Tampoco sabemos si de otra manera lo entendería mejor, así que cuando a un niño se le explican las cosas despacio y desde el amor empieza a comprenderlas.
—Entonces, quiero que la tía Coral esté muy malita. —No lo veo venir, desde luego que no, ¿cómo una niña tan pequeña quiere que yo esté enferma? ¿Tan mala tía estoy siendo para ella? Sin embargo, lo comprendo cuando continúa. — Así encontrará un amor muy bonito que esté con ella siempre.
Joder.
Es lo único que puedo decir cuándo Isla habla, además provoca que Luca me mire de repente. ¿En qué momento una niña de tres años quiere que su tía tenga pareja? ¿Y cómo le explico que eso va a ser muy complicado, por no decir imposible?
—La tía Coral tiene muchas personas que la adoran. Ella es especial, por lo que siempre va a tener gente que la quiera.
En el momento en que él dice esas palabras mi mente retrocede a unos años atrás, cuando pensé que eso era cierto, que él era una de esas personas.
Recuerdo cuando lo vi llegar a mi lado cuando solo estaba rodeada de oscuridad. Mi único lugar seguro eran sus brazos.
Pienso en lo que me susurraba. En sus promesas incumplidas, donde me repetía que él se quedaría, que él de verdad sentía eso…, pero al final resultaron ser solamente palabras vacías, palabras que se las llevó el viento.
Por esa razón, me cuesta que las lágrimas no empiecen a acumularse en mis ojos cuando lo escucho hablar con tanta naturalidad.
En ese momento, decido dirigirme hacia la cocina como si fuera a buscar mi teléfono por alguna urgencia y conseguir así poder salir de esa pequeña burbuja que se ha creado a nuestro alrededor, una tan pesada y cálida que comienza a asfixiarme.
Puedo ver cómo sigue mis pasos, pero no me detengo hasta que llego a la isla de la cocina y veo las notificaciones del teléfono.
Ese no es el único mensaje, los siguientes, desde luego consiguen sacarme una sonrisa.
No puedo tener más suerte.
No creía que nada pudiera hacerme sentir mejor en el día de hoy, pero estaba equivocada, aunque el mensaje de mi hermano no me deja tranquila, los demás sí lo hacen. Sobre todo, porque entiendo perfectamente por qué esos mensajes me están llegando en este momento.
Por mucho que intente ocultarlo, aunque por momentos me olvide, sé que sigo en un proceso donde hay que ir escalando poco a poco cada meta.
Lo entendí hace demasiado, exactamente en el momento que estudié aquello que sabía que me faltaba, entendí mi mente y la conciencia de las personas, esa fue mi salvación.
Durante el día no he tenido ningún bajón importante, pero solo es por el hecho de que he estado demasiado ocupada pensando en todo lo que estaba sucediendo. Si miro hacia el salón y observó a Luca noto cómo mi corazón empieza a acelerarse.
Sabía que en cualquier momento volvería porque su hermana lo es todo para él, pero es que no lo esperaba tan pronto, por eso estoy en shock y no sé cómo actuar.
Supongo que esa es la razón de que Mackenzie y Aurora, personas tan importantes para mí, recuerden lo duro que fue y sigue siendo este proceso. Además, si le sumamos todo lo que siempre he tenido dentro de mí y la situación que estamos viviendo…
Intento tomar aire y calmarme mientras observo el móvil, ya que mi pico de ansiedad empieza a subir por momentos y el problema es que estoy tan bloqueada que no sé cómo gestionarlo a pesar de ser psicóloga.
No es algo que deba preocuparme ahora mismo, las preocupaciones que nos ocupan ahora son otras. Sobre todo, teniendo en cuenta que los llantos empiezan de un momento a otro por parte de Isla.
En menos de un segundo, acudo junto a ellos y comienzo a observar a mi sobrina. No deja que me acerque a ella, solo se agarra al cuello de Luca con una fuerza que no tenía ni idea de que una niña de tres años pudiera tener.
Mi mirada busca la de Luca. Él se encuentra en el sofá justo a mi lado, devolviéndole el abrazo como si fuera el tesoro más preciado del mundo, puedo ver mis ojos reflejados en la mirada de Luca en el momento en que él me mira.
En ese momento, entiendo lo que me quiere decir sin necesidad de palabras; estamos completamente aterrados, estamos dejando a un lado nuestras propias emociones para poder proteger y estar con nuestras familias, pero a nosotros nadie nos acaba de ver de verdad.
Nadie se da cuenta de lo rotos que nos tiene esta situación.
Mentira, nadie no; nosotros, Luca y Coral, siempre vamos a ver lo rotos que estamos el uno y el otro.
Porque somos los únicos que a pesar del tiempo nos seguimos entendiendo con solo una mirada, un gesto o un abrazo. Porque entre nosotros nunca hicieron falta las palabras, y en estos momentos menos.
Aunque ya no somos unos niños de diecisiete años con miedo a lo que les pudiera deparar el futuro.
Ahora somos dos adultos de veinticuatro años que comienzan a entender las situaciones dolorosas de la vida.