El lugar al que pertenezco 41 Riley
98%

41 Riley

CUARENTA Y UNO

RILEY

—¿Cómo fue? —me pregunta un rato después, cuando nos metemos en la cama, mi rostro en su pecho, nuestras piernas enlazadas, sus dedos enterrados en mi pelo—. Quiero saberlo todo.

Trago saliva y hablo. Hablo durante horas y no me dejo nada, ni siquiera las partes más desagradables.

La cirugía, los días en que sentía que quería morirme, los chicos que conocí en el centro de apoyo a personas trans, esos con los que sigo en contacto y aquellos que no aguantaron la presión y el dolor, la poca transfobia que he sufrido porque nunca he sido de arrimarme a nadie, ni de dejarme ver, pero la que sufren otras muchas personas cada puñetero día.

Se lo cuento todo y Declan se queda conmigo, con sus manos acariciándome la piel de los brazos, con sus labios en el cuello y en mi mejilla, con su respiración cada vez más pesada, sintiéndolo todo, sintiéndome a mí.

—¿Tus padres lo llevaron bien?

—A veces sentía que ellos también hacían la transición conmigo —admito con una pena inmensa—.

Y no solo eso, me aceptaron con todo. Soy un chico que nació en un cuerpo de chica y al que le gustan los chicos.

Es como meterte en una de esas ollas que tanto nos gustaban de críos en las ferias, ¿recuerdas?

, esas que iban a toda velocidad y te dejaban atontado.

O mejor, como uno de tus cubos de Rubik, los que son rarísimos y ni tú sabes resolver.

—Me estremezco al notar la sonrisa diminuta que se le forma en mi barbilla, igual que el beso que me deja justo ahí—.

Toda tu vida desbaratada por completo. Y ellos me aceptaron.

No solo eso, también me quisieron, incluso cuando me enfadaba y me convertía en un chico desagradable que solo quería hacer daño para que nadie se diera cuenta de lo roto que estaba.

He tenido mucha suerte, Declan. Ellos son…

como los que conociste aquí, pero distintos. Son todo lo bonito del mundo.

—Me gustaría mucho conocerlos, y agradecerles que estés hoy aquí conmigo, a salvo.

Lo estrecho entre mis brazos, fuerte fuerte, y respiro. Dios. ¿Cuándo fue la última vez que pude respirar así? Sin miedo, sin ocultarme, sin nada más que esto que soy.

—Ya los conoces, tonto. Y te quieren. No te haces una idea de cuánto te quieren.

Y seguimos hablando. Y yo le sigo contando todo lo que se me ocurre y respondiendo a las preguntas que me hace. Y la vida puede ser muy perra, pero nosotros hemos encontrado nuestro sitio, el lugar al que pertenecemos.