2 #2
Isla y yo caminamos en silencio mientras escuchamos el crujido de las primeras hojas de la temporada bajo nuestros pies al compás de nuestros corazones; el de ella, lleno de nerviosismo y alegría por ir a uno de sus sitios favoritos; el mío, sin poder alejarme de la realidad.
Mi corazón y mi cabeza están llenos de incertidumbre, temor y preocupación; el futuro de nuestra familia está a punto de cambiar.
Entrar en la librería de mis abuelos es entrar en otra dimensión donde se respira amor, tranquilidad y silencio, al menos en la parte baja.
Está llena de estanterías de madera con libros para todas las edades.
Además, también encuentras un rincón de estanterías en color verde pastel y dibujos de cielos con nubes, todo decorado para dar un cálido abrazo a los más pequeños, que aman tanto la lectura como muchos de nosotros lo hacemos.
En la parte superior, se encuentra una barra inmensa cuya parte trasera da a una cocina destilo totalmente americano, ahí es donde se sirven bebidas, sobre todo cafés y los dulces más buenos de toda Carolina. Me atrevería a decir de todo el mundo; mis abuelos los hacen ellos mismos cada mañana.
La cocina es de estilo abierto, mi abuela siempre ha dicho que a la gente se la conquista por el corazón y el estómago, y eso no se puede hacer a través de la pared.
Y luego encontramos una sala inmensa con diferentes lámparas de estilos vintage que iluminan con un tono cálido toda la estancia, para que te sientas como en casa y puedas relajarte mientras pasas el rato rodeado de la magia que tiene este lugar.
—¡Bisa! —exclama la pequeña, emocionada. La ilusión que siento por poder ver a la abuela es indescriptible, tiene tanta suerte de tener a toda su familia con ella…
Por un segundo, puedo ver los ojos tristes de mi abuela cuando levanta la mirada de la cafetera para mirar a la pequeña, pero enseguida se recompone para poder abrazarla con todo el amor del mundo.
—Mis dos chicas favoritas han llegado.
—He comido con la tía, hemos pintado, leído y además me ha explicado que, si me pongo mala, el tío Luca vendrá a cuidarme.
—Mi cara se torna del color de un papel en blanco, yo no he dicho eso.
Al menos no de esa manera y desde luego no quiero dar a entender justamente eso, pero a mi abuela parece divertirle, porque me mira sonriendo.
—A ver si la tía tiene razón y ese granuja se deja ver por aquí.
En un acto reflejo, empiezo a negar con la cabeza. Espero que eso no ocurra porque no estoy lista para ello. Si él vuelve, solo puede ir a peor. Entre lo protector que es con su hermana, lo cabezota que suele ser y sobre todo lo nerviosa que me pone...
—Está bien, la tata se tiene que ir y en un rato vuelvo a buscarte. —Si algo se me da bien es cortar las conversaciones incómodas y salir huyendo, justo lo que hago.
Le doy un beso a mi abuela y a mi sobrina antes de salir y oír el tintineo de las campanas de la puerta. Una vez más pongo rumbo al hospital, es increíble cómo es algo que he intentado evitar durante años y ahora tengo que ir por una causa que me ha roto por dentro.
De camino, me pongo a pensar en mis verdaderos sentimientos hacia toda esta situación, al estar con la pequeña toda la tarde, no me he podido parar a pensar en nada.
Aún me parece increíble lo que está ocurriendo con Bella y el sin vivir que estamos sintiendo todos, sobre todo Kai.
Es absolutamente injusto cómo la vida puede cambiar tanto de la noche a la mañana.
El momento de volver a entrar en el hospital es devastador, sobre todo porque sé lo que me voy a encontrar: los brazos de Aurora me reciben primero, Ian y Jessica están junto a mi hermano, uno a cada lado de por si tuvieran que sostenerlo en el caso de que se viniera abajo y, viendo su mirada,
apuesto a que eso no tardará en ocurrir.
Pese a ello, lo peor llega a los cinco minutos de estar en la sala de espera. Es entonces cuando las puertas acristaladas se abren y, aunque no puedo ver de quién se trata aún, no tengo ni una sola duda.
Solo él puede hacerme sentir tanto con su simple presencia.
Solamente él consigue hacer temblar mi mundo, como lo está haciendo ahora.
Y , sobre todo, solo Luca Bay puede romperme todos los esquemas con una mirada.
No me salen las palabras, no encuentro ni un sonido que pueda emitir mi cuerpo ahora mismo.
Me siento en un shock constante y, aunque imaginaba que este momento, dadas las circunstancias, era algo que tarde o temprano iba a llegar, no esperaba que él apareciera hoy.
O más bien, no estaba preparada para ello. Tenerlo delante de mí, con su metro
noventa de altura y su gorra para atrás… me choca, aunque desde luego ver sus ojos verdes, los cuales para mí siempre fueron la esperanza de mi vida, me hace daño, pero no solo esto, me siento totalmente rígida, sin saber cómo reaccionar.
—Coral, te lo suplico… ¿Qué ha pasado con mi hermana? —Escuchar mi nombre saliendo de sus labios después de tanto tiempo sin saber de él es suficiente para que mi vista poco a poco se enfoque en él para poder analizarlo.
Es él, el famoso Luca Bay de Coralina, capitán del equipo de fútbol americano, y de los mejores de la clase, además.
El chico que me hizo sentir cosas desde el primer día en que lo conocí.
El médico de la familia, porque en el último momento, sin saber por qué, decidió cambiar su futuro y estudiar Medicina.
Se encuentra delante de mí, con su metro noventa, -porque sí, lo sé de memoria- tan impotente como siempre, acompañado de una mandíbula bien marcada, el pelo castaño con destellos dorados y sus ojos color verde esmeralda, mi color favorito en el mundo.
Me está mirando, y eso significa que le da igual que cualquier otra persona se acerque a explicarle la situación, porque no se fía de ninguno de ellos, lo entiendo.
No soy capaz de mentirle dada su situación, con la sobreprotección que siente hacia su hermana, una que a veces roza lo peligroso.
Con toda la fuerza de voluntad que me queda, me levanto de la silla, me acerco a él poco a poco para que no se altere tanto y, cuando llego a su altura, puedo ver sus ojos mejor, unos ojos que me rompen por completo al darme cuenta de la realidad.
El blanco de sus ojos ha sido substituido por un color rojizo, lleno de lágrimas secas, supongo que de tantas que ha derramado. Es un impacto bastante grande para mí al verlo tan de cerca, ver su dolor, su agonía y no poder hacer nada por él… así que antes de hablar y, sin saber por qué, lo abrazo.
Quiero abrazarlo tan fuerte que por un segundo necesito que me transporte al pasado, al momento en que me abracé a él con tan solo diecisiete años y no lo solté hasta que supe que él no me dejaría ir, porque por fin estaba segura en sus brazos.
Ahora, necesito que él sienta lo mismo; que, aunque ninguno estamos a salvo en esta situación, no nos encontramos solos con lo que está ocurriendo.
Luca, al principio, se queda totalmente rígido.
Lo entiendo, él solo espera una respuesta y aquí estoy yo, como una auténtica loca después de tanto tiempo, abrazándolo.
Poco a poco puedo notar cómo su cuerpo se relaja y, tras un largo suspiro, son sus brazos los que me rodean a mí, creándome un sentimiento de comodidad que hace demasiado tiempo que no experimentaba y que, en realidad, no debería gustarme tanto.
No se cuánto tiempo ha pasado, si han sido segundos o minutos, pero cuando siento que él se ha relajado y yo tengo fuerzas para poder hablar, me alejo de él, volviendo a crear ese abismo que tanto nos separa, por mucho que lo odie. Solo entonces me armo de valor para hablar.
—Bella tuvo un accidente esta mañana… En el pueblo de al lado, un coche se introdujo en su carril y chocó frontalmente con ella. —Lo digo rápido, sin respirar.
Sus ojos se humedecen con cada palabra que pronuncio y, aunque me encantaría poder sacar este dolor que está sintiendo, no puedo… no puedo porque yo también lo siento.
—¿Cómo está…? Por favor Coral, no me mientas —me suplica y yo niego con la cabeza. Es lo último que haría.
—No lo haré… Está mal Luca, le han tenido que inducir un coma…
Ni siquiera sé en qué momento he podido soltar esas desgarradoras palabras sin temblar, supongo que ni siquiera yo me he percatado de la realidad que estamos viviendo.
Ese es mi problema principal desde hace unos años, me centro demasiado en las emociones de los demás y en aquello que están sintiendo, por ese motivo no soy capaz de sacar a flote los míos propios.
Nadie nunca se ha dado cuenta y, aunque podría pensarse que da pena porque significa que nadie en realidad me ve de verdad, de momento lo llevo bien.
Significa estar en las sombras, donde decidí refugiarme desde el veintitrés de octubre de dos mil dos.
Aunque en esta sala todos sabemos que se encuentran dos personas totalmente devastadas, dos personas que justo en este momento se están abrazando como hacía años que no lo hacían, dejando atrás el pasado.
Luca y Kai no necesitan palabras, nunca lo han hecho.
Da igual lo mucho que pelearon por mí, por Bella, Coralina o simplemente por discutir en el pasado.
Ellos son familia hace demasiados años. No solamente son cuñados, en el fondo, son mejores amigos y su amor más grande se encuentra tras esas puertas, luchando entre la vida y la muerte.
Es en este preciso instante, cuando los veo abrazarse, mientras lloran, totalmente rotos de dolor, mi corazón no resiste más.
Poco a poco, las grietas que llevo intentando aguantar para evitar que se resquebrajaran y siguieran unidas un poco más, acababan de romperse en mil pedazos y todo me viene de golpe:
Bella ha tenido un accidente…
Mi cuñada se encuentra entre la vida y la muerte…
Tengo a Luca delante de mí, después de todo lo que ocurrió… Mi hermano está totalmente roto y vacío una vez más…
Y una pequeña persona de tres años está ajena a todo lo que ocurre y no vamos a poder explicarle nada sin que entienda la gravedad de la situación.